Liza B. Pawn, una actriz famosa, comienza a sentir unos extraños sentimientos hacia una Barista, sentimientos que la forzaran a salir de su pequeña caja.
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Capitulo #12: En las Nubes por ti
El camino a la cafetería nos la pasamos charlando sobre nuestras familias, lo demás como era costumbre con Sydney, se desvaneció, olvidando por completo que no tenía ni mi peluca ni mi cubrebocas para pasar desapercibida, no fue hasta que un grupo de fanáticos me reconocieron.
—¡No puede ser! ¡¡Liza Pawn!!
—¡¡Miren!! ¡¡Es Gami!! ¡La payasita que sale en Tit! —dijo uno mientras me apuntaba con su dedo—.
—¡¡Gami!! —gritaron un par al verme—
—jeje Ho-hola —respondí nerviosa rascando mi cabeza—.
Al principio no fue un problema darles un autógrafo, una selfie o lo que me pedían pero después de unos minutos estábamos tan rodeadas por una multitud que era imposible cumplir lo que me pedían las cientos de personas que había en la multitud.
—¡¡Liza!! ¡¡Tómate una foto conmigo!!
—¡¡Firmame mi Punko pop de Gumi!!
—Ahm, Ehm, S-sí aunque chicas…
—Oye Liza ¿Quién es esa chica?
—Sí ¿Quién eres tú? ¿Y dónde está Erick?
—Ella… Ella es mi amiga Syd
—Ho-hola —tartamudeó temblando y con su mano en su boca—.
Por suerte pudimos salir vivas de esa multitud, y todo gracias a que llamé a mi manager para que fuera a recogernos. A simple vista alcance a notar que Sydney no era mucho de multitudes, fue un alivio verla más tranquila en la camioneta de Walter.
—Sigo sin creer que salieras sin tu kit para estos casos —me regaño Walter, al mismo tiempo que conducía—.
—Ya te dije que se me olvidó, estaba tan preocupada por Sydney que solo se me olvidó
—Como sea, a la próxima ten más cuidado que desde esta mañana, los paparazzi han estado detrás de tuyo y de Erick
—¿Qué? Tsh, de seguro fue ese idiota de…
—No, no fue él. Lo sé, bueno, porque hoy me llamó molesto diciendo que habían paparazzi afuera del hotel y que no lo dejaban en paz, además sería estúpido de su parte, darle esa exclusiva a la prensa
—Entonces… si no fue Erick ¿Quién fue él que les pudo decir?
—No lo sé, y teniendo en cuenta que rompieron en medio de todos en el rodaje, creo que nunca lo sabremos —dijo frustrado con un suspiro—. Lo mejor es que está noche te quedes en el hotel
—¿Eh? ¡Yo no pienso quedarme con en el mismo lugar que ese idiota!
—¡Liza! ¡Lo harás! O es que acaso que los paparazzi comiencen a hilar cosas
—¿Qué tal si me quedo en la casa de Syd? Dudo que vayan a la casa de una desconocida
—Mm… —gruñó molesto—. No, te quedarás en el hotel, además dudo que quieras que ella sea perseguida por los paparazzi
—Psh, bien, bien, me quedaré en el hotel solo que al menos antes puedes llevar a Syd a su casa
—Bien, y es mejor que está vez no te escabullas del hotel en la mañana ¿Entendido?
—Pff, entendido, no lo haré —respondí a regañadientes—.
Cuando llegamos a su casa, salí de la camioneta agarrando la mano de Sydney, su manita no dejaba de temblar, deducía que eso era por la repentina exposición a tantísima gente.
—Sydney, gracias por acompañarme y por quedarte conmigo aún cuando toda esa gente apareció —murmuré acariciando su mejilla para calmarla—.
—N-no… ¡N-no ha-hay de qué! —tartamudeó aún exaltada—.
—Sydney…
Para despedirme y en un último intento por calmarla le di un pequeño abrazo, lo que sorprendió tanto a Sydney como a Walter, ambos abrieron los ojos sorprendidos por el repentino abrazo.
—Mañana no hay rodaje, por lo que… veámonos en la cafetería
—Ah S-sí, llegaré temprano
—No faltes ¿de acuerdo? —le dije mientras retrocedía sin soltarle las manos—
—Rapido Liza, que tenemos que irnos
—Adiós… —susurré retrocediendo y soltando poco a poco sus suaves manos—.
Sydney solo se quedó ahí de pie viéndome con sus hermosos ojos que brillaban igual que un rubí. Regresé a la camioneta sin dejar de sonreír como una tonta, y a decir verdad, el resto de la noche se me fue en un parpadeo, pues lo único en lo que pensaba era en la cita que tendría con Sydney en la cafetería.
Y cuando por fin amaneció, me levanté de la cama de un salto para bañarme, no quería que volvieran a interrumpir nuestra cita, así que me puse; una peluca está vez de color rosado, unos pantalones que me quedaban algo grandes, un abrigo de rosado, una bufanda azul y un gorro con orejas de gato.
No quería pedirle a Walter que me llevará a la cafetería o usar el autobús, por lo que me puse unos patines para disfrutar del camino a mi ¡Cita con la Barista!.
Gracias a mi decisión de llevarme mis patines, pude ver con más detalle a Moncia, era una ciudad peculiar, los edificios eran en su mayoría de arcilla, y más bajitos de lo que estaba acostumbrada, lo que contrastaba con todo lo que pasaba.
—¡¡Miren!! ¡¡Es el justiciero de Moncia!!
—¡¡Y Súper Zero!! —gritó otra persona eufórico—
—¡¡Ellos no pueden quitarnos el trabajo!! ¡¡No pueden reemplazar a la mano de obra!! —gritó un hombre comandando una multitud que estaba en huelga—.
—¡Disculpa! ¡¿Has visto a mi hija?! —me pregunto una mujer con cicatriz en el brazo dándome un papel donde venía la foto de una pequeña de 8 años—.
—¿Qué? Ah… eh… N-no
—¡Por favor! Ella desapareció desde hace más de 10 años en Amphy City, por favor, ya casi es navidad y no quiero pasar otra sin ella
—Lo-lo siento —me disculpe yéndome y dejándola sola—. Mierda, parece que me dio hambre de tan solo pensar en… agh, solo espero y llegar pronto —murmuré sintiendo como me gruñía el estómago, casi como si hubiera visto un pedazo de carne frente a mis ojos—.
Me limpie la saliva, hice bolita la foto y la lancé al bote de basura, dándole a un hombre encapuchado, él murmuraba un nombre con una voz llorosa.
—Megumi… lo siento… —sollozó el encapuchado mientras se abrazaba con fuerza—.
Ese hombre me daba algo de pena, se notaba que estaba destrozado, lastima que no tenía monedas para darle. Al final tuve que pasar de largo y seguir con mi camino, encontrando a otras personas que eran peculiares, unos hombres barbudos se estaban peleando en medio de un callejón.
Lo que más llamó mi atención fue ver al padre de Erick entre la multitud, él volteo a verme fijamente. Similar a cuando un perro callejero ve a un gato doméstico entrar a su territorio, mostró sus colmillos con una sonrisa amenazante.