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Conoce más de ellos en el primer libro. Titulado: La esposa del duque.
Tras la muerte de Karelin, el emperador Will se convirtió en un hombre deseado.
Tras pasar un tiempo prudente, la corte solicitó nuevamente que el emperador contrajera matrimonio. Un emperador no debe gobernar solo, por lo tanto deberá contraer nupcias.
Pero eso no es todo. Tras una aventura con la duquesa Eliza, Will comenzó a sentir algo por ella, pero "por el que dirán" decidieron alejarse. Pero su atracción no terminó; tras la muerte de Karelin, Will y Eliza se volvieron a unir, pero esta vez el hijo de Eliza no acepta esa relación. Por amor a su hijo Eliza decide ponerle fin.
¿Podrán estar juntos o simplemente tendrán encuentros? ¿El emperador elegirá a la dama correcta para casarse? ¿Qué hará Eliza? ¿Reconocerá sus sentimientos o simplemente dejara ir a Will para siempre?
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Capítulo 11 Diana
Diana
Me acomodo el vestido. Tengo un pequeño despacho en la corte; me veo una vez más en el espejo y el corazón me late fuerte. Estaré casi todo el tiempo a su lado. Sonrío como una tonta, pero es que Will... Will me cautivó el día que lo vi y no me lo puedo sacar de la cabeza.
Salgo del despacho con dirección al suyo. El corazón me late a una velocidad demasiado fuerte; me detengo ante su puerta, las manos me sudan y las limpio con mi vestido. Veo hacia todos lados y nadie viene, así que acomodo mis pechos; no son tan grandes, pero sí llamativos. Los observo y están perfectos. Levanto el rostro, respiro profundo y suelto el aire despacio. Me acomodo los mechones del cabello. Plancho el vestido con mis manos. "Estoy lista", me lo digo una y otra vez. Doy dos toques suaves a la puerta.
—¡Adelante! —dice su hermosa voz.
Abro la puerta y... la respiración se me atora al verlo firmando unos documentos. Es... es hermoso. Su cabello negro cae sobre uno de sus hermosos ojos. Aún no me ha visto; cierro la puerta a mis espaldas y respiro profundo nuevamente. Este hombre es una creación deslumbrante; él es amor a primera vista.
—¡Hola! —hablo, y el pulso se me detiene cuando me examina de pies a cabeza.
El rostro se me pone rojo. Sus ojos... santos cielos, sus ojos son hermosos. Observo sus enormes brazos, es...
—¿Está bien? —me habla, sacándome de mi hechizo; hechizo que él acaba de lanzar sobre mí.
—¡Emperador, yo... perdóneme! Es que... ¡veía su despacho! Es muy bello, como usted.
Él sonríe. Pero... ¡qué idiota! ¿Acaso acabo de decir eso?
—Vaya, ¡ninguna dama había sido tan sincera! —habla sonriendo de lado.
Oh, santos cielos. Su sonrisa es perfecta; que alguien me lance agua fría con urgencia.
—¡Perdone mi atrevimiento, emperador! Yo fui...
—No hay problema, ¡gracias por el halago!
—Yo... estoy aquí para usted. Eh... para lo que me pida hacer —pero qué tonta, estoy actuando como una adolescente.
Él vuelve a sonreír.
—Sí que necesito de su ayuda. Podría ayudarme a revisar estos documentos; son importantes y necesito saber si he escrito correctamente las siguientes notas.
—¡Sí... sí, claro!
Me acerco y... oh, cielos, su aroma es tan varonil.
—Estos son. ¡Puedes tomar asiento ahí! —me señala la silla frente a él.
No creo poder concentrarme si lo tengo enfrente.
—¡Sí, claro, muchas gracias!
—Pronto pediré que traigan un escritorio para que tengas uno propio. Como puedes ver, mi despacho es enorme.
—¡Sí que lo es! Pero acá estaré perfecta.
Él asiente y vuelve a posar sus ojos en los documentos. Comienzo a revisarlos, pero... santos cielos, no podré concentrarme teniéndolo así. Intento leer, pero vuelvo a mirarlo: su rostro, su pelo, sus facciones... es perfecto. Recuerdo que cuando lo vi fue amor a primera vista y ahora creo que me estoy volviendo loca por él.
Trato de concentrarme; él sigue revisando y firmando documentos. Yo trato de no distraerme, pero no puedo. Lo vuelvo a ver; es como si todo pasara lentamente. Veo cómo se echa el cabello hacia atrás... estoy hechizada. Veo sus manos; ese hombre, estoy segura de que sabe usar esas manos. Lo observo lentamente; puedo ver su pecho, la camisa no lo cubre todo. El color negro le favorece bastante. Me meto la pluma entre los labios y babeo, literal, al verlo. Vuelvo a recorrerlo todo; es perfecto. ¿Qué se sentirá ser vista de otra manera por él? No lo sé, pero estoy segura de que se sentiría muy bien.
De la nada, me observa y el corazón se me va a detener.
—¿Se encuentra bien?
—¡Ah... yo... estoy...! —joder, no puedo ni hablar.
Él vuelve a reír.
—Perdóneme, emperador, ¡es que tenía algo caminando en su cabello!
Él se lo toca y yo lo sigo con la mirada.
—Ya se ha ido. ¡De seguro era una mariposa!
Él vuelve a reír.
—¡De seguro que sí!
Vuelve a sus documentos y me doy una cachetada mental. "Diana, concéntrate", me reprendo. Respiro profundo y leo cada documento con determinación. Reviso cada uno y, en una esquina, aparto los que contienen errores.
Las horas van pasando. Me dedico a trabajar, pero de reojo lo observo. Él se pone de pie y nuevamente el pulso se me acelera. Es alto, delgado, pero Dios, tiene un cuerpo... Santos cielos, Diana, tranquila. Finjo que no lo veo.
—¿Desea vino, agua, whisky, coñac? —pregunta.
Elevo la vista y nuestras miradas se encuentran.
—¡Agua está bien!
Me la sirve y me la entrega. La recibo y nuestros dedos se rozan. Ay, no... una electricidad recorre todo mi cuerpo.
—¡Gracias!
Él asiente, se sirve una copa de vino y regresa a su lugar. Trato de concentrarme y continuar con mi labor. Las horas pasan; de vez en cuando lo observo, él se mantiene serio y no puedo creer que no me mire. Unas horas más tarde, él se pone de pie.
—Es hora del descanso, debemos ir a almorzar.
—¿Debemos ir? —pregunto hipnotizada, mirando sus labios.
—Sí. Yo iré con los de la corte. No sé si usted comerá con las demás damas.
—¡Ah! Sí... por supuesto —hablo y me siento la estúpida del año.
Él sonríe, saliendo de su lugar.
—¡La veo más tarde o, posiblemente, mañana!
—Sí, claro, emperador —le doy mi mejor sonrisa.
—Después de usted —me dice señalando la puerta.
Camino y él viene detrás. Salimos del despacho y él cierra la puerta. Observo que nadie viene y... hago como que me tropiezo. Él me sujeta.
—¿Se encuentra bien? —pregunta, y su tacto me quema.
Lo veo a los ojos, observo sus labios. Sigo en sus brazos; son tan fuertes.
—¡Ahora sí me encuentro bien! —hablo en voz baja.
—¿Perdone? —habla arrugando las cejas.
—¡Que fui una tonta, pero me encuentro bien!
Él me ayuda a incorporarme.
—¡Tenga más cuidado!
—¡Lo... lo tendré, muchas gracias! —le sonrío.
Él asiente y se marcha. Observo cómo se va. Respiro profundo. Oh, Will, me gustas... es más, me encantas. Sonrío como una tonta y me marcho más feliz que nunca.
.......Nota de autor......
Capítulos dedicados con amor a mis fieles lectoras, pero seguiremos con la dinámica de dedicar capítulos.
Este capítulo va dedicado a Elizabeth Delvicier, Emily Reyes, Marcela Lopez y Jessica.
Este maratón es un regalo de cumpleaños atrasado para mi querida lectora Jessica. Espero te la hayas pasado genial al lado de tus seres queridos.
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Con amor...Sharon
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Sin duda estás dejando todo claro con Diana si ella ilusiona es xq quiere
Will aquí hay muchas lectoras que quieren estar en el lugar de Eliza
No quiero ni imaginar que si como la piensa podría tomar pensar en tomar malas decisiones x despecho
Y usted solita está arrojando a Will a brazos de Diana
Que es multifuncional
Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido.Pars poner en claro tus sentimientos no era necesario viajar con Fernando suerte x que la vas a necesitar
Es injusto que el padre de ella utilice cuentos viejos para darle más a 🪽 a don tonto que ya le dijieron que lo ven como amigo
El que no escucha consejos no llega a ser sabio después no te lamentes Eliza x no tomar buenas decisiones
gracias por el capítulo me gusta el personaje de la duquesa obvio de la madre muy centrada no tiene pelos en la 😛
💍