NovelToon NovelToon
Finalmente Te Encontré

Finalmente Te Encontré

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Transmigración antigua a moderna / Traiciones y engaños / Reencuentro / Amor eterno / Reencarnación(época moderna)
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Crisbella

En este mundo, la muerte no borra el pasado; lo tatúa en la piel como una cicatriz de nacimiento: el Registro
Ian es un Rastreador, un hombre que caza almas con deudas pendientes. Durante un siglo, ha vivido atormentado por la marca en su pecho, justo donde el acero le atravesó el corazón, y por el recuerdo de la mujer que le arrebató el aliento con aroma a jazmín.
Él no busca amor, busca justicia. Pero hoy, en el pasillo de un hospital, su herida ha vuelto a arder. Ella está allí, con las manos manchadas de sangre, pero esta vez para salvar una vida.
Tras cien años de sombras, Ian finalmente puede pronunciar su sentencia:
—Finalmente te encontré.

NovelToon tiene autorización de Crisbella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

La tregua

El contacto de los labios de Ian contra los suyos fue como un cortocircuito en el sistema nervioso de Anya. No fue el beso agresivo de un captor, ni el beso frío de un extraño; fue un choque de recuerdos sensoriales que ella no sabía que poseía. Por un instante, el estacionamiento oscuro, el frío de la noche y la figura del policía acercándose desaparecieron. Solo existía el sabor a café y tormenta, y esa familiaridad aterradora que la hizo flaquear.

El policía se detuvo a pocos metros, aclarándose la garganta con incomodidad. Al ver a la pareja sumida en lo que parecía un momento de reconciliación apasionada, bajó la linterna.

—Eh... lo siento —dijo el oficial, desviando la mirada—. Estamos buscando a la dueña de ese vehículo gris. ¿Saben de quién es?

Ian se separó de Anya con una lentitud calculada, manteniendo un brazo protector alrededor de su cintura mientras ella intentaba recuperar el aliento, con los labios todavía vibrando.

—No tengo idea, oficial —respondió Ian con una voz perfectamente estable, aunque Anya podía sentir el latido frenético del corazón de él contra su costado—. Llegamos en mi auto, está justo ahí. ¿Algún problema?

—Solo una verificación de rutina. Tengan cuidado, no es hora para estar en la calle —el policía hizo un gesto con la mano y regresó hacia la patrulla, convencido de que solo eran dos amantes en plena reconciliación.

En cuanto la patrulla se alejó, Anya empujó a Ian con todas sus fuerzas, liberándose de su abrazo. Se limpió los labios con el dorso de la mano, aunque el calor del beso parecía haberse filtrado hasta sus huesos.

—¡No vuelvas a tocarme! —siseó ella, con los ojos empañados por una mezcla de rabia y confusión—. ¿Eso también es parte de tu "talento"? ¿Manipularme para que me sienta como una estúpida?

—Fue necesario, Anya —dijo Ian, y por primera vez, su máscara de frialdad parecía tener una grieta. Su mirada estaba fija en ella, no con odio, sino con una intensidad que la desnudaba—. El oficial te habría reconocido. Marcus tiene ojos en todas las comisarías de la ciudad.

Anya se abrazó a sí misma, temblando. La realidad la estaba asfixiando: era una sospechosa para la ley, una presa para Marcus y un experimento para Ian.

—Tengo que irme —dijo ella, caminando hacia su auto, pero Ian la sujetó de la muñeca.

—No puedes usar tu vehículo. Tiene rastreador —sentenció él—. Si subes a ese auto, en diez minutos Marcus estará sobre ti. Y créeme, él no te besará para despistar a nadie.

Anya miró su coche, el objeto que representaba su independencia, y lo vio como una trampa mortal. Miró a Ian y luego el horizonte oscuro de la ciudad.

—¿A dónde quieres llevarme? —preguntó, con la voz quebrada.

—A un lugar que no existe en los mapas del Registro —respondió él, abriendo la puerta del copiloto de su propio vehículo—. Un lugar donde tendrás que decidir si quieres seguir siendo la doctora Linares que huye, o la mujer que debe aceptar lo que hizo para poder ser libre.

—Antes de irnos necesito algunas cosas de mi auto, no debe quedar nada mío en el.

Anya saco todo lo que la relacionaba con el auto, limpio sus huellas y luego volvió al vehículo de Ian quien le extendió la mano.

Anya dudó un segundo, mirando la mano extendida de Ian. Sabía que subir a ese auto era cruzar un umbral del que no había retorno. Pero el sonido de una sirena lejana la obligó a tomar una decisión. Subió al auto en silencio, cerrando la puerta tras de sí.

Ian rodeó el vehículo, subió al asiento del conductor y arrancó. Mientras se alejaban de la cafetería, Anya vio por el retrovisor cómo una sombra se despegaba de la esquina del edificio. Era Marcus, observándolos partir con una calma gélida.

El viaje al refugio acababa de comenzar, y con él, la verdadera disección de la memoria de Anya.

La carretera frente a ellos se extendía como una cinta de asfalto interminable que se perdía en la penumbra. Ian mantenía la vista fija en el frente, con las manos firmes sobre el volante, mientras que Anya se limitaba a observar el mundo pasar a través de la ventanilla, buscando en la oscuridad una respuesta que no llegaba.

—Necesitas descansar —comentó Ian, rompiendo el silencio denso que llenaba el lugar—. Llevas casi dos días sin dormir.

—Estoy bien —mintió ella de inmediato, aunque sentía que los párpados le pesaban como si fueran de plomo—. He pasado más tiempo sin cerrar los ojos durante mis guardias en el hospital.

Estaba exhausta. Su cuerpo le gritaba que se rindiera, pero su mente se resistía a bajar la guardia frente al hombre que, horas antes, había prometido aniquilarla.

—Sé que mientes, Anya —replicó él con una voz suave, casi desprovista de la frialdad de antes—. No te haré daño, al menos no por ahora. Es mejor que descanses; todavía falta un tramo largo antes de que lleguemos a nuestro destino.

Anya no volvió a dirigirle la palabra. Se quedó inmóvil, hipnotizada por las líneas blancas de la carretera que pasaban veloces bajo los faros, hasta que el agotamiento físico venció finalmente a la desconfianza. Su cabeza cayó pesadamente hacia un lado y su respiración se volvió lenta y acompasada.

Al notar que ella se había dormido, Ian disminuyó un poco la velocidad. La observó de reojo; bajo la luz tenue del tablero, Anya no parecía la asesina de sus recuerdos ni la doctora desafiante del hospital. Parecía solo una mujer atrapada en una red de destinos que no lograba comprender.

Ian continuó conduciendo hacia el horizonte, con la incertidumbre comiendole los pensamientos. Por primera vez en un siglo, no tenía claro el futuro. Se preguntó, con una punzada de duda que le oprimió el pecho, si realmente tendría el valor de cumplir su misión. ¿Podría eliminar el alma de Anya para siempre? Sabía que, una vez que el Registro reclamara su deuda, no habría vuelta de página. Ese sería el final absoluto de su historia, el cierre de un ciclo que, a pesar del dolor, era lo único que lo mantenía atado a la existencia.

1
Elizabeth Medina
ya me perdí,,,
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Alexandra Ortiz Posada
Gracias por compartir, me gusta mucho tu novela
Alexandra Ortiz Posada
Muy buena novela, te sumerge en una película futurista, excelente
Alexandra Ortiz Posada
Me encanta tu novela, gracias por compartir, bendiciones
Martha Divas Delgado
dios estoy atrapada k impactante será k aniya es o fue mala e Ian se equivoca. hayyyyy esta historia está de infarto
Alexandra Ortiz Posada
Me gusta tu novela, ese toque de misterio la hace muy interesante, gracias por compartir , bendiciones
Marcela Lopez
excelente
Martha Divas Delgado
me gusta más capítulos y paso a paso se arma el camino ☺️
Ysabel Correa: Gracias 🫂... estaré escribiendo y actualizando todos los días
total 1 replies
Marie Beleño
pas historias así no me gustan demoran mucho para subir capitulos😡
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play