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ÁMAME SIN MEDIDA.

ÁMAME SIN MEDIDA.

Status: En proceso
Genre:Malentendidos / Reencuentro / Triángulo amoroso / Romance
Popularitas:2.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Luna stars

Dicen que la venganza sabe dulce al principio, pero que termina dejando un sabor amargo que ni el tiempo puede borrar.
Ella lo creyó culpable de su dolor y dedicó cada latido, cada suspiro, a destruirlo. Pero lo que no imaginó era que al herirlo, también desgarraba el corazón de un hombre que solo deseaba amarla incondicionalmente.
Él, marcado por las sombras de un error que nunca cometió, vio cómo el que creía el amor de su vida se le escapaba de las manos sin poder hacer nada, roto antes de poder florecer.
Pero entonces apareció ella, luminosa, inesperada, distinta. Ella que con su sola presencia lo sacaba de su zona de confort, irritandolo a cada momento. Sin embargo, con una sonrisa era capaz de desarmar a cualquiera provocando que su corazón temblara sin medida.
El destino ya había trazado un camino, pero la venganza lo torció… Ahora, se trazaba uno nuevo en el cual ninguno de los dos estaba dispuesto a perder.

NovelToon tiene autorización de Luna stars para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

¡Soy fascinante!

Sofía fue dada de alta al día siguiente de despertarse, pero a diferencia de ella, el estado de salud de Maximiliano era mucho más delicado. Cuando ella se enteró de su situación aunque no lo demostró ante los demás, sintió que una parte de ella se desvanecía, no podía perderlo, porque aunque nunca se había atrevido a confesarle su amor, no sería capaz de imaginar una vida donde él no estuviera.

Sin dudar ni un segundo, se quedó a su lado cuidando de él todas las noches. Entre tanto, la madre de Maximiliano quien había percibido algo que otros ignoraban, tuvo un gesto con Sofía sorprendiéndolos incluso al padre de Max. Ella le había permitido las visitas, decidida, actuó como intermediaria para que ella pudiera permanecer cerca de su hijo en todo momento.

Debido a esto, Sofía aprovechaba cada minuto en la clínica para quedarse en silencio junto a la cama, sin máscaras, sin espectáculos; solo ella y la esperanza de que él despertara en cualquier momento.

Habían pasado dos semanas desde aquella noche en que todo se volvió un caos. Entre el refugio temporal del trabajo, las atenciones de su hermana y las largas guardias en la clínica, Sofía había encontrado una rutina que la mantenía en pie. Esperar era su nueva ocupación; esperar a que Maximiliano despertara para poder continuar.

Lo que menos le importaba era la información que circulaba en los medios amarillistas, y mucho menos que su padre estuviera como una bestia feroz esperando para atrapar a su presa.

— Creo que ya es hora de que despiertes. — Murmuró una tarde, con la voz rota por el cansancio. — Siempre he querido un momento así… uno en el que pueda estar cerca de ti sin pensar en mentiras ni en máscaras. Pero realmente no imaginaba que fuera en un lugar como este, y mucho menos que fueras tú quien estuviera sobre esta cama.

Se acercó a su rostro con delicadeza, rozando la piel fría de su mejilla con la punta de los dedos. El impulso de liberar todo lo que llevaba dentro la invadió. Las palabras salieron atropelladas, sinceras, como si cada frase fuera una moneda fría que arrojaba al agua para ver si hacía ruido.

— Si tan solo… — Dejó escapar un suspiro. — Si tan solo me hubieras visto alguna vez. Te cegaste por ella y no miraste alrededor. Yo te amaba… te amaba tanto que preferí quedarme en la sombra para verte feliz. Pero mírate ahora… consumido por la misma mujer una y otra vez.

Una lágrima se deslizó por su mejilla, esa le había parecido la confesión más humillante y necesaria a la vez. Finalmente, sin pensarlo, y en un arranque de valentía que la sorprendió incluso a ella misma, se inclinó y apoyó sus labios contra los de él. Fue un roce fugaz, prohibido, una promesa en forma de beso hacia alguien que yacía inmóvil. Cuando se apartó, dejó escapar una frase que le dolía inmensamente.

— Cuando recupere a mi madre, me iré. Espero que encuentres tu paz.

No se dio cuenta de la sombra en el umbral ni de la presencia que la observaba con calidez, hasta que escuchó una voz grave desde afuera que identificó claramente. Alex estaba allí, y lo más seguro era que también la acusaría por lo sucedido. Sin embargo, ella continuará manteniéndose firme. Decidida, salió de la habitación.

— Sofí… — Dijo la madre de Max al verla salir.

—¿Qué haces aquí? —Preguntó Alex con una mezcla de molestia y dolor al verla salir tranquilamente de la habitación. — ¿Por qué estás con él?

La madre de Maximiliano, quien se percató de la tensión entre ambos, se adelantó con esa cautela que la definía.

— Alex, realmente nos alegra mucho que hayas podido venir a ver a Max. — Dijo ella mientras se acercaba a ella. — Sofía ha estado cuidando a Max durante este tiempo.

Alex miró a Sofía con desconfianza. También sentía algo de culpa debido a que por su accidente se había quedado solo sumergido en su miseria ignorando todo lo que sucedía a su alrededor. Por eso al ver a Sofía quien ha estado cuidando de su amigo, no pudo evitar sentir que ella tenía gran culpa en todo lo que estaba sucediendo.

Sofía al darse cuenta de la confusión en su rostro, le pidió que hablarán a solas. Por lo que fueron a la cafetería para poder hablar con claridad. Este era un buen momento para limar asperezas y mantener la paz por el bien de Maximiliano.

— Alex… Realmente lo siento. — Hablo con empatía aunque su rostro serio demostrará otra cosa.

— Tus disculpas no sirven de nada ahora. — Murmuró Alex con voz quebrada—. No hay nada que puedas hacer.

Sofía tragó saliva. La mirada de Alex no pedía palabras bonitas; pedía explicaciones. Ella lo sabía, y por un instante dudó si debía decirle todo lo que había descubierto.

— Fue mi padre. — Dijo al fin, con una voz que intentó ser seria y contenedora. — Debido a que no acepté hacer algo que él quería, me amenazó con lastimar a cualquiera que se acercara a mí.

Alex la observó con incredulidad debido a sus palabras, porque él no tiene ningún tipo de relación cercana con ella.

— ¿Qué quieres decir con eso? — Preguntó con un tono de voz fuerte. — Tú y yo jamás hemos sido cercanos.

— Eso es cierto. Pero mi padre piensa lo contrario debido a las muchas veces que fui a buscarte a la empresa.

Alex no podía creer lo que escuchaba. Cómo era posible que debido a sus caprichos ellos hayan resultado lastimados.

— Eso es absurdo. Entre nosotros jamás hubo una cercanía. — Hablo con duda. — Sobre todo porque…

Alexander observa a la mujer frente a él con detenimiento; a decir verdad ellos muy poco han tratado, porque siempre que ella aparecía, era Maximiliano quien estaba cerca. Por supuesto, él ya se había dado cuenta de lo que realmente sucedía, pero decidió mantenerse en silencio, porque ahora lo más importante era que Maximiliano despertara y que él al igual pueda recuperarse.

— No sé si tu padre tiene motivos para lastimar a Maximiliano, pero por mí parte haré todo lo posible para que pague por lo que me hizo. — Hablo con certeza.

— Ahora… Con respecto a lo que nos sucedió… Fue el primo de Maximiliano quien hizo todo esto por orden de Valeria. — Sofía habló despacio, midiendo cada palabra. No podía demostrar que realmente sabía todo lo que estaba sucediendo.

Alex frunció el ceño. Cómo era posible que Sofía tuviera toda esa información, sobre todo porque siempre demostró ser una mujer caprichosa. El silencio fue profundo. Alex comenzó a unir piezas mentales con rabia contenida; la persecución, la sombra del auto, las pequeñas pistas que Steffan y la seguridad habían encontrado. No eran suficientes para una acusación, pero sí suficientes para perturbarlo.

— ¿Te has dado cuenta de que ahora eres una destruye hogares?

— Lo sé. — Hablo sin darle mucha importancia. — Eso hace la situación más divertida.

— Maximiliano tenía razón.

Ella simplemente levantó sus hombros restando importancia. Después de terminar de hablar ambos regresaron a la sala de espera donde estaban sus familiares. La madre de Maximiliano, con la sonrisa triste que ocultaba la preocupación, indicó que Alex podía verlo.

Al entrar a la habitación, Alex sintió una fuerte opresión en su pecho. Maximiliano estaba conectado a un respirador, su cuerpo parecía frágil e injustamente herido.

Alex se acercó, con la voz quebrada por la impotencia.

— Hermano… tienes que levantarte. — Le habló como si este pudiera escucharlo. — Extraño tu soberbia, tu arrogancia… ya nos han robado demasiado. Debemos hacerles pagar.

Sofía se acercó suavemente y observó la escena con una mezcla de emociones que le atravesaban el pecho; culpa, rabia, amor. Ella no deseaba ser vista por nadie; su presencia era solo un faro que cuidaba a quien amaba, esa era su manera de hacerlo.

— Debes despertar, por favor. — Murmuró ella, en voz apenas audible.

Pero Alex pudo escucharla, giró su rostro y la miró por un instante, resignado y herido a la vez.

— Eres como decía Max. — Soltó con cierta ironía. — Pensé que solo eras alguien caprichosa y arrogante.

Sofía dejó escapar una sonrisa corta, que no llegó a sus ojos.

— ¿Qué puedo decir? — Respondió con un dejo de desprecio. — Soy fascinante.

Alex resopló, abatido por la mezcla de sentimientos. Su recuperación exigía que regresara a Italia, debía iniciar su tratamiento y recuperarse por completo. Pero antes de partir, añadió.

— Si descubres algo, házmelo saber. No podemos perder ninguna pista.

Sofía lo observó mientras se despedía. Cuando Alex se fue, la sala quedó en un murmullo de preguntas sin contestar. La madre de Maximiliano al verla con la mirada perdida, se acercó y le habló con voz suave.

— Gracias por estar aquí. Esto… significa más de lo que crees.

Sofía asintió, sintiendo un peso que por primera vez parecía desvanecerse poco a poco, ya no llevaba sola la verdad ni la culpa. Mientras la tarde se apagaba detrás de las cortinas del hospital, una nueva certeza la acompañaba. la guerra que había comenzado no era solo suya; había aliados inesperados, y preguntas que necesitaban respuestas.

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Maria Elena Martinez Lazaro
hay no, que rabia me da que cada vez que van a decir algo importante alguien tiene que abrir la puerta e interrumpir, no puede ser yo también quiero saber que paso con el desalmado de su papá
Maria Elena Martinez Lazaro
Dios mío que incertidumbre quien será esa persona que entró así y a quien llamó Fernanda
Maria Elena Martinez Lazaro
Que bien por Sofía y Maximiliano 👏👏👏que bueno que salió a defender el honor de su furia esposa 🤭🤭. Por favor querida autora Luna no te demores mucho en subir capitulos quedé perdida y me tocó volver a leer de nuevo para poder cogerle el hilo
Maria Elena Martinez Lazaro: gracias y bendiciones
total 1 replies
Maria Elena Martinez Lazaro
Excelente la historieta
Margalenis
la verdad es q no he entendido es nada esto está enredado
Lucenid Perez Quintero
espero nuevos capítulos 🤭🤭
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