La saga continúa.
Megan logró superar el dolor con la ayuda de su familia, a la que por fin recuperó. Ahora que su amor por Elliott dejó de ser prohibido, está dispuesta a todo por protegerlo a él y a su bebé en camino, y esto solo hace que su camino a la venganza contra Alphonso y la falange oscura se complique más, ya que debe cuestionarse sobre que futuro quiere para su bebé.
Con la constante amenaza de Alphonso y la de un enemigo mayor sin rostro, deberá aliarse con cualquiera que quiera ayudar.
También está la aparición del verdadero padre y hermano gemelo de Elliott, quienes no sabe si son enemigos o aliados; ellos tienen secretos que pueden cambiarlo todo.
Megan deberá enfrentarse a un gran dilema entre su sed de venganza o el amor.
Pero en este juego de sombras y traiciones nada es lo que parece y al final descubrirá que su mayor enemigo no es Alphonso, sino algo más grande detrás de todo.
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¿Enemigo o socio?
En un lugar muy lejano, el sol de la tarde caía majestuoso sobre la vasta propiedad, iluminando el jardín meticulosamente cuidado y la imponente mansión de mármol blanco que se alza en el fondo. Desde una terraza, la vista se extiende hasta el maravilloso paisaje, que está lleno de olivos antiguos y campos de lavanda que se mecen con la brisa fresca.
Dos hombres están sentados en un lugar apartado del jardín, bajo la sombra de una pérgola adornada con enredaderas de jazmín. Sobre la mesa de madera oscura yacen dos copas de vino tinto y una de cristal.
El primero es un joven alto y guapo de unos veintitantos años; tiene el cabello rubio, perfectamente peinado y unos ojos color esmeralda. Sus rasgos son finos, los cuales reflejaban su linaje italiano. Tiene un traje oscuro, hecho a medida, que resalta su presencia refinada, aunque en su expresión hay una ligera tensión.
Frente a él, sentado con una actitud elegante y un semblante relajado, está el dueño de la mansión: un griego de complexión fuerte; su cabello es largo y oscuro y cae hasta sus hombros. Su rostro tiene la dureza de un hombre que ha visto y vivido demasiadas cosas fuertes en el mundo; es joven, treinta años tal vez. La sombra de una barba bien cuidada decora su cara y unos ojos oscuros e impenetrables que le hacen parecer que ve más allá de lo que se dice. Es calculador y viste una camisa de lino blanco abierta en el pecho y unos pantalones oscuros; es la imagen de un hombre que no necesitaba demostrar su poder; su sola presencia y aura afirman que es un hombre peligroso.
“Antes de hablar de negocios, mi querido amigo, vamos a cazar”, dice el joven griego de repente; se coloca de pie con una sonrisa que no deja claro si es amistosa o de advertencia. El hombre es enigmático e interesante.
El italiano arquea una ceja; la sorpresa se dibuja en su rostro. “¿Cazar? Yo no cazo”, dice con un poco de diversión en su voz.
“Así es, Fílos. Aquí en Grecia no nos sentamos con las piernas cruzadas en las cuatro paredes de una lujosa oficina como viejos banqueros aburridos”. Se mofa el griego, haciéndole un gesto al italiano para que este lo siga.
Sin darle opción a que se niegue, comienza a alejarse con paso seguro por la amplia y lujosa propiedad, llena de áreas verdes, flores y arbustos bien cuidados. El italiano duda por un instante; él no es un hombre de cazar como ranchero, pero igual se levanta, ajustándose el saco y, siguiéndolo, sabe que de este hombre se ha escuchado decir que es algo excéntrico. Caminan entre los jardines, por algo parecido a un laberinto, y los campos abiertos, donde se pueden ver varios animales moviéndose a la distancia.
Sin que el italiano se lo espere, el griego se detiene junto a un árbol donde está apoyada una ballesta de diseño antiguo, pero con partes de oro macizo y diamantes; es mortalmente eficiente. Con una rapidez inquietante, el griego la toma en sus manos y carga un virote con un solo movimiento lleno de gracia.
“La paciencia, mi querido Fílos, es la clave, ¿sabes?”, le dice, detallando el paisaje.
“Un buen cazador no se apresura, es paciente, meticuloso, sabe esperar a que la presa esté lista. Debes aprender a observar, a esperar el instante preciso para disparar. Así mismo es en los negocios”. Sonríe con altivez y superioridad el griego.
El italiano, aún impactado y ansioso, cruza sus brazos, observando con cautela. No se puede confiar; el hombre parece estar mentalmente inestable o eso es lo que él percibe.
“Y dime, Alekos, ¿yo soy la presa o un cazador en esta conversación que no entiendo?”El italiano comienza a inquietarse.
El griego suelta una carcajada grave mientras apunta a una de sus presas que acababa de aparecer entre los arbustos.
“Eso, Agapité fíle (querido amigo), dependerá de cuán bien juegues tus cartas y de si eres tan leal como necesito que seas”
Y sin más, le dispara a la niña que corre en zigzag para no ser alcanzada por la flecha, pero es inútil, el griego es preciso. Alphonso queda impactado; es un líder mafioso, pero esto lo sobrepasa, es mucho hasta para él.
"Toma un arma, querido Alphonso, esto es relajante y mira cuántos ejemplares me ha traído". Se carcajea y varios hombres traen apuntados a varias mujeres, hombres y niños, a quienes les ordenan que corran.
Ellos no esperan; salen despavoridos. El griego está extasiado; la adrenalina de lo que le espera burbujea bajo sus venas, mientras Alphonso está en shock; no puede creer lo que ve y si su hijo llegase algún día a estar allí.
Una pequeña de ocho años observa a Alphonso y, negando llorando, sus ojitos brillosos le parten el alma y su mente viaja a Valeria. Una vez supo la verdad; no puede entender cómo sobrevivió a tanto horror.
"Esto es horrible, yo no asesino por deporte, vine para hablar de negocios". El griego se ríe.
"Cierto, pero también viniste porque quieres encontrar a alguien y te voy a demostrar qué tan bueno soy cazando". La niña huye gritando y el griego da pasos firmes; mientras los demás huyen, él se detiene, respira y dispara. Uno tras otro caen y él está feliz; parece estar cazando siervos o conejos.
"Sígueme, si no vas a cazar, observa", le dice y comienza a caminar. Una mujer tiene a un niño abrazado; al parecer se entregó a su final. Entonces suspira complacido y suelta la flecha que atraviesa a ambos de un solo disparo.
"Vaya, qué magnífico soy; mejor háblame de mi nueva presa que debo encontrar". Lo observa y Alphonso mira los cuerpos tirados; se imagina a su Val y ya no ve como tan buena idea decirle al griego que encuentre a su Regina. Ese hombre es un demente que disfruta; los cuerpos siguen cayendo y el griego solo se divierte, está complacido.
Alekos
SORPRENDENOS!!! Con el final que se viene con esta novela
Gracias por regalarnos siempre información de calidad, diferentes tramas, no te encasillas, no escatimas en entregar tu tiempo a lo que te apasiona, y pones todo tu amor a la escritura, haciéndonos parte de tu obra, nos haces reflexionar, entender diferentes tópicos, pasar por todas las emociones habidas, tanto así que amamos a algunos personajes o lo contrario odiando a otros y hasta deseando su muerte en algunos casos.
Sigue cosechando éxitos, que tus fieles lectoras te acompañamos!!
* ESPERO POR SABER EL TIPO DE BODA DE ESTAS "ALMAS GEMELAS"
Esa es la GRAN PREGUNTA 🤔
A veces puede resultar lógico tomar la justicia por mano propia 🤯🙈