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SIEMPRE FUISTE TÚ

SIEMPRE FUISTE TÚ

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / La Vida Después del Adiós / Romance / Venganza / Autosuperación / Mujer despreciada / Venganza de la protagonista / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:111.4k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Paoo

La vida de Alina Levine se ve arruinada cuando es llevada a prisión acusada de un crimen que no cometió. Gracias a eso pierde a sus amigos y al amor de su vida: Christian Walton.

Años más tarde, Alina sale de prisión y está dispuesta a luchar por demostrar su inocencia ante las personas que la acusaron años atrás.

No obstante, siendo acusada injustamente, encerrada, sin la posibilidad de defenderse, ¿podría aquella nueva oportunidad ser suficiente para limpiar su nombre?

NovelToon tiene autorización de Paoo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 11.

CAPITULO 11. 

Al día siguiente, Ali despertó tarde por ser domingo. La luz grisácea del día filtrándose por las persianas le recordaba la calma forzada del fin de semana. Tenía el día libre en el restaurante, así que se dedicó a ordenar su apartamento. Tomo la caja en la cual había guardado las fotos y sonrió al ver las que tenía con Joseph. El corazón le dio un vuelco cálido, una punzada dulce de nostalgia. Las tomo en sus manos y observo la lámina en la cual estaban prendidas antes. Las miró durante unos minutos y volvió a colgarlas en donde estaban. El marco, familiar y desgastado, volvió a ocupar su lugar exacto en la pared, un ancla visual.

En Joseph siempre tendrá su lugar seguro, ella lo sabía. Era una certeza profunda, la única constante inquebrantable en el caos de su vida. Alina suspiró y luego volvió a dejar la caja en su lugar.

Esa tarde decidió pasar por el cementerio para visitar la tumba de su amiga. De camino compro unas flores: margaritas, las favoritas de Samantha. El aroma ligeramente dulce y terroso de las margaritas le trajo recuerdos vívidos de los cumpleaños de Sami.

—Hola Sami. —exclamo ella, sentándose junto a su tumba. El césped estaba frío y húmedo bajo sus pantalones. —Han pasado muchas cosas desde que salí de la cárcel. Solo quiero justicia, Sam… Nada más… Estoy tan cansada de esto. Su voz se quebró, las últimas palabras apenas un susurro de agotamiento.

—¿Qué haces aquí? —pregunto una voz masculina a espaldas de Ali. El sonido de la voz, inconfundible y grave, la hizo tensarse de inmediato. Su respiración se detuvo.

Alina, limpio sus lágrimas, se dio la vuelta y se sorprendió al ver a Christian de pie, detrás de ella. Su rostro, marcado por la lluvia ligera, era una mezcla ilegible de dolor y resentimiento. Un escalofrío le recorrió la espalda. No respondió, simplemente volvió a fijar la vista en la foto de su amiga, mientras acomodaba una por una las margaritas en un florero. El silencio era su escudo, y el metódico acto de arreglar las flores, su única vía de escape.

Christian, por su parte, se acercó a la tumba y dejo una rosa blanca enganchada a la foto de su hermana. Se quedó en silencio. Tenía las manos en los bolsillos y lucia tranquilo. Pero sus hombros estaban tensos, y la forma en que su mandíbula se apretaba delataba una batalla interna. Esa tarde era fría y lluviosa. Alina observó la hora en su teléfono y vio un mensaje de Joseph:

J: “Lo siento, Richard no vendrá al club. Viaje de urgencia 🙁”

Alina suspiró. La decepción le apretó el pecho. La oportunidad de enfrentarse a Paddington se había evaporado.

—¿Ya te vas? —pregunto Christian. Su voz no tenía el tono acusatorio de la última vez, sino una resonancia hueca.

—Sí. —Respondió ella. —Llevo un rato aquí.

—Te llevo. —exclamo él.

—No, gracias. —Exclamo ella. Su rechazo fue instintivo, una barrera levantada por años de dolor.

—Está lloviendo. —Dijo Christian. —Te llevaré hasta el lugar en donde vives.

No era una pregunta, sino una afirmación que denotaba una extraña y forzada obligación.

Alina asintió y lo siguió hasta su carro. El trayecto fue incómodo, sus cuerpos rígidos, separados por un abismo de recuerdos y acusaciones no dichas. Se quedó unos minutos de pie hasta que Christian le quitara el seguro a las puertas. Por un momento se sintió triste. Observó el parpadeo de la luz interior al desbloquearse, un acto mecánico y sin alma. Años atrás, Chris siempre solía abrirle la puerta del carro y el mismo se encargaba de colocarle el cinturón de seguridad. Esa imagen fugaz de cuidado y afecto perdido le dolió más que cualquier insulto. Ahora eso ya no pasaba. Era simple, a Christian ya no le importaba. La aceptación era una herida fría.

—¿A dónde te llevo? —pregunto él, poniendo en marcha el coche.

—Supongo que aún recuerdas mi antigua casa.

—Creí que te habías mudado.

—No, aún vivo allí. El tono de Ali era neutral, pero la implicación era clara: no se había movido, anclada por la inercia y la falta de recursos tras la prisión.

Christian hizo silencio. Solo se escuchaba el murmullo de las escobillas del limpiaparabrisas contra el cristal. Pero Alina, tenía la intención de hablar, de sacar lo que tenía guardado dentro.

—Supe que te comprometiste. La pregunta salió sin anestesia, un corte rápido en el aire tenso.

Él asintió.

—Miranda y yo llevamos un tiempo siendo novios.

—Me alegro por ambos. —exclamo ella.

La frase sonó hueca, una cortesía social que no sentía. Evitó cualquier indicio de lo que esa noticia significaba, una prueba final de que su vida había sido borrada.

—Llegamos. —Exclamo Christian, aparcando frente a su departamento. El motor del coche se apagó, dejando un silencio repentino y opresivo.

—Gracias por traerme. —exclamo ella.

Su mano tembló ligeramente al alcanzar la manija de la puerta. Ninguno de los dos dijo más nada. El adiós se quedó atrapado en sus gargantas. Alina cerró la puerta del coche y corrió hasta las puertas del edificio para subir a su apartamento. La lluvia se había intensificado y ella solo deseaba ducharse y meterse en la cama. Mientras subía las escaleras, podía sentir el peso de la mirada de Christian en su espalda, una presencia persistente que, a pesar de todo, aún no se había disuelto por completo.

Días más tarde, por fin, Alina y Joseph pudieron encontrar a Richard Paddington. El hombre había salido de la ciudad por negocios el fin de semana anterior, por lo que, ahora era el momento.

Joseph y ella estaban recostados en dos reposeras frente a la piscina del club, observando al hombre que tenían en frente. Él estaba con su familia. Su esposa y sus hijos que debían tener más o menos la misma edad que ellos.

—¿Qué haremos para enfrentarlo? —pregunto Joseph.

—No lo sé. —exclamo ella. —No podemos hacerlo frente a su familia.

—Mira ahí. —exclamo Joey, señalando al hombre que iba caminando.

—Creo que va al baño. Puedo interceptarlo.

—Iré detrás de ti y lo acorralaremos.

—Bien, vamos. —exclamo Joseph.

Ambos comenzaron a seguir al hombre. Joseph iba detrás de él, mientras que Alina, rodeo el baño que estaba ubicado cerca de las piletas para encontrarlo de frente. Al verla, el hombre quedo impactado.

A pesar de todo lo que había ocurrido, Alina era una mujer muy sexy. Llevaba puesta una malla enteriza de color rojo y unos shorts de jeans. El rojo era atrevido, vibrante, y le quedaba de una forma que le robó el aliento a Joseph por un instante. La admiró, reconociendo la belleza cruda que la prisión no había podido apagar. Su mente registró, con un dolor sordo, las sutiles cicatrices en su cuerpo, las que el sol no podía borrar. No eran solo físicas; eran las marcas de siete años de infierno, y la veía usarlas ahora, en esa actitud desafiante, como una armadura. Tenía algunas cicatrices en su cuerpo que no quería que Joseph las vea y se preocupara. Él sabía que las tenía, invisibles y visibles, y al verla tan expuesta, sintió una oleada protectora tan intensa que casi lo detuvo. Quería cubrirla, no por recato, sino para proteger esa vulnerabilidad expuesta a la mirada fría de Richard. Apretó los puños, canalizando esa urgencia en la necesidad de terminar con esto.

El hombre se paró frente a la puerta a esperarla y ella aprovechó para acercarse.

—Hola, guapo. —exclamo.

—¿Qué hace una chica sexy como tú, tan sola?

—Oh, vamos. —Dijo ella, haciendo un gesto con la mano. —La verdad es que vine a enfrentar a un canalla como tú.

—¿De qué hablas? —pregunto Richard.

—Samantha Walton.

—¿Qué? No conozco a nadie con ese nombre.

—Estoy segura de que sí. —exclamo Alina.

—Mira, no sé de qué hablas y si no te vas de aquí, llamaré a seguridad.

—¿Me está amenazando?

—Vete niña —exclamo el hombre. —No me desafíes.

—Ali, vamos. —exclamo Joseph a sus espaldas. —Ya tenemos lo que queríamos. Pero sería bueno que el Señor Paddington sepa que esto no termina aquí.

Joseph y Alina salieron del club. El primer paso ya estaba dado: hacerle saber a Richard que sabían lo que tenían con Samantha y sembrarle la duda acerca de la posible existencia de un contenido comprometedor que pueda arruinar su imagen de empresario con esposa e hijos.

Mientras tanto, el hombre se quedó pensando en aquellos dos jóvenes que lo habían enfrentado fuera del baño del club. ¿Qué tanto sabían?

Hace años había tenido una relación amorosa con Samantha Walton. Pero luego quiso quitársela de encima cuando la chica comenzó a sentir amor y esas cosas y además, a pedirle que abandone a su familia para tener una relación oficial con él. Como si fuera poco, la niña había ido con el cuento de que estaba embarazada. Como si él no supiera que tan zorras pueden llegar a ser todas las mujeres.

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Ana Mendez
me encantó, linda historia, bien por ti escritora Dios le bendiga su entrega y sabiduría...❤️❤️🫂
Bar_Rok
muy buena. tiene de todo. excelente
Ariana Cavallaro
Bien. hecho. Que paguen por sucios🤨
Ariana Cavallaro
No entiendo que coño es lo que él quiere. Que más que la declaración tan bonita que ella acaba de hacerle 🤔🤨😡
Ariana Cavallaro
Es u. poco hombre😡
Ariana Cavallaro
No me gustó esa actitud de él. Era el momento para que hablarán claro🤨. Ahora ella quedará embarazada 😡
Ariana Cavallaro
No debería ir a ningún compromiso. No porque le importe, si no para desligarse de una vez de ese pasado😏
Ariana Cavallaro
No seas boba, no permitas eso. Te lo dijo en tu cara, sigue creyendo que tú eres la asesina de su hermana🤨
Ariana Cavallaro
ay no, de verdad no puedo con ella🤨
Ariana Cavallaro
Basura, baboso, asqueroso 😡
Ariana Cavallaro
Gafas, con él ni a la esquina 😡
Fi.Fran.
😭😭😭😭😭😭😭 hay josept me hicieron 😭😭😭😭😭
Fi.Fran.
💕💖😘😍🥰
Fi.Fran.
que hermoso 💕😍😍🥰😘😍🥰😍😍🥰😍🥰. siempre la amo y la sigue amando
Ecodiseño
hermosa historia muchas felicidades escritora
Georgina Reyes Riquene
Excelente
Maria Rojas
una novela muy linda ne encantó que sigan los éxitos bendiciones 😊
Lucia Calderón
Excelente obra
Kay
exelente 😘
perla garcia garcia
Excelente
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