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El Cálido Abrazo Del Hielo

El Cálido Abrazo Del Hielo

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Amor eterno
Popularitas:414
Nilai: 5
nombre de autor: Lelixi

Sinopsis
​Un reino a punto de cambiar. Un secreto congelado en el corazón. Y un amor que desafiará a dos coronas.
​A punto de ascender al trono de Arendor, la princesa Aria vive aterrorizada por dos grandes cargas: la abrumadora responsabilidad de gobernar a su pueblo tras la muerte de sus padres y un peligroso don milenario de magia de hielo que apenas puede controlar.
​Buscando una tregua antes del día de su coronación, Aria se aventura de incógnito por las calles de la ciudad. Pero lo que debía ser una simple escapada la conduce a un rincón olvidado de Arendor y a los ojos de Erik, un misterioso y atractivo joven del norte que parece entender su soledad como nadie. Entre tardes furtivas en un banco de madera, caricias robadas y un beso desesperado en la penumbra, una chispa imprevista amenaza con consumir sus miedos.
​Sin embargo, el destino guarda su propia revelación.

NovelToon tiene autorización de Lelixi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 10: La Irrupción de Lyra

El sol de la mañana comenzaba a elevarse sobre el horizonte, inundando la habitación real con estelas de luz dorada.

​De pronto, el pestillo de la puerta principal se accionó y la hoja de roble se abrió de golpe.

​—¡Aria! Te traje el desayuno completo, caldo de ave y las hierbas tonificantes que mandó el médico para que recuperes las fuerzas antes de—

​Lyra se congeló en el centro exacto de la estancia. La bandeja de plata que sostenía en las manos dio un vaivén peligroso y estuvo a punto de estrellarse contra las baldosas.

​En la gran cama real, la flamante Reina de Arendor dormía plácidamente, acurrucada con la cabeza apoyada sobre el pecho desnudo de un hombre alto y de hombros musculosos que la rodeaba protectoramente por la cintura.

​—¡¡ATAQUE!! ¡¡GUARDIA—!! —empezó a gritar Lyra a pleno pulmón, con el rostro blanco como la nieve.

​—¡¡NO, LYRA, CÁLLATE!! ¡¡ESPERA!! —gritó Aria, incorporándose de golpe y tirando de las cobijas para cubrirse hasta el cuello.

​Erik se despertó con los entrenados reflejos de un soberano del norte. En un movimiento fluido, saltó de la cama, colocándose de pie frente a Aria en postura defensiva, dejando ver su torso marcado por años de entrenamiento con la espada.

​—¡Princesa Lyra, guarde la calma! —exclamó Erik con voz potente de mando.

​Lyra se frotó los ojos con la mano libre, una, dos y tres veces. Parpadeó con fuerza, miró al hombre descalzo de torso desnudo, miró a su hermana despeinada en la cama, y volvió a mirar al hombre. El terror inicial en su rostro dio paso a una mezcla hilarante de conmoción, indignación y estupefacción.

​—Espera un momento... Esa cara... Esos ojos azul glaciar... —Lyra señaló al rey con un índice tembloroso—. ¡Tú eres el tipo del parque! ¡El vago misterioso del banco de madera!

​—Lyra, por favor... —suplicó Aria, sintiendo que un rubor abrasador le cubría el cuello y las mejillas.

​—¡Y llevas los pantalones de vestir con los botones de plata de la casa de Vaeloria! —continuó Lyra, bajando el tono de voz pero acentuando la acusación con los ojos abiertos de par en par—. ¡Eres el Rey Erik! ¡El soberano de las montañas del norte!

​—Así es, Princesa Lyra —dijo Erik, haciendo una inclinación de cabeza impecable y llena de caballerosidad a pesar de estar descalzo y sin camisa—. Le pido mil disculpas por el susto y por la intrusión. Le doy mi palabra de honor de que la virtud y la dignidad de su hermana han sido respetadas. Solo vine a velar por su salud.

​Lyra caminó hacia la mesa auxiliar y dejó la bandeja de plata con un golpe seco que hizo tintinear las tazas de porcelana. Se cruzó de brazos, los miró a ambos alternadamente y alzó una ceja con ironía.

​—¿Velar por su salud? ¿Trepando por el balcón a las tres de la mañana como un rufián? —preguntó la menor, aunque una sonrisa pícara y divertida comenzó a asomar en las comisuras de sus labios—. Vaya, vaya... Así que el "desconocido sin importancia" que traía a mi hermana suspirando por los rincones resulta ser nada menos que un rey conquistador con magia de hielo.

​Aria no pudo contenerse más. La tensión acumulada durante semanas se disipó y soltó una carcajada limpia, melodiosa y cristalina que llenó toda la estancia.

​—Te lo dije, Lyra. Te dije que no era un espía —dijo la reina con orgullo.

​Durante la hora siguiente, mientras Erik se ponía la camisa y compartían el té de la mañana en la mesa redonda de los aposentos, los tres conversaron abiertamente. Aria y Erik le relataron a Lyra cada detalle: la atracción magnética que los guió al parque, la libertad que encontraron en sus charlas furtivas, el descubrimiento atónito en la gala y la lección de magia de la madrugada.

​Lyra los escuchó con atención. Aunque mantuvo su postura de hermana menor protectora, no pudo evitar conmoverse ante la complicidad absoluta que brillaba en las miradas que se dedicaban la reina y el rey extranjero.

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