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Mariana

Mariana

Status: Terminada
Genre:Terror / Completas
Popularitas:73
Nilai: 5
nombre de autor: Campos Fernando

Sara regresa a la granja de sus padres para cuidar a su madre en campania de su esposo Alejandro,
Al llegar Sara comienza a ver el fantasma de una niña en sus sueños y comienza a caminar dormida, despertando cada mañana, en un lugar diferente, cada vez más alejada de la granja
Alejandro pronto trata de investigar lo que esta pasando y poco a poco comienza a descubrir los oscuros secretos del pasado que oculta su Esposa

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LA OUIJA

La noche se cernía sobre la casa de Sara como un manto oscuro, y el silencio era tan denso que se podía cortar con un cuchillo. Sara, sentada en la sala, observaba las sombras danzantes que se proyectaban en las paredes. La muerte de su madre la había dejado en un estado de confusión y tristeza; un vacío que la consumía lentamente. Sin embargo, su esposo, Alejandro, parecía llevar la carga de su dolor de una manera diferente. En sus ojos había una inquietud que Sara no lograba descifrar.

Mientras tanto, en el cuarto de estudio, Alejandro había decidido actuar. La Ouija que había comprado a escondidas reposaba sobre la mesa, rodeada de velas que parpadeaban tenuemente, proyectando sombras inquietantes en las paredes. La idea de contactar a Mariana, la niña que había atormentado a su esposa en sus pesadillas, lo llenaba de una mezcla de temor y determinación. “Solo quiero entender”, murmuró para sí mismo, mientras colocaba sus dedos sobre el tablero.

“¿Hay alguien aquí?”, preguntó Alejandro, su voz temblando ligeramente. El aire se volvió frío, y un escalofrío recorrió su espalda. Esperó, conteniendo la respiración, y en ese silencio, una respuesta llegó a través del movimiento del puntero. “¿Quién eres?”, insistió, sintiendo cómo la tensión crecía en el ambiente. La respuesta llegó lentamente, como si una fuerza invisible lo guiara. “Mariana”, decía el puntero.

“¿Qué es lo que quieres?”, preguntó, su voz ahora un susurro. La respuesta fue inmediata y clara, “A Sara”. El corazón de Alejandro se detuvo un instante. “No, no, eso no puede ser”, pensó, sintiendo una punzada de miedo. “¿Por qué?”, preguntó, su voz ahora un eco en la penumbra. La Ouija respondió con una sola palabra: “El pasado”. La revelación lo golpeó como un martillo.

“¡Sara no tuvo nada que ver con tu muerte!”, exclamó, su voz resonando en la habitación. La tensión se intensificó, y un viento gélido comenzó a soplar, haciendo que las velas temblaran. “¡Lárgate!”, fue la respuesta de Mariana, y en ese instante, el ambiente se tornó aún más opresivo. Los objetos en el cuarto comenzaron a moverse, como si una fuerza invisible decidiera desatar su furia. Un libro cayó al suelo, y luego una lámpara se estrelló contra la pared.

Alejandro, asustado, se levantó de la silla. “¡Mariana, cálmate!”, gritó, pero su voz se perdió en el caos que se desataba a su alrededor. Las ventanas comenzaron a golpear violentamente, y un estruendo resonó en la casa. En medio de la confusión, la puerta del cuarto se abrió de golpe, y Sara apareció, su rostro pálido y lleno de preocupación. “¿Qué está pasando aquí?”, preguntó, su voz temblando mientras observaba el desorden.

“¡Sara, no entres!”, gritó Alejandro, pero fue demasiado tarde. Ella cruzó el umbral, y al instante, la atmósfera cambió. La mirada de Sara se encontró con la de su esposo, y en sus ojos había una mezcla de confusión y rabia. “¿Compraste una Ouija sin decírmelo?”, preguntó, su voz llena de incredulidad. Alejandro sintió que el suelo se desvanecía bajo sus pies. “Sara, yo solo quería entender...”, intentó explicar, pero las palabras se le atragantaron en la garganta.

“¿Entender qué? ¿Por qué estás jugando con cosas que no comprendes?”, replicó ella, su voz resonando en el cuarto. La tensión entre ellos era palpable, y el aire se cargó de una electricidad inquietante. “¡Mariana está aquí, y no está contenta!”, gritó Alejandro, señalando la Ouija, que ahora parecía vibrar con una energía oscura. Sara sintió un escalofrío recorrer su espalda. “¿Qué has hecho, Alejandro?”, preguntó, su voz temblando de miedo.

De repente, un grito desgarrador resonó en la habitación, y las luces comenzaron a parpadear. Sara sintió que el pánico se apoderaba de ella. “¡Sal de aquí, Mariana!”, gritó, su voz entrecortada. Pero la respuesta fue un silencio ominoso, seguido de un susurro que parecía venir de todas partes. “Sara…”, decía la voz, y el terror la invadió. “¿Qué quieres de mí?”, preguntó, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza.

La Ouija comenzó a moverse nuevamente, y Alejandro, temblando, la observó con horror. “No, no, no”, repetía como un mantra, mientras el puntero se deslizaba hacia la palabra “pasado”. Sara sintió que su mundo se desmoronaba. “Alejandro, tenemos que parar esto”, dijo, su voz llena de desesperación. “No podemos jugar con fuerzas que no entendemos”. Pero Alejandro, atrapado entre el miedo y la curiosidad, dudó.

“¡Sara, necesito saber!”, respondió él, su voz temblando. “¡No puedes dejar que esto continúe!”, insistió ella, su mirada llena de terror. “¡Mariana no es solo una niña, es un espíritu atormentado!”, exclamó, mientras las luces parpadeaban aún más intensamente. En ese momento, un fuerte estruendo resonó, y un objeto voló hacia ellos, golpeando la pared. Sara gritó y se lanzó hacia Alejandro, quien la abrazó con fuerza.

La habitación se llenó de un eco de risas infantiles, y Sara sintió que el aire se volvía más pesado. “¡Sal de aquí!”, gritó, sintiendo que la desesperación se apoderaba de ella. La Ouija, ahora iluminada por una luz sobrenatural, parecía cobrar vida propia, y el puntero apuntó hacia la palabra “muerte”. La atmósfera se tornó densa y opresiva, y la risa se convirtió en un grito desgarrador. “¡Sara!”, repitió la voz, y en ese instante, todo se volvió oscuro.

Sara se aferró a Alejandro, y juntos, en medio del caos, comprendieron que habían despertado algo que no podían controlar. La Ouija dejó de moverse, y un silencio sepulcral llenó la habitación. Solo el eco de sus propios corazones resonaba en el aire. La noche había caído, y con ella, el terror se había desatado.

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