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Crónicas De Los Cuatro Reinos: La Saga Arcana

Crónicas De Los Cuatro Reinos: La Saga Arcana

Status: En proceso
Genre:Venganza / Reencarnación / Mundo de fantasía
Popularitas:541
Nilai: 5
nombre de autor: Leydis Ochoa

En un mundo dividido por magia y poder, seis protagonistas luchan por el destino de los Cuatro Reinos. Entre traiciones, alianzas y secretos ancestrales, cada uno debe enfrentar su propio pasado para conquistar un reino al borde del caos. Una saga épica de magia, intriga y supervivencia donde solo los más fuertes definirán el futuro.

Crónica de los Cuatro Reinos: La Saga Arcana.
Libro 1: El Legado de Drakthar.
Libro 2: Fuego y Hielo en Frostvale.
Libro 3: Los Secretos de Ironspire.
Libro 4: El Juramento de Embercliff.
Libro 5: La Corona Rota.
Libro 6: Las Sombras del Trono.

NovelToon tiene autorización de Leydis Ochoa para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 10

Los días que siguieron a la confrontación con Lysandra se arrastraron bajo un manto de ansiedad y revelación. La ciudad, ya de por sí tensa, parecía contener el aliento, esperando una catástrofe inminente. Elowen, ahora con un conocimiento más profundo de la red de traición y desesperación que tejía Valerius, sentía el peso de Drakthar sobre sus hombros. La Luna de Sangre, el día clave para la invocación masiva de Valerius, estaba a solo unos días de distancia.

Lysandra, atrapada entre el amor por su hermana y el terror que Valerius le inspiraba, había comenzado a alimentar a Elowen con información vital. Cada noche, un pequeño pergamino enrollado, con un mensaje críptico, aparecía en un lugar preestablecido en el mercado negro, un truco que Zyla había perfeccionado. Lysandra detallaba los movimientos de los Cultistas del Velo, los avances en la producción de Éter Oscuro, e incluso los planes de Valerius para fortificar ciertos puntos del palacio. La presión sobre ella era palpable en cada palabra apenas legible.

Atheris, por su parte, continuaba siendo una sombra leal en el corazón de la bestia. Sus mensajes, entregados a través del mismo mensajero silencioso, eran más directos: planos detallados de las defensas internas del palacio, horarios de cambio de guardia, y, lo más preocupante, informes sobre un aumento alarmante de la actividad en las mazmorras y el laboratorio secreto, donde los "Maestros Alquimistas" de Valerius trabajaban incansablemente. "Los susurros de las sombras están creciendo, princesa," escribió una vez Atheris. "El rey está impaciente. Su locura crece con cada luna menguante."

Los rumores en las calles se volvieron más siniestros. Se hablaba de sombras que se movían en la periferia de la visión, de personas que desaparecían sin dejar rastro de los barrios más pobres, de un hedor metálico y dulzón que a veces flotaba en el aire cerca del palacio. Los ciudadanos se aferraban a sus hogares, los mercados se vaciaban antes del anochecer, y el silencio en la noche era más aterrador que cualquier grito. El miedo era el verdadero rey de Drakthar.

Elowen sentía la urgencia quemándole las entrañas. Necesitaba actuar, pero Valerius no había dado un paso en falso. Estaba esperando la Luna de Sangre, la alineación astrológica perfecta para desatar su poder. La princesa sabía que el ataque preventivo, si bien tentador, podría poner en peligro a Elara y a todos aquellos que Lysandra intentaba proteger.

Pero Valerius, en su arrogancia, no esperó.

Fue una noche gélida, dos días antes de la Luna de Sangre. El cielo estaba cubierto por nubes oscuras y pesadas que presagiaban nieve. Elowen estaba en el techo de su refugio, observando el palacio, una silueta ominosa contra el cielo crepuscular. Zylos y Zyla estaban abajo, jugando a las cartas en un intento de aliviar la tensión.

De repente, un aullido rasgó la quietud, no el de un lobo, sino algo más profundo, más retorcido. Vino de las afueras de la ciudad, cerca de los distritos pobres que colindaban con el Bosque Prohibido. Luego, gritos. Gritos de puro terror.

Elowen se puso de pie de un salto.

—¡Zylos! ¡Zyla! ¡Escuchad!

Antes de que pudiera terminar, un resplandor verde oscuro estalló sobre las murallas del noreste, seguido por una oleada de sombras que no eran naturales. No eran las sombras de la noche, sino entidades tangibles que se retorcían y se extendían, engullendo las torres de vigilancia.

El ataque había comenzado.

Pero no era el ejército del rey Valerius. No eran soldados. Eran... cosas.

Desde los muros y las calles, las "fuerzas desconocidas" emergieron del corazón de la noche. Eran criaturas de pura oscuridad, humanoides grotescos formados por hebras de sombra retorcida, con ojos brillantes de un rojo infernal. Se movían con una velocidad espantosa, sus cuerpos semitransparentes, apenas afectados por las flechas y las espadas que los desesperados guardias les lanzaban. Algunos de ellos parecían ser versiones distorsionadas de animales, bestias de pesadilla que rasgaban la carne y el metal con garras que no dejaban herida, sino una sensación de frío absoluto y desesperación.

El caos se desató. El repique de las campanas de alarma sonó frenéticamente, pero su sonido fue rápidamente ahogado por los gritos de la gente, el choque de espadas y el sonido gutural de las criaturas sombrías. El fuego comenzó a extenderse en los barrios atacados, no por la piromanía, sino porque las sombras parecían absorber la vitalidad, dejando solo la madera seca y la piedra frágil para arder.

—¡Son las Sombras Subyugadas! —exclamó Elowen, el nombre de los textos antiguos resonando en su mente. Valerius había desatado su magia prematuramente, o quizás, sus experimentos se habían descontrolado.

—¡¿Qué hacemos?! —gritó Zylos, su rostro pálido pero sus ojos determinados. Zyla ya estaba asegurando el refugio, preparando sus dagas.

—¡Proteged a la gente! —ordenó Elowen, su voz resonando con autoridad. Su propia magia de sombras comenzó a bullir bajo su piel, no de la misma naturaleza que las abominaciones de Valerius, sino como un escudo protector, un bálsamo de oscuridad tranquila—. ¡No podemos detenerlas con armas, solo con luz o con una magia más fuerte!

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