Han Jisung solo quería un trabajo tranquilo pero todo cambia cuando comienza a trabajar para Lee Minho ,un Jefe brillante, Arrogante y peligrosamente atractivo. Entre órdenes, discusiones y miradas intensas, Han empieza a descubrir q detrás del carácter arrogante de su Jefe hay algo q nadie más a logrado ver
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Celos que no se pueden esconder
La oficina estaba demasiado tranquila esa mañana.
Demasiado normal.
Y eso hacía que todo se sintiera aún más incómodo para Han.
Porque cada vez que levantaba la mirada…
Sentía los ojos de alguien sobre él.
Primero miró hacia la oficina de Minho.
La puerta estaba entreabierta.
Y sí.
Minho estaba mirándolo otra vez.
Han bajó la mirada inmediatamente.
—Esto es ridículo… —murmuró.
—¿Qué es ridículo?
Felix apareció a su lado con una sonrisa curiosa.
Han suspiró.
—Nada.
Felix miró hacia la oficina del jefe.
Luego volvió a mirar a Han.
—Claro.
Hyunjin se acercó también.
—¿Todavía siguen con eso?
Han frunció el ceño.
—No hay un “eso”.
Felix levantó una ceja.
—Ayer saliste de su oficina con la camisa arrugada.
Han se atragantó un poco.
—¡Felix!
Hyunjin soltó una pequeña risa.
—Admite que hay algo.
Han estaba a punto de responder cuando alguien más habló.
—Buenos días.
Changbin.
Felix sonrió inmediatamente.
—Buenos días.
Hyunjin lo saludó con la cabeza.
Pero Changbin no estaba mirando a ellos.
Estaba mirando a Han.
—Jisung.
Han levantó la mirada con cautela.
—¿Sí?
Changbin apoyó una mano en su escritorio.
—¿Almorzamos juntos hoy?
Felix abrió los ojos.
Hyunjin también.
Han parpadeó.
—¿Qué?
Changbin sonrió.
—Te invité ayer.
Han recordó vagamente.
—Ah…
Felix murmuró:
—Esto se va a poner bueno.
Hyunjin asintió.
Han dudó un momento.
Pero antes de responder…
Escuchó una puerta abrirse.
Todos miraron.
Minho había salido de su oficina.
Su mirada fue directamente hacia ellos.
Y se detuvo en Changbin.
Demasiado cerca de Han.
Changbin lo notó.
Y, como si fuera intencional…
Se inclinó un poco más hacia Han.
—Entonces, ¿qué dices?
Han sintió la tensión inmediatamente.
Minho estaba mirando.
Claramente.
—Yo…
Minho caminó hacia ellos.
Cada paso era lento.
Controlado.
Pero sus ojos estaban oscuros.
—Han Jisung.
Han suspiró.
—¿Sí, jefe?
Minho habló sin mirar a nadie más.
—Necesito que revises unos documentos conmigo.
Changbin sonrió un poco.
—Qué coincidencia.
Minho finalmente lo miró.
—¿Hay algún problema, Changbin?
—Ninguno.
Changbin cruzó los brazos.
—Solo estaba invitando a Jisung a almorzar.
Silencio.
Felix susurró:
—Van a pelear.
Hyunjin respondió:
—Cien por ciento.
Minho volvió a mirar a Han.
—No creo que tenga tiempo.
Han levantó una ceja.
—Eso no lo decides tú.
Minho lo miró fijamente.
—Soy tu jefe.
—Pero no controlas mi almuerzo.
Felix tuvo que morderse el labio para no reír.
Changbin parecía disfrutar cada segundo.
—Entonces almorzamos —dijo Changbin tranquilamente.
Han dudó.
Pero finalmente asintió.
—Sí.
Minho no dijo nada.
Solo lo miró.
Y luego se dio la vuelta para volver a su oficina.
Pero la tensión no desapareció.
Al contrario.
Empeoró.
Horas después…
Cuando llegó la hora del almuerzo…
Han estaba caminando hacia la salida con Changbin.
Felix y Hyunjin observaban desde sus escritorios.
—Esto es mala idea —dijo Felix.
Hyunjin sonrió.
—Pero interesante.
Cuando pasaron frente a la oficina del jefe…
La puerta se abrió.
Minho salió.
Justo a tiempo para verlos.
Changbin sonrió.
—Nos vemos luego.
Y antes de irse…
Puso una mano en la parte baja de la espalda de Han para guiarlo hacia el ascensor.
El gesto fue pequeño.
Pero suficiente.
Los ojos de Minho se oscurecieron inmediatamente.
Han lo vio.
La expresión de Minho era dura.
Celosa.
Intensa.
Y por alguna razón…
Eso le provocó algo extraño en el pecho.
Algo parecido a satisfacción
Como si algo dentro de el quisiera verlo así.
—No me mires así —dijo Han en voz baja cuando el ascensor se cerró.
Changbin lo miró divertido.
—¿Así cómo?
—Sabes cómo.
Changbin sonrió.
—Solo estaba siendo amable.
Han suspiró.
—No provoques al jefe.
Changbin soltó una pequeña risa.
—¿Te preocupa?
Han miró hacia otro lado.
—No.
Changbin lo observó unos segundos.
—Interesante.
Changbin soltó una pequeña risa.
—Creo que tu jefe quiere matarme.
Han suspiró.
—Probablemente.
Changbin lo miró con curiosidad.
—Entonces… ¿por qué lo hiciste?
Han frunció el ceño.
—¿Hacer qué?
Changbin sonrió.
—No apartarte cuando te tomé.
Han se quedó en silencio.
Porque la verdad…
Ni él mismo sabía la respuesta.
Mientras tanto…
Arriba en la oficina.
Minho estaba mirando por la ventana.
Felix apareció en la puerta.
—Jefe.
Minho no respondió.
Felix miró hacia abajo por la ventana.
Y vio a Han y Changbin saliendo del edificio juntos.
—Oh—dijo Félix.
Minho habló sin apartar la mirada.
—¿Qué?
Felix sonrió un poco.
—Nada.
Pero antes de irse dijo algo más.
—Aunque… si fuera usted…
No los dejaría solos mucho tiempo.
Minho finalmente giró la cabeza.
Felix ya se estaba yendo.
Y abajo…
Han caminaba junto a Changbin.
Sin saber que alguien más…
Estaba a punto de perder completamente la paciencia.
Mientras tanto en el restaurante...
El ascensor llegó al primer piso.
Las puertas se abrieron.
—Vamos —dijo Changbin.
Salieron del edificio y caminaron hacia un pequeño restaurante cercano.
El lugar era tranquilo.
Se sentaron cerca de la ventana.
Changbin tomó el menú.
—Entonces… ¿te gusta trabajar aquí?
Han apoyó la cabeza en la mano.
—Es complicado.
Changbin sonrió.
—¿Por tu jefe?
Han levantó la mirada.
—No todo gira alrededor de él.
Changbin rió.
—Seguro.
Antes de que Han respondiera…
La puerta del restaurante se abrió.
Y alguien entró.
Han levantó la mirada por reflejo.
Y su corazón se tensó.
Lee Minho.
Changbin también lo vio.
—Vaya… qué coincidencia.
Han frunció el ceño.
—Esto no puede ser una coincidencia.
Minho caminó dentro del restaurante como si nada.
Pero cuando sus ojos encontraron a Han…
No apartó la mirada.
Changbin apoyó los codos en la mesa.
—Creo que nos siguió.
Han suspiró.
—Genial.
Minho no se acercó.
Se sentó en una mesa no muy lejos.
Pero lo suficientemente cerca para verlos.
Y claramente estaba mirando.
Changbin se inclinó un poco hacia Han.
—Esto es divertido.
Han lo miró.
—Para ti.
—Un poco.
El mesero llegó a tomar la orden.
Después de pedir, Changbin volvió a mirar a Han.
—Tu jefe está observando cada movimiento.
Han intentó ignorarlo.
Pero era difícil.
Porque cada vez que levantaba la mirada…
Minho seguía ahí.
Mirándolo.
Entonces pasó algo que Han no esperaba.
Una mujer se acercó a la mesa de Minho.
Alta.
Elegante.
Sonriendo.
Han no sabía quién era.
Pero claramente lo conocía bien.
La mujer se sentó frente a Minho.
Y empezó a hablar con él con mucha confianza.
Incluso se inclinó un poco hacia él mientras reía.
Han sintió algo extraño en el pecho.
Changbin lo notó inmediatamente.
—¿Qué pasa?
Han apartó la mirada.
—Nada.
Changbin miró hacia la otra mesa.
—Ah.
Han apretó un poco los labios.
—No significa nada.
Changbin sonrió.
—Claro.
Han volvió a mirar sin querer.
La mujer estaba tocando el brazo de Minho mientras hablaba.
Y Minho no parecía molesto.
Eso hizo que algo dentro de Han se tensara aún más.
—Interesante —murmuró Changbin.
Han lo miró.
—¿Qué?
—Pensé que dijiste que no te importaba tu jefe.
Han cruzó los brazos.
—No me importa.
Changbin sonrió un poco más.
—Entonces deja de mirarlo.
Han se quedó quieto.
Porque se dio cuenta de algo.
Changbin tenía razón.
Había estado mirando esa mesa todo el tiempo.
Y no le gustaba.
No le gustaba para nada.
Changbin se inclinó hacia adelante.
—Creo que alguien está celoso.
Han lo miró inmediatamente.
—No digas tonterías.
Changbin rió.
—Claro.
En ese mismo momento…
Minho levantó la mirada.
Y sus ojos se encontraron con los de Han.
Por un segundo nadie apartó la mirada.
Pero esta vez…
No era solo Minho el que estaba celoso.
Han también.
Y eso hacía que todo fuera mucho más peligroso.
Han intentó volver a concentrarse en la conversación con Changbin, pero su mirada seguía escapándose hacia la mesa de Minho. La mujer se reía de algo que él había dicho, inclinándose cada vez más cerca. Han apretó los dedos alrededor del vaso sin darse cuenta. Entonces ocurrió. La mujer tomó suavemente el rostro de Minho… y lo besó. No fue un accidente ni un gesto rápido. Fue claro. Delante de todos. El mundo de Han pareció detenerse por un segundo. Su pecho se tensó de una forma que no esperaba, como si algo se le hubiera clavado en el estómago. Apartó la mirada inmediatamente, pero el gesto ya estaba grabado en su mente. Changbin lo observó en silencio desde el otro lado de la mesa, notando cómo la expresión de Han cambiaba, cómo sus hombros se tensaban y su sonrisa desaparecía por completo. Y en ese momento Han entendió algo que no quería admitir: ver a Minho besando a otra persona le molestaba mucho más de lo que debería