Grace, estancada en el desempleo y la monotonía, decide arriesgarlo todo por una conexión virtual de años. Junto a su mejor amiga, cruza la frontera para conocer a Noah, un dedicado estudiante de medicina que vive consumido por la exigencia de sus guardias hospitalarias. Aunque Noah queda cautivado al ver que ella es más hermosa en persona de lo que imaginó, no está dispuesto a comprometerse: su carrera es su única prioridad. Sin embargo, la química física y emocional pronto desbarata sus planes. ¿Podrán construir un futuro real o simplemente el trabajo consumirá a un lado?
NovelToon tiene autorización de Fer. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Parte 11 (+18)
Grace
Sí, estaba decidida a hacer esto, porque al hablar con Rodrigo me di cuenta de que valía una mierda todo, me quedaría solo dos semanas, ¿por qué no vivirlo al máximo?
—Te ves tan linda —No era capaz de pensar correctamente, su lengua me estaba haciendo un desastre, solo podía temblar por sentir ese placer.
—No digas cosas así —Le respondo entre jadeos y tembladas de piernas. Alzó un poco mi cabeza, estaba entre mis piernas, chocamos miradas y él solo sonríe de forma burlona.
Me estaba gustando, me gustaba esta sensación. Aún más porque Noah era el hombre perfecto, siempre dominante y todo lo quería bajo control, aunque yo también era parecido, siempre deseaba bajarle la cabeza a este hombre.
Después de nuestro choque de miradas, sigue su ritmo en mi zona, cuando succiona veo estrellas muy cerca y me cubro la boca con mis manos para no gritar tan fuerte. Él se aleja y se relamo los labios mientras se quita la camisa y todo lo demás.
—¿Estás lista? Seré suave —Me sonrojo un poco, estaba siendo demasiado tierno.
Como si fuera la primera vez, entra despacio, mientras se fija como entra.
—No lo mires tanto —Jadeo mientras suelto un suspiro al sentirlo, él se ríe y lo siento vibrar.
—Es que es increíble esto —No quería preguntarle por qué pensaba así, entonces me dedique a sentir el momento.
No duro mucho con parte suave, porque yo solita me giré para mi posición favorita, en cuatro. Eso lo convirtió, porque sus bolas empezaron a dar contra mí, mientras me daba unos azotes increíbles y yo no paraba de gemir.
Embestida tras embestida, todo de mí temblaba, cuando sentí su respiración cerca, me jalo del cabello, para besarlo y eso hicimos. Llegué, llegué mientras lo sentía en mi interior aun, no paro incluso cuando lo hice.
—Eres un monstruo —Murmuré entre gemidos, no se detenía. Noah no paraba, yo solo mordía la almohada para no gemir duro.
No paro hasta casi la madrugada, me lo hizo en todas las posiciones posibles, incluso cuando tratamos de ducharnos para quitar el exceso de calor, no me dejo descansar.
Casi al pararme al día siguiente, noté que las sábanas ya habían sido cambiadas y todo rastro de nuestro desastre de anoche había desaparecido. Esta vez no tenía que ir a ordeñar las vacas, pero igual quería madrugar para ayudar a la mamá de Noah.
Cuando llegué a la cocina, lo encontré allí, conversando con su mamá. Al verme, me sonrió y, sin decir nada, me dio un beso suave en la frente.
—Te iba a llevar el desayuno a la cama —dijo, y sentí el calor subir a mis mejillas. No podía creer que estuviera haciendo eso delante de su madre. Ella le dio una palmada cariñosa en la espalda y me regaló una sonrisa cómplice.
—Todos están dormidos, todavía están cansados, así que pueden hablar tranquilos —comentó su mamá, antes de seguir con lo suyo.
—¿Dormiste bien? —preguntó Noah, acercándose un poco más, su mano posándose con naturalidad en mi cintura.
—Sí, ¿y tú? —respondí, intentando sonar normal.
—¿Sí dormiste? —repitió con una sonrisita, y luego soltó una risa. Yo puse los ojos en blanco, pero él se inclinó para susurrarme al oído, con una voz baja que me erizó la piel: —Así me estabas haciendo anoche.
Le di una palmada suave en el hombro, intentando disimular la sonrisa nerviosa. Él siguió riéndose, y luego apoyó su mano en mi hombro antes de darme un beso rápido en la mejilla. ¿Por qué estaba comportándose así?
No quería pensar demasiado. Me negaba a analizar cada gesto, así que simplemente me dejé llevar y disfruté de su cercanía.
Cuando todos comenzaron a levantarse, nosotros ya estábamos en el sofá viendo algo al azar en la televisión. Yo tenía las piernas extendidas sobre su regazo, y él me hacía un masaje lento, presionando con sus dedos justo donde sabía que me relajaba.
—¿Y ustedes qué hacen aquí? —la voz de su prima nos sorprendió. A su lado estaba Carolina, demasiado arreglada para alguien que supuestamente acababa de levantarse.
—Viendo televisión —respondió Noah antes de que yo pudiera decir algo. Ambas nos miraron con atención, como si buscaran leer algo más en la escena.
—¿Dónde dormiste, primo? —preguntó Rodrigo, con voz todavía adormilada, resonando en toda la sala.
—Esta loca se metió en mi cama creyendo que eras tú —añadió, medio riéndose.
El silencio se apoderó de todos por un momento. Emma cruzó la habitación, aún con el pelo revuelto por el sueño, pero al escuchar aquello abrió los ojos como si se hubiera despejado de golpe.
Las miradas comenzaron a cruzarse como si fueran dardos invisibles. Yo podía sentir cómo la incomodidad se extendía por la sala, aunque Noah parecía completamente relajado, como si nada de lo dicho tuviera importancia.
Emma se quedó quieta, mirándonos a todos, y luego posó su vista en mí. Pude ver la chispa de curiosidad en sus ojos, pero también un atisbo de diversión. Carolina, en cambio, apretó los labios y se acomodó el cabello con un movimiento demasiado lento, como si quisiera llamar la atención.
Rodrigo, que todavía tenía la voz cargada de sueño, soltó una risa breve, pero sus ojos iban de mí a Noah, intentando descifrar algo.
—Vaya confusión —comentó Emma al final, rompiendo la tensión. Su tono sonaba ligero, pero esa clase de ligereza que esconde un cuchillo detrás.
Noah solo sonrió, su mano aún en mi pierna, y sin despegar la vista del televisor respondió:
—No veo el problema, yo sí sé dónde dormí.
La mamá de Noah apareció entonces desde la cocina, con un paño en las manos y una ceja arqueada, mirando a todos como si hubiera entrado a mitad de una película y necesitara ponerse al día rápido.
—¿Qué está pasando aquí tan temprano? —preguntó, aunque su mirada se detuvo en nosotros dos, cómodos en el sofá.
Sentí que el calor me subía otra vez a la cara, pero Noah no se movió. Al contrario, me apretó suavemente la pierna, como diciendo sin palabras que no me apartara.
Carolina se levantó, exagerando el movimiento, y dijo:
—Nada, solo que parece que algunos no durmieron en sus propias camas.
Esa frase flotó en el aire como una bomba de humo. Podía jurar que vi la comisura de los labios de Emma elevarse apenas.
Yo no dije nada. No porque no quisiera, sino porque sabía que cualquier cosa que saliera de mi boca podría alimentar más el fuego. Noah, en cambio, se inclinó un poco hacia adelante, con esa calma suya que me desesperaba y me atraía a la vez.
—Si quieren saber algo, pregunten directo —dijo, y el silencio volvió a caer como un golpe seco.c