Camila es una chica que no cree en la existencia del amor en la actualidad. Ni en los matches cósmicos, ni muchos menos en los crushes digitales. Tampoco en hombres que dicen ser "diferentes" y te mandan un emoji de aguacate cuando chateas con ellos.
Pero todo cambia en un abrir y cerrar de ojos, cuando su mejor amiga sube un video de ella donde despotrica contra las apps de citas.
El internet la corona como la anti-romantica del año. Likes, memes, entrevistas... Y una cita que puede cambiarlo más.
Ahora ella tiene 2 problemas.
1: es famosa por odiar el romance.
2: se empieza a enamorar.
¿Podrá sobrevivir al algoritmo del amor sin perder la cabeza ni el wi-fi?
Una historia que tratará ofrecer risas sobre lo viral, lo emocional y lo que pasa cuando el amor no pide permiso y hace click.
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Embajadora del anti- match
Era de noche, cuando Camila estaba en su cuarto, con su pijama de Piolín, una taza de café con leche y el celular en la mano. La conversación con LeoTech fluía como siempre: ligera, divertida, sin presión, era tan cómoda como una almohada suave que no quería que eso tuviera fin.
Hasta que él soltó una pregunta que la dejó en silencio.
💬 LeoTech:
“Valery, si no tuvieras miedo de que te rompan el corazón otra vez… ¿qué harías diferente?”
Camila se quedó mirando la pantalla como si el celular le hubiera dicho “te amo”. Porque es que esa no era una pregunta cliché. No era una frase de motivación barata. Era directa, algo como una introspección íntima y peligrosa.
Pensó en responder con sarcasmo. Algo tipo:
“Me compraría un seguro emocional con cobertura internacional.”
Pero no pudo. Porque la pregunta la tocó. Porque la hizo pensar. Ver aquello que tanto había ocultado capa tras capas.
💬 Valerygatita97:
“Bueno, quizás dejaría de correr antes de que me alcancen. O de seguro dejaría de usar el sarcasmo como escudo. De pronto… sí confiaría. Pero eso es como pedirle a Piolín que se defienda sin Silvestre cerca.”
Leonardo no respondió de inmediato. Y Camila se sintió expuesta. Como si hubiera dejado la puerta abierta y entrara una brisa que no sabe si es alivio o amenaza, por lo que esa noche, no pudo dormir bien.
Mientras tanto al día siguiente en la sala de reuniones de MiMore, el aire olía a café recién hecho y a ego en modo defensivo. Leonardo revisaba los reportes de la semana, con el ceño fruncido y el traje más oscuro que su paciencia.
Esta vez las métricas no eran catastróficas del nivel que él siempre esperaba recibir, pero algo no cuadraba. Menos actividad. Más calificaciones negativas. Y una mención constante en los comentarios: “La anti-romántica tiene razón.”
—¿Que demonios esta pasando con esta tipa? —una pregunta que no le encontraba respuesta válida.
La noche anterior había recibido algunos reportes que no le gustaron para nada y más que sabotearon su momento de descanso y en el cual estaba conversando con su hermosa Valery, porque no pudo seguir la conversación con ella. Aparte que se sentía como un maleducado ya que no pudo ver la respuesta de ella y seguía sin poder contestarle.
Oscar, su tío, entró con una carpeta y esa cara de “te tengo una bomba emocional”.
—¿Viste esto? —dijo, lanzando el informe sobre la mesa—. Desde que esa influencer empezó a hablar mal de la app, la cosa se ha puesto fea.
—¿Qué influencer? —preguntó Leonardo sin levantar la vista.
—La que se hace llamar La Anti-Romántica. Camila, nose que, olvide el apellido pero es la de los videos virales. La de la frase del delivery emocional. La que dice que MiMore es igual a todas. Pero todo empeoró con su último video, prácticamente nos está echando barro encima. ¿que culpa tenemos nosotros de cupido no la quiera? debe estar loca —dijo Oscar llevándose un poco por la frustración del momento.
Leonardo apretó la mandíbula.
—Los influencers son eso: gente con contenido irreal. No me preocupa. Lo único que quieren es fama. Likes. Colaboraciones. Tío, es gente sin oficio. No gastes energías en ese tipo de gente.
—Ajá, exacto, poque esta mujer no está vendiendo nada. No hace publicidad de algo realmente necesario. No promociona productos. Solo habla… y la gente la escucha, es que tienes que ver, como lleva una cola de gente detrás y eso de alguna manera nos está afectando, Leonardo. ¿como me pides que no haga nada al respecto?
Leonardo se levantó, caminó hacia el ventanal y miró la ciudad.
—La gente se deja llevar por las emociones, ambos lo sabemos, pero también se dejan llevar por frases pegajosas. Pero eso no cambia el algoritmo. Porque lo viral jamás perdura. Ya verás que pronto dejará de ser tendencia.
—Tienes razón, eso no cambia el algoritmo, pero sí cambia la percepción de la gente. Y si la percepción se daña, el algoritmo se queda sin usuarios reales.
Leonardo se quedó en silencio y pensó en Valerygatita97. En sus frases. En sus respuestas. En cómo lo hacía reír sin esfuerzo. En cómo lo hacía pensar sin querer.
—¿Y si esa Camila…? —murmuró.
—¿Qué?
—Nada. Olvídalo, el cansancio me está haciendo alucinar cosas tío —respondió él.
Oscar lo miró con sospecha.
—¿No me digas que tú también hiciste match con ella?
Leonardo se giró.
—No. No sé quién es. Ni siquiera la conozco, ¿como puedes pensar algo así? Pero si está afectando la app, habrá que tomar medidas.
Oscar se encogió de hombros.
—O lo más seguro… hablar con ella. No como CEO. Sino como alguien que quiere entender por qué la gente conecta con su dolor y luego busca la manera de que cambie su manera de pensar en cuanto a nuestra app. Creo que te tocará ser cupido.
Leonardo volvió a mirar la ciudad.
—El amor no se mide en métricas. Pero el daño… sí.
Y mientras tanto, en otro rincón de Venezuela, Camila grababa otro video con su camisa de Piolín y una empanada en mano, sin saber que el algoritmo… ya la estaba mirando con corbata.
—Esperemos que los dueños de esa famosa mimorosa no te quieran demandar —dijo Sofía mientras leía los comentarios que le dejaban a su amiga.
—Por favor, no creo que mi contenido les afecte —Camila se encogió de hombros aunque algo en ella la hacía sentir mal—. Además, yo solo digo la verdad, ellos son los mentirosos.
Ya cuando la noche caía, la oficina estaba en silencio, salvo por el sonido suave del teclado y el murmullo lejano de Caracas desde la ventana. Leonardo tenía frente a él una taza de café negro, su laptop abierta en modo investigación, y una pregunta rondando su cabeza desde que Óscar se fue:
«¿Quién es la anti-romántica que está haciendo temblar al algoritmo de mi app?»
Sin pensar tanto, tecleó “Camila + anti-romántica” y lo que apareció lo dejó sin palabras.
Una cuenta con más de 300 mil seguidores.
Videos con títulos como “Citas que deberían estar penadas por la ley” o “El amor no es un emoji de aguacate”. Y una comunidad que no solo la aplaudía, sino que la convertía en la reina de anti cupido.
Leonardo abrió uno de los clips. Camila, con expresión sarcástica y voz firme, decía:
—Si el amor fuera real, no existiría la opción de “ghostear”. Y si MiMore fuera tan emocional como dice, no me habría emparejado con un tipo que me pidió matrimonio en la primera cita… ¡por WhatsApp!
Leonardo se llevó la mano al mentón, entre divertido y fascinado.
—Así que te encanta hablar mal de MiMore… y con estilo. ¡Que interesante!
Siguió explorando. Había otra cuenta, creada por sus fans, llamada @CamilaSinFiltro, donde recopilaban sus frases más ácidas:
> “El amor moderno es como el Wi-Fi: cuando más lo necesitas, se cae.”
> “Prefiero una empanada de pabellón antes que una promesa vacía.”
> “Si me vas a enamorar, que sea con arepas, no con algoritmos.”
Leonardo sonrió. No por burla, sino por reconocimiento. Camila no era una hater. Era una voz. Y las voces auténticas, aunque incómodas, eran las que movían el mundo. Ahora lo entendía todo.
Abrió su bloc de notas y escribió:
Propuesta: Entrevista con Camila M. Título:
“Embajadora del Anti-Match”
Objetivo: Mostrar que incluso los más escépticos pueden encontrar conexión en el amor.
Meta: Que Camila deje de hablar mal de MiMore… y empiece a hablar de lo que realmente puede hacer la app.
Leonardo se recostó en su silla, mirando al Ávila como si esperara una señal.
—Vamos a ver si el algoritmo puede con ella.
Y sin pensarlo más, escribió el primer mensaje.
Formal, directo, pero con una chispa de reto:
> Buenas Noches, Camila Rodríguez, soy Leonardo Méndez, fundador de MiMore. Me encantaría invitarte a una entrevista como “Embajadora del Anti-Match”. No para convencerte, sino para escucharte. Y quizás, para que tú también escuches lo que el amor tiene que decirte… pero sin filtros.
Leonardo lo leyó una vez más. Sonrió. Y lo envió.
—Ahora a esperar.
acertaste