Después de años de dedicación a su carrera como modelos en París, Louise y Elodie Venâncio regresan a Brasil para Navidad, ansiosas por reencontrar a la familia y a sus antiguos amores: Romeo y Bernardo. Sin embargo, lo que debió ser un dulce reencuentro se convierte en un juego de miradas, provocaciones y sentimientos sin resolver: los hombres están comprometidos, pero la atracción entre ellos y las hermanas sigue siendo intensa.
Entre fiestas familiares, cuidados a los sobrinos y planes para abrir su propia agencia de modelos, Louise y Elodie descubren que el corazón no se controla. Cartas antiguas, encuentros inesperados y coqueteos peligrosos revelan deseos secretos, pasiones guardadas y conflictos entre amor, celos y madurez. Ahora tendrán que decidir hasta dónde están dispuestas a llegar para conquistar a quienes siempre amaron, mientras equilibran carrera, familia y emociones a flor de piel.
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Capítulo 11
Tragué un sorbo del whisky, sintiendo el líquido caliente deslizarse por mi garganta, intentando ignorar lo que Louise me dijo. Salí yendo tras ella, la busqué, yendo hasta la piscina, allí estaba ella conversando con un grupo de mujeres y hombres, la agarré por la mano.
Louise - ¡Ay, Bernardo, suéltame!
Al final, todo lo que conseguí fue empeorar aún más lo que ya era complicado entre nosotros dos, solté un suspiro, pasando la mano por mi rostro.
Bernardo - Vámonos de aquí, Louise.
Louise - No, estoy buscando a Elô.
Bernardo - Ella está con Romeo, bien lejos de aquí, vamos.
El problema era que, a veces, los conflictos que luchaban contra lo que sentía por Louise, exigían tanto de mí como mi profesión.
Bernardo - Por favor, no me hagas llevarte en el hombro.
Louise - No serías tan idiota a ese... ¡Ay!
Lancé a la descarada al hombro y mandé a mi amigo acabar con la fiesta, y fui con ella golpeando en mi hombro, hasta la Marina, el barco de Romeo no estaba, significaba que él llevó a Elodie para su casa, entonces solo restaba la parte dos de ese plan.
Coloqué a la onza en el suelo, y ella miró a su alrededor.
Louise - ¿A dónde vas a llevarme?
Bernardo - Solo necesito conversar contigo, ven.
Louise - ¿Ahora quieres conversar?
Bernardo - Te va a gustar lo que vas a ver.
Louise era dura de roer, y por eso me enamoré de ella, extendí la mano y ella a duras penas la tomó, y entramos en la lancha.
Para que ella no corra la lancha luego ganó el mar, y ella sonrió lindamente.
Louise - ¿A dónde vamos?
Bernardo - Para mi casa.
Louise - ¿Y Elô?
Bernardo - Tu hermana está bien, mañana vamos a encontrarnos con ellos en el mar, quiero mostrarte una cosa.
Tomé su mano y la llevé para dentro del barco, ella no soltó mi mano en ningún momento, abro la puerta del cuarto, la reacción de ella no fue lo que yo esperaba, Louise comenzó a sonreír llorando, no sabía si ella estaba sonriendo o llorando.
Louise - 😭😭 jajaja, qué bobo que eres, ¿qué es esto?
Bernardo - Yo...
Louise - Me trajiste para tener sexo contigo, jajaja, ¿creíste que soy tus putas, me trajiste para tu batidero de putas, eso es como conquistas ellas?
Bernardo - Qué, deja de tonterías, hice eso pensando en ti.
Louise - En serio, qué lindo, ¿con cuántas dormiste aquí?
Bernardo - Louise...
Louise - ¿Cuántas?
Bernardo - Ninguna, hice eso para decirte que te amo.
Salí dejándola pasmada, tomé otro sorbo del whisky, sintiendo el líquido quemar levemente. Yo necesitaba aire fresco. Necesitaba un poco de distancia de ella para respirar, ni yo estaba creyendo que fui romántico por primera vez, y aún decir la palabra amor.
Solo no sabía hasta qué punto la distancia de ella, me permitiría tener, porque la voluntad era lanzarla en aquella cama, y decir cuánto la amo, maldito amor idiota.
Solté una risa amarga al percibir que Louise se estaba aproximando. Claro que solo podría ser la persona de quien más yo estaba intentando huir, Louise.
Louise - ¿Por qué eres así, en su bobo?
Era solo lo que me faltaba murmuré para mí mismo.
Bernardo - ¿Así cómo?
Él venía caminando con las manos en los bolsillos del pantalón jeans oscuro, el aire despreocupado de siempre, como si tuviese todo el tiempo del mundo. Sin pedir permiso, me lanzó contra la pared, tomando mi boca a la fuerza, yo, amé eso, él fue salvaje, mordisqueaba mi boca, y yo gemí.
Bernardo - ¿Así cómo, habla?
Louise - Eres un bobo.
Él invade mi boca con la lengua, yo seguí exactamente lo que él hacía, Bernardo se aleja de mí sonriendo.
Bernardo - Nunca besaste, y yo que soy un bobo.
Louise - Te odio.
Intento salir corriendo más él me agarra besándome nuevamente.
Bernardo - Soy bobo, me odias tanto ¿no es cierto?, yo te amo, su tonta, te amo.
Mis lágrimas escurren entre los besos, él acabó con mis planes de dejarlo arrastrándose a mis pies.
Louise - ¿Por qué?
Bernardo para nuestro beso.
Bernardo - ¿Por qué, qué?
Louise - Eres el bobo que yo amo, Bernardo, ¿por qué tienes que ser tan idiota?
Bernardo - Yo te amo desde siempre, más sabes lo que eso representaba en mi carrera, tú eras menor de edad.
Louise - Yo te amaba, tú me humillaste.
Bernardo - No podíamos, sabes de eso, era errado.
Louise - ¿Y ahora?
Bernardo - Tu vuelta, cambió mi vida, acabó con mi relación de mierda, ¿por qué volviste a invadir mi mente?
Louise era totalmente errada para mí, más ahora era como si supiese que, a esta altura, ella no necesitaba de invitación para ocupar espacio en mi vida. Louise era la dueña de la puta toda.
Bernardo - Novia conmigo, yo te amo, su diabla.
Ella sonríe.
Louise - Hazme tuya.
Bernardo - No aquí, preparé mi casa, y juro, ella será solo tuya, nadie nunca fue allá, te juro, nadie nunca vino en ese barco, Louise, nadie.
La beso y seguimos de vuelta para el cuarto, Louise me dice que era virgen, y yo soy el hijo de puta más afortunado, que no merece ella.
El aire suave de la noche nos envolvió mar adentro, los besos eran calientes, la boca de Louise me llevaba al abismo, necesité controlarme para no rasgar aquel vestido que pasó la noche enloqueciéndome.
El barco para y paramos el beso, la tomé en el colo, salimos yendo para el muelle, la coloco en el suelo, estaba un breu.
Louise - ¿Dónde estamos?
Bernardo - Mi casa de playa.
La sostuve por las manos y seguimos la escalera que tenía del mar hasta mi casa particular.
Así que pisé el jardín. El silencio allí fuera contrastaba con la intensidad de la mirada curiosa de Louise. Respiré hondo, dejando que la brisa aliviase la tensión acumulada en mí.
Louise - Uau, qué vista linda.
Louise corre por el borde yendo hasta el fin de la piscina, y mira la vista de la ciudad del litoral de São Paulo.
Louise - Es lindo.
Tomo una bebida en el bar de la piscina y sigo con el vaso de whisky en la mano, fico atrás de ella abrazándola por detrás, ficamos mirando para allá de las palmeras, bien-cuidadas del jardín.
Bernardo - No respondiste.
Louise - Qué?
Bernardo - Aceptas novia conmigo?
Louise me mira abrazándome de frente.
Louise - Sí, si lo que estás hablando es serio, yo acepto.
Bernardo - Vamos a entrar.
Di la mano a ella, y entramos, ella miró todo, y la conduje para mi cuarto.