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La Virgen Y El Príncipe

La Virgen Y El Príncipe

Status: Terminada
Genre:Venganza de la protagonista / Viaje a un mundo de fantasía / Reencarnación / Mundo de fantasía / Completas
Popularitas:81.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Amilkar

Ella reencarna en el segundo libro de una saga, es la protagonista que perdona al infiel de su esposo, pero ella no esta dispuesta ni a casarse, así que hará todo lo que pueda por cambiar su historia.

NovelToon tiene autorización de Amilkar para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 11

La campana de la tienda sonó, pero en el interior todo estaba en silencio. Afuera, una mujer envuelta en una capa de terciopelo negro y un velo delicado golpeaba la puerta con impaciencia.

—¿Cómo es posible que esté cerrada? —exclamó Amaia Valentes, su voz baja pero cargada de furia. Sus ojos, ocultos bajo el velo, brillaban de fastidio.

Las damas de su corte llevaban semanas presumiendo pieles impecables, sin una sola mancha ni imperfección. Ella, la princesa, no podía permitir quedar en segundo lugar. Necesitaba esas cremas, esos elixires, lo que fuera que vendiera esa misteriosa dama. Mery llegó en ese momento, cargando unas cajas. Se detuvo al verla, inclinando un poco la cabeza.

—Mis disculpas, alteza, pero… la tienda está cerrada. Los productos se agotaron.

Amaia apretó los labios.

—¿Agotados? —repitió, como si la palabra le resultara una ofensa—. Exijo que me consigan algunos de inmediato. Soy la princesa, ¿entiendes? No tengo por qué esperar como las demás.

En ese instante apareció Edrian, que venía a recoger a Mery. La reconoció apenas con verla; por muy cubierta que estuviera, su porte regio no se podía ocultar.

—Con todo respeto, alteza —dijo, con una inclinación fría y calculada—, esta tienda pertenece a alguien más, no a la corona. Ni siquiera usted puede exigir lo que no existe.

Amaia giró hacia él, fulminándolo con la mirada.

—¿Y tú quién eres para hablarme de esa manera?

—Edrian Blandmon, hijo del barón Cedric Blandmon.

Amaia soltó una risa incrédula.

—¿Un simple hijo de barón pretende darme órdenes? Qué atrevido.

—No son órdenes —respondió Edrian, sin perder la compostura—. Son hechos. Si los productos se acabaron, se acabaron. Ni usted ni yo podemos cambiarlo.

Las palabras, cargadas de lógica, solo encendieron más la molestia de la princesa. Dio un paso hacia él, el velo ocultando la furia en su rostro.

—Escúchame bien, Blandmon. Nadie me dice lo que puedo o no puedo hacer. Y si esta tienda no me vende lo que quiero… entonces no existirá más.

Edrian sostuvo su mirada, firme como una muralla.

—Amenazar a una tienda de remedios es un juego muy bajo para una princesa.

Amaia apretó los puños bajo su capa, dio media vuelta y se marchó, su silueta perdiéndose entre la niebla de la calle. Antes de desaparecer, su voz resonó con una promesa venenosa:

—Recuerda mis palabras, Blandmon. Esa maldita tienda cerrará, aunque tenga que ser yo misma quien lo ordene.

Mery se estremeció al escucharla. Edrian, en cambio, permaneció serio, sin apartar la vista del camino por el que ella había partido. Sabía que aquella princesa sería un problema… aunque, por alguna extraña razón, la chispa en su mirada aún lo perseguía.

Amaia Valentes regresó al palacio con paso firme, los tacones de sus delicadas botas resonaban en los pasillos de mármol como un eco de su furia contenida. Sus damas de compañía apenas podían seguirle el ritmo, intercambiando miradas nerviosas entre sí, pues sabían que la princesa enojada era como una tormenta: arrasaba con todo a su alrededor sin importar a quién alcanzara. Se había cubierto cuidadosamente con un manto oscuro para que nadie la reconociera en las calles, pero ahora, al quitarse la capucha frente a las puertas de su aposento, dejó que su cabello negro y brillante se soltara como una cascada. En sus labios aún se percibía un rastro de amargura.

—¡Cómo se atreven! —exclamó con un grito, mientras una de las criadas se apresuraba a retirarle el abrigo—. ¡Cerrar la tienda justo cuando yo lo necesitaba!

El enojo no era solo por el rechazo, sino por la humillación. Amaia, acostumbrada a que nadie le negara nada, había tenido que escuchar la insolencia de aquel muchacho, el hijo del barón, que se había atrevido a hablarle con firmeza como si fueran iguales. La sola idea de recordarlo hacía que sus mejillas se encendieran, aunque no podía decidir si era de furia o de otra emoción que no estaba dispuesta a reconocer.

—Mi señora, quizá mañana vuelvan a abrir… —se atrevió a decir una de las doncellas.

—¡Mañana no me sirve! —interrumpió Amaia con un ademán brusco, haciendo callar a la muchacha—. Yo no soy como las demás, no puedo esperar como si fuera una cualquiera. ¡Soy la princesa de este reino!

Dicho esto, se enderezó, recogió su falda carmesí y caminó con determinación hacia el salón del trono, donde su padre, el rey Valentes, revisaba unos documentos con gesto cansado. Los guardias abrieron las puertas al ver a la princesa aproximarse con tal ímpetu.

—Padre —dijo Amaia sin el menor titubeo, inclinándose apenas lo suficiente para no parecer descortés—, necesito que cierres la tienda de esa mujer.

El rey levantó la vista, arqueando una ceja. Estaba acostumbrado a los caprichos de su hija, pero esa petición en particular lo tomó por sorpresa.

—¿Cerrar una tienda? ¿Y por qué, hija mía?

—Porque se atrevieron a negarme sus productos. —Amaia se cruzó de brazos, apretando los labios en un gesto de desdén—. Todas las mujeres de la corte los tienen, sus pieles parecen porcelana, mientras que a mí me dejaron con las manos vacías. ¿Acaso no entiendes? ¡Se atrevieron a humillar a tu hija, la princesa de este reino!

El monarca suspiró, masajeándose las sienes.

—Amaia… no puedo simplemente clausurar un comercio porque no tuvieron mercancía. Eso sería injusto y levantaría rumores.

—¿Injusto? —repitió ella, con voz cargada de veneno—. ¿Injusto es que yo, la princesa, me quede sin lo que deseo, mientras las esposas de duques y marqueses presumen en los bailes con sus rostros radiantes? ¡Eso sí es injusto!

El rey la observó con paciencia, como si tratara de contener su fastidio. Sabía que Amaia había crecido rodeada de lujos, acostumbrada a obtener siempre lo que pedía, pero había algo distinto en este arranque. No era solo vanidad: en el fondo, aunque ella no lo admitiera, aquel joven que le había respondido sin miedo la había descolocado.

—Además —añadió Amaia, girando el rostro con arrogancia—, no pienso permitir que un simple hijo de barón me hable de esa manera. Fue insolente conmigo, padre, y alguien debe darle una lección.

El rey entrecerró los ojos.

—¿Un hijo de barón? ¿Quién exactamente?

Amaia dudó un instante, mordiendo su labio inferior antes de responder con frialdad:

—Edrian, creo que se llama. Un muchacho arrogante, que debería recordar cuál es su lugar.

El monarca sonrió apenas, con un dejo de ironía que a su hija le pasó desapercibido.

—Ya veo… —musitó él, antes de continuar—. Hablaré con mis consejeros, pero no es tan sencillo como cerrar una tienda. Hay intereses, contratos, y esa mujer misteriosa que la maneja tiene influencia.

Amaia dio un paso hacia él, su mirada oscura chispeante de terquedad.

—Entonces usa tu poder, padre. Si esa tienda permanece abierta, será como si me hubieran escupido en la cara. Y yo no pienso tolerar una afrenta así.

Con un movimiento brusco, dio media vuelta y salió del salón, dejando tras de sí un aire cargado de tensión. Mientras sus damas corrían para seguirla, la princesa apretó los puños en silencio. No, no iba a ceder. Esa tienda desaparecería, y Edrian… Edrian tendría que tragarse sus palabras tarde o temprano.

Aunque, en lo más profundo, una voz incómoda murmuraba que quizá lo que más le molestaba no era la tienda, sino aquel joven de ojos intensos que había osado desafiarla.

(como se veria mas o menos Amaia)

1
Anni Arias
me encantan este tipo de historias con protagonistas luchadoras y emprendedoras
Anni Arias
así como dijo uno de los comentarios que asco de hombre y lo peor es que yo he leído historias así donde el protagonista come la humilla y al final ella termina perdonándolo qué asco
Patricia Haydeé Figueroa
perro sarnoso y ella tonta y ciega. ¿Dónde quedó su dignidad?
Magnolia
aquí me perdí...
estoy igual que Cassian...
quién es Teresa?
Magnolia
y su boda con el duque -marquez para cuándo...
ha pasado el tiempo...
sus padres la ignoran al grado de no sospechar nada...
Magnolia
qué imprudente ese tal Rowan...
Samantha está convaleciente...
Magnolia
qué asco de hombre...
además de infiel, inútil, bueno para nada, debe estar de seguro enfermo, infectado de alguna ETS...
no le hagas caso protagonista, que no te convenza...
sólo te quiere de sirvienta y administradora sin sueldo...
mentira que está enamorado...
no te hubiera humillando de ninguna manera...
Maria Rojas
felicidades autora una gran novela me encantó reí con las ocurrencias de iris para molestar a kael tsmbien lloré con la muerte de cassian y dorian pero al final pudieron estar juntos que sigan los éxitos bendiciones 🙏😊
Lelu 🇺🇾
oh, Iris le habló de la reencarnación?? 👏👏👏 que bueno!
Bea Ro
excelente novela
Lelu 🇺🇾
🤣🤣🤣🤣🤣 ah loca!!! 🤣🤣🤣🤣 me encanta 👏👏👏
Luna Rosa
mmmmm dos papuchos 🤭
Luna Rosa
wow que papucho 🥰
Vianey Hernandez Ortiz
Excelente Novela 💯💯💯❤️❤️❤️🎉🎉🎉
Solo_Ro
Me encantó, me fascinó....me hiciste llorar con las muertes de Cassian y Dorian e incluso con su reencuentro 😭....también reí con las locuras de Iris...!!!muchas gracias por brindarnos tu trabajo
Mariela Serrano
Bellisima historia !!!!! Felicidades👏👏👏👏👏
Solo_Ro
Nooooooooo.....noooooo....!!! autora mi kokoro....noooo😭😭😭😭😭
Mariela Serrano
La verdad ni siquiera me gusta ese tipo de historias, pero ud es la autora, es su historia , asi que ud decide. Aunque creo que ya está terminada la novela🤭
Coromoto Hernández
sera aue juegan a las ⚔️
Coromoto Hernández
Marquez o duque
Magnolia: da igual...
es un inservible...
total 1 replies
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