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JUEGO DE BRUJAS

JUEGO DE BRUJAS

Status: En proceso
Genre:Completas / Mujer poderosa / Magia / Dominación / Brujas
Popularitas:540
Nilai: 5
nombre de autor: lili saon

Cathanna creció creyendo que su destino era convertirse en la esposa perfecta y una madre ejemplar. Pero todo cambió cuando ellas llegaron… Brujas que la reclamaban como suya. Porque Cathanna no era solo la hija de un importante miembro del consejo real, sino la clave para un regreso que el reino nunca creyó posible.
Arrancada de su hogar, fue llevada al castillo de los Cazadores, donde entrenaban a los guerreros más letales de todo el reino, para mantenerla lejos de aquellas mujeres. Pero la verdad no tardó en alcanzarla.
Cuando comprendió la razón por la que las brujas querían incendiar el reino hasta sus cimientos, dejó de verlas como monstruos. No eran crueles por capricho. Había un motivo detrás de su furia. Y ahora, ella también quería hacer temblar la tierra bajo sus pies, desafiando todo lo que crecía.

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CAPÍTULO DIEZ: LAS GARRAS DE LA NOCHE

—No quiero casarme, Xaren. —Sus hombros cayeron levemente, como si el peso del mundo descansará sobre ellos—. Mucho menos con ese hombre. No quiero pasar el resto de mi vida amarrada a una persona que no quiero. Sé que toda mi vida he sabido que me casaría, pero… ya no quiero esto. ¿Por qué mi vida tiene que ser así?

—Cathanna, no puedes permitir que nuestros padres decidan tu futuro. Tú eres la dueña de este; debes buscar la manera de que ellos dejen de mirarte como una muñeca fácil de controlar.

—Pero… ¿Cómo lo hago? A veces creo que puedo ser valiente, pero en el siguiente instante solo soy una chica frágil, cuyas palabras se pierden en el vacío, sin que nadie las escuche.

—Cathanna, yo…

—Es irónico cómo la vida nos llevó por caminos tan distintos, aunque ambos naciéramos de la misma mujer. Tú tienes libertad, puedes hacer lo que desees y, al final, solo recibirás un par de reproches que no significan nada para ti. Pero yo… —Su nariz se arrugó apenas, un intento torpe de ahogar el llanto que luchaba por salir—. Yo no tengo ese lujo. A mí me toca dejar todo de lado, acatar órdenes, encajar en expectativas que nunca elegí, porque esas palabras no son solo reprimendas pasajeras… son cadenas que no me puedo quitar.

Él se quedó en silencio, sin saber qué decir. Sabía que su hermana tenía razón. Desde el momento en que nació, la sociedad le había otorgado privilegios que ella jamás tendría, solo por ser varón. Nadie le imponía un destino, y cuando alguien intentaba hacerlo, simplemente lo ignoraba. Pero ella… Ella no tenía esa opción.

Cathanna lo miró con intensidad, esperando una respuesta que nunca llegó. Sonrió sin dejar de mirarlo. No había palabras porque él lo sabía. Todos lo sabían.

—Lo ves —susurró con amargura—. Ni siquiera puedes negarlo. Sabes que es verdad. Nunca te habías planteado esto hasta ahora, ¿Verdad?

Xaren suspiró y pasó una mano por su cabello, frustrado. No le gustaba sentirse impotente, y menos frente a su hermana.

—No es justo —admitió al fin—. Pero tampoco sé cómo cambiarlo.

—Nadie lo sabe porque nadie lo intenta. Nunca han intentado cambiar ese molde. Y aunque sea yo quien lo intente, nadie me prestará atención. Solo me ignorarán como siempre lo viene haciendo.

—Hago lo que puedo para protegerte, pero no puedo cambiar la sociedad.

—¿De qué me sirve tu protección cuando hacen con mi vida lo que quieren? Me están haciendo daño. No veo tu protección por ningún lado, Xaren. Y siento que… nunca la vi realmente.

Xaren sintió un golpe en el pecho. Su respiración se detuvo por un momento. Siempre había creído que proteger a Cathanna significaba estar ahí para ella, impedir que le pasara algo malo… pero en ese instante, entendió que nunca había estado realmente a su lado

—Perdón por decepcionarte…

Cathanna se giró, sin esperar más palabras de su hermano. Porque, al final, las palabras no cambiaban nada. La decisión ya estaba tomada. Su destino sellado. Su vida, como la conocía, ya no sería igual, y tampoco es como que hubiera mucha diferencia. Debía seguir el mismo patrón de obediencia que le metieron en la cabeza desde que tuvo uso de razón.

 —Felicidades por tu compromiso, mi niña. Las mujeres siempre nos hemos preparado para esto desde que nacimos. Estoy segura de que serás una buena esposa.

—Gracias. Haré todo lo posible para que sea así, señora Carmen. —Se obligó a poner una sonrisa cuando lo único que quería era seguir llorando como una niña que se había caído.

 —Buena suerte en tu nueva vida, la necesitarás.

 Katrione no tardó en llegar con ella. Tenía una expresión de compasión. Cathanna quería abrazarla, pero no podía hacerlo, no delante de todas esas personas que la señalarían sin compasión.

—Todos aquí están tan feliz por tu compromiso, ¿pero y tú? —preguntó Katrione —. ¿Quieres casarte con ese hijo de puta?

Cathanna arrugó la frente, al escuchar ese comentario.

—Para nada —susurro para no ser escuchada por oídos curiosos —. Pero no tiene sentido ponerse a discutir ahora con mi familia. No me prestarán atención. Nunca lo hacen.

—Pero tampoco puedes casarte solo para complacerlos —su tono sonó más duro, con preocupación genuina hacia ella, como si fuera la única que realmente se preocupara por su sentir —. Tu no eres un trapo. Hablan aquí como si no tuvieras autonomía para elegir qué hacer con tu futuro. Abre los ojos, Cathanna. No puedes seguir permitiendo esta mierda.

—No importa —un suspiro de cansancio salió de sus labios. No quería iniciar una discusión que no llevaría a ningún lado—. La verdad no quiero seguir pensando en esto. ¿Cómo te ha ido con todas estas personas? Debe ser hostigante para ti, ¿no?

Katrione negó con la cabeza, soltando un suspiro pesado. Quería hacerla entrar en razón, que viera que era más que siempre había creído gracias a los ideales de esa familia, que solo la trataba como mercancía y no como persona. Pero tampoco quería entrar en discusión. Sabía que ella no le prestaría atención, aunque se lo implorara de rodillas.

—He recibido comentarios diciéndome que soy una perra, zorra —soltó una risa de burla, cruzándose de brazos y mirando alrededor dónde varias miradas estaba en ellas, juzgándolas—. Pensé que serían más originales. El comentario de tu prometido sí que me dejó sorprendida. Más penes que pan. Dios, qué originalidad. Jamás se me hubiera pasado por la cabeza algo así.

Cathanna arrugó la frente de inmediato, como si lo que acababa de escuchar le provocara un dolor de cabeza instantáneo. La manera en la que Katrione hablaba, restándole importancia al maltrato, la hacía sentir incómoda porque sabía en el fondo que estaba mal, afectada. Veía en sus ojos ese brillo que se formaba antes de que las lágrimas bajaran.

—No es gracioso, Katrione —dijo en tono apagado, queriendo ignorar la punzada de dolor que le causaba la situación de su amiga —. No mereces que te traten de esa manera cuando no has hecho nada malo.

—Lo sé, pero no me pondré a llorar por esos comentarios. —Desvió la mirada, fingiendo recorrer la sala —. Por cierto, la comida que hay aquí es riquísima. Deberías decirles a tus cocineras que me den la receta.

—No la he probado aún.

—No sabes de lo que te pierdes, mujer —Puso su brazo en su hombro, ignorando las miradas que llegaron a más—. Estuve pensando que podríamos ir al centro de Orion, dicen que hay lugares encantadores para acampar.

—¿Desde cuándo te gusta estar al aire libre?

—Desde siempre, Hanna. Soy una amante de la naturaleza.

Ambas rieron bajo.

Una risa llenó el lugar. Todos detuvieron lo que hacían. Cathanna sintió ese olor nuevamente, pero más fuerte que antes. Las ganas de vomitar llegaron a ella. Llevo una mano a su boca, cubriendo para evitar hacer un desastre desagradable en sus pies.

—¿Qué es eso? —preguntó Katrione.

—Tal vez sea una broma —hizo una arcada —. Una broma de mal gusto. Ese olor es asqueroso. Es como sangre recién salida del cuerpo.

—¿Broma de quién? ¿Del estúpido diablo? —bufo, molesta mirando la habitación, buscando el origen de la risa.

La risa volvió a escucharse, ahora más intensa. Ella miró todo confundida hasta que sintió una mano en su brazo. Era Xaren, quien también agarró a Katrione. Un estruendo sacudió el lugar con más violencia. El suelo tembló, los candelabros se mecieron y algunos vasos cayeron al suelo, rompiéndose en pedazos.

Corrieron. Sin perder tiempo, llegaron ante un gran cuadro de una mujer corpulenta. Con un leve crujido, el retrato se deslizó, revelando un pasaje oculto con una escalera de piedra. Descendieron rápidamente por el estrecho y oscuro pasadizo.

—¿Qué haces, Xaren? —exigió Katrione con la voz agitada, forcejeando contra su agarre—. ¡Suéltame! ¿Estás loco? No puedes agarrar a la gente, así como así, animal.

—¿Está todo bien? —preguntó Cathanna, tratando de liberarse también—. ¿Por qué estamos corriendo? ¿Y qué es esa risa?

—Tienes que irte de aquí rápido, Cathanna —dijo Xaren sin detenerse—. Te encontraron esas cosas.

Cathanna intercambió una mirada con Katrione.

—¿De qué estás hablando? —rio incrédula, aunque su risa murió rápidamente—. ¿Quién me encontró?

Xaren apretó la mandíbula.

—Las brujas.

—¿Las brujas? —repitió, sintiendo un escalofrío recorrerle la espalda—. ¿Bebiste demasiado? Ya sabes lo que se opina sobre el alcohol. Deja la mente volando. Y no es nada bueno para la salud.

—Creo que solo te quieren hacer una broma —agregó Katrione —. No hay otra respuesta para esto.

La risa continuaba, un eco macabro que parecía surgir desde la misma oscuridad que los rodeaba. Sonaba cercana y lejana al mismo tiempo. Xaren no se detuvo, sujetándolas con más firmeza mientras las arrastraba. Sus pasos eran rápidos, casi desesperados. No era el Xaren que ellas conocían, el hombre seguro y sereno que siempre tenía el control. No, esté Xaren estaba nervioso. Y eso aterraba.

—¿Por qué dices que las brujas me encontraron? No es momento para las bromas. Necesitamos volver arriba. No podemos dejar a nuestros padres solos sabiendo que pueden estar en peligro.

—Ellos estarán bien —afirmó—. Pero tú no si te pones a salvo.

—Xaren, no me voy a quedar escondida toda la noche.

—Cathanna —dijo él, deteniéndose de golpe—. Nuestros padres te ocultaron muchas cosas porque sabían que posiblemente lo verías como algo imposible de creer.

—¿Puedes dejar de hablar en acertijos y decirme lo que sucede? —La poca paciencia que tenía en ese momento se estaba agotando—. ¡Xaren!

—Escúchame, Cathanna —La sujetó de los hombros—. No eres una chica normal. Nuestra familia está maldita… mejor dicho, las mujeres de nuestra familia materna lo están.

Cathanna sintió su piel erizarse. No pudo evitar recordar las palabras de su madre. La maldición de la que hablaban dentro de esa habitación con tanto misterio. No quería descubrir cuál era su verdadero significado si eso significaba saber cosas malas, pero la duda le carcomía el cerebro.

—¿A qué te refieres?

—Verlah lanzó una maldición sobre su propia familia… Que llegaría una mujer que la traería nuevamente a la vida. Su hermano es parte de nuestra familia materna. Hace mucho tiempo se involucró con un Tastrh. Tuvieron una hija que, con los años, se casó con un Doreal y… —hizo una pausa, mirando directamente a Cathanna— es un árbol muy largo y no estoy dispuesta a explicarlo desde la raíz. Lo único que importa ahora es que… la última de sus descendientes eres tú.

El silencio cayó como un golpe. Cathanna parpadeó varias veces, incredulidad. No lograba encontrar sentido a sus palabras que misteriosamente se conectaban con las que había escuchado aquella madrugada. ¿Eso era lo que le ocultaban? ¿Que era descendiente de una bruja?

—Y las brujas te necesitan —concluyó él.

—Entonces la mujer que siempre veía en mis sueños era una… ¿Bruja?

—¿Soñabas con brujas? —preguntó Katrione—. ¿Desde cuándo?

—Desde muy pequeña, pero hasta hace unos meses comencé a verla con claridad. Me dice cosas que no entiendo… —Respiro hondo—. ¿Qué buscan de mí?

—Te quieren viva, Cathanna. Quieren que traigas a Verlah de vuelta a la vida.

—¿Cómo se supone que haré eso?

Xaren no perdió más tiempo dando explicaciones y continuó corriendo, llevándolas consigo hasta llegar a una puerta de madera que llevaba a una habitación donde había varias cajas, mesas y sillas rotas.

Cuando ella estaba por abrir la boca para empezar con el cuestionario, alguien apareció de la nada, Zareth. Las palabras se atoraron en su garganta mientras su mirada solo soltaba la incredulidad que sentía en ese momento.

—Hola, gente —dijo él, como si el caos y la destrucción allá arriba fueran solo un detalle menor—. Las brujas están arrasándolo todo. Son un verdadero peligro… pero, joder, qué hermosas hijas de puta. Es imposible no admirarlas mientras lo queman todo.

Cathanna parpadeó varias veces.

—¿Qué haces aquí? —pregunto, acercándose a él.

—Te llevará a un lugar seguro —indicó Xaren.

—No pienso irme —dictaminó con dureza, girando su cabeza hacia él—. Estás demente si crees que solo huiré. No voy a dejar a nuestros padres.

—Ellos estarán bien. —Los músculos de su rostro estaban tensos—. Yo me encargaré de su seguridad. Además, nuestros padres también saben defenderse. No los creas débil.

—Cathanna, si todo es verdad todo esto —dijo Katrione, tragando duro—, será mejor que te ocultes. Es por tu bien.

—No pienso irme.

—¡Ya basta! —grito Xaren, tomándola con fuerza de los brazos, pero sin llegar a lastimarla —. Yo cuidaré de nuestros padres. Y tú debes irte ya de este lugar. En cuestión de minutos estarán aquí, Cathanna.

—No me hagas esto, Xaren…

—Me iré ya. —Pegó sus labios a la frente de su hermana, quien tenía una expresión de enojo mezclada con tristeza—. No quiero que me sigas. ¿Me entiendes? Quiero que estés a salvo.

—Xaren, por favor…No.

—Te quiero mucho, ¿lo sabes? —La sonrisa en su rostro fue suficiente para destruirla—. Eres mi universo entero. No importa lo que pase, siempre te voy a querer.  Y no quiero que estés en peligro.

Parpadeo varias veces, tratando de contener las lágrimas, pero sus ojos ya brillaban con esa humedad inconfundible.

—Yo también te quiero mucho. No te mueras, por favor.

—Morir nunca hará parte de mis planes —Volvió a pegar los labios en su frente, después se alejó hacia la puerta—. Katrione, quédate en este lugar. Hay espadas detrás de la mesa. Toma y no la sueltes. Cuídate.

—También hazlo, Xaren.

Cathanna apretó los puños hasta que sus uñas se clavaron en sus palmas, pero no sintió dolor. Las lágrimas ardían en sus mejillas, cayendo sin permiso, traicionándola. Su pecho subía y bajaba con fuerza, tratando de contener el torbellino de emociones que la ahogaba. Se sentía traicionada en parte, porque nadie se había tomado el tiempo de explicarle nada.

—¿Estás bien? —Zareth se atrevió a preguntar tras unos instantes donde el silencio reinaba.

Ella no respondió de inmediato, solo se quedó con la mirada en la puerta donde su hermano se había ido. Quería seguirlo, pero sabía que, si lo hacía, todo podía empeorar, pero tampoco quería estar ahí, estancada mientras su mente le gritaba cosas que no lograba atender.

—Estoy bien.  —Mantuvo su rostro inmutable, pero sus ojos gritaban la tristeza que su boca no decía.

—Tenemos que salir de aquí. —Zareth se acercó más a ella —. En cualquier momento las brujas podrían llegar.

—No pienso irme —su boca se apretó en una línea tensa, mientras las comisuras parecían querer ceder hacia abajo.

—Cathanna, hazlo —le dijo Katrione, mirándola con intensidad—. Tu familia quiere que estés a salvo. Hazlo por ellos. Xaren se encargará de todo. Él es poderoso. Confía en su palabra.

—No seas tan terca. —Zareth arrugó la frente, impaciente—. Tenemos que irnos ya de este lugar.

—No estoy siendo terc…

Se interrumpió así misma cuando vio a una mujer de ojos rojos como la sangre, como brasas encendidas en la oscuridad. El miedo la tomó por sorpresa. Dio un paso atrás. Su espalda chocó contra un pecho firme y cálido. Antes de que pudiera reaccionar, antes de que la mujer avanzara un solo paso más, el mundo se disolvió en un torbellino de sombras. Y cuando volvió a abrir los ojos, ya no estaban allí.

El agua caía con furia sobre ellos, empapándola al instante. Pero era el río bajo sus pies, que rugía a la intensidad de su corazón. Parpadeó con torpeza, alzando la vista, encontrándose con la mirada del Cazador, cuyos ojos azules, la miraban con una intensidad tan eléctrica como los rayos danzantes en ellos.

—¿Qué sucede contigo? ¿¡Qué hacemos en este lugar!? —exclamó, intentando liberarse del agua que dificultaba su movimiento debido al peso de su vestido y los tacones que se clavaban en la tierra—. ¡Llévame a casa ya mismo!

Zareth la tomó en brazos y la sacó del agua sin mucho esfuerzo.

—Tenemos que movernos de aquí.

—Necesito explicaciones —insistió Cathanna, aún molesta—. ¿Por qué estabas ahí? Mejor dicho, ¿qué fue lo que sucedió para que todo esto pasará?

—Te las daré cuando ya no estemos aquí —replicó él, mirando alrededor con cautela—. No debemos perder el tiempo en explicaciones.

—No pienso moverme de este lugar —se negó ella, planteándose firmemente —. No eres nadie para darme órdenes.

—No es momento para comportarte como una niña pequeña — dijo, con tono serio—. ¿Acaso no te das cuenta de la magnitud de esto, mujer?

—No me comporto como una niña pequeña. Solo necesito saber qué pasó. Necesito estar con mis padres —respondió Cathanna, con voz temblorosa—. Ellos me necesitan.

—Ellos estarán bien —aseguró Zareth, aunque su tono no convencía del todo —. No te preocupes.

—¿Cómo puedo estar segura de eso? Tú no te divides en dos para saberlo.

—Solo camina —ordenó él, comenzando a avanzar.

—Déjame sola. Buscaré la manera de encontrar el camino a casa —dijo, intentando zafarse de su agarre.

—Puedes dejar ese complejo de niña mimada de lado. Esto es algo grande… Tus padres necesitan protegerte. Todos necesitamos que estés a salvo.

—¿No se supone que todas estaban muertas? ¿Por qué demonios me buscan esas cosas? ¡No tiene sentido nada de lo que dicen!

—Muchas se escondieron muy bien. ¿De verdad creías que todas las brujas del reino fueron asesinadas? Es ilógico matar a una raza entera. Son poderosas, ágiles y escurridizas. Incluso en la actualidad, seguimos buscando sus pisadas.

—Pensé que los Cazadores eran los más inteligentes del reino.

—Lo somos. Eso no quiere decir que no haya personas con mucha inteligencia. Te lo explico sin tantos detalles: ahora que ya se han cumplido los cuatrocientos años, tu sangre es necesaria para el retorno de la que se convirtió en la líder de las brujas —reveló él, con seriedad—. Mi deber ahora es impedir que lleguen a ti. ¿Lo entiendes o te lo explico con dibujo?

Ella abrió la boca ligeramente.

Esas palabras se adentraron en su cabeza, sin darle tregua a nada. La maldición trataba de aquella bruja que siempre veía en sus sueños, la que todas las mujeres nacidas con la sangre Doreal, veían también. Tantos años de misterio, tantos años sin saber por qué soñaba con la misma mujer y cuál era el verdadero significado de las palabras que le decía. Y ahora que esa verdad estaba frente a sus ojos, no podía creerla.

—Por eso siempre…—susurro, bajando la mirada—. ¿Estabas en todos los lugares donde yo me encontraba? ¿Nunca fue una coincidencia?

—Las coincidencias no existen, Cathanna. ¿De verdad crees que te llevaría a casa, curaría tus heridas, te sacaría de la muerte, solo por qué es mi trabajo como Cazador velar por la seguridad del reino? —rio entre dientes—. Jamás defendería a nadie de la manera en que lo hice contigo, mujer.

—Si hubiera sido otra mujer, ¿dejarías que la…? —ni siquiera pudo terminar la frase. Sus manos temblaron, con el pensamiento de que, si no hubiera tenido su apellido, si no fuera esa Cathanna que él debía cuidar, la hubiera dejado a su suerte —. ¿De verdad hubieras sido tan cruel?

—Nunca dije que lo permitiría… Solo que, le hubiera dejado la tarea a otro Cazador. Pero no lo hice, porque tú eres mi responsabilidad en este momento y como tal, tu seguridad es mi prioridad.

Ella asintió, sintiendo un ardor en su garganta.

—Tal vez tengas razón…. —tartamudeo, sintiéndose débil —. ¿Por qué mi sangre es necesaria? Pueden encontrar sangre en cualquier persona de este reino. ¿Por qué justamente tengo que ser yo?

—Es necesaria porque eres su última descendiente. —Tomó una gran bocanada de aire antes de continuar—. Desde hace tiempo te he estado vigilando. Tus padres pidieron la protección de un Cazador y la corte me envió.

—Que sea su descendiente no significa nada. ¿Quién me afirma que no me estás mintiendo? ¿Qué tal seas un loco secuestrador que planeó toda esta locura?

—¿De qué mierda me está hablando, mujer?

— Aunque bueno, carecía un tanto de sentido, considerando que llevo soñando con esa bruja desde que era niña… pero que tal que tú seas quien puso todo eso en mi cabeza, y así crear lo que sea que paso y llevarme contigo porque te enamoraste de mí.

Él parpadeó varias veces.

—Entonces eso significa que nada de lo que soñé es real, solo que tú usaste tus poderes para distorsionar mi mente. Claro, no puede haber otra explicación más razonas a todo lo que está pasando —balbuceo, riendo.

Sabía que nada de lo que dijo tenía sentido, que era una locura más grande que lo que estaba sucediendo, pero quería creer otra cosa, antes de que su linaje estuviera envuelto con brujas que atormentaban su existencia.

Zareth la observó en silencio, su ceño fruncido apenas visible bajo la cortina de lluvia. Trataba de procesar las palabras que había dicho ella.

—¿Acaso tienes aire en la cabeza? ¿De verdad crees que tengo el tiempo y la paciencia para orquestar algo así? ¿Me ves cara de niño pequeño para estar con esas idioteces? ¡Por Dios!

Zareth suspiró, pasándose una mano por el cabello mojado.

—Si fuera cierto, ¿por qué esperar tantos años? ¿Por qué no haberte tomado cuando eras una niña indefensa en lugar de ahora, cuando puedes cuestionarlo todo?

—Tal vez disfrutas del dramatismo. Todas las mentes funcionan de manera diferente.

—Escucha, Cathanna. Puedes negar todo lo que quieras, buscar explicaciones más "razonables", pero en el fondo lo sabes.

Ella suspiró con pesadez.

—Si todo esto es cierto… entonces, ¿qué se supone que haga?

—Sobrevivir. Porque ahora que saben quién eres, las brujas no se detendrán hasta encontrarte. Y cuando lo hagan… no te darán la opción de dudar.

Cathanna no dijo nada; estaba visiblemente molesta y confundida. Deseaba creer que todo era una mentira. Se giró, tropezando contra las suelas del suelo. Dio un paso y luego otro, sin tener un rumbo claro. Él la observó con una expresión de cansancio, presionando los dedos sobre el puente de su nariz mientras respiraba profundamente para calmarse.

—¿A dónde crees que vas?

—A cualquier lugar lejos de ti.

Se acercó a ella, la levantó con facilidad y la colocó sobre sus hombros como un costal de papas, avanzando en dirección contraria. Ella quedó en trance por unos segundos antes de empezar a golpear su espalda con toda la fuerza que podía.

—¡Suéltame ahora mismo, pedazo de bestia! —se retorció como un pez fuera del agua, intentando sin éxito zafarse de su agarre —. ¡Ya mismo!

—¿Te cuesta tanto mantener la boca cerrada? —suspiró él, visiblemente exasperado —. Eres tan molesta.

—¡Estás completamente loco! —espetó, clavándole una mirada furiosa en su espada—. ¡Déjame ya mismo!

—Loco porque te calles —murmuró con ironía, mirándola de reojo—. En serio, ¿siempre hablas tanto o es un talento especial solo para molestarme? Te ves muy infantil haciéndolo.

—¡Infantiles mis pelotas! —bufó ella, con las mejillas encendidas de rabia.

Él parpadeó y luego esbozó una sonrisa burlona.

—No sabía que tenías. Eso explica muchas cosas.

—¡Bájame o grito!

—¿Cuál sería la diferencia con lo que haces ahora?

—Pues que pediré ayuda y cualquier persona que esté cerca vendrá a mi rescate.

—Inténtalo —su voz se tornó más relajada, casi perezosa—. No hay nadie aquí. Estamos en las montañas de Rivernum, lejos de tu ciudad, lejos de cualquier otra. No hay ninguna persona aquí que no sea un Cazador. Y déjame decirte algo… Ninguno se dará el lujo de cuestionar mis órdenes.

Cathanna sintió un escalofrío recorrer su espalda. Miró a su alrededor, con la respiración entrecortada. La lluvia seguía cayendo con fuerza, empapando el suelo de tierra y piedra. No había luces en el horizonte, ni rastros de civilización. Solo montañas imponentes y la silueta oscura de los árboles.

—Así que… —comenzó con una voz suave—. ¿Me trajiste aquí para qué? ¿Mantenerme prisionera? O ¿Acaso es algo peor?

—Te traje aquí para mantenerte con vida. —Su tono era firme, implacable—. No entiendes la magnitud de esto, Cathanna. Si las brujas te encuentran, si logran lo que quieren, no solo tú estarás en peligro. Todo el reino lo estará.

—¿Y qué? —cuestiono—. ¿Se supone que debo confiar en ti solo porque eres un Cazador? ¿Solo por qué mis padres confiaron en ti? No lo haré ni loca. No sé qué extrañas ideas tienes en tu cabeza.

—No quiero tu confianza, Cathanna. Quiero tu cooperación.

—Bájame. —Pataleo nuevamente—. Puedo caminar yo sola.

—¡Cálmate! Ni que te estuviera secuestrando.

—No podría descartar esa opción.

—Dios, no seas dramática. No te dejaré en el suelo. Nadie me asegura que no saldrás corriendo cómo una demente.

—Demente estas tú. Soy una persona que razona.

—Pues no parece.

Asimismo, Katrione respiraba con dificultad, aun con la espada firmemente aferrada en sus manos. La cabeza de la bruja yacía lejos de su cuerpo, y la sangre negra empapaba el suelo bajo sus pies. No se quedó a averiguar si era cierto que las brujas podían regenerarse. No tenía tiempo para comprobarlo.

Salió corriendo, subiendo las escaleras hasta llegar a la superficie. La escena que la recibió fue un caos absoluto: la gente corría de un lado a otro, los gritos llenaban el aire y el hedor a sangre y fuego lo cubría todo. Los guardias habían decapitado a varias brujas, mientras otros arrastraban sus cuerpos lejos.

Buscó a Xaren con la mirada y lo encontró al otro lado del desastre. Sus manos ardían, lanzando llamaradas contra las brujas que intentaban rodearlo. Su piel resplandecía con un rojo incandescente, como si dentro de él hirviera un volcán a punto de estallar.

Se apresuró hacia él justo cuando su cuerpo volvía a la normalidad. Ya no quedaban brujas en pie.

—Ese Cazador se llevó a Cathanna —dijo sin aliento—. ¿A dónde fue?

—No lo sé —respondió Xaren, con la respiración agitada—. Pero debe volver cualquier en cualquier momento. No tengo la certeza de cuando suceda eso.

Sus ojos recorrieron el rostro de Katrione, notando la sangre en su ropa y la espada todavía goteando en su mano.

—¿Cómo estás tú?

Katrione giró la espada entre sus dedos, observando la sangre oscura que la cubría. Era una gran luchadora y la espada era su arma favorita.

—Asustada —admitió, con una sonrisa amarga—. Pero nada fuera de lo común. Se sintió divertido pelear con esa bruja.

—Te llevaré a casa, brujilla.

—¿No dejarás de llamarme así?

—No veo por qué debería —le dedicó una sonrisa, ladeando la cabeza—. ¿No te gusta?

—Solo me trae recuerdos… —Katrione lo miró fijamente—. ¿Me explicarás mejor qué pasó con Cathanna?

—Lo haré. Vámonos rápido.

Xaren llevó la mirada a la escalera, donde Azlieh se encontraba observándolo. Su expresión era indescifrable, pero algo en su postura lo inquietó. Cuando sus miradas se encontraron, ella reaccionó de inmediato: giró sobre sus talones y comenzó a correr hacia atrás con una urgencia que llamó aún más su atención.

—Quédate aquí, Katrione —le dijo Xaren a Katrione antes de lanzarse tras la mujer.

Azlieh sentía su presencia cada vez más cerca, su respiración acelerada por la adrenalina. Con cada paso, la bruma negra comenzó a brotar de sus pies, extendiéndose como sombras que serpenteaban por el suelo. Xaren estaba a punto de atraparla cuando, de repente, ella desapareció en un remolino oscuro, dejando solo el rastro de su bruma negra.

Xaren se detuvo en seco, frunciendo el ceño. No entendía qué había provocado aquella reacción, pero algo estaba claro: Azlieh sabía algo. Miro el color negro que aún estaba en el aire. Su mente tardó un poco en analizar la situación, pero cuando lo hizo, soltó una maldición.

Mientras tanto, ella apareció en un pantano fangoso. No se detuvo, corriendo sin mirar atrás hasta internarse más en el bosque. Solo cuando divisó una pequeña entrada hecha de ramas entrelazadas redujo el paso. Se agachó para atravesarla, sintiendo cómo el lodo manchaba su vestido, pero sin darle importancia. Pronto, el paisaje cambió. Había casas dispersas por todas partes, construcciones humildes, pero resistentes, ocultas entre los árboles.

Sin dudarlo, Azlieh se acercó a una de las casas y entró sin tocar. Nadie en ese pequeño pueblo, escondido del resto del mundo, se molestaba en hacerlo. Aquí, las puertas no eran barreras, y las formalidades no existían.

—Azlieh…—Azlieh giró rápidamente y corrió hacia su madre, abrazándola con fuerza.

Había usado la excusa de que huía de su familia para entrar en Aureum como una fugitiva. Junto a las otras brujas, idearon el plan con cuidado, esperando la oportunidad adecuada. Y la suerte estuvo de su lado cuando logró infiltrarse en las paredes del castillo del miembro del consejo real.

Recordaba la primera vez que vio a la chica. Sintió una felicidad indescriptible. Había reunido toda la información posible sobre ella, cualquier detalle que pudiera ayudar a…

—Las brujas lograron entrar en el castillo, muchas tuvieron la mala suerte de ser asesinadas. Las pocas que quedaron, trajeron los cuerpos sin vida. Esperaremos hasta que puedan regenerarse—comenzó su madre con seriedad—. Dicen que la chica desapareció. ¿Dónde carajo está, Azlieh?

—Lo que escuche fue que, un Cazador se la llevó —tartamudeo un poco —. Pero no sé a dónde, madre. Todo pasó demasiado rápido.

Su madre frunció el ceño, pero no pareció sorprendida.

—Mandaremos a Fleur, Ariago, Hamz y Violet para que huelan su sangre y la encuentren cuando antes. —-Las tres eran brujas de sangre, capaces de rastrear su esencia con mucha más precisión que el resto de brujas.

—Hazlo rápido. No podemos permitir que se pueda ocultar. Podríamos meternos en más problemas.

—Lo haré. —Puso la mano en su mejilla —. Ve con Agatha. Debe estar en la colina.

1
Sandra Ocampo
quiero el final
Sandra Ocampo
q paso sé supone q está completa ,tan buena q está
Erika García
Es interesante /Proud/
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