NovelToon NovelToon
Fingimos Ser Nosotros Mismos

Fingimos Ser Nosotros Mismos

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Malentendidos / Traiciones y engaños / Completas
Popularitas:781
Nilai: 5
nombre de autor: Azly colon

Luna es una creadora de contenido y diseñadora UX que se hace pasar por su hermana Sol para contraer un matrimonio arreglado con Gael, un fundador de ciberseguridad al que todos llaman "lobo de negocios". Pero él ya sabe la verdad – su fachada feroz es solo para proteger a los suyos – y juntos hacen un pacto para investigar las amenazas que acechan a la empresa de su hermana.

Mientras trabajan en equipo, las reglas de su mentira empiezan a romperse: descubren una pasión compartida por la tecnología con propósito, y cada día se acercan más. En un mundo donde la imagen parece todo, tendrán que decidir si seguir fingiendo o atreverse a ser ellos mismos – porque el único código que nunca falla es el del amor construido sobre la autenticidad.

NovelToon tiene autorización de Azly colon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 2

Además del entrenamiento con Sol, empecé a investigar a Gael por mi cuenta. Entré en su perfil de LinkedIn – tenía miles de conexiones, una biografía impecable y publicaciones sobre ciberseguridad y responsabilidad empresarial. Busqué sus entrevistas en YouTube: hablaba con seguridad, conocía de lo que hablaba, pero a veces se le escapaba una sonrisa cuando el entrevistador hacía una broma. Vi fotos suyas en eventos de caridad, con niñas que llevaban camisetas de SecureTech y que miraban hacia él con admiración. Empecé a preguntarme si los rumores eran realmente ciertos, o si era solo la imagen que la prensa había construido de él.

El día antes de la boda, volamos a Sevilla. La abuela de Sol – mi abuela también, claro – vive en una casa antigua en el barrio de Santa Cruz, con patios llenos de flores y muros cubiertos de azulejos. Cuando llegamos, ella nos recibió con los brazos abiertos y un olor a tortilla de patatas que me recordó a mi infancia.

“Mi niña Sol”, dijo, acercándose a mí y poniendo las manos en mi rostro. “Qué guapa estás. Gael es un hombre maravilloso – te va a hacer muy feliz.”

Tuve que aguantarme las lágrimas. Me costó mucho mentirle a la abuela, que siempre había sido tan buena con nosotras. Le sonreí y le dije que estaba muy emocionada. Mientras Sol hablaba con ella en la sala, me fui al patio a respirar un poco de aire fresco. El sol calentaba mi piel, y los pájaros cantaban en los árboles. Pensé en mi apartamento, en mi sofá desordenado, en mi colección de discos de vinilo y mis plantas que a veces me olvidaba de regar. Pensé en mis seguidores, que esperaban que publicara un nuevo vídeo cada semana hablando de cómo ser creativo y auténtico en un mundo de tecnología. Y aquí estaba yo, a punto de casarme con un hombre que no conocía, haciéndome pasar por otra persona.

Me estaba preguntando si había tomado la decisión correcta cuando escuché un ruido en la puerta del patio. Me giré y vi a un hombre de pie en la entrada: pelo castaño oscuro, ojos marrones intensos, traje de color azul marino perfectamente ajustado. Era Gael. Me quedé paralizada, sin saber qué decir. Él cerró la puerta detrás suyo y se acercó hasta quedarse a unos metros de mí.

“No eres Sol”, dijo, sin rodeos. Su voz era más profunda de lo que esperaba.

Me abrí la boca para decir algo, pero no salió nada. Me puse a sudar a pesar del viento fresco del patio.

“Sol tiene una cicatriz pequeña en la muñeca derecha, de cuando se cortó con un vidrio cuando era niña. Tú no la tienes. Además… ella nunca miraría las flores con esa expresión. Ella las vería y pensaría en cómo podrían usar sus propiedades para algún proyecto. Tú las miras como si te gustaran por lo que son.”

Me pasé la mano por la muñeca derecha, como si esperara encontrar la cicatriz que no tenía.

“¿Por qué no lo has dicho?” pregunté finalmente, con la voz quebrada.

“Porque supongo que Sol tiene sus razones. Y porque… honestamente, no me importa mucho quién seas. El acuerdo es entre nuestras familias y nuestras empresas. Lo importante es que cumplamos con nuestro parte.” Se acercó un poco más y extendió la mano. “Gael Rivera.”

Tardé un segundo en cogerla. Su mano era grande y caliente, y su apretón de manos era firme pero no agresivo.

“Luna. Soy hermana de Sol.”

“Ya lo había deducido. Tenéis los mismos ojos.” Se soltó mi mano y se apoyó en la pared del patio, cruzándose de brazos. “¿Cuánto tiempo vais a mantener esta mentira?”

“Hasta que Sol pueda resolver los problemas que tiene con la empresa. No será más que unos meses.”

Gael asintió y miró hacia las flores, como si estuviera pensando en algo.

“Entonces vamos a ponernos de acuerdo. Yo haré lo que tenga que hacer para proteger a VerdeFuturo y a tu hermana. Tú harás lo que tenga que hacer para mantener la apariencia. Pero hay una regla: no mientas sobre cosas importantes. Si algo pasa, me lo cuentas. De acuerdo?”

Asentí. Me miraba a los ojos, y aunque su expresión seguía siendo seria, veía algo en ellos que no esperaba: comprensión.

“De acuerdo”, dije.

“Bien. Mañana es la boda. Espero que sepas bailar el vals – Sol me dijo que eres buena en eso.”

Me miré las manos, donde todavía tenía las uñas de color verde agua – el único detalle que había conseguido mantener a pesar de todo. Gael lo notó y bajó la mirada hasta ellas.

“Buen diseño”, dijo, con una pequeña sonrisa en los labios. “Los chips tecnológicos son un toque original.”

Y con eso, se giró y salió del patio, dejándome sola con mis pensamientos y el sonido de los pájaros cantando. Ahora no solo tenía que hacerle creer a la abuela, a los invitados y a todo el mundo que era Sol. Tenía que hacerle creer a Gael – aunque pareciera que ya sabía la verdad. Y lo peor de todo era que empezaba a preguntarme si estar casada con él sería tan malo como Sol había creído. Pero no tenía tiempo para pensar en eso. Mañana era el día de la boda, y tenía que ser perfecta. Tenía que ser Sol.

Me desperté a las seis de la mañana con el corazón latiéndome como un tambor. La habitación de invitados de la abuela tenía ventanales que daban al patio, y la luz del sol se colaba entre las cortinas de algodón, pintando rayas doradas en el suelo. A un lado de la cama había una maleta llena de ropa de Sol, y sobre la mesita de noche, un cuaderno con apuntes que había escrito ella: “Nombres importantes en la boda: tío Javier – presidente de la cámara de comercio; prima Lucía – trabaja en el ayuntamiento; don Fernando – socio de Gael desde la universidad”.

Me senté en la cama y me pasé las manos por el pelo – la estilista me había hecho una recogida que duraría todo el día, con pequeños pasadores de perlas que pesaban más de lo que parecían. Bajé los pies al suelo y me encontré con las zapatillas de casa que siempre me llevaba de viaje – unas con estampado de circuitos electrónicos que Valen me había regalado. Por un instante, quise quedarme ahí, con las zapatillas cómodas y el pelo suelto, sin tener que ser nadie más que yo. Pero entonces oí el ruido de los cubiertos en la cocina y recordé dónde estaba y qué tenía que hacer.

Me duché rápido, me puse el maquillaje que la estilista me había enseñado a aplicar – base ligera, sombras neutras, labial rosa palido – y me vestí con el conjunto de pijama de seda que Sol me había dejado. Cuando bajé a la cocina, la abuela estaba en la estufa haciendo tostadas y café, y Sol estaba sentada en la mesa mirando un móvil con la ceja fruncida.

“Buenos días, mi niña”, dijo la abuela, girándose con una sonrisa. “¿Deseas café con leche o solo?”

“Con leche, por favor”, respondí, intentando imitar la voz de Sol – más grave, más pausada. Me senté al lado de mi hermana y ella me pasó el móvil sin decir nada. En la pantalla había un mensaje de texto anónimo: “Si hoy te casas con Gael, mañana todos sabrán los secretos de VerdeFuturo”.

Mi mano tembló un poco al leerlo. Sol me dio una mirada de advertencia y cerró el móvil.

“Esto no va a cambiar nada”, dijo en voz baja, para que solo yo la oyera. “Hoy seguimos con el plan. Gael se encargará de todo.”

La abuela nos sirvió el desayuno – tostadas con tomate y aceite, café caliente, zumo de naranja casero – y empezó a hablar de la boda, de cómo había decorado la iglesia con flores de jazmín y de cómo el catering había prometido hacer el mejor pastel de bodas que hubiéramos probado nunca. Mientras hablaba, pensé en Gael y en lo que me había dicho la tarde anterior: “No mientas sobre cosas importantes”. ¿Tendría que contarle sobre el mensaje? ¿O era mejor mantenerlo en secreto?

A las nueve llegaron la estilista y el peluquero para dar los últimos toques. Me senté en una silla del salón mientras me arreglaban el pelo y el maquillaje, y Sol se quedó en la habitación haciendo llamadas en silencio. Cuando terminaron, me miré al espejo y no me reconocí del todo: el vestido de novia era de seda blanca con mangas largas y un escote en V discreto, el pelo recogido en una trenza que se enroscaba en la nuca, las joyas eran de perlas pequeñas que la abuela había heredado de su madre. Era bonito, muy bonito, pero se sentía como si me hubiera puesto un disfraz que no me quedaba del todo bien.

“Estás radiante”, dijo Sol, acercándose a mí y ajustándome el velo. Sus ojos estaban llenos de agradecimiento, pero también de preocupación. “Recuerda: mantén la cabeza alta, sonríe sin mostrar demasiado los dientes, y si algo sale mal, solo mira a Gael. Él sabrá qué hacer.”

A las once en punto, llegaron los coches para llevarnos a la iglesia. La abuela iba conmigo en el primer coche, cogiendo mi mano y murmurando oraciones en voz baja. Por la ventanilla, vi la calle llena de gente que miraba pasar los coches negros con los lauros blancos en el capó. Sevilla se veía preciosa con el sol de la mañana, con sus edificios históricos y sus calles estrechas que parecían sacadas de una película. Pero yo no podía disfrutar de la vista – mi mente estaba ocupada repasando todos los nombres y datos que Sol me había enseñado, intentando no olvidar nada.

La iglesia era pequeña y antigua, con vitrales de colores que proyectaban rayos de luz sobre el suelo de piedra. Cuando bajé del coche, el músico empezó a tocar la marcha nupcial y todos los invitados se giraron para mirarme. Caminé por el pasillo lentamente, con la cabeza alta y la sonrisa que me había entrenado a poner. Vi a la familia de Gael sentada en la primera fila: su madre, una mujer elegante con el pelo gris recogido en un moño; su padre, un hombre alto y serio con gafas de pasta; y a su lado, un joven con el pelo rubio rizado que sonrió cuando me vio – debía ser don Fernando, su socio.

Al final del pasillo, de pie junto al sacerdote, estaba Gael. Vestía un traje negro impecable, con una camisa blanca y una corbata de color azul marino que combinaba con los ojos. Cuando me acerqué, me miró a los ojos y por un instante, su expresión seria se suavizó un poco. Me extendió la mano y la cogí – su piel estaba caliente, y sentí cómo mi pulso se calmaba un poco al tocarla.

La ceremonia fue corta y tradicional. El sacerdote habló de amor y compromiso, de la importancia de apoyarse el uno al otro en los buenos y los malos momentos. Cuando llegó el momento de las votos, Gael empezó a hablar y me sorprendió – no estaba leyendo de un papel, como yo había preparado, sino que hablaba de memoria, mirándome a los ojos.

“Sol”, dijo, y aunque sabía que no era mi nombre, me dio un cosquilleo en el estómago. “Conozco poco de ti, pero sé que eres una mujer valiente, que lucha por lo que cree y que quiere hacer del mundo un lugar mejor. Prometo protegerte, apoyarte en tus proyectos y respetar tus decisiones. Prometo ser honesto contigo en todo momento, porque creo que la confianza es la base de cualquier relación.”

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play