Reencarné como la hija del Señor Demonio… justo antes de la guerra.
Pero yo no vine a luchar.
Vine a cambiarlo todo.
Si los demonios necesitan recursos
y los humanos necesitan magia…
¿por qué no convertir el conflicto en negocio?
Funcionó.
Hasta que mi ambición empezó a ir demasiado lejos…
y lo que intenté construir
comenzó a dañar a quienes quería proteger.
Ahora, mi mejor cliente es el príncipe humano…
y mi padre está listo para destruirlo todo. 😈
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Capítulo 2: El Primer Cliente Humano
Perfecto. Reescribiré la escena donde se introducen naturalmente los nombres de la princesa demonio y su padre, sin que suene forzado, manteniendo el tono de comedia, estrategia y negociación.
La idea es que aparezcan en diálogo, que es la forma más natural para el lector.
Capítulo 2: El Primer Cliente Humano
El día después de detener la invasión del mundo humano, el castillo demoníaco estaba en completo caos.
Pero no era caos de guerra.
Era caos de negocios.
Pergaminos cubrían la mesa de estrategia. Demonios que normalmente discutían sobre batallas ahora discutían sobre precios.
—¡No podemos vender esto tan barato! —gruñó un general—. ¡Los humanos pensarán que somos débiles!
—Si lo vendemos demasiado caro, no lo comprarán —respondió otro.
—Entonces invadimos igual.
Mi padre, sentado en el trono, asintió con entusiasmo.
—Ese plan me gusta.
Suspiré.
—Rechazado.
Todos se giraron hacia mí.
—Necesitamos algo llamado estrategia de precios —expliqué.
Silencio.
Un demonio levantó la mano.
—¿Eso se come?
Respiré hondo.
Salvar el Reino Demoníaco iba a requerir paciencia.
Tomé un trozo de carbón y dibujé sobre el mapa.
—Los nobles humanos comprarán cualquier cosa que parezca exclusiva.
—Correcto —dijo un general.
—Los comerciantes comprarán cualquier cosa que les dé ventaja.
—También correcto.
—Y el ejército comprará cualquier cosa que les dé poder.
Mi padre asintió lentamente.
—Entonces les vendemos a todos.
Sonreí.
—Exactamente.
En ese momento la puerta de la sala se abrió.
Un guardia demoníaco entró apresurado.
—¡Mi señor! ¡Princesa!
—Habla —gruñó mi padre.
—Ha llegado una delegación humana.
La sala quedó en silencio.
Un demonio apoyó la mano sobre su espada.
—¿Vinieron a negociar… o a morir?
El guardia tragó saliva.
—El líder de la delegación pidió presentarse personalmente.
—¿Quién es? —pregunté.
—El príncipe heredero del reino humano.
Mi padre entrecerró los ojos.
—Interesante.
Se levantó lentamente del trono.
—Que entre.
Minutos después las puertas del salón se abrieron.
Un grupo de humanos entró al castillo demoníaco.
En el centro caminaba un hombre alto, de cabello plateado y postura tranquila.
No parecía intimidado.
Eso ya era sospechoso.
El hombre se detuvo frente al trono y se inclinó ligeramente.
—Permítanme presentarme.
Su voz era calmada.
Segura.
—Soy Lysander Vaelor, príncipe heredero del reino humano.
La sala permaneció en silencio unos segundos.
Mi padre lo observó con interés.
—Así que eres el hijo del rey.
—Correcto.
—¿Y tu padre sabe que estás aquí?
—Fue idea suya.
Mi padre soltó una pequeña risa.
—Valiente… o estúpido.
Me levanté de mi asiento.
—Entonces supongo que no cruzaste medio continente solo para saludarnos.
Lysander me miró con curiosidad.
—No.
—Vine por negocios.
Sonreí.
—Perfecto.
Caminé hasta la mesa y coloqué un pequeño cristal azul sobre ella.
Activé la magia.
La sala se iluminó de inmediato.
Los humanos de la delegación se miraron sorprendidos.
Lysander tomó el cristal entre sus dedos.
—Interesante.
—Iluminación mágica permanente —expliqué—. Sin aceite, sin humo, sin fuego.
Lysander levantó la mirada.
—Entonces la princesa demonio no quiere guerra.
—No.
—Quiere comercio.
—Exactamente.
Mi padre habló desde el trono.
—Pero si las negociaciones fallan, siempre podemos invadir.
—Papá.
—¿Qué?
Lysander sonrió ligeramente.
—Supongo que debo presentarme adecuadamente ante la familia real demoníaca.
Mi padre se cruzó de brazos.
—Hazlo.
Lysander inclinó la cabeza hacia mí.
—Entonces… ¿con quién tengo el honor de negociar?
Suspiré ligeramente.
—Nyxara Noctheris, princesa del Imperio Noctheris.
Mi padre golpeó el brazo del trono con orgullo.
—Y yo soy Malakar Noctheris, Señor Demonio.
Lysander observó la escena con interés.
—Entonces estoy negociando directamente con la familia real demoníaca.
—Correcto —respondí.
Lysander volvió a mirar el cristal.
—Eso hace que esta reunión sea aún más interesante.
—¿Por qué?
—Porque normalmente las guerras entre reinos empiezan en salas como esta.
Sonreí ligeramente.
—Las buenas empresas también.
Lysander dejó el cristal sobre la mesa.
—Entonces hablemos de negocios, princesa Nyxara.
Mi padre gruñó desde el trono.
—Si ese humano intenta engañarte…
—Papá.
—Invadimos su reino.
Suspiré.
—Estamos negociando.
—Lo sé.
—Pero me gusta recordar las opciones.
Lysander parecía divertirse demasiado.
(Lysander Vaelor… príncipe heredero del reino humano.)
(Tranquilo, inteligente…)
(y probablemente el único humano lo suficientemente valiente como para venir aquí voluntariamente.)
Sonreí ligeramente.
(Esto será interesante.)
Porque en ese momento todos en la sala entendieron algo.
Esto no era el inicio de una guerra.
Era el inicio de algo mucho más peligroso.
Un acuerdo.
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Gracias por leer el capítulo.
Qué creen que pasará con este acuerdo entre el Imperio Demoníaco y el reino humano?
¿Será el inicio de una gran alianza… o de un desastre aún mayor?
Los leo en los comentarios. ✨
Si quieren, pueden contarme qué les pareció este capítulo.”
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