Ella pasa una noche apasionada y fruto de esa noche queda embarazada su madre hace todo lo posible por separarlos
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Capitulo 1 Positivo

El pequeño baño de su apartamento parecía más estrecho que nunca.
Valeria estaba sentada en el borde de la bañera con las manos temblando. Frente a ella, sobre el lavabo, descansaba la prueba de embarazo.
Dos líneas rosadas.
Dos líneas que parecían brillar como si se burlaran de ella.
—No… —susurró, llevándose una mano a la boca.
Había comprado la prueba esa misma tarde, intentando convencerse de que solo era un retraso por el estrés. Después de todo, había perdido su trabajo, había sido humillada por la madre del hombre con el que había pasado la noche más intensa de su vida y ahora debía pensar en cómo sobrevivir.
Pero las dos líneas estaban ahí.
Firmes.
Innegables.
Valeria apretó los ojos, esperando que al abrirlos desaparecieran. Que todo fuera un error. Una mala broma del destino.
Pero no.
Seguían ahí.
—Estoy… embarazada —dijo en voz baja, como si decirlo demasiado fuerte pudiera romper algo dentro de ella.
El silencio del apartamento fue su única respuesta.
Se levantó lentamente y apoyó ambas manos sobre el lavabo, mirando su reflejo en el espejo. Tenía los ojos rojos y el cabello recogido de cualquier manera. Parecía otra persona.
¿Un bebé?
¿De Alejandro Mendoza?
Un escalofrío le recorrió la espalda.
La imagen de la noche anterior apareció en su mente como una tormenta: el balcón iluminado por la ciudad, la intensidad de su mirada, sus manos cálidas sosteniéndola como si fuera algo precioso.
Y luego su voz.
“No te dejaré ir.”
Valeria dejó escapar una risa amarga.
—Pues ya lo hiciste.
Se llevó una mano al vientre, todavía plano.
No sabía qué hacer.
Decirle a Alejandro parecía lo correcto… pero las palabras de Doña Úrsula volvieron a su cabeza como un veneno.
"Si él se entera de que lo buscas, pensará que eres una cazafortunas."
Valeria apretó los labios.
Podía imaginarlo. Alejandro mirándola con desprecio. Pensando que había planeado todo. Que se había acostado con él para atraparlo.
El corazón le dolió.
Porque la verdad era otra.
Ella ni siquiera había esperado volver a verlo.
Un golpe suave en la puerta del apartamento la sacó de sus pensamientos.
Valeria frunció el ceño. Nadie solía visitarla.
Caminó lentamente hacia la puerta y miró por la mirilla.
Su estómago se hundió.
Doña Úrsula Mendoza estaba de pie en el pasillo.
Impecable como siempre. Traje elegante, cabello perfectamente peinado, y esa expresión fría que parecía capaz de congelar el aire.
Valeria abrió la puerta con cuidado.
—Señora Mendoza.
—Puedo pasar —dijo la mujer, sin que fuera realmente una pregunta.
Valeria dudó… pero se hizo a un lado.
Doña Úrsula entró como si el pequeño apartamento fuera una habitación de hotel que le pertenecía. Sus ojos recorrieron el lugar con una mezcla de desagrado y superioridad.
—Así que aquí vives.
Valeria cerró la puerta.
—¿A qué vino?
La mujer se volvió hacia ella lentamente.
—A asegurarme de que entendiste mi advertencia.
Valeria cruzó los brazos.
—Ya me despidió. ¿Qué más quiere?
Los ojos grises de la mujer se estrecharon.
—Quiero que desaparezcas de la vida de mi hijo.
El silencio se volvió pesado.
Valeria sintió cómo la prueba de embarazo en el baño parecía quemarle la mente.
—No planeaba buscarlo —dijo finalmente.
Doña Úrsula la observó unos segundos.
Como si intentara leerle el alma.
Luego caminó hacia ella y sacó un sobre de su bolso.
Lo dejó sobre la mesa.
—Aquí hay dinero suficiente para que te mudes. Empieces de nuevo. Lejos.
Valeria miró el sobre como si fuera una serpiente.
—No quiero su dinero.
—Tómalo —dijo la mujer con frialdad—. O no. Me da igual. Pero entiende esto, Valeria Fuentes.
Se inclinó ligeramente hacia ella.
—Mi hijo tiene un futuro brillante. Un imperio que dirigir. Una familia de su nivel que formar.
Sus labios se curvaron apenas.
—Y tú no formas parte de ese futuro.
Valeria sintió que algo dentro de ella se rompía.
—¿Y si él decidiera lo contrario?
La risa de Doña Úrsula fue corta.
Cruel.
—No lo hará.
Se enderezó y alisó su chaqueta.
—Porque si alguna vez te acercas a él… me aseguraré de que Alejandro crea que lo hiciste por dinero.
Sus palabras fueron suaves.
Pero el mensaje era brutal.
Valeria sintió un nudo en la garganta.
La mujer caminó hacia la puerta.
Antes de salir, se detuvo.
—Desaparece mientras aún puedes hacerlo con dignidad.
La puerta se cerró detrás de ella.
El apartamento volvió a quedar en silencio.
Valeria permaneció inmóvil durante varios segundos.
Luego caminó lentamente hasta el baño.
Tomó la prueba de embarazo y la sostuvo contra su pecho.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—¿Qué voy a hacer contigo? —susurró, acariciando su vientre.

El miedo la envolvía.
Pero debajo de ese miedo… había algo más.
Una pequeña chispa de determinación.
Valeria respiró profundamente.
—No importa lo que digan —murmuró—. Te voy a proteger.
Miró por la ventana hacia la ciudad iluminada.
El mundo de Alejandro Mendoza estaba allá afuera.
Poderoso.
Brillante.
Inalcanzable.
Y aunque él nunca lo supiera… una parte de él crecería dentro de ella.
A partir de esa noche, Valeria tomó la decisión que cambiaría su destino para siempre.
Desaparecer.
Con su secreto.
Y con el hijo del hombre que jamás podría olvidar.