Davina Guedes sueña con trabajar en la Inmobiliaria Hawser , sin saber que al lograrlo , despertaría la pasion y al obsesión de su dueño , el empresario Danilo Hawser.
NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
Capitulo 2
El piso 42 de la Inmobiliaria Hawser no se parecía a nada que Davina hubiera visto jamás. El suelo era de un mármol tan pulido que temía dejar huellas con sus zapatos, y el aroma en el aire no era de oficina, sino de una fragancia de diseñador, fría y masculina, que parecía emanar de las mismas paredes. El silencio era absoluto, roto solo por el susurro casi imperceptible de los teclados y el zumbido del aire acondicionado de última generación.
—La señora Fontes la recibirá ahora. Pase por el pasillo a la derecha, última puerta —dijo una secretaria sin levantar la vista de su pantalla.
Davina asintió, tragando saliva. Caminó por el pasillo, sintiéndose pequeña bajo los techos altos. Al llegar a la oficina, leyó el nombre en la placa de latón: *Teresa Fontes – Coordinadora de Gestión de Talento.*
Al entrar, la imagen que encontró fue la de una mujer que parecía haberse mimetizado con el mobiliario. Teresa era una mujer de apariencia ordinaria, de unos cincuenta años, con un peinado rígidamente laca y unas gafas de montura fina que descansaban sobre el puente de su nariz. No había calidez en su rostro; solo una eficiencia seca y una mirada que, al posarse sobre Davina, pareció escanear no solo su ropa, sino también el saldo de su cuenta bancaria.
—Siéntese, señorita... —Teresa hizo una pausa dramática, hojeando un folder con desgana— Guedes. Davina Guedes.
—Gracias, señora Fontes. Es un placer —dijo Davina, sentándose con la espalda recta, las manos entrelazadas sobre su regazo para ocultar el leve temblor.
Teresa dejó caer el currículum sobre la mesa como si pesara demasiado. Se reclinó en su silla de cuero y entornó los ojos.
—He estado revisando su perfil. Educación pública, cursos técnicos de administración nocturnos... Veo que trabajó tres años en una pequeña gestoría en la zona norte. Muy... pintoresco.
La palabra "pintoresco" salió de la boca de Teresa con un deje de veneno. Davina mantuvo la sonrisa profesional, aunque sintió un pinchazo en el estómago.
—Fue una experiencia valiosa, señora Fontes. Allí aprendí a manejar grandes volúmenes de documentación y a tratar con clientes de todo tipo bajo mucha presión. Creo que mi ética de trabajo encaja perfectamente con el ritmo de Hawser.
Teresa soltó una risita seca, casi un carraspeo.
—Señorita Guedes, seamos realistas. Hawser no vende apartamentos de dos habitaciones en barrios con baches. Aquí vendemos sueños de diez millones de dólares a personas que no tienen tiempo para esperar. Buscamos a alguien con... "perfil". Gente que sepa moverse en los círculos adecuados. Usted vive en... ¿dónde dijo?
—Cerca de Estácio, señora —respondió Davina, manteniendo el tono firme—. Y no creo que mi dirección determine mi capacidad de gestión. Al contrario, me ha enseñado a ser eficiente con los recursos y a valorar cada oportunidad.
Teresa arqueó una ceja, visiblemente molesta por la falta de sumisión de la joven. Decidió cambiar de táctica.
—Hablemos de idiomas, entonces. El mercado inmobiliario de lujo en Río es internacional. Imagino que su inglés será... fluido.
—Hablo inglés y portugués, y tengo un nivel intermedio de español —dijo Davina. Se había preparado durante meses con videos y libros usados.
—¿Intermedio? —Teresa anotó algo enérgicamente en un papel—. Aquí el "intermedio" es analfabetismo. Necesitamos perfección. Además —añadió, señalando con un gesto vago el traje de Davina—, la imagen corporativa es vital. Nuestra asistentes deben proyectar una sofisticación que, honestamente, no se compra en las rebajas de las tiendas del centro.
El ataque fue directo. Davina sintió el calor subirle a las mejillas. Podía ver el juego de Teresa: no estaba evaluando su talento, estaba intentando humillarla para que se retirara por su propio pie. Pero entonces recordó a Deliya, recordó sus manos cansadas por el jabón de la lavandería, y el miedo se convirtió en una determinación fría.
—Entiendo su punto, señora Fontes —dijo Davina, clavando sus ojos oscuros en los de la mujer—. Pero la sofisticación se puede aprender; la lealtad y el hambre de éxito, no. Si Hawser solo busca ropa cara, pueden contratar a un maniquí. Si buscan a alguien que se deje la piel para que cada contrato se cierre a tiempo, me buscan a mí.
Teresa se quedó en silencio unos segundos. El ambiente en la pequeña oficina se volvió denso. La mujer cerró el folder con un golpe seco.
—Es usted muy... valiente, Guedes. O muy ingenua. No me gusta la gente que intenta darme lecciones en mi propia oficina. La vacante es para una asistente que sea invisible, no para alguien que quiera protagonismo.
—No busco protagonismo, busco trabajo —replicó Davina.
Teresa suspiró, visiblemente aburrida de la conversación.
—Bueno, ya hemos terminado. Hay otros candidatos con currículums mucho más... adecuados a nuestro entorno. Le informaremos si decidimos seguir adelante, aunque, si soy sincera, yo de usted no esperaría junto al teléfono. Busque algo más acorde a su realidad, será más feliz.
Davina se levantó. Le dolía el orgullo, pero se negó a darle a Teresa la satisfacción de verla derrotada.
—Gracias por su tiempo, señora Fontes. Estoy segura de que Hawser se arrepentiría de no contar con alguien que conoce el valor del esfuerzo real.
Salió de la oficina con la cabeza alta, pero en cuanto las puertas del ascensor se cerraron, se apoyó contra la pared de metal y dejó escapar un largo suspiro. El encuentro con Teresa había sido un muro, un "no" rotundo disfrazado de formalidad.
Sin embargo, lo que Davina no sabía era que, a través de la cámara de seguridad de la oficina y el sistema de audio interno, alguien en el piso 50 —el piso de los socios fundadores— había estado observando la entrevista. Alguien a quien no le importaba la ropa, sino el fuego en los ojos de aquella chica de Estácio…