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Latidos Bajo La Bata

Latidos Bajo La Bata

Status: Terminada
Genre:Matrimonio arreglado / Amor a primera vista / Divorcio / Amor prohibido / Romance / Superpoder / Completas
Popularitas:22.1k
Nilai: 5
nombre de autor: Estefaniavv

Esta es la crónica de Valentina Vingut, una estudiante de medicina cuya existencia se fragmenta al colisionar con Ricardo Vidal. Él es un magnate custodiado por un imperio de poder y una familia de fachada, pero poseedor de una oscuridad magnética que arrastra a Valentina hacia un romance prohibido. Lo que ella ignora es que esa conexión eléctrica no es azar: sus linajes han estado encadenados por una deuda de sangre desde tiempos ancestrales.
Será el deseo suficiente para silenciar la moral?

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Capítulo 23: al filo de la ambición

El sol de la mañana entraba en el ático de Ricardo con una insolencia dorada, iluminando el rastro de la batalla pasional de la noche anterior. Valentina se despertó con una claridad mental absoluta. No había espacio para debilidades. Se puso la camisa de lino de Ricardo, que le llegaba a mitad del muslo, y caminó hacia la terraza.

Ricardo apareció detrás de ella, rodeando su cintura con esos brazos que eran su refugio y su perdición. Su pecho desnudo contra su espalda era un recordatorio constante de que, aunque el mundo exterior ardiera, ellos eran un incendio propio.

—Estás pensando en el lunes —susurró él, besando el lóbulo de su oreja—. Te conozco, Valentina. Tu mirada ya no es la de una estudiante; es la de una dueña.

—Mendoza me llamó ayer —respondió ella, girándose en sus brazos—. Estefanía ha estado moviendo sus hilos en la facultad. Quieren suspender mis prácticas alegando "conflicto de intereses" por mi relación contigo y la titularidad de las tierras. Creen que pueden asfixiarme profesionalmente para que te pida que cedas.

Ricardo tensó la mandíbula. Su rostro recuperó esa dureza de granito que intimidaba a directores de bancos.

—Si tocan tu carrera, quemaré cada hospital que lleve el nombre de un aliado de mi padre. Pero no será necesario. He hablado con Rosa; ella tiene los registros de las donaciones que el abuelo hizo a la universidad. Tenemos un asiento en la junta que ellos olvidaron.

Ricardo la condujo de vuelta a la gran mesa de cristal del comedor, pero esta vez no para revisar documentos. La sentó sobre la superficie fría, separando sus piernas con una autoridad que hizo que el pulso de Valentina se disparara. Él se mantuvo de pie entre sus muslos, mirándola con una mezcla de adoración y posesividad salvaje.

—Antes de ir a esa reunión, necesito que recuerdes quién eres —dijo él, su voz descendiendo a una octava peligrosa—. No eres una víctima de los Videla. Eres la mujer que tiene a Ricardo Valmont de rodillas.

Él bajó la mano, recorriendo el interior de su muslo con una lentitud tortuosa. Valentina jadeó, echando la cabeza hacia atrás. La vulnerabilidad de estar vestida solo con su camisa, frente a él, que la dominaba con la mirada, creaba una tensión insoportable. Ricardo no tenía prisa; quería que ella sintiera cada gramo de su control antes de entregarse por completo.

—Dime qué quieres que les haga, Valentina —murmuró él, mientras sus dedos encontraban el centro de su humedad—. Dime qué quieres que le haga a Estefanía por haberte amenazado.

—Quiero verla caer... —respondió ella, cerrando los ojos mientras el placer empezaba a nublar su juicio—. Quiero que sepa que no puede comprar lo que nosotros tenemos.

Ricardo aumentó la presión, sus movimientos volviéndose más rápidos, más exigentes. Valentina lo atrajo hacia ella, buscando su boca en un beso que sabía a victoria anticipada. El sexo entre ellos se había convertido en un lenguaje de guerra: cada gemido era una promesa de lealtad, cada embestida un pacto de sangre.

Horas más tarde, la pareja entraba en el edificio de la empresa. Ya no se escondían. Valentina vestía un traje sastre color marfil que resaltaba su figura y su nueva seguridad. Al llegar al piso de la presidencia, se encontraron con una escena que Ricardo ya había previsto: Ernesto Videla y Arturo de la Torre estaban en la sala de juntas, rodeados de abogados, intentando ejecutar una cláusula de "emergencia administrativa".

—Llegan a tiempo para firmar la retrocesión —dijo Arturo con una sonrisa de suficiencia—. Los tribunales no verán con buenos ojos que una estudiante de medicina "seduzca" a un CEO para obtener tierras estratégicas. La demanda por coacción está lista.

Valentina dio un paso al frente, antes de que Ricardo pudiera hablar. Abrió su maletín y sacó un documento lacrado.

—No habrá retrocesión, señor De la Torre —dijo ella con una voz gélida que sorprendió incluso a Ricardo—. Esta es una orden de restricción corporativa emitida esta mañana. Basándome en las pruebas que Rosa Valmont ha custodiado durante décadas, hemos solicitado una auditoría forense sobre la procedencia de los fondos con los que ustedes intentaron comprar la deuda de la finca.

Ernesto Videla se levantó, su rostro rojo de furia. —¡Eres una insolente! No sabes con quién te metes.

—Sé perfectamente con quién me meto, señor Videla —replicó Valentina, acercándose a él—. Me meto con el hombre que arruinó a mi padre. Pero a diferencia de él, yo tengo algo que usted nunca tuvo: la propiedad absoluta de las 22 hectáreas y el respaldo del hombre que hoy dirige esta empresa por mérito, no por apellido.

Ricardo se colocó al lado de Valentina, poniendo una mano protectora en su cintura.

—Padre, Arturo... seguridad los espera abajo. Sus pases de acceso han sido revocados. A partir de este momento, cualquier comunicación será a través de Marcos. Y Arturo, te sugiero que revises tus cuentas en las Islas Caimán; la auditoría que Valentina solicitó ha encontrado irregularidades que la fiscalía amará revisar.

Estefanía entró en ese momento, viendo cómo su padre era escoltado fuera de la sala. Sus ojos se encontraron con los de Valentina. Ya no había rastro de la superioridad de antes; solo quedaba el miedo de quien sabe que ha perdido el juego.

—Esto no ha terminado —susurró Estefanía, temblando de rabia.

—Para ti, ya terminó —respondió Valentina—. Disfruta del olvido, Estefanía.

Cuando la sala quedó en silencio, Ricardo tomó a Valentina por los hombros y la besó frente a los ventanales de la ciudad. El león y su guerrera habían ganado la primera gran batalla de la luz pública.

—Lo hiciste increíble, mi Isabela —dijo él, sus ojos brillando con un orgullo feroz.

—Es solo el principio, Ricardo. Mañana tengo que volver a la clínica y limpiar mi nombre allí también. Pero esta noche... esta noche quiero celebrar que las 22 hectáreas por fin descansan en paz.

Horas más tarde Valentina vuelve a casa, el apartamento que compartía con Verónica se sentía pequeño después de pasar noches en la inmensidad del ático de Ricardo, pero esa noche tenía un aura especial. El aroma a romero y carne asada llenaba el salón, y el vino tinto ya respiraba sobre la mesa. Verónica había estado inusualmente nerviosa, moviendo los cubiertos mil veces hasta que, finalmente, soltó la bomba mientras yo terminaba de arreglarme el cabello.

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Maria M. Rosario
mjy bonita la historia
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
LIZA VELAZCO
sencillamente hermosa!!!!! felicidades que gran historia 😊
Estefaniavv: Gracias, espera la segunda parte en una semana 🙈
total 1 replies
Elina Beatriz Ravazzano
Te felicitó por tu imaginación. No entendí mucho,pero me gustó.
Estefaniavv: Viene una segunda parte que se desarrolla la historia final 🥰🥰
total 1 replies
AYA
El título de la novela cambió, al inicio no se leía fantasía y luego cambió a pura fantasía , no fue mala pero esos cambió tan drástico dañan la lectura.
AYA
Demasiado fantasía, 🙄😒
Carola Videla 😈🇦🇷
que triste vivir así, es injusto
Lirio Blanco: Cierto 😔
total 3 replies
Estefaniavv
🥰🥰🥰
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