Una loba Nacida de la raza más fuerte, un Alfa la primera de cuatro hermanos, capas de heredar los más fuertes linajes toma una decisión... – Dejaré esta manada, No soy una máquina de carga –
El Un Gama, último hermano de un Alfa cruel quien lo desprecio por ser un hijo no deseado, en un arranque de guerra quedo solo y sus piernas mal heridas dejándolo en silla de ruedas con solo un aliado su cuidador – Un lobo invalido, es un lobo muerto, Es mejor que termines con tu vida, solo eres un estorbo para este reino–
Ambos de un padre de linaje real un licantropo, pero el no saco nada de eso
El destino los une un día.. ¿ Qué podría pasar ?
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Dos años después
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Mi gran destino: Boston, un lugar donde el frío es intenso como el hielo y el calor abrasador como la braza, con abundantes lluvias –especialmente ideal para mí. Al tener una temperatura corporal elevada, aquí encuentro el aire acondicionado natural, aunque en verano me siento como si estuviera asándose.
Carter consiguió todo lo que le pedí: el barrio es encantador y detrás de él se extiende un amplio bosque. La gente mayor es sumamente amable; desde que llegué, me recibieron con sonrisas. Lety, mi vecina de 60 años, y su esposo Luis son muy cariñosos y siempre me tratan como a una nieta.
Han pasado dos años desde que me fui. Conseguí trabajo ayudando a personas mayores y jóvenes, además curso enfermería. Tengo muchos amigos de la tercera edad… “El gran sueño”, pero claro, ellos no están para noches de juerga como las mías: los suyos consisten en maratones de medicamentos y un buen vaso de jugo de naranja.
Tengo una amiga, Nicol, y su hermano Francis de 15 años –lobos ómegas que huyeron de sus padres abusivos. Son como mis hermanos del alma; nunca han preguntado por mi pasado, aunque algunas veces pueden percibir mi olor –algo que ahora oculto diligentemente para no afectarlos.
–Aunque a veces les añado unas gotas de mi sangre en el desayuno y ni se dan cuenta… Seguro dirán que es asqueroso, pero gracias a eso ahora resisten mucho mejor.–
Aparte de ellos, Carter siempre está presente cuando lo necesito, y de vez en cuando me uno a su trabajo de “limpiar basura” en la ciudad.
–Hoy es la boda de mi primo segundo; es el único pariente que nos queda. Vive a unas horas de distancia y… ¿vendrás con nosotros?– preguntó Nicol.
–Mmm… ¿Habrá lobos guapos?– sonreí maliciosa.
Claro que no perdería la oportunidad de aliviar mi estrés con alguno. Después de todos estos años trabajando como una loca, Atla está como una anciana de 100 años por tanto sueño.
–Claro que sí… Solo no te acerques al tío Artur: ese sí que es un perverso y no pienso tener que golpear a nadie.– advirtió ella.
–Está bien… Pero si se me acerca y me toca en algún lado…– la miré con el labio fruncido.
–Solo libera a Atla en esos ojos asesinos tuyos y seguro se desmaya de miedo.–
Nicol me palmoteó el hombro. Conocía mi nivel de paciencia con hombres o personas injustas; en ese sentido, me parecía a mi madre –algo que mi padre nunca pudo contaminar. “Un alfa con corazón suave es un alfa débil”, solía decirme cada vez que ayudaba a alguien considerado “inferior” de cualquier tipo.
–Está bien, iremos de compras porque no tengo nada que ponerme.– Suspiré tomando rápido mi café de la mañana.
–¡Claro que sí! ¿Sales a la misma hora?– preguntó desde la cocina mientras me arrojaba mis llaves.
–A las seis vuelvo. Primero iré a hacer pesas y luego paso por Teo: le prometí llevarle una merienda hoy.–
Nicol asintió mientras preparaba la masa para un bizcochuelo. Vi a Francis correr hacia el baño, seguro llegaría tarde al colegio otra vez. Sonreí, agarré mi casco y salí hacia mi hermosa “Violet” –una moto perfecta para una alfa, que rugía con potencia en cada detención.
No era sorprendente que llamara la atención: mi cabello rojo, mi cuerpo musculoso y bien formado, junto a esa hermosa máquina en un barrio de jóvenes era algo bastante “notorio”.
Ese día haría ocho horas de trabajo, con clases entre medio de las prácticas.
Llegué, estacioné y entré con una sonrisa –me encantaba mi trabajo. Alguien podría decir que una mujer fuerte en un lugar de ancianos es extraño… –¡Me importa un carajo!–
Ellos tienen historias infinitas y son tan cálidos que me encantan. Allí no solo hay mayores, sino también jóvenes y niños con algún tipo de dificultad. Es hermoso ver cómo evolucionan con voluntad: algunos llegan sin ánimo de vivir, en sillas de ruedas que parecen cárceles para sus cuerpos, pero verlos recuperar su brillo con cada esfuerzo hasta lograr caminar es lo mejor que existe.
–¡Buen día, guapo! Hoy te ves más radiante que nunca. ¿Tienes una cita?–
Mi día siempre comenzaba con el señor Víctor, un hombre cascarrabias que solo se llevaba bien conmigo. Ya cumplía 80 años, era viudo y su hijo no lo soportaba, así que lo había dejado ahí para librarse de él. Solo yo podía manejarlo.
–No sé de qué hablas, niña tonta. Siempre me veo así.–
Su voz tiemblaba mientras me miraba de reojo, sosteniendo su periódico. Ya estaba bañado y listo para su paseo matutino. La pobre Sindy salía de su habitación a punto de llorar: él siempre le decía cosas crueles, aunque ella misma era demasiado sensible.
–Hoy me llamó “rubia de cartón”…– sollozó.
–Ay, Sindy, tómalo como un consejo: te verías hermosa con el pelo castaño.– Le palmoteé la espalda.
–Sabes qué… A veces eres peor que él, pero sí te quiero.–
Se alejó sin ánimos para seguir atendiendo al señor Augusto.
–Espero que así sea, Víctor, porque no dudaré en alejar a esa mujer de tu vida cruel… Solo te convertirías en un problema más.–
Su panza se movió: reía suavemente tratando de ocultarlo, pero era evidente que le había gustado mi comentario. Lo llevé en su silla de ruedas hacia afuera mientras todo el pasillo me saludaba.
–¡Víctor! ¿Acaso te crees joven con esa ropa? Esa chica está loca por mi viejo cascarrabias.–
Ese era el señor Bert, su gran enemigo, otro que le hacía la vida imposible pero que siempre terminaban conversando al final del día.
–Es toda suya, señor Bert. Este guapo es mío.– Dije con seguridad, y Víctor soltó una carcajada mientras le mostraba el dedo medio.
–¡Toma eso, viejo tuerto!– gritó fuerte, mientras Bert apretaba los dientes por esa derrota.
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Manada de Luna Oscura
—Será mejor que te vayas, Asher. Ya no eres más que una carga para esta familia.–
Tan directo, sin pelos en la lengua y sin siquiera mirarlo con un ápice de vergüenza.
–Será lo mejor.– respondió él, mirando por la ventana. Sus ojos estaban apagados; sus esfuerzos por darle victorias a la manada habían sido pisoteados solo porque quedara inválido de las piernas. Ni siquiera le dieron mérito: todo el crédito fue para su hermano alfa, quien solo pasaba sus días follando a sus amantes y diciendo “hagan que ganemos”, sin importar si algunos jóvenes morían en esas peleas.
–Al fin entras en razón, Asher. No lo tomes a mal, pero un lobo sin piernas ya está muerto.–
Su hermano sonrió burlón mientras lo miraba. “Un maldito estúpido con todas las letras”, pensó Asher. No lo miró, solo tragó cada palabra, cada opinión, cada maltrato y repudio con una gran desolación –hasta ese momento había conservado un amor ciego por ellos, pero ahora veía sus verdaderas caras.
–Ve con tu prima; seguro te recibirá por unos días. Te daré dinero, pero no recibirás nada más que eso. Trata de… conseguir algo para mantenerte.– Sonrió fingida.– Si puedes, claro está.–
–Yo iré con usted, señor.–
Su cuidador, Tomás –hijo de la amante de su tío, a quien perdonaron la vida solo por tener “sangre real”, como todos en esa casa. “Para quedar bien”, según dijo su padre, y le dio un trabajo fijo cuidándolo. Era un beta, lo suficientemente capaz para ser soldado, pero claro: Lucían, el alfa, se negó porque era hijo de una “zorra con corazón blando”.
–Claro que sí. Tampoco iba a dejarte solo en la calle… Aunque también eres una boca más para alimentar aquí.–
Lucían se burlaba de ambos, pero ellos se mantuvieron en silencio –eso era lo que más odiaba el alfa, que no cayeran en sus juegos. Solo apretaron los dientes mientras él daba una palmada en el trasero a una de sus tantas amantes.
–Será mejor que te apures. No quiero verte cuando llegue el rey.–
–Me iré hoy mismo.–
Sin ánimos, movió sus dos dedos para indicarle a Tomás que lo ayudara. No pensaba estar más tiempo en esa manada que no valoraba nada más que el poder a costa de los demás.
–¡Qué bien! Hoy es mi día de suerte.–
Fue lo único que escuchó detrás de sí, acompañado de la risa burlona de su hermano.
–Señor, está todo listo.– dijo Tomás.
–No me llames así, Tomás… Ya no soy tu señor. Vámonos, no pienso quedarme más aquí.–
–Lo seguirá siendo aunque no le guste.–
Asher solo asintió; ya no tenía fuerzas para contradecirlo. Fue hacia el auto con su ayuda, quien lo ayudó a subir, guardó su silla de ruedas en el maletero y pusieron rumbo lejos de esa maldita manada.
–Boston es un lugar frío, pero muy tranquilo. Su prima incluso le envió una invitación para la boda de su primo.–
Tomás era muy hablador y alegre; podía sonreír aunque el mundo estuviera a punto de explotar.
–Espero que su esposo sea una buena persona.–
Fue lo último que dijo antes de dormirse durante todo el trayecto.
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Asher
💯 recomendada 😉👌🏼
ahora sí...deja lo gruñón 🤭😂😂