Séptimo libro de la saga colores.
Lord Leandro Mercier ha regresado a la sociedad aristócrata después de muchos años desaparecido, nadie lo reconocerá, ya no es el joven gordito que era objeto de mofas en las celebraciones, ahora es el soltero codiciado de la capital de Floris, pero el destino lo pondrá frente a una ladrona que intentará robarle todo, sin esperarlo, también su tesoro más preciado, su corazón.
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2. La ladrona
...MAUDE:...
Caminé por los pasillos de piedra, el pequeño saco que colgaba de mi mano hacía un pequeño ruido gracias a las monedas que chocaban dentro. No necesitaba ser silenciosa en aquel lugar, era nuestro escondite, un antiguo edificio abandonado en la zona más pobre de la capital, donde solo los rufianes con agallas pululaban tranquilamente por la ciudad.
— ¿Vas a repartir esa ganancia conmigo? — Se burló Carter, en el umbral de una de las puertas, su rostro lleno de cicatrices era un recordatorio de lo que lo significaban las traiciones en nuestra banda.
Éramos díez en total, solo dos mujeres y ocho hombres, todos vivíamos en convivencia, robando para aportar comida y armas a la banda. De eso vivíamos, todos eramos personas sin hogar, abandonados en las calles y despreciados, lo único que se nos daba bien era robar.
Mi hermano era el líder, él se aseguraba de conseguir misiones, armas y lugares en los que esconderse, pero haces meses que no tocamos con suerte.
El gobierno del Rey Adrian nos tenía casi escondido, las leyes eran más estrictas y había guardias custodiando las partes más lujosas, no podíamos acceder fácilmente sin ser atrapados y encarcelados.
— No recuerdo que me hayas ayudado.
Soltó una risa.
Seguí mi camino, hasta el final del pasillo, a una puerta llena de termitas.
Entré sin tocar y aventé el saco sobre la mesa.
Mi hermano apartó la vista de la vela, estaba encendiendo su tabaco, aspiró una bocanada de humo.
Roquer era un sujeto grande, con la piel oscura y una barba espesa, mantenía su cabello rapado y siempre llevaba ropas de cuero, aunque en ocasiones le daba por vestir como un ciudadano respetable. Con ropas y joyas robadas, de hecho tenía muchos anillos.
Tomó una espada y cortó el saco, las piezas de plata brillaron a la luz de las velas.
Soltó un silbido.
— ¿Dónde hallaste este botín? — Se emocionó.
— Suerte — Me encogí de hombros — A un noble ingenuo se le ocurrió detenerse a las afueras del mercado nocturno en su ostentoso carruaje, aproveché la oportunidad para entrar y vacie sus bolsillos... Supongo que algo bueno a de haber de las nuevas leyes, los nobles están más confiados.
— Esa es mi chica — Rió, volviendo dejando el tabaco entre sus labios — Siempre me sorprendes, eres aguerrida, aprovechas las oportunidades que se te presentan, no dudas en tomar ventaja... Pero, tenemos que actuar con prudencia, los nobles acuden a los guardias hasta por un anillo perdido — Empezó a contar las monedas — Esto nos mantendrá cómodos por unos días ¿Ya tomaste tu parte? — Me evaluó — Por supuesto que sí, te conozco tanto, eres mi hermana y tenemos la misma astucia.
El reloj de oro era mío. Así eran las reglas, la mejor parte era del que llevaba a cabo el robo.
La mayoría de los nobles gritan o se desmayan cuando le apuntan con una espada, pero ese hombre me sorprendió al atacar, por supuesto que fui más hábil, pero casi se sale con la suya.
Al menos fue divertido.
Me dejé caer en una de las sillas y elevé mis piernas para cruzarlas sobre la mesa.
— Roquer... Sinceramente, estoy cansada de tener que hacer robos menores — Dije, quitándome la capucha y la máscara, estaba cansada de no avanzar, de quedarme entre las calles apestosas, robando siempre, buscando refugio en cualquier rincón, quería una vida mejor, yo era ambiciosa, necesitaba triunfar, dejar de robar cuando ya lo tuviera todo.
Algo que no podía conseguir trabajando, las únicas opciones que tenía era de prostituta y sirvienta, en ninguna de ambas llegaría tan alto como los nobles.
Necesitaba fondos para dar pie al negocio de mis sueños.
Mis manos no solo eran buenas para tomar cosas y manejar armas.
A pesar de mi apariencia, quería tomar un lugar en la sociedad que no fuese el último.
Quería demostrar a esos estirados que una persona de sangre común podía llegar lejos, pero tenía todo en contra cuando los títulos nobiliarios, la apariencia aceptable y la sangre azul lo eran todo en este reino.
— Todos estamos cansados, pero no podemos arriesgar a la banda a un robo grande, no con las leyes tan estrictas y rotundas — Dijo, dejando caer la ceniza al suelo — Casi todos los crímenes llevan a una sentencia de muerte.
— Lo sé — Resoplé frustrada.
— He estado pensando en un plan... No voy a mentir.
Lo observé con interés — ¿Qué plan? ¿Quieres que llame a los otros para reunirnos?
— No, esta vez esto será confidencial, esta misión es de una sola persona y tú eres la más hábil del grupo.
Bajé las piernas de la mesa y me acomodé en el asiento.
— Soy todo oídos.
— El Duque Jones es mi objetivo, a parte del Rey y su séquito, es el noble con más riquezas y propiedades en la capital — Dijo con una voz más baja, encajando sus ojos en los míos — Lamentablemente, es casi inaccesible, su propiedad está vigilada y está ubicada en un barrio muy fino. No podemos atacarlo directamente y sería imposible tener exito, desconocemos donde guarda sus riquezas.
Sonreí — Ya pensaste en una forma ¿Cierto?
— Planeo vaciar todas sus cajas fuertes, robar cada cosa que tenga de valor, dejarlo sin nada y que no pueda darse cuenta hasta que sea demasiado tarde, pero para eso necesitaré de ti.
— Cierto, necesitarás de mis manos...
— Más que eso — Dijo y fruncí el ceño — Hay que utilizar otro tipo de astucia, jamás podré acercarme al duque, no para saber todo sobre su vida privada y sus propiedades, con una espía como tú podría tener esa información.
— ¿Cómo podré acercarme a él? — Me desconcerté.
— Encontré un contacto en uno de los clubes para caballeros nobles, el duque siempre frecuenta ese lugar y no solo eso, disfruta de los servicios de las cortesanas.
— ¿Qué rayos estás insinuando? — Me exalté.
— Maude, no puedes ponerte al tiro, solo vas a entrar, te harás pasar por cortesana y te acercarás al duque, intenta persuadirlo de convertirte en su amante, el duque no tiene esposa, es un hombre solitario, así que no le importará llevar a sus aposentos a cualquier mujer que logre captar su atención y se gane su confianza.
Me levanté — ¡Si hubiera elegido ser cortesana, no estaría aquí! — No pude evitar enojarme con él — ¡Esto que me pides es muy bajo, puedo ser una ladrona, pero no soy una...
— Eres mujer, una muy hermosa — Cortó, con seriedad — Utiliza tus atributos... Solo una mujer puede acercarse tanto a un duque, ganar su confianza con la seducción... Si haces lo que pido estarás en su mansión en menos de lo que canta un gallo... Los nobles siempre piensan con el miembro, les encanta divertirse con el placer, se que puedes hacerlo.
No podía, me daba náuseas de solo pensar en fingir ser una cortesana, tocar y dejarme tocar por un duque que ni siquiera conocía no me agradaba.
Había pateado a muchos hombres en las bolas para mantenerme intocable.
— Dile a Prudence que haga el trabajo.
— Prudence no es tan hábil, no le gustan los hombres y tampoco sabe como actuar, prefiere la acción.
— Yo tampoco sé actuar, lo mío también es la acción — Me crucé de brazos — Encuentra otro plan.
— Eres astuta, te encanta engañar a la gente, sabrás como endulzar al duque, piénsalo bien, podemos empezar cuando gustes.
Me quedé pensativa y luego resoplé.
El plan no estaba mal, lo único que no me agradaba era fingir ser una cortesana y dejarme tocar por un urgido.
— Si tengo éxito en esta misión, voy a dejar mi vida de ladrona atrás, usaré el dinero que me toque para tener un negocio respetable y quiero que sea un pago justo, esa será mi condición para aceptar esta misión, esta será la última vez que robo — Dije y mi hermano se quedó parpadeando por unos segundos.
— No puedes dejar esta vida atrás, eres una ladrona, no sabes otro oficio que este — Dijo, siempre se ponía en mi contra cuando se trataba de mis aspiraciones.
— Tengo mis propios planes y tendrás que aceptar mi retiro de la banda después de esta misión — Demandé y él se levantó, era alto y fornido, odiaba que fuese el hermano mayor, eso le otorgaba un poder sobre mí, la autoridad de decidir el curso de mi vida.
Si quería algo de mí debía aceptar mis condiciones.
— ¿Olvidaste lo que pasó en nuestra infancia? ¿De cómo terminamos en la calle? — Gruñó, lleno de rencor.
— No lo he olvidado.
— Pero, insistes en hacer lo que nuestros padres hicieron — Me dió una expresión dura.
— Eso fue hace años — Elevé mi barbilla.
— No vas a tener éxito — Volvió a aspirar su tabaco.
Odiaba cuando se ponía en ese plan.
— Lo voy a intentar, tendré las piezas que necesite.
Se rió — Puedes tener todas las riquezas y sin embargo, vas a fracasar como lo hicieron nuestros padres, ellos intentaron lo mismo y esos altivos no pararon hasta dejarlos en la calle.
— Tal vez esos tiempos han cambiado — Dije, esperanzada — El rey seguramente ha hecho que todos se comporten diferentes y...
— Nada a cambiado, el rey es igual al resto, no seas ilusa, al salir a las calles la gente me sigue viendo con el mismo desprecio — Señaló la ventana rota para hacer énfasis — Nunca aceptarán vernos como iguales, por eso debemos quitarle todo lo que nos quitaron y robar a ese duque solo será el comienzo, así que no puedes retirarte ahora.
— Soy una mujer, no una niña, acepta mi condición, sino no seré parte de esto, si fallo, es mi problema, no puedes decidir por mí — Le dejé en claro, golpeando mi dedo índice contra la mesa — Mi decisión está tomada.
— Si vuelves arrepentida...
— ¿Me cerrarás las puertas? — Elevé una ceja.
Negó con la cabeza — Eres mi hermana, debo cuidarte, pero no me gustaría que vieras por tu cuenta la crueldad de los aristócratas.
— Lo ví cuando era niña, pero eso no me intimida.
Soltó una larga respiración — Eres tan terca como yo, pero no puedo obligarte a quedarte con nosotros.
— No voy a traicionarte con otra banda, no te preocupes, así que no será necesario cortarme la cara si vuelvo.
— Está bien, acepto tu condición.
— Es lo menos que puedes hacer si voy a rebajarme a seducir a un hombre — Gruñí, echando chispas de solo imaginarlo — Tienes que prometer que no vas a seguir cuestionando cuando la misión termine.
Puso los ojos en blanco.
— Lo prometo.
— Me diste tu palabra, ya no hay vuelta atrás... Discutamos ese plan, estoy dispuesta a comenzar mañana misma.
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Entré en una de las habitaciones y me acosté sobre el colchón polvoriento después de quitarme la ropa, dejando solo una camisa de botones y los calzones.
Me vestía con ropas de hombre, los vestidos y corset no me dejarían moverme con agilidad.
Conservaba una daga al lado de la almohada por si había un ataque nocturno.
Intenté dormir, pero pensar en la misión me mantenía despierta.
No podía equivocarme, mi futuro dependía de mi éxito en dejar a ese duque vacío.
Observé el reloj en la mesita y me giré sobre la cama.
Lo tomé.
El oro destellaba ante la luz de las velas, la larga cadena era fina.
Lo giré entre mis dedos, había algo grabado allí.
— Lady Celia Mercier — Leí, asombrada de lo que los nobles podían hacer con sus riquezas — Ojos de plata.
El lord no lucía como los anteriores que robé.
Era joven y apuesto, demasiado diría.
El cuerpo era ágil, logró atraparme y eso no era fácil, aunque no lo hubiera logrado si no estaría dentro de un carruaje, el espacio limitado me dejó pocas salidas, pero si fuera tan vago como eran la mayoría, no hubiera podido ni evadir mi daga.
Las ropas que llevaba eran muy finas, un azul gris con diseños pintados en dorado, el pañuelo blanco en el cuello y el azul.
Escondía un cuerpo atlético.
Sus ojos plateados era lo que más recordaba, junto con los rasgos varoniles.
Observé el reloj, seguramente tenía esposa o estaba comprometido y este reloj con nombre de mujer era la prueba.
Seguramente era igual que el resto, solo le bastó unos segundos para cuestionar mi vida y el hecho de que era una mujer.
Se les hacía fácil juzgar.
Me alegraba de haberle robado, se lo tenía merecido.
Me giré hacia la pared y cerré los ojos para dormir.
Maude: