NovelToon NovelToon
Estoy De Vuelta

Estoy De Vuelta

Status: En proceso
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencarnación
Popularitas:977
Nilai: 5
nombre de autor: Isa Yguaro

El mundo de Julián se desplomó el mismo día en que descubrió que la lealtad tiene un precio. Lo tenía todo: un imperio financiero en ascenso, la admiración de la alta sociedad y el amor de la mujer con la que planeaba pasar el resto de sus días. Pero la ambición ciega de su mejor amigo destruyó cada uno de sus logros en cuestión de meses. Traicionado, despojado de su fortuna y abandonado por su prometida.
Su final no tuvo ni un ápice de gloria. Murió solo, tirado en un callejón frío, ahogado con un mendrugo de pan duro mientras hurgaba entre los desperdicios para sobrevivir un día más. Pero la muerte no fue el final; fue la grieta que reescribió su destino.

Al abrir los ojos de golpe, el olor a basura y el dolor en la garganta desaparecieron. Frente a él, el reflejo del espejo de su antiguo pent-house le devolvió la mirada. Estaba tres años atrás, intacto. haría que cada traidor pagara el precio exacto de su ambición.

NovelToon tiene autorización de Isa Yguaro para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1: El Sabor del pan duro.

El frío de la madrugada no se sentía como una temperatura, sino como una aguja de hielo enterrada directo en los pulmones.

Julián apoyado contra la pared de ladrillos húmedos de un callejón sin salida, al costado de una avenida por la que transitaban autos de lujo cuyos faros apenas iluminaban su silueta.

Llevaba puesta una chaqueta raída, mugrienta y tres tallas más grandes, cuyo relleno de lana apelmazada ya no servía para detener la brisa helada. Sus manos, antes acostumbradas a sostener estilográficas de oro y ajustar mancuernillas de plata, eran ahora un par de extremidades arrugadas, con las uñas partidas y cubiertas de una mugre imborrable.

Esa noche el hambre no era un hueco en el estómago; era una garra que le retorcía las entrañas. Llevaba dos días enteros sin probar bocado. Con el cuerpo temblando por la fiebre, se había arrastrado hasta los contenedores de basura del restaurante francés que quedaba a la vuelta. Allí, entre cáscaras de verdura podrida y envases plásticos, sus dedos temblorosos habían encontrado un tesoro: la mitad de un mendrugo de pan baguette. Estaba duro como una piedra, gris de humedad y rodeado de pequeñas motas de moho, pero para el hombre que alguna vez controló el fondo de inversión más codiciado de la ciudad, era el manjar de los dioses.

Julián se lo llevó a la boca con la desesperación de un animal acorralado. Intentó masticarlo, pero la falta de saliva y la prisa atroz le jugaron una mala pasada. El pedazo duro descendió por su garganta, áspero, rascándole el esófago, hasta atorarse por completo.

Un espasmo horrendo sacudió su tórax. Julián intentó llevarse las manos al cuello, pero el aire simplemente no entraba. Llevó la cabeza hacia atrás, golpeando la pared de ladrillo. El dolor en la garganta era sordo, abrasador. Miró hacia la boca del callejón, esperando ver la silueta de alguien, un transeúnte, un policía, cualquier alma piadosa a la cual implorar ayuda con la mirada.

Nadie vino......

En medio del ahogo y del zumbido eléctrico que comenzaba a invadir sus oídos, las imágenes de su vida pasaron como una ráfaga de fuego. Vio la cara sonriente de Marcos Sterling, su "hermano del alma", el hombre a quien le había abierto las puertas de su casa y de su empresa, firmando a sus espaldas la transferencia de activos que lo dejó en la bancarrota.

Escuchó la risa fingida e hiriente de Isabella, su prometida, el día que le entregó el anillo de compromiso de vuelta en la recepción de su edificio embargado. "Entiende, Julián, yo me enamoré de un hombre con futuro, no de un mendigo con deudas", le había dicho ella sin un solo parpadeo de culpa antes de subirse al auto de Marcos.

En cuestión de seis meses, entre trampas legales, pagarés falsificados y una campaña de difamación impecable, le quitaron todo. Su dinero, su nombre, sus propiedades y, finalmente, su dignidad.

El oxígeno se agotó por completo. La vista de Julián comenzó a teñirse de un borde negro y espeso. Sintió cómo sus piernas daban un último tiritón sobre el asfalto mojado.... Así termina todo.., pensó con un amargo ramalazo de rabia. ...Muerto como un perro en el lodo, ahogado por la basura mientras ellos celebran con mi dinero....

Cerró los ojos. El dolor en el pecho se volvió insoportable, un chasquido sordo resonó en su cabeza y la oscuridad lo devoró entero.

De pronto, un sonido punzante y rítmico rompió el silencio.

Beep. Beep. Beep.

Julián abrió los ojos de golpe, tomando una gran bocanada de aire. El pecho se le infló de repente y el aire entró limpio, cálido, con un vago aroma a sándalo y café recién colado.

Tragó saliva instintivamente. Su garganta no dolía. No había ningún mendrugo de pan duro cortándole el paso a la vida. Se llevó las manos al cuello, luego a la cara. Sus dedos no estaban entumecidos ni sucios; la piel estaba suave, perfectamente afeitada. Tenía puesta una bata de seda negra.

Salió disparado de la cama de plumas y caminó a tropezones sobre una alfombra persa mullida hacia el ventanal de piso a techo. Miró hacia afuera: las luces del skyline de la ciudad resplandecían bajo el cielo nocturno. Estaba en la habitación principal de su antiguo penthouse.

No había basura. No había lluvia. No había frío.

Tragó saliva instintivamente. Su garganta no dolía. No había ningún mendrugo de pan duro cortándole el paso a la vida. Se llevó las manos al cuello, luego a la cara. Sus dedos no estaban entumecidos ni sucios; la piel estaba suave, perfectamente afeitada. Tenía puesta una bata de seda negra.

Salió disparado de la cama de plumas y caminó a tropezones sobre una alfombra persa mullida hacia el ventanal de piso a techo. Miró hacia afuera: las luces del skyline de la ciudad resplandecían bajo el cielo nocturno. Estaba en la habitación principal de su antiguo penthouse.

-No... esto es un delirio de la muerte —murmuró con la voz ronca, tocando el cristal templado.

Giró sobre sus talones y corrió hacia el baño de mármol. Al encender la luz, el reflejo del espejo lo golpeó como un puñetazo en el rostro.

El hombre que lo miraba no tenía las mejillas hundidas, ni la barba crecida y llena de mugre, ni la mirada extraviada del desahuciado. Frente a él estaba el Julián Rossi de 30 años: atlético, impecablemente peinado, con la piel sana y sin una sola de las cicatrices que se hizo peleando por cartones en la calle.

En la barra de mármol del lavabo, su teléfono inteligente vibró. La pantalla se iluminó mostrando la fecha: 14 de octubre de 2023.

Tres años atrás.

Julián se tomó del borde del lavabo con tanta fuerza que las articulaciones de sus dedos se pusieron blancas. Tenía el corazón latiéndole desbocado a la altura de las orejas. Estaba vivo. Estaba en el pasado. Faltaban exactamente doce horas para que firmara el acuerdo de fideicomiso que le daría a Marcos el control total de sus acciones, la jugada maestra con la que comenzaría su ruina.

Una risa baja, casi histérica, se le escapó del pecho. La muerte no había sido el final. Había sido la grieta que reescribió su destino.

—Esta vez no, Marcos —susurró Julián al espejo, y sus ojos, antes apagados por la miseria, brillaron con un fuego frío y calculador—. Esta vez, voy a ser yo quien reparta las cartas.

1
Maria Cristina Roldan Rodam
aparenta ser muy interesante
Isa Yguaro: Espero que sea de su agrado. Si tiene alguna sugerencia, la recibiré con gusto.
total 1 replies
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play