Magia, traición y un juramento silencioso marcan el inicio de una historia donde la inocencia se convierte en determinación. En un reino construido sobre mentiras, incluso las almas más puras pueden oscurecerse.
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Capítulo 1: Un Hogar Pequeño, Un Amor Grande
Acto 1 – La Inocencia Rota
El barrio del sur despertaba antes que el sol.
No por disciplina… sino por necesidad.
Las casas estaban apretadas unas contra otras, hechas de madera envejecida y esfuerzo constante. El humo de las chimeneas subía torcido hacia el cielo gris del reino, mezclándose con el olor a pan humilde y carbón húmedo.
En una de esas casas, pequeña pero limpia, los Suzuki comenzaban su día.
—¡Asahiiii! ¡Te dije que no usaras toda el agua caliente! —la voz de Himari atravesó las paredes.
Desde el otro lado, una risa despreocupada respondió.
—¡El vapor mejora la circulación sanguínea! Es ciencia.
—¡Es egoísmo!
La puerta se abrió de golpe y apareció Asahi Suzuki, diecisiete años, cabello castaño oscuro despeinado, una sonrisa que parecía imposible de borrar y una energía que no combinaba con la pobreza del lugar.
—Buenos días, hermana gruñona —dijo inclinándose exageradamente.
Himari, con los brazos cruzados, lo miró de arriba abajo.
—Algún día te voy a tirar al pozo.
—Pero me extrañarías.
Ella intentó mantener el ceño fruncido… pero terminó sonriendo.
Siempre pasaba lo mismo.
🌅 El Padre
En la mesa ya estaba sentado su padre, Kenji Suzuki.
Manos ásperas. Espalda cansada. Ojos amables.
Trabajaba como carpintero, aunque en el reino los impuestos eran tan altos que apenas quedaba algo después de pagar.
—Si van a discutir, háganlo mientras comen —dijo con voz grave pero cálida.
Asahi se sentó.
—No discutimos. Es un intercambio intelectual de alto nivel.
Himari le dio un pequeño golpe en el hombro.
—Cállate.
Kenji soltó una risa baja.
Para él, esos momentos valían más que cualquier moneda.
🌸 La Madre
Desde la cocina apareció su madre, Aiko Suzuki.
Ella era el equilibrio del hogar.
Donde Kenji era firme, ella era suave.
Donde Asahi era luz, ella era calma.
Donde Himari era fuego, ella era dirección.
Colocó los platos sobre la mesa.
—Coman bien. Hoy será un día largo.
Asahi la miró con esa expresión que siempre tenía cuando observaba a alguien que admiraba profundamente.
—Cuando entre a la academia mágica, te compraré una casa más grande.
Aiko sonrió con ternura.
—No necesito una casa grande. Solo necesito que sigas siendo tú.
Asahi bajó la mirada, un poco avergonzado.
Himari lo observó en silencio.
Ella sabía que su hermano hablaba en serio.
Siempre lo hacía.
🌤️ El Barrio
Después del desayuno, Asahi acompañó a su padre al taller improvisado frente a la casa.
Ayudaba sin que se lo pidieran.
Cargaba madera. Reparaba herramientas. Saludaba a los vecinos con facilidad.
—Ese chico tiene energía de sobra —comentó una anciana del barrio.
—Y corazón también —respondió Kenji, orgulloso.
Mientras tanto, Himari caminaba por la calle principal con paso firme.
Algunos chicos la miraban demasiado.
Susurraban.
Ella los ignoraba… hasta que uno se atrevió a decir:
—Oye, Himari, ¿por qué no sonríes más? Te verías mejor.
Ella se detuvo.
Giró lentamente.
—¿Y tú por qué no piensas más? Tal vez sonarías menos estúpido.
Los otros soltaron risas nerviosas.
El chico se quedó callado.
Himari siguió caminando, sin disculparse.
No era cruel.
Solo no toleraba ser reducida a una imagen.
🌇 Atardecer
El sol comenzaba a caer cuando la familia volvió a reunirse.
La cena era sencilla.
Arroz. Verduras. Un poco de pescado seco.
Pero el ambiente era cálido.
Asahi comenzó a hacer imitaciones del capitán de los guardias del barrio.
Exageró la voz grave. Imitó su forma de caminar.
Himari casi escupe la comida de la risa.
Incluso Kenji tuvo que cubrirse la boca.
Aiko negó con la cabeza, aunque también sonreía.
—Algún día te meterás en problemas por eso —dijo ella.
Asahi se encogió de hombros.
—Entonces lo enfrentaré cuando llegue.
Himari lo miró fijamente.
Siempre tan dispuesto a enfrentar lo que fuera.
Siempre tan seguro de que podía proteger a todos.
El fuego del hogar iluminaba sus rostros.
Era una escena pequeña.
Insignificante para el reino.
Pero enorme para ellos.
🌙 La Noche
Cuando todos se fueron a dormir, Himari se quedó un momento mirando a su hermano desde la litera de arriba.
—Oye.
—¿Sí?
—No cambies.
Asahi guardó silencio un segundo.
Luego respondió con una risa suave.
—¿Por qué cambiaría?
Ella no respondió.
Porque en el fondo…
Sabía que el reino no dejaba intacto a nadie.
El viento sopló afuera.
Lejano, casi imperceptible, el sonido de una campana real marcó la hora.
En el palacio, decisiones se tomaban cada día.
Pero en esa pequeña casa…
Solo había amor.
Y eso, sin que ellos lo supieran…
Era lo más frágil de todo.
Capítulo 1 – Parte 2
Un Hogar Pequeño, Un Amor Grande
La noche en el barrio del sur nunca era completamente silenciosa.
Siempre había pasos lejanos.
Alguna discusión apagada.
El crujir de madera vieja luchando contra el frío.
Asahi permanecía despierto mirando el techo.
No porque estuviera preocupado.
Sino porque pensaba demasiado.
Desde la litera superior, Himari rompió el silencio.
—Estás pensando otra vez.
—No estoy pensando.
—Cuando dices que no estás pensando, es cuando más lo haces.
Asahi soltó una risa baja.
—Solo… me preguntaba cómo sería la academia real.
Himari se inclinó un poco hacia abajo para verlo mejor.
—Llena de nobles arrogantes que creen que el mundo les pertenece.
—También llena de libros, magia avanzada, estrategias militares… —respondió él con brillo en los ojos.
Ese brillo.
Era genuino.
No soñaba con riqueza.
Soñaba con cambiar algo.
🌒 Una Conversación con el Padre
Al día siguiente, Kenji encontró a Asahi practicando movimientos físicos en el patio trasero.
Golpes al aire. Desplazamientos rápidos. Respiración controlada.
—Tu cuerpo se mueve más rápido que el de otros chicos de tu edad —comentó su padre apoyado en la pared.
Asahi se detuvo.
—Solo entreno mucho.
Kenji lo observó en silencio.
Sabía que su hijo tenía algo diferente.
No solo fuerza.
Había momentos… pequeños momentos… en que el aire a su alrededor parecía vibrar.
—La fuerza es buena —dijo finalmente Kenji—. Pero nunca dejes que sea lo único que tengas.
Asahi bajó los brazos.
—¿Y qué más necesito?
—Corazón.
El joven sonrió.
—Eso ya lo tengo.
Kenji se acercó y le dio una palmada en el hombro.
—Entonces protégelo. Es más difícil de mantener que los músculos.
Asahi no entendió completamente esas palabras.
Todavía no.
🌸 Himari y su Madre
Dentro de la casa, Aiko enseñaba a Himari a coser una pequeña rasgadura en su ropa.
—No necesito aprender esto —protestó ella.
—Sí lo necesitas.
—Puedo comprar ropa nueva cuando quiera.
Aiko levantó una ceja.
—¿Con qué dinero?
Himari guardó silencio.
Aiko sonrió suavemente.
—La independencia no es solo fuerza, Himari. Es saber sostenerte en todos los aspectos.
Himari miró sus propias manos.
Fuertes.
Firmes.
Pero también temblorosas cuando se trataba de cosas delicadas.
—No quiero depender de nadie —murmuró.
Aiko la observó con ternura.
—Entonces aprende todo. Lo fuerte y lo suave.
Himari no respondió.
Pero siguió cosiendo.
🌇 Una Promesa Entre Hermanos
Esa tarde, Asahi y Himari subieron a una pequeña colina cerca del barrio.
Desde ahí se veía el castillo del reino a lo lejos.
Majestuoso. Brillante. Intocable.
—Algún día entraré ahí —dijo Asahi.
—¿A derribarlo?
—A cambiarlo.
Himari lo miró de reojo.
—Eres demasiado optimista.
—Y tú demasiado explosiva.
Ella sonrió apenas.
—Si algún día alguien intenta usarme como trofeo otra vez… lo romperé.
Asahi se volvió hacia ella completamente serio.
—Nadie te va a usar mientras yo esté aquí.
Himari lo sostuvo con la mirada.
No porque dudara.
Sino porque sabía que el mundo no era tan simple.
—Entonces hazte fuerte —dijo ella—. Lo suficiente como para que tus promesas no se rompan.
Asahi extendió el puño.
Ella chocó el suyo contra él.
Un pacto silencioso.
🌙 El Último Momento de Calma
Esa noche, los cuatro cenaron juntos otra vez.
Kenji contó una historia de cuando conoció a Aiko.
Asahi exageró detalles para hacerla más dramática.
Himari fingió estar avergonzada… pero no dejaba de escuchar.
Las risas llenaron la pequeña casa.
El fuego iluminaba sus rostros.
El mundo fuera podía ser cruel.
Pero dentro de esas paredes…
Había seguridad.
Había pertenencia.
Había algo que ni el reino ni los impuestos podían tocar.
Por ahora.
Cuando todos se fueron a dormir, Asahi miró sus manos en la oscuridad.
A veces sentía algo recorrerlas.
Como si su sangre tuviera voluntad propia.
Sacudió la cabeza.
Era imaginación.
Nada más.
Cerró los ojos.
Sin saber que el tiempo de la inocencia no era eterno.
El reino seguía existiendo.
Y el reino… siempre cobra.
Fin del Capítulo 1 – Parte 2
La humanidad ya está sembrada.