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Amor Sobrehumano El Orígen

Amor Sobrehumano El Orígen

Status: Terminada
Genre:Romance / Vampiro / Completas
Popularitas:705
Nilai: 5
nombre de autor: Liz Eliana Cera

"Antes de la leyenda, existió una verdad oculta entre las sombras del bosque. María Clara solo buscaba sanar con sus brebajes, pero una premonición de muerte y un amor prohibido marcaron su destino para siempre

Precuela de la novela amor sobrehumano

NovelToon tiene autorización de Liz Eliana Cera para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1 - María tiene un sueño premonitorio

          (En el Bosque)

Salvador acariciaba con ternura a María Clara. El silencio del bosque era su único testigo.

—Te amo —susurró ella antes de fundirse en un beso con él.

De pronto, la imagen cambió drásticamente. Salvador se alejó con frialdad. María Clara quedó sola, llorando mientras sus manos rodeaban un vientre que ya revelaba su embarazo. A lo lejos, una casa empezó a ser devorada por las llamas en mitad de la noche.

—¡Ah! —María despertó de golpe, bañada en sudor frío.

—¿Mamá? ¿Estás bien? —Soledad entró corriendo a la habitación, con el rostro lleno de angustia.

—Estoy bien, hija... —respondió María, tratando de normalizar su respiración.

—¿Segura? ¿No tuviste una de tus premoniciones?

—No, solo fue una pesadilla —mintió María, ocultándole el terror que sentía.

—Menos mal, mamá.

—¿Dónde está tu hermana? —preguntó María con urgencia.

—Se está alistando para ir al pueblo a vender los brebajes.

—Voy a verla ahora mismo —dijo María, levantándose de la cama a toda prisa.

(Habitación de María Clara y Soledad)

—Hola, hija —dijo María entrando al cuarto.

—¡Mamá! ¿Cómo amaneciste? —María Clara la recibió con un abrazo lleno de luz.

—Bien, hija... —María se estremeció; al tocarla, percibió la sombra de la muerte sobre ella—. Escucha, ya no quiero que vayas al pueblo a vender los brebajes.

—¿Pero por qué, mamá?

—Necesito que te quedes aquí conmigo. Me hacen falta hierbas que solo tú sabes encontrar en el bosque. Compláceme, por favor.

—Está bien, si me lo pides así, me quedaré contigo —sonrió María Clara, aceptando el cambio de planes.

—Gracias, hija —susurró María, abrazándola con fuerza—. No dejaré que mueras, haré lo que sea para evitar esa premonición, pensó para sí misma.

(En la Ciudad - Apartamento de José)

Salvador guardaba sus cosas mientras hablaba por teléfono.

—El fin de semana estaré allá, Alejandra.

—Más te vale —respondió su esposa desde el otro lado—. Necesito que estés presente en el parto.

—Tranquila, por nada del mundo me perdería el nacimiento de nuestro primer hijo. Adiós.

Al colgar, su amigo José lo observaba con duda.

—Te veo feliz por el bebé, pero noto que tu relación con Alejandra es... distante.

—Para ser honesto, José, yo no amo a mi esposa. Me casé por compromiso, para darle un hogar estable a mi hijo.

(En la Mansión Pérez - Pueblo de Bosborns)

Alejandra observaba a Nicolás jugar con sus carritos.

—Cuando crezcas tendrás muchos más, hijo. Yo aseguré nuestro futuro. Tu padre, ese Ignacio, no volverá a verte; me encargaré de que lo odies.

En ese momento, entró su amiga Martina.

—¡Hola! Qué sorpresa encontrarte aquí. ¡Mira qué hermoso está Nicolás!

—Ya tiene un año —respondió Alejandra secamente.

—Se parece mucho a su padre.

—¡No lo menciones! No quiero saber nada de ese imbécil. ¡Adela! Llévate al niño al jardín.

Cuando quedaron solas, Martina bajó la voz:

—No eres feliz con Salvador, ¿verdad?

—Nunca lo he sido. Me casé con él para salir de la pobreza. He tenido que fingir amor todos estos años y lo seguiré haciendo hasta que su dinero sea mío. Jamás querré a Salvador como quise al padre de Nicolás.

(Horas más tarde - Casa de María)

Soledad entró a la sala dejando una bolsa con monedas sobre la mesa.

—¡Ya llegué! Me fue muy bien con la venta, mamá. Ganamos mucho dinero.

—Gracias a Dios, esto nos alcanzará para dos meses

—dijo María, un poco más aliviada.

—¿Lo ves? Hay que tener fe —añadió María Clara sonriendo.

Cuando María Clara salió al bosque, María aprovechó para interrogar a Soledad.

—Hija, necesito que me digas la verdad. En los días que fueron al pueblo... ¿tu hermana conoció a algún hombre?

—No, mamá. Solo vendimos los brebajes. ¿Por qué lo preguntas?

—Porque ella no puede enamorarse de nadie. Por ningún motivo —sentenció María con un tono que heló la sangre de Soledad.

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