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Memorias Para Amar Al CEO

Memorias Para Amar Al CEO

Status: En proceso
Genre:Pérdida de memoria / Oficina / CEO / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Denis Peinado

En un mundo donde el poder compra silencios y el amor puede destruir imperios, ella se convirtió en su única luz… justo cuando él olvidó quién era.
Un accidente cambia el destino del CEO más temido de la ciudad, y una asistente invisible se convierte en la mujer a la que él promete proteger con una obsesión casi irracional.
Pero la memoria no permanece perdida para siempre… y cuando regrese, todo se romperá. O sanará o ambos.

NovelToon tiene autorización de Denis Peinado para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capitulo 1: El hombre que olvido quien era

La lluvia caía con fuerza contra los ventanales del piso 47, arrastrando consigo el eco lejano de los truenos y el bullicio de la ciudad. Eran las nueve de la noche, y mientras la mayoría ya estaba en casa, la oficina del CEO seguía encendida como una isla de luz en medio de la tormenta.

Mía Torres se mantenía de pie frente a la mesa de cristal, sujetando una carpeta con tanta fuerza que sus nudillos se habían puesto blancos. Respiró hondo. Una… dos… tres veces. No sirvió de nada. El nudo en su estómago no desapareció.

Del otro lado del escritorio, Liam Vander, su jefe, no levantó la vista de los documentos que revisaba con gesto duro, casi cruel. La camisa negra remarcaba su espalda ancha. La corbata, ligeramente aflojada, le daba un aire más peligroso que relajado.

—La proyección trimestral no coincide con el informe anterior —dijo sin emoción, pasando una página—. ¿Me vas a explicar por qué?

Su voz profunda le recorrió la piel como un frío eléctrico.

Mía tragó saliva.

—Se… se hicieron cambios de último minuto, señor Vander. Yo intenté—

—Intentaste —la interrumpió, dejando al fin los papeles sobre la mesa—, pero no lo lograste.

Cada palabra fue un golpe seco.

Mía bajó la mirada. Era mejor así. Cuando sus ojos se encontraban con los de él, la situación empeoraba. Él siempre la miraba como si fuera un error… o una molestia que debía soportar por obligación.

—Lo siento —murmuró ella, con voz baja—. Corregiré los números.

—Ya no importa —respondió él, poniéndose de pie—. Esto debía entregarse hoy. Hoy, Mía. No mañana, no pasado. Hoy.

El sonido de sus pasos acercándose le heló la sangre. Liam era una mezcla inquietante de elegancia y amenaza. Todo en él parecía estar diseñado para imponer: su altura, la forma en que caminaba, la precisión de sus movimientos, esa mirada gris que podía atravesar almas.

Mía apretó la carpeta contra el pecho.

—Haré horas extras si es necesario.

Liam soltó una risa breve, sin humor.

—Horas extras… —repitió, acercándose tanto que ella sintió su respiración—. ¿Crees que me interesa cuántas horas trabajes si el resultado sigue siendo inservible?

Ella cerró los ojos. No debía doler. No debía afectarle. Pero dolía. Mucho.

Liam se inclinó un poco más. No para intimidad —eso sería demasiado humano para él— sino para examinarla como quien observa una pieza defectuosa.

—Eres eficiente la mayor parte del tiempo —admitió con frialdad—. Pero últimamente… no sé si estás distraída, cansada, o simplemente no das más.

Mía no respondió. Porque si lo hacía, podría quebrarse.

Y llorar frente a él sería el peor error.

—Retírate —ordenó al fin—. No quiero verte hasta mañana.

Ella asintió, apretando los labios para seguir conteniendo la emoción. Dio un paso hacia la puerta cuando la voz de Liam volvió a sonar, tajante:

—Y Mía…

Ella se detuvo.

—No vuelvas a cometer un error conmigo.

Ella inclinó la cabeza en señal de obediencia, sin mirarlo.

—Sí, señor Vander.

Suspiró apenas cuando salió al pasillo. Afuera, el aire parecía más liviano, como si la temperatura subiera cinco grados solo con alejarse de él. Aun así, una punzada en el pecho la obligó a detenerse. No era la primera vez que Liam era duro con ella; de hecho, parecía ser parte de su naturaleza.

Pero había días en los que no podía evitar preguntarse:

¿Por qué ella?

¿Por qué Liam solo era cruel con ella?

Con los demás era frío, sí, pero tolerante. Con ella era… distinto. Como si ver su rostro despertara algo que él odiaba.

O… algo que temía.

Sacudió la cabeza.

No. Imposible. Liam Vander no temía nada.

La tormenta arreciaba cuando Mía salió del edificio. Su paraguas apenas resistía el viento, y el agua golpeaba el pavimento con furia. Caminó hacia la parada de taxis, intentando no pensar en la escena. En lo mucho que dolían sus palabras. En lo innecesariamente cruel que había sido.

Un trueno hizo vibrar la calle.

—Genial… —susurró, sintiendo cómo la lluvia empapaba sus zapatos.

Y entonces, un chillido de frenos cortó la noche.

Mía levantó la mirada justo a tiempo para ver un automóvil negro desviarse, perder el control en el pavimento mojado y derrapar hacia ella.

Su cuerpo se paralizó.

El auto giró, chocó contra un poste, y el sonido del impacto retumbó en el aire como una explosión.

Mía dio un paso atrás, con el corazón en la garganta.

La puerta del vehículo se abrió de golpe. Un hombre salió tambaleándose, empapado, aturdido. La luz de un poste iluminó su rostro.

Mía se cubrió la boca.

—¡Señor Vander!

Liam la miró sin reconocerla al principio. Había sangre en su frente. Sus ojos, siempre tan afilados, parecían perdidos en la nada.

—¿Qué…? —balbuceó, llevando una mano a la cabeza—. ¿Dónde…?

Mía corrió hacia él sin pensarlo.

—No se mueva, ¡está herido! —exclamó, sosteniéndolo antes de que pudiera caer.

Liam trató de enfocarla. Una arruga profunda atravesó su frente.

—¿Quién… eres?

Mía sintió que el mundo se detenía.

—Soy… Mía —susurró—. Su asistente.

Él frunció el ceño como si el nombre no significara nada.

—¿Mi… qué?

—Su asistente —repitió, desesperada—. Trabajo con usted. En Vander Corp. Estamos justo frente al edificio.

Liam miró a su alrededor, confundido. La lluvia golpeaba su rostro, pero él parecía no sentirlo. Solo la observaba a ella, como si fuese la única cosa estable en medio del caos.

—No recuerdo… nada —dijo en voz baja, casi rota—. Nada.

Mía sintió un escalofrío.

Amnesia.

No podía ser.

No él.

No así.

—Tranquilo —susurró, apoyando una mano en su mejilla fría—. Estoy aquí. No lo dejaré solo.

Liam la sostuvo del brazo de repente. Su agarre era fuerte, desesperado.

—No te vayas.

La súplica la atravesó. Era la primera vez que Liam hablaba de esa forma. Tan humano. Tan vulnerable. Tan… roto.

Ella asintió.

—No me voy a ir.

Sus ojos se clavaron en los de ella, buscándola, aferrándose como si fuese lo único que pudiera recordar.

—Mía… —murmuró, probando su nombre en los labios—. Quédate conmigo.

Y entonces, como si el destino quisiera sellarlo todo, él cayó inconsciente entre sus brazos, mientras la lluvia seguía cayendo con fuerza, lavando el pavimento…

y llevándose con ella, sin que él lo supiera, la memoria del hombre que había sido.

El hombre que jamás la había mirado.

El hombre que ahora la necesitaría.

El hombre que podía enamorarse de ella… sin recordar que, antes, la despreciaba.

Mía pidió ayuda, pero su mente ya estaba en otra parte, girando sin control.

Liam Vander…

Su jefe cruel…

Su tormento diario…

El hombre más inalcanzable que había conocido…

Había olvidado todo.

Incluyéndola a ella.

O tal vez…

Solo así podría verla por primera vez.

Mía tembló mientras la ambulancia llegaba.

No sabía si esto sería una bendición…

o una tragedia anunciada.

Pero algo dentro de ella le decía que, desde esa noche, nada volvería a ser igual.

Y que Liam… tampoco.

1
Eret Lopez
ES DEMASIADO CANSADO ESTAR LEYENDO ALGO QUE NO CONCLUYE EN NADA BEY
Eret Lopez
Mia PORQUE NO HABLAS CON LA VERDAD ES MEJOR UNA VEZ COLORADO QUE MIL DESCOLORIDO AGARRA EL TORO POR LOS CUERNOS
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