Cindy, una chica alegre. Quien nunca duda en ayudar a nadie. Llega una carta dirigida a sus padres. Sin saber el porqué de ella. Los reúne y lee la carta. descubriendo que se trata de una propuesta de matrimonio. Decide omitir una cosa y esa es. La Posdata. Ya que ahí
Había una palabra. La cual decía así. La Comeré. Decida a no correr ese riesgo. Esconde la carta y Escapa. Creando así. Una enorme confusión. Tanto con quien la pretenden. Como con quienes ira conociendo en su camino.
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Capítulo I
Cindy es una chica dulce, que quiere mucho a su familia, los ayuda en todo lo que puede, no ha podido terminar sus estudios. debido a un Desafortunado Accidente. Que sufrió su padre años atrás. la que fue una caída. Que afortunadamente terminó con su brazo y pierna derecha Completamente rotos. Las que lo obligaron a retirarse muy pronto. Su hermano, quien se vio obligado a partir fuera del país por una denuncia falsa de su ex. Apenas puede ayudarles con algo. Y Así ha sido mes tras mes. Hasta que de un día para otro. mientras ayudaba a su madre en la limpieza de la casa. Recibió una carta. era un sobre muy elegante, con un sello elegante. Eso la asustó y la hizo preguntarse. si ellos habían dado la carta equivocada al lugar equivocado. aunque al ver el destinatario. era la dirección correcta. Y dirigida a su familia. Sin pensarlo más, llamo a sus padres y les mostró tan interesante e intrigante carta.
—¿en serio es para nosotros? —hablo su padre.
—eso dice aquí. —viendo la carta por detrás. —Aunque, no recuerdo concer a nadie que tenga la capacidad de enviar un sobre así.
—¿quieres que lo leya yo?
—no papá, intentaré hacerlo yo. Ese poco tiempo en la escuela debe servir para algo. ¿No?
—sí. Siento mucho haberte tenido que hecer salir tan pronto de la escuela. Mis lesiones, mi rápido retiro y esa falsa denuncia que obligó a tu hermano a huir lejos y lo que nos envía. Es poco. Yo…
—tranquilo papá, no te pongas triste. Sé que muy pronto podremos resolver eso y estar juntos nuevamente como una familia.
—¿Ya lo vas a leer? —su madre hablo.
—ah, lo siento, ahora mismo.
(carta)
Querido Sr. Y Sra. Maezono. El motivo de la carta, es para saludarlos y saber como se encuentran de salud. Mis deseos son que se encuentren muy bien. también para hacerles saber, de mis intenciones. Ya que he logrado muchos logros importantes en este tiempo y deseo formalmente pedir la mano de su hija. Así que, muy pronto estaré enviando la dote que certificara mi propuesta, espero la acepten.
PD: voy a Comerla hasta el final... —eso último le leyó en su mente.
(fin de la carta)
—¿eso dice? —hablo su padre.
—sí... —le empezó a temblar la mano.
—¿qué pasa? —hablo su madre.
—Ah, Na... Nada, este... Yo... Tengo que seguir limpiando.
—¿me la permites hija? —su padre extendió su mano izquierda.
—Ah, no te preocupes Papá, yo la Guardare, además... ¿No están dañados tus anteojos ahora mismo?
—es cierto. Había olvidado que ayer se me quebró una de las patitas. Bueno, Procuraré arreglarlo pronto y así poder leerla. Quiero estar seguro para enviar una respuesta adecuada. ¿Dice la dirección de donde vino?
—Ah... Sí. Aquí dice de donde. Ja, ja, ja. —con las manos todavía temblorosas.
—¿Estás bien cariño?
—¡si! Es que... Sentí una pequeña corriente de frío. Pero creo que es falsa alarma. Me iré a mi habitación. .
—claro.
Ella fue directa a su habitación, estaba asustada y con las manos y piernas temblorosas, guardo la carta. Aunque la idea principal era quemarla, pero, sí hacía eso. Podría terminar en algo más extraño. Principalmente, para sus padres, aunque podía decir que la perdió u olvido donde la dejo. El sentimiento de culpa pudo más, así que, guardarla y esperar a que su padre tuviera nuevamente sus lentes era la única opción. Pero esperaba que fuera por un tiempo largo. Y así no pudiera leerla y no se asustara y terminará haciendo alguna locura.
Volvió a salir, tenía una sonrisa fingida, para su suerte sus padres no sospecharon nada. Su padre se veía muy concentrado, quizás estaba pensando en lo que había oído, ¿Quién podría pedir la mano de su hija? Sí ella apenas y lograr salir más allá del mercado del pueblo. Y no conocen a nadie con ese nivel de vida. Aunque eso. No era tan cierto, porque...
(en otra parte del país)
—Muchas felicidades Señor.
—gracias Marcos.
—no es nada, sé lo difícil que fue para usted, llegar hasta donde está y me alegra mucho verlo aquí.
—sí. Lo sé, fueron muchos años y mesés muy duros. Ya diez años de que empecé aquí. En la conserjería y Ahora estoy aquí.
—sí. Me alegra mucho verlo Feliz.
—sí. Gracias por la lealtad que me has dado.
—no es nada, ha sido un placer para mí servirle y seguir haciéndolo por toda la vida.
—gracias. Me halagas con tus palabras. Ah, casi lo olvido. ¿Enviaste la carta?
—sí mi señor, la enviamos hace cinco días. Ya debió haber llegado a su destino.
—bien, prepárate para la respuesta. No quiero llegar solo así. Primero quiero saber sí están de acuerdo o no.
—ah, le aseguró que lo estarán, no creo que dejen pasar una oportunidad como esta.
—sí. Tienes razón.
(recordando, 17 años atrás)
—oye, no te quedes atrás.
—Aaaah, lo siento, pero, no soy muy atlético que digamos. ¿Cómo es que una niña como tú tiene tanta energía?
—¿Yo? Pues, solo juego lo que me gusta y ayudar a mis padres cuando puedo. Además, es divertido poder jugar con alguien todos los días. Mi hermano no siempre tiene tiempo.
—oh, bueno, supongo que jugar contigo también es divertido. ¿A qué otra cosa jugamos?
—No lo sé, ¿qué tal al papá y a la mamá?
—¿A eso?
—sí. ¿No quieres? —tenía una mirada de cachorro.
—ah... Está bien. Supongo. —algo sonrojado.
—Muy bien querido, ¿no olvides nuestro aniversario si?
—¿Eh? Ah, sí. Lo no lo haré.
(media hora después)
—ah, ¿me vas a dejar?
—¿Qué? ¡No!
—¿Entonces?
—ah... ¿Quieres casarte conmigo?
—¿Eh? ¿Otra vez?
—Eh... Sí. Creo que se puede hacer otra vez.
—Mm, está bien, acepto.
(Una hora y media después.)
—fue muy bonito el juego, no pensé que lo harías bien.
—bueno, es algo que aprendes con el tiempo o eso fue lo que dijeron en la tele.
—ja, ja, ja. Yo también lo vi… Mm, oye.
—¿qué?
—tú... ¿Te casarías conmigo?
—¿Eh?
—digo, cuando estemos más grandes, ¿te casarías conmigo?
—Ah... Sí. Lo haré.
—¿en serio?
—sí. ¡Yo, Max Alejandro Sanders Martínez! ¡Juro que me casaré contigo!!
—¡Sí!
(fin del recuerdo)
—bueno, espero que su respuesta sea pronto. Ya quiero verte nuevamente Cindy.
(casa de Cindy)
—no se quien la envío. Pero, esta loco, ¡no voy a permitir que me coma! Espero que papá nunca reparé sus anteojos . Así nunca se enterara y no cometera Mas de alguna locura. ¡contra ese tipo! ¡Que es de temer! Aunque... Pensándolo bien. sería bueno saber quien es. ¿No? Así podría decirle a la policía lo que piensa hacer y detenerlo antes de actuar. —Mirada sería.