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Capítulo 1 La triste vida de Raquel
Habían amanecido, eran las 6 de la mañana y ya Raquel estaba preparándose para ir a trabajar, mientras que Alfredo su esposo seguía durmiendo plácidamente como sin nada estuviera pasando.
- Puedes por favor levantarte son las 6 de la mañana necesito que hoy lleves a la niña al colegio.
Le dijo Raquel a Alfredo (su esposo) mientras abría las cortinas de la ventana para que entrara el sol y así este pudiera terminar de despertarse.
- ¿Pero por qué no la llevas tú? Anoche trabajé hasta tarde y no he dormido nada, además todavía es de madrugada.
Dijo mientras se arropaba con la sábana hasta la cabeza.
Inmediatamente Raquel le arrancó la sábana de encima logrando así que este quedara sólo en calzones mientras ella le reprochaba:
- ¿Trabajando? ¿Y a eso tú llamas trabajar? Si llegaste después de la media noche, bastante tomado que hasta dejaste la puerta de la calle abierta, es más todavía hueles a alcohol y encima se te olvidó ayer recoger a la niña al colegio como te lo pedí y ni siquiera te dignaste a avisarme sino que me enteré gracias a que me llamaron al trabajo del colegio. Y todavía tienes el descaro de decirme que anoche estabas trabajando.
- Siempre comienzas con tu reproches, acaso no tienes otra cosa que decirme? Estoy cansado de tus reclamos, deberías darte con una piedra en los dientes que un hombre como yo está a tu lado. ¿Tienes idea del sacrificio que tengo que hacer para mantenerme casado contigo? Ningún hombre puede soportar estar al lado de una mujer con ese aspecto como el tuyo, que lejos de atraer lo que provocas es miedo.
- No tienes necesidad de ofenderme Alfredo, no sabes cómo me lastiman tus palabras, siempre es igual, ¿acaso no te das cuenta de que yo te amo? Te lo he demostrado de mil maneras y tú solo me pasas por encima sin importarte el daño que me haces con tus ofensas.
Le dijo Raquel mientras se acercaba a él de forma sumisa y cariñosa, pero inmediatamente Alfredo la rechazó mientras le decía:
- No me toques! Ya te dije que hasta que no te mandes a quitar ese lunar tan asqueroso no quiero que te me acerques, aunque sinceramente tú a mí no me provocas ni un mal pensamiento. No entiendo cómo fue posible que tuviéramos una hija, debí estar borracho en ese momento para poder haber aceptado acostarme contigo.
Lamentablemente Alfredo ya no la quería, en realidad nunca la quiso, él sólo se había casado con ella por obligación. La conoció en una fiesta de unos amigos en común, él estaba bastante ebrio y ella al verlo inmediatamente quedó impactada puesto que Alfredo era un hombre muy atractivo, mientras que ella en ese entonces era una mujer fea, no se arreglaba, tenía la verruga en el labio superior y encima no tenía buen gusto para vestirse.
Por supuesto que aquella noche cuando la conoció, él no estaba en su sano juicio puesto que había bebido demasiado, cuando se acercó a ella el exceso de alcohol que había ingerido esa noche en la fiesta, hizo que la viera atractiva además de que había estado conversando con ella y le había caído muy bien. Raquel por su parte estaba fascinada y desesperada por estar con un hombre por primera vez, ya que precisamente por su aspecto tan deplorable, nunca había tenido pareja y justamente cuando conoció a Alfredo, vio en él la posibilidad de poder experimentar por primera vez lo que era estar con un hombre.
Así que esa misma noche después de un par de bailes y unas bebidas, salieron de la fiesta y se fueron a un hotel, allí Raquel experimentó su primera vez.
Por supuesto eso hizo que ella se enamorara perdidamente de él y justamente esa misma noche ella quedó embarazada de Alfredo.
En vista de que él no tenía trabajo y encima lo habían botado del apartamento en donde vivía en ese entonces, le pidió a Raquel que lo ayudara a cambio de que él le prometía casarse con ella y darle el apellido al niño que estaba por nacer, así que para ella lejos de ser una ofensa puesto que lo hacía sólo por interés, fue la propuesta más maravillosa que alguien pudo haberle hecho. Y para Alfredo a pesar de ser una tortura, prefería eso a tener que dormir en la calle.
Ya de eso habían pasado 11 años de matrimonio. Lamentablemente a pesar de que Raquel ya era una mujer poco agraciada para el momento que se casó con Alfredo, durante el embarazo sufrió de algunas transformaciones que la hicieron ponerse aún peor de lo que ya se veía. Comenzó a engordar descontroladamente, le empezaron a salir manchas en la cara y comenzó a salirle verrugas en algunas partes del cuerpo. Pero la del labio superior de la boca ya la tenía para el momento que conoció a Alfredo, cosa que él al día siguiente después de haber amanecido con ella en aquel hotel, no comprendía cómo había podido estar con ella cuando la vio al despertar.
Pero cómo siempre Alfredo fue un bohemio que sólo pensaba en si mismo, en su música y en el sueño de que algún día iba a llegar a ser famoso, él se apoyaba en ella mientras vivía a su manera y Raquel le soportaba todo puesto que prefería eso a que él la dejara.
- ¿Entonces no te vas a levantar? Por favor Alfredo no puedo llegar tarde al trabajo, recuerda que sólo dependemos de lo que yo gano para poder comer. Porque de esto seguir así entonces tendrás que salir a buscar trabajo donde te paguen un sueldo digno para ayudarme con todos los gastos.
- Pues sabes perfectamente que en estos momentos no puedo ir a buscar trabajo porque estoy tratando de lograr que me contraten en una disquera donde puedan hacerme un contrato y volverme famoso. Te imaginas? Mi nombre en letras gigantes en el escenario, “Alfredo Belandria” es allí cuando te vas a dar cuenta que todo el sacrificio que estás haciendo trabajando duro apoyándome, después va a valer la pena.
Raquel sólo miraba al techo como si ya estuviera obstinada de escuchar la misma historia.
- Todo eso está muy bien pero necesito que te levantes para que lleves a Gabriela al colegio.
- Está bien la voy a llevar al colegio, pero mínimo prepárame el desayuno.
- Ya el desayuno te lo dejé servido. Me tengo que ir porque tengo que tomar el metro a ver si puedo llegar a tiempo. Cuídate mucho mi amor, papi te va a llevar al colegio, yo te voy a buscar cuando salga del trabajo. (Le dijo Raquel a su hija mientras le daba un beso. Luego se acercó a Alfredo para besarlo y este inmediatamente volteó la cara mientras le decía):
- Ni se te ocurra darme un beso con esa verruga asquerosa que no has querido mandarte a quitar.
Raquel sólo tragaba grueso y callaba, sentía miedo, vergüenza y al mismo tiempo rabia de no verse atractiva para poder agradar a Alfredo. Cada día se acomplejaba más y por esa razón no le provocaba arreglarse porque sabía que con la gordura que tenía y esa verruga en su boca, era razón más que suficiente para no tener el deseo de mejorar por lo menos su manera de vestir porque aunque se vistiera con un traje de la mejor firma, igualmente no le iba a lucir con la gordura y la verruga que le hacían estragos cada vez que se miraba al espejo.
Tristemente Alfredo solo se aprovechaba de la inseguridad que tenía de sí misma, porque de esa forma la manipulaba a su antojo. Siempre la amenazaba con dejarla si no lo ayudaba económicamente y Raquel prefería hacer cualquier tipo de sacrificio con tal de que Alfredo permaneciera a su lado aunque jamás la tocaba. En realidad era un matrimonio de apariencias, como si hubiera comparado un esposo, pero nunca recibía el más mínimo respeto o consideración por parte de él.
En realidad lo único que los unía era Gabrielita, que fue una niña que nació producto de una noche de copas de la que Alfredo no recordaba absolutamente nada.
Ya se le había hecho tarde, así que Raquel salió de su casa de prisa rumbo a su trabajo en la clínica, ella tenía el puesto de analista del departamento de admisión de una de las clínicas más importantes de la ciudad. Tenía muchos años trabajando allí, era una de las trabajadoras más responsables en su área de trabajo, habían tres analistas incluyéndola a ella, una de sus compañeras de trabajo era muy cercana a Raquel, se llamaba Ana, era una joven muy trabajadora y responsable al igual que Raquel, pero con la diferencia que era soltera, vivía en una residencia donde tenía rentada una habitación muy pequeña, no tenía familia, estaba prácticamente sola en el mundo, pero se tenía a si misma para trabajar y salir adelante. Le tenía mucho cariño a Raquel, le daba mucha tristeza que siempre la gente le hiciera bullying, especialmente en su sitio de trabajo. La otra compañera era Shasa Blondet, era una joven al igual que Ana pero con la diferencia de que tenía una personalidad mucho más fuerte, era una mujer ambiciosa, caprichosa y calculadora, ella se creía mejor que todo el mundo, vivía una vida totalmente desproporcionada a la realidad que tenía, porque aparentaba tener dinero, posición, cuando en realidad sólo dependía de su sueldo. Se ayudaba con un dinero extra, porque cuando salía con alguien siempre trataba de sacarle provecho a la salida. Le gustaba mucho el dinero, el lujo y la comodidad, era por esa razón que hacía cualquier cosa que estuviera a su alcance para lograr lo que se proponía, justamente estaba detrás del puesto de coordinadora del departamento de admisión, pero en la clínica la que más merecía tener ese puesto era Raquel, puesto que en todos los años que tenía trabajando en la clínica, ella había demostrado ser una excelente empleada, a diferencia de Sasha que no estaba preparada para el cargo. Pero lamentablemente Raquel no solo recibía bullyng por parte de Alfredo su esposo, sino también de la gente que la rodeaba, especialmente en su sitio de trabajo, lo que hacía que no pensaran en ella para el puesto de Coordinadora por más que lo mereciera y todo debido a su aspecto físico.
Los comentarios de las demás personas, hacían que Raquel se sintiera cada vez más insegura y por esa razón tenía tan baja autoestima. Ella no creía ser merecedora de ser feliz, es por esa razón que se conformaba siempre con muy poco, hasta el punto de soportar los maltratos y humillaciones que le hacía Alfredo.
Ya Raquel había llegado a la clínica como todos los días, aunque ese día llegó más tarde que nunca, se sentía muy contrariada, siempre sentía que todo le salía mal, especialmente cada vez que discutía con Alfredo. Cada insulto que él le daba la desgastada emocionalmente, era una relación que no la hacía para nada feliz, sin embargo prefería esa tortura de estar al lado de un hombre que no la amaba, con tal de no quedarse sola y terminar en la más inmensa de las soledades.
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Pendientes con el siguiente capítulo
Aprovecho para dar las gracias por elegir leer esta historia, espero les guste y de alguna manera sirva de reflexión de vida para las mujeres que se sientan identificadas con Raquel. Debo aclarar que la historia está en emisión, por lo tanto trato en la medida de mis posibilidades de actualizar un capítulo todos los días para que el lector no pierda la secuencia de la misma.
Muchas gracias a todos.
La autora
Dayanaclavor 💋
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