IX

Chari apretó la mano de su guardia cuando se dio cuenta de que ya no podía seguirle el paso; el kimono y los zouri no le permitían correr bien, hacían que se exigiera aún más para seguirle el paso.

—Shun, para. —jadeó—. No puedo seguirte el paso con el kimono de mierda —la guardia le obedeció y se detuvo, miró a su alrededor recuperando el aliento; aún no había comenzado la guerra entre el pueblo y los soldados, aún estaban a tiempo de huir de allí seguros. En cuanto se recuperó, Shun alzó en su hombro a la princesa y echó a correr nuevamente.

De repente, un relámpago iluminó el camino, que se oscurecía cada vez más, seguido a eso, comenzó a lloviznar. Shun maldijo en su mente mientras corría; debían escapar rápido de todo aquello. La lluvia y el barro que se formaría con esta solo le dificultarían las cosas. Las haría más lentas. Escucharon gritos a sus espaldas, Chari miró hacia atrás, no podía ver absolutamente nada, ya que estaban saliendo, por fin, del pueblo. Shun se adentró en el bosque y corrió hasta asegurarse de que se encontraban lo suficientemente lejos para no ser vistas por los soldados.

Bajó a la princesa y miró a su alrededor intentando recuperar el aliento. Chari la miró unos instantes, para luego mirar a su alrededor; estaban realmente lejos, ya no escuchaba el sonido del pueblo, solo podía oír las gotas de lluvia golpetear en las hojas de los árboles. Nuevamente la había salvado del peligro.

—Vamos, tenemos que buscar un refugio. —dijo Shun una vez recuperada—. No puedes seguir mojándote así —la alzó en su hombro nuevamente y hecho a caminar en busca de una cueva que les sirviera como refugio hasta que la lluvia cesara.

Las horas pasaron y la lluvia se transformó en una tormenta. Shun seguía buscando aquel refugio que parecía no existir en ningún lado. Suspiró frustrada, debía encontrar un lugar donde la princesa no terminase empapada, o al menos no siguiera estándolo.

Cuando el cielo empezó a aclararse un poco, Shun encontró a medio camino una cueva donde se podían quedar. Entró con algo de recelo, puesto que podría haber animales salvajes allí, bajó a la princesa con sumo cuidado, puesto que se encontraba dormida hacía horas y no quería despertarla. Aprovechando que entraba algo de luz, revisó la cueva; no era muy profunda y parecía estar vacía, a excepción de algunos insectos y arañas. Volvió con Chari, que seguía dormida. La guardia notó que ésta tiritaba levemente, así que decidió quitarse la parte superior de la armadura y, aprovechando que esta protegía su ropa de la lluvia, se quitó el shitagi, que se encontraba seco, y la cubrió con él. Luego, salió a buscar ramas y unas cuantas piedras; tenía que hacer una fogata. Esperó un rato hasta que las piedras y las ramas se secasen para poder prenderlas.

Se sentó junto a la princesa y suspiró. Se percató que, luego de tanto correr, su venda se encontraba completamente impregnada en sudor, lo que le provocaba picazón. Se levantó y salió de la cueva, parándose justo debajo de la lluvia.

—¿Qué haces, Shun? —escuchó la voz adormilada de la princesa a sus espaldas, Shun se giró para mirarla—. Tu shitagi… —la guardia sonrió al notar que aún se encontraba adormilada, Chari desvió la mirada hacia la armadura tirada en el suelo—. Tu armadura… —sin perder la sonrisa, Shun volvió a meterse en la cueva.

—¿Tienes frío? En cuanto se sequen las ramas, prenderé la fogata. —se puso en cuclillas frente a ella—. Tu kimono está empapado, el shitagi te quedará grande, puedes utilizarlo mientras se seca tu ropa. La pondremos a secar sobre mi armadura —la princesa asintió, pero no se movió de donde se encontraba, la guardia tanteó las ramas, no estaban secas del todo, pero tal vez prenderían.

Arregló las rocas, separando dos, colocó las ramas, para luego intentar encenderlas. Luego de unos cuantos intentos, logró prender la fogata y colocó cerca del fuego su armadura.

—Puedes colocar tu kimono aquí, se ensuciará un poco, pero estará seco. —Chari asintió y se levantó de donde se encontraba, le extendió el shitagi a Shun, la cual se giró ni bien tomó la prenda.

—Dame el shitagi, Shun. —sin esperar que su guardia se lo extendiera, ella se acercó y se lo quitó, se lo puso, para luego cruzarlo sobre su cuerpo—. Tenías razón, me queda grande —su guardia se giró para mirarla; la prenda le lucía como un kimono, pero más corto, como si fuese la ropa que utilizaban las niñas pequeñas.

—Si lo dejas así, se abrirá. —dijo Shun más para sí misma que para Chari. Tomó el uwa-obi, se acercó a ella y, evitando que cuando ella soltara la prenda esta se abriese, lo ató a su cintura—. ¿Mejor? —la miró.

—Sí, gracias. —sonrió—. ¿Tú no tienes frío? Has estado bajo la lluvia —la guardia negó con la cabeza.

—No tienes que preocuparte. —se sentó en el suelo—. Siéntate —la invitó, su protegida se sentó, pero, al instante, se estremeció completamente.

­—Está frío. —musitó al tocar el suelo, Shun la miró sin mucha idea de que podría hacer—. Deja que me siente en tu regazo, por favor.

—¿Qué? —sintió sus mejillas arder.

—Que me dejes sentarme en tu regazo. El suelo esta frío, mi ropa mojada y no hay más que pueda utilizar para sentarme. —Shun se mordisqueó el labio inferior, para luego acceder. Cruzó sus piernas y dio unos golpecitos en estas para que la princesa se sentase—. Gracias —le sonrió acomodándose.

—No debes agradecer —contestó sin dirigirle la mirada; se sentía demasiado avergonzada, no sabía dónde mirar o dónde poner sus manos. No quería hacer sentir incómoda a la princesa colocando sus manos en sus piernas o en su cintura. De repente, sintió como Chari acomodaba su cabeza en su hombro; Shun intentaba por todos los medios controlarse, controlar su mente y su forma de actuar. Debía comportarse como si no le sucediera nada cuando su protegida se encontraba tan cerca de ella.

De pronto, un fuerte viento frío sopló entrando a la cueva, casi logrando apagar la fogata que Shun había conseguido encender y provocando que Chari se estremeciera. Al notar esto, la guardia la abrazó instintivamente, intentando protegerla del viento.

—Mierda, que frío hace de repente —masculló pegándose al cuerpo de su guardia. Shun se giró hacia el interior de la cueva para protegerla del viento hasta que éste cesara. La princesa levantó la vista hacia ella y se acurrucó más; por alguna razón, se sentía realmente segura con ella, dejando completamente de lado que era su guardia y su trabajo era protegerla. Nunca se había sentido de esa manera con nadie.

—¿Aún sientes frío? —le preguntó sin apartarse ni un centímetro para mirarla, Chari simplemente asintió en completo silencio. Volvió a acurrucarse más contra ella, logrando hacerse pequeña.

Se quedaron un rato en la misma posición, Shun intentaba protegerla del frío, mientras Chari simplemente se quedaba acurrucada en su pecho. Ambas ya habían cerrado sus ojos, completamente sosegadas. La guardia estaba a punto de dormirse bajo la atenta mirada de su protegida. Ésta, con una sonrisa, llevó su mano hacia su rostro y lo acarició cariñosamente, Shun se percató de esto, pero no tenía las ganas ni la fuerza para abrir los ojos, simplemente dejó que la princesa la acariciara hasta que se quedó dormida.

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La tormenta cesó por la noche, pero el cielo seguía amenazando con seguir lloviendo. Shun decidió ir a buscar algo de comida y algunas ramas más para avivar el fuego. Dado que la princesa ya tenía su kimono puesto, ella tenía su shitagi de vuelta. Se colocó la armadura y ató su katana a su cintura, para luego tomar su tantou; miró el arma unos instantes, pensando en que dejaría a su protegida sola por, por lo menos, una hora.

—Ten. —giró el arma, tomándola por su funda y se la extendió—. Si hay problemas mientras no estoy, úsala —Chari la miró.

—¿A dónde vas? —tomó el arma y la colocó en su regazo.

—Buscaré que comer, no hemos comido nada en todo el día. —se puso en cuclillas frente a ella—. No te preocupes, princesa, intentaré no tardarme mucho —le sonrió, Chari abrió la boca para reprocharle que la volvía a llamar princesa, pero antes de que pudiera decir algo, su guardia se levantó y salió de la cueva.

Chari miró el tantou que le habían dejado y soltó un pequeño suspiro. No le agradaba quedarse en ese lugar sola, tampoco le agradaba la idea de que Shun hubiera salido cuando ya había oscurecido. Se abrazó a sus piernas, dejando el tantou a su lado, desvió la mirada hacia el fuego y simplemente se centró en mirarlo, casi hipnotizada. De aquella manera, no se dio cuenta cuando Shun volvió a la cueva cargando en sus espaldas a un joven jabalí muerto.

—¿Te encuentras bien, Chari? —inquirió la guardia dejando su presa a un costado, la nombrada parpadeó un par de veces desviando la mirada hacía ella.

—Has vuelto rápido —para la princesa habían sido un par de minutos, no más, pero, realmente, Shun había pasado poco más de una hora fuera.

—Me he tardado un poco en encontrar a un jabalí y luego me tardé otro poco en lograr cazarlo. —dijo levantándose y tomando unas ramas que había traído consigo junto con el animal—. Debo despellejarlo, no tardaré mucho. Pronto cenaremos —tomó el tantou que la princesa había dejado a su lado y comenzó a quitarle la piel al jabato muerto.

Después de su cena, ambos se pararon en la entrada de la cueva y miraron hacia la oscuridad. Chari soltó un suspiro, para luego tomarse del brazo de su escolta. Ésta la miró con un dejo de preocupación.

—¿Sucede algo? —la princesa negó con la cabeza—. ¿Extrañas el palacio? —volvió a negar en silencio.

Shun hizo que soltase su brazo suavemente, para luego cruzarlo por sus hombros; otra vez sentía sus mejillas arder, pero lo ignoró. Luego de casi dos semanas en camino, se sentía con confianza para abrazarla de aquella manera.

De repente, un relámpago las iluminó durante unos segundos. Al instante, una llovizna comenzó a caer, convirtiéndose rápidamente en una tormenta. Ambas volvieron a acercarse al fuego, para evitar mojarse con la lluvia que caía.

—¿Cuánto tardaremos en llegar a Suruga? —preguntó la princesa volviéndose hacia ella, Shun sacó su mapa, lo abrió y lo miró.

—Si no me fallan los cálculos… Dos semanas. —se giró hacia la entrada de la cueva cuando un trueno resonó—. Con la lluvia, tardaremos un poco más. —volvió a mirarla—. No parece que parará pronto —su protegida asintió; parecía un poco más animada al saber que su llegada a Suruga se retrasaría un poco más gracias a las tormentas y a que Shun no quería que se mojase.

—No debería dejar de llover en un mes al menos —contestó cruzándose de brazos, Shun esbozó una sonrisa; realmente se le antojaba gracioso y tierno cuando la princesa se comportaba de esa manera.

—Aunque lloviese un mes, al final de la tormenta deberé llevarte hasta Suruga. —la princesa infló los cachete haciendo una expresión infantil de capricho, cosa que hizo que la sonrisa de la guardia se ampliara más—. Eres tan bonita… —se sobresaltó al darse cuenta de lo que había dicho, su rostro se enrojeció completamente, al igual que el de la princesa.

Se preguntó en qué estaba pensando para soltar aquello. ¿Por qué de repente su inconsciente la traicionaba y la hacía soltar algo como eso? Bajó la mirada luego de ver la expresión de la princesa, que vacilaba entre la vergüenza y la sorpresa.

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Comments

Yuki-lee

Yuki-lee

Capitulo muy muy lindo lleno de emocion romance y esa última escena que da comienzo a un posible entre las protagonistas

2024-09-21

2

Lili Chacon Ribon

Lili Chacon Ribon

si k es fuerte Shun,cagar ala princesa y un jabali

2021-12-31

3

Will uwu

Will uwu

se le escapó a Shun jaja. me encantó el capítulo :D💗

2021-03-27

1

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