Chari le acarició el cabello, humedeciéndolo y despeinándola un poco. Le dedicó una pequeña sonrisa, para luego darle un corto beso en los labios, haciendo que Shun volviera del transe en el que se encontraba desde hacía un rato; ya se le había hecho costumbre quedarse completamente embobada mirándola como si no existiese nada más en el mundo.
—Creo que sería mejor que nos apresuremos para continuar camino —dijo la guardia con la esperanza de que su protegida se negara; realmente no tenía muchas ganas de soltarla.
—¿Tenemos que hacerlo? —le hizo un pequeño puchero, Shun negó con la cabeza con una sonrisa de satisfacción por la respuesta que había recibido, para luego besarla.
Se pasaron unas cuantas horas en el agua, jugueteando y besándose cada vez que se acercaban. Después, ambas salieron, se vistieron y se sentaron en la orilla, aunque no permanecieron mucho tiempo allí, dado que estaba atardeciendo. Se dispusieron a buscar alguna cueva que las protegiera del frío de la noche, el rocío y el viento. Comenzaron a alejarse del río en dirección al camino que debían seguir desde un principio. Mientras buscaban un refugio, Shun juntaba ramas para la fogata.
Entrada la noche, encontraron una cueva, ya se encontraban bastante cansadas, por lo cual, ambas entraron rápidamente. Chari se sentó en el suelo soltando un suspiro de cansancio. Por su parte, Shun dejó las ramas a un lado, para luego preparar la fogata y encenderla. Cuando terminó, se sentó junto a la princesa, cruzando uno de sus brazos alrededor de su cintura atrayéndola un poco hacia ella, Chari solo sonrió tomando su mano. Miraron el fuego en silencio unos instantes; la princesa disfrutaba del rato con su guardia, mientras ésta se dedicaba a recordar cuando estaban en el río. La sensación que había sentido al tenerla pegada a su cuerpo. Sintió nuevamente el calor de antes concentrado en su rostro. De repente, Chari levantó la mirada hacia Shun, notando que su rostro se encontraba sonrojado y tenía una mueca que no sabía identificar. Se acercó más a ella y posó una mano en su mejilla algo preocupada.
—¿Te encuentras bien? —inquirió llamando su atención, la guardia la miró sintiéndose un poco avergonzada por lo que estaba pensando.
—S-sí. —tartamudeó—. Sí, estoy bien —repitió intentando sonar convincente, pero no lo logró. La princesa la examinó con la mirada.
—¿En qué piensas?
—No puedo decirte. —desvió la mirada, la princesa infló las mejillas a modo de berrinche. La guardia la miró de reojo esbozando una pequeña sonrisa—. Eres demasiado linda cuando pones esa cara. —le acarició la mejilla, para luego besarle en la frente—. Lo siento, Chari, pero no puedo decirte. —desvió la mirada—. Al menos no ahora.
—Está bien, pero que no se te olvide, realmente quiero saber —contestó aun haciendo su puchero, Shun sonrió y besó la frente de nuevo, provocando que la princesa sonriera también.
Volvieron a quedarse en silencio, esta vez mirándose con una sonrisa en el rostro. Chari tomó la mano de Shun (que aún no había apartado de su mejilla), la apartó y entrelazó sus dedos, apretándola levemente. La guardia besó el dorso de la mano contraria, para luego acariciarla con el pulgar. Su pequeña calma fue interrumpida de repente con un fuerte trueno. Ambas se giraron rápidamente hacia la entrada de la cueva. Aún no llovía, pero seguramente lo haría pronto.
—Al menos estaremos resguardadas —comentó la guardia con la mirada en la entrada, aunque no duró mucho allí, ya que su protegida soltó su mano, para posarla en su mejilla. Cuando su guardia se volvió hacia ella, la besó. Shun correspondió al instante, volviendo a deslizar sus manos por su cintura.
—Quítate la armadura —le pidió la princesa separándose unos instantes de ella, su guardia simplemente asintió, se apartó y se quitó rápidamente la armadura. Luego volvió a sentarse. La princesa le dedicó una pequeña sonrisa, para luego volver a besarla. Shun no perdió el tiempo, la tomó de la cintura y la sentó en sus piernas. Por su parte, Chari cruzó sus brazos alrededor del cuello de su guardia.
El beso se intensificaba de a poco. Nuevamente sentían aquella sensación de calor en sus cuerpos. Shun la acercó más, pegándola contra su cuerpo, aferrando un poco su ropa, desarreglándola un poco con la intención de quitarla del medio. Como la vez anterior, la guardia metió su lengua en la boca de la princesa, haciendo que esta se sonrojase.
El obi de la princesa comenzó a ceder a los pequeños tirones de la guardia, desajustándose un poco dejando que el kimono de la princesa se pudiera abrir cómodamente, pero Chari se lo impidió, se separó del beso y un poco del cuerpo de Shun, quien la miró unos instantes; seguramente no debía haber hecho eso. Tal vez la había hecho enfadar con lo que quería hacer.
—Lo sien…
—N-no te preocupes, Shun. —la interrumpió dedicándole una pequeña sonrisa avergonzada—. A-aún no, esperemos a llegar al pueblo, ¿sí? —comenzó a arreglarse el kimono, su guardia solo asintió soltando un pequeño suspiro—. L-lamento hacerte esperar.
—No importa. —le dedicó una pequeña sonrisa—. Solo necesito calmarme —le acarició la mejilla—. Será mejor que nos acostemos —comentó bajándola de su regazo y acomodándola suavemente frente a ella, su protegida solo asintió. Ambas se recostaron junto a la fogata, Shun rodeaba la cintura de la princesa con uno de sus brazos.
De nuevo permanecieron en silencio otro rato, Chari se dedicaba a mirar el fuego, mientras que su guardia se dedicaba a mirarla y a tamborilear con los dedos sobre la cintura de su protegida. Ambas sentían aún aquella sensación de calor en el cuerpo. Shun sentía que su cuerpo temblaba, mientras que Chari sentía que se le salía el corazón del pecho. La guardia soltó un suspiro pesado, acercó a la princesa y ocultó el rostro entre el hombro y el cuello de la contraria, haciendo que su protegida se estremeciera cada vez que sentía su respiración.
—Me haces cosquillas. —dijo sonriendo mientras que le acariciaba el cabello, lejos de querer alejarse, Shun la abrazó aún más—. Shun… —susurró la princesa apartándola un poco de ella haciendo que la mirase.
—¿Qué sucede? —inquirió recibiendo un corto beso como respuesta, sonrió instantáneamente. Su protegida le acarició la mejilla con suavidad, colocándose boca arriba. Se miraron unos instantes en silencio como si fuera la primera vez que se veían.
Su silencio se vio interrumpido nuevamente por una tormenta que comenzó a caer en ese momento. Ambas se distrajeron con el sonido de la lluvia que caía copiosamente fuera de la cueva.
—Parece que tendremos que esperar de nuevo a que la lluvia nos deje avanzar —comentó la guardia mirando la entrada de la cueva, Chari solo se encogió de hombros, sabiendo que su escolta no la miraba; realmente no le importaba esperar un poco más hasta llegar al próximo pueblo.
Llegar al siguiente pueblo significaba que su viaje estaba a punto de terminar y que debía cumplir la orden de su padre. Se abrazó a Shun, hundiendo su rostro en su pecho, sintió que le acariciaban el cabello, haciendo que se relajase completamente.
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Chari despertó sintiendo que su guardia se apartaba de ella. Abrió los ojos un poco desorientada; no tenía idea de si ya era de día. Shun se acercó a la entrada de la cueva y miró hacia afuera. La princesa se levantó de donde se encontraba con cierta modorra y se acercó a ella, abrazándola por la espalda.
—¿Qué haces despierta? —le preguntó la escolta tomando sus manos.
—Lo mismo pregunto yo. —recostó su cabeza en su espalda—. ¿No puedes dormir?
—No. —soltó un pequeño suspiro—. Luego de que te quedaste dormida, comencé a pensar en mi madre y mi hermano —miró la lluvia caer.
—¿Los extrañas? —Shun asintió sin saber si la princesa la miraba o no—. Ahora estás más lejos de ellos por cumplir tu misión; por ser mi niñera —la guardia apartó las manos de su protegida, se giró y la miró tomándola de las mejillas.
—Es mi trabajo después de todo. —le acarició la mejilla cariñosamente—. Me alegra poder estar contigo ahora mismo, conocerte mejor, como lo estoy haciendo ahora. —la princesa la miró sin siquiera pestañar, Shun sonrió acortando la distancia entre ellas—. Los extraño, pero, si volviera ahora, te extrañaría a ti —dicho esto, le dio un corto beso, la princesa le sonrió tomando sus manos.
—Luego de casarme, te enviaré de nuevo a Dewa. —Shun no pudo reprimir una mueca—. Lo siento…
—No importa. —le besó en la mejilla, para luego sonreírle—. Vamos princesa, debemos dormir un poco —la tomó en brazos y volvió hasta el lugar donde se habían acostado antes.
Acostó a su protegida con sumo cuidado y se acostó a su lado, rodeando su cintura con su brazo. Nuevamente, la princesa se acurrucó contra su guardia, hundiendo su cara en su pecho. Ambas se quedaron dormidas rápidamente.
Cuando Chari despertó por la mañana, se encontró sola en la cueva. Buscó a su guardia con la mirada, pero no la encontró por ningún lado, solo pudo ver el tantou perteneciente a Shun y su armadura en el suelo. Se restregó los ojos somnolienta, para luego levantarse de donde estaba y acercarse a la entrada. Aún llovía a cántaros, cosa que la preocupó un poco. Se acercó a la fogata casi extinta, tomo unas cuantas ramas que había dejado Shun el día anterior y las colocó en la fogata para reavivar el fuego.
Una hora después, Shun llegó a la cueva cargando el cuerpo de un jabalí en el hombro y el de un jabato en la mano. Dejó los cuerpos a un lado y desvió la mirada hacia su protegida, dedicándole una pequeña sonrisa.
—Estás empapada, Shun. —la princesa se levantó rápidamente y se acercó a ella—. ¿Por qué no esperaste a que dejase de llover? Ahora estás empapada. —la regañó tomándola del brazo, para luego llevarla hasta la fogata—. Desvístete, hay que poner a secar tu ropa —se quitó el abrigo que traía y se lo dio—. Ponte esto mientras tu ropa se seca.
Shun la miró unos instantes sin pronunciar palabra, pero, finalmente, decidió obedecerle. Se quitó la ropa y se la extendió a la princesa que se dispuso a colgar en unas ramas cerca del fuego mientras que Shun se calzaba el abrigo, que le quedaba algo pequeño, pero le servía para taparse mientras.
Mientras Shun se ocupaba de despellejar a los jabalíes y colocaba uno en el fuego, Chari se ocupaba tanto de revisar la ropa de su guardia, como de la carne que estaban cocinando. Luego de comer lo que había cazado Shun, se sentaron frente al fuego en silencio. Como siempre, la guardia rodeaba la cintura a su protegida con uno de sus brazos, manteniéndola prácticamente pegada a ella. Por su parte, Chari simplemente la abrazaba pensando en cuanto extrañaría aquel momento cuando tuviera que casarse con Kokugawa; cuando por fin tuviera que cumplir con el mandato de su padre.
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