III

Chari seguía a Sugano con la mirada mientras ella hablaba de quien sabe qué. Realmente tenía el cerebro completamente anulado a lo que ella decía, solo podía pensar en que al otro día comenzaría su viaje hacia su castigo. Asintió ante lo que ella creyó que era una pregunta por parte de la concubina. De repente, por su mente pasó Shun, que la esperaba fuera a que terminase su clase; él era una buena compañía lo que quedaba de su encierro en el palacio y lo sería durante el viaje. Realmente se sentía aliviada de que su padre lo asignara para acompañarla hasta Suruga. Miró hacia la puerta unos instantes, casi podía ver a Shun sentado en el suelo, con la cabeza a gachas y los brazos cruzados, con su rostro casi inexpresivo.

—Princesa —Sugano golpeó el kotatsu haciendo que la princesa se sobresaltara.

—¿Q-qué sucede? —tartamudeó abandonando sus pensamientos por completo.

—No estaba escuchando. —Sugano soltó un suspiro pesado—. Debe aprender a atender a su futuro esposo —Chari puso los ojos en blanco; realmente no quería saber nada sobre su futuro esposo.

—No me interesa saber cómo atender a un hombre y menos a un idiota con el que estoy condenada a casarme —espetó cruzándose de brazos.

—No tiene remedio, princesa. —la mujer volvió a suspirar—. Terminamos por hoy —concluyó

liberando a la princesa, quien se levantó rápidamente y salió del cuarto.

Le dedicó una mirada a Shun seguida de una pequeña sonrisa, él se levantó rápidamente, dispuesto a seguirla. Ambos se dirigieron apresuradamente a la sala; antes de que Chari tuviera su clase, había decidido que le daría clases nuevamente a su guardia. Una manera de distraerse de todo aquel asunto de su viaje y su casamiento. Además, realmente le comenzaba a agradar bastante poder hablar con alguien.

Una vez en la sala, ambos se sentaron con un libro entre ellos. Ella comenzó con la clase, pero Shun no se podía concentrar. Por alguna razón, comenzaba a sentirse algo incómodo con la cercanía que tenía con la princesa.

—No debería estar tan cerca de ella. —pensó desviando la mirada del libro que tenían entre ellos—. Me castigarán por hacer esto —soltó un suspiro sin percatarse de ello, Chari levantó la mirada rápidamente hacia él.

—¿Sucede algo? —preguntó, Shun la miró, sintiéndose avergonzado al instante—. ¿No entiendes algo? —negó con la cabeza; no quería decirle que ni siquiera le estaba prestando atención, seguramente eso la haría enfadar.

—Lo siento, princesa. —se limitó a decir—. ¿Le molestaría comenzar de nuevo? —Chari asintió, comenzando nuevamente. Mientras, Shun intentaba por todos los medios concentrar su mente en lo que estaba haciendo.

Luego de un par de horas en la sala, Chari decidió que era suficiente. Dejó el libro y miró unos instantes hacia afuera, para luego soltar un suspiro; ese sería su último día en el palacio. No era como si fuera a extrañar mucho aquel lugar que la había mantenido alejada del resto de la sociedad, pero, como fuere, era su hogar. El lugar donde había nacido y crecido. Sin contar que era el lugar que la mantenía alejada de su futuro marido. Shun la miró de reojo unos instantes, pero luego bajó la cabeza, intentando evitar que la princesa se diera cuenta.

Finalmente, ella se levantó y lo miró, Shun no tardó ni un segundo en levantarse también, clavando su mirada en el suelo. Chari subió las escaleras y se dirigió rápidamente a su habitación. Cuando ella entró, Shun rápidamente se sentó a un lado de la puerta.

—Sakine, ven. —no recibió respuesta—. Sakine, —lo volvió a llamar—, ven entra.

—No está bien que yo esté en su cuarto, princesa.

—Mantendremos la puerta abierta para que no piensen cosas extrañas. Ven, es una orden —Shun soltó un suspiro, sabiendo que no tenía más remedio que obedecer. Se levantó y, sin más opción, entró al cuarto. Chari le sonrió satisfecha, provocando que su guardia desviara la mirada de su rostro. Ambos se sentaron uno frente al otro, él no podía despegar la mirada del piso, mientras que ella lo miraba intentando descifrarlo.

—Esto es inapropiado, princesa.

—No lo es si solo somos amigos. No sucederá nada —le sonrió.

—Está bien. —suspiró resignado a ignorar el posible castigo que le vendría luego de que lo vieran allí—. ¿Entusiasmada por salir? —Chari le lanzó una mirada de desagrado.

—Ni lo menciones. —se cruzó de brazos—. No quiero irme.

—Debe hacerlo. —nuevamente le lanzó la misma mirada—. Es la orden de su padre —esta vez

musitó.

—Lo sé, lo sé, no tienes que recordármelo. —soltó un bufido—. A ti se te da bien eso de seguir órdenes, no me has dejado sola ni un segundo desde que te asignaron como mi niñero —Shun asintió.

—Es parte de mi trabajo obedecer órdenes. —levantó la mirada hacia ella—. No creo que sea malo casarse con el señor Kokugawa —Chari puso los ojos en blanco; sea bueno o malo casarse con él, no quería hacerlo, no quería ser obligada a algo así.

—Al menos te tendré a ti para que me acompañes —sonrió, haciendo que su guardia no pudiera despegar la vista de su sonrisa—. No me gustaría estar sola allí, sería realmente aburrido.

Ambos se quedaron callados unos instantes, Chari bajó la mirada hacia sus manos, mientras que Shun no podía apartar la mirada de ella. Luego de unos instantes desvió la mirada de su rostro; no tenía permitido mirar así a la princesa. No debía quedarse mirándola tan fijamente, después de todo era su superior, la hija del Emperador, quien podría matarlo si quisiera solo por aquello.

—Hoy es el último día que tengo aquí. —la princesa levantó la mirada—. Supongo que extrañaré estar aquí y ver la cara malhumorada de Sugano —soltó una pequeña risa triste, para luego soltar un suspiro.

—Seguramente vuelva al palacio cuando su futuro esposo deba tomar el lugar de su padre —no era algo que animara realmente a la princesa, pero Shun no tenía mucha idea de que decir en ese momento para que no se encontrara así.

Posó de repente su mirada en las manos de ella, pensando en tomar una, movió su mano derecha por su rodilla, pero se arrepintió de aquella idea. Tamborileó los dedos en su rodilla algo nervioso.

—¿Te encuentras bien? —Chari colocó una mano sobre la de Shun.

—Mierda… —pensó Shun, sintiéndose aún más nervioso. Comenzó a mordisquearse el labio agachando más su cabeza.

—¿Sakine? —preguntó, él negó rápidamente con la cabeza, apartó la mano y se levantó.

—Pronto vendrán a buscarla para ir a cenar, yo no debería estar aquí —dicho esto, salió de la habitación y se sentó junto a la puerta. Chari se quedó unos instantes inmóvil en su habitación sin entender que acababa de sucederle a su guardia. Finalmente, decidió no prestarle mucha atención, se limitó a levantarse y cerrar la puerta.

Unos cuantos minutos después, tal como había predicho Shun, una de las concubinas fue a buscar a Chari para llevarla a cenar con su padre. Como ya era costumbre, Shun fue detrás de la princesa, haciendo que ella se girara cada que podía para mirarlo; se sentía intrigada por la reacción de su guardia.

Luego de la cena, Chari se dirigió hacia su cuarto. Él se sentó fuera de este y bajó la cabeza. Por su lado, la joven se sentó en su futón y soltó un pequeño suspiro. Miró la puerta entreabierta; ¿debía preguntarle que le sucedía? Tal vez sería mala idea teniendo en cuenta como había reaccionado antes, pero la curiosidad por saber no la dejaría en paz. Se levantó y se sentó junto a la puerta entreabierta.

—Sakine, —lo llamó—, ¿puedo preguntar que te sucedió antes? —Shun, nervioso, guardó silencio.

—Si supiera lo nervioso que me he puesto cuando tocó mi mano, seguramente piense muy mal de mí —pensó agachando más la cabeza.

—Dime, no me molestaré. —no recibió respuesta—. Sakine. —insistió, nuevamente recibió silencio como respuesta—. ¿He dicho algo que te molestase? —Shun negó con la cabeza, sabiendo que ella no lo miraba—. Dime que sucede —insistió nuevamente.

—Lo siento, princesa, pero no puedo decirle —Chari se cruzó de brazos haciendo un pequeño puchero como si fuera una niña pequeña, pero terminó cediendo; ya no le preguntaría más, simplemente esperaría a que él mismo lo dijera. Decidió acostarse, se quitó su kimono y se colocó su yukata, para luego acostarse.

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Cuando el sol comenzó a caer, Chari supo que, pronto, irían a buscarla para emprender su viaje. Shun ya no se encontraba fuera de su cuarto vigilándola, puesto que estaba desde aquella mañana preparando las cosas que no pudo hacer antes por cuidarla. En su lugar, se encontraba la mano derecha de su padre, quien no le agradaba ni un poco. Soltó un suspiro pesado, mientras se asomaba a la ventana; lo único que veía desde allí era la parte trasera del jardín, pero le era suficiente para distraerse del movimiento de los sirvientes, concubinas y guardias.

Por otro lado, Shun se encontraba cargando en el palanquín los cofres que Sugano había llenado con las pertenencias de la princesa. Luego colocó un par de cofres que contenían provisiones para el viaje. Por último, cargó un cofre un poco más chico con sus cosas y las de los demás guardias. Una vez que todo estaba en la parte trasera del palanquín, Sugano se dirigió rápidamente al cuarto de Chari.

—Princesa, —la llamó entrando a la habitación sin siquiera pedir permiso—, ya es hora de su partida. —Chari, resignada, se acercó a ella y la siguió hasta el jardín, dónde se encontraba el palanquín, los guardias y los portadores, quienes se encargarían de llevar el palanquín todo el camino—. Su padre le desea un buen viaje —la princesa soltó un suspiro pesado; su padre no era capaz siquiera de dejar su trono para saludarla el día que se iba.

—Espero que lo sea —escupió las palabras al tiempo que Shun se acercaba a ella y le abría la portezuela, ella se subió e hizo una seña para que cerrase, así lo hizo su guardia.

Los portadores se colocaron un par delante y los otros dos detrás del palanquín, tomaron las manos de este y lo levantaron. Chari soltó un suspiro pesado y miró por la pequeña ventana, el vehículo se movía lentamente hacia lo que sería su castigo. Desvió la mirada hacia Shun, él caminaba junto a la portezuela con paso firme, como todos los guardias que daban vueltas por el palacio. Reparó en que se encontraba con la armadura completa y llevaba una katana en la cintura; la armadura lo hacía ver más grande de lo que era realmente y lo hacía ver como un verdadero guardia, no solo como su niñero.

De repente, se percató de que estaba a saliendo del jardín real. Estaba a punto de cruzar la muralla por primera vez en su vida, cosa que la distrajo completamente de sus pensamientos e hizo que se centrara completamente en el pueblo.

—Al menos podré ver lo que hay del otro lado; lo que me ha ocultado mi padre todos estos años —pensó asomándose, encontrándose con algunas tiendas y mucha gente pululando por el lugar.

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Comments

Yuki-lee

Yuki-lee

Un tercer capítulo muy interesante y entrigante junto a un acercamiento más íntimo de la princesa y su guardia que deje de ver un poco el interés entre las protagonistas veremos cómo se desarrolla el resto de la historia 9/10

2024-09-20

1

☆Nanu☆

☆Nanu☆

es muy interesante!! Diferente de lo que e leído antes tuyo, pero muy detallado y entretenido 😊💜

2022-07-22

3

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