Los días les había pasado como si fueran segundos, intentaron disfrutar todo el tiempo que habían tenido antes de continuar con su viaje. Shun se encontraba calzándose su armadura, mientras Chari la miraba desde el futón; ninguna de las dos estaba contenta de seguir camino. Cuando la guardia estuvo lista, dirigió la mirada hacia su protegida.
—Es hora. —dijo acercándose a la princesa, ella se levantó y la miró en silencio.
Shun llevó la mano a la mejilla de su protegida acariciándola con el pulgar. Chari se puso de puntas de pies, acercándose así al rostro de su guardia, para luego besarla, siendo correspondida al instante. Shun llevó la mano que tenía en su mejilla hacia su nuca, acariciando suavemente su cabello. Pronto se separaron y se miraron con
resignación.
—Será mejor que salgamos —la princesa asintió, separándose por completo.
Salieron de la posada en silencio, la guardia tomó de la mano rápidamente a Chari echando a caminar, la princesa la siguió sin muchas ganas. Shun desvió la mirada hacia ella, percatándose del poco ánimo de su protegida. Apretó levemente su mano, para luego detenerse, la más baja levantó la mirada hacia ella recibiendo un pequeño beso repentino, sonrió sin poder evitarlo.
—¿Vamos? —Chari asintió, reanudando la caminata.
Siguiendo las indicaciones de las personas del pueblo, lograron salir de este, comenzando a caminar los últimos kilómetros que les quedaban hasta llegar al bosque. La princesa soltó un suspiro pesado cuando comenzaron a alejarse del pueblo. Esta vez no se desviaron de la ruta que debían seguir, dado que era la recta final para llegar a destino y cumplir su misión. Luego de una hora, decidieron detenerse a descansar. Se sentaron al borde del camino, manteniéndose en silencio al principio, pero no pasó mucho hasta que se relajaron. Shun miró a la princesa, acercándose un poco a ella. Rozó su mano queriendo tomarla, pero no se animaba, no tan cerca de su destino.
—Pasando el río esto acabará. —dijo Chari recordando las indicaciones de uno de los habitantes del pueblo, el cual les había dicho que solo tardarían cuatro horas en llegar a Suruga y que lo sabrían cuando vieran el puente en el río.
La guardia se quedó muda; realmente no sabía que podría animarla. Decidió, entonces, tomarla del mentón y besarla. No fue un beso demasiado largo, pero fue suficiente para que la princesa no siguiera pensando en lo que quedaba, o al menos no demasiado.
Unos pocos minutos después, retomaron camino. Estaban un poco animadas, ahora hablaban de banalidades mientras que caminaban, o se reían cuando, cada tanto, Chari hacía que su guardia perdiera la seriedad. Por momentos, eran capaces de olvidarse de todo lo que vendría en cuanto llegaran a Suruga.
Mientras continuaban, Shun no dejaba de pensar en que, pronto, ya no podría dormir abrazada a ella, ni besarla; seguramente no podría acercarse más de la cuenta a Chari. Pensó en todos los días que pasaron juntas desde que decidieron ser una pareja, en los besos y abrazos que ya no se darían, en tomar su mano, que ahora temía tomar, dado a la cercanía con su destino.
—¿Te encuentras bien? —inquirió la princesa. Shun se detuvo en seco, haciendo que ella también lo hiciera—. ¿Sucede algo?
La guardia miró hacia ambos lados del camino, se acercó a ella, la cargó en su hombro y salió del sendero, metiéndose entre los árboles. Cuando se apartó lo suficiente, bajó a Chari y la puso contra un árbol. La princesa la miró sin entender que sucedía, pero no le importó cuando su guardia la tomó de las mejillas y la besó, la más baja correspondió al instante. Shun la besó desesperadamente, disfrutando del sabor de los labios de su protegida; disfrutando de su último beso. La tomó de la nuca con una de sus manos, mientras que con la otra la tomaba de la cintura. No podía sentir el cuerpo de su protegida contra el suyo por culpa de su armadura, cosa que molestaba a la escolta, pero no se podía sacar la armadura en aquel momento y tampoco se separaría del beso solo por ello. De repente, sentían el corazón acelerado y estaban agitadas, lo que hacía que se separaran unos breves instantes para tomar aire, pero no planeaban apartarse; o al menos Shun no planeaba apartarse de su princesa.
—Mi princesa… —susurró la escolta cuando se separaron unos instantes para tomar aire. Retomaron su beso, pero con la diferencia de que Chari no podía dejar de sonreír ante lo que había dicho su guardia, que no la dejaba concentrarse.
—Realmente me gusta que me digas así. —dijo algo agitada cuando volvió a separarse. Su guardia la miró en silencio, la princesa esbozó una pequeña sonrisa llevando sus manos hacia las mejillas de su guardia—. Es una especie de despedida, ¿verdad? —esta vez su sonrisa tenía un dejo de tristeza, Shun soltó un pequeño suspiro, para luego abrazarla.
—Será mejor volver al camino —hablaba contra el hombro de su protegida acercándola más; no tenía ninguna intención de querer soltarla.
Finalmente, luego de unos cuantos minutos, volvieron al camino. No estaban contentas de hacerlo, pero debían caminar los últimos kilómetros que les quedaban hasta Suruga.
Pronto, llegaron hasta el puente donde se detuvieron. Chari soltó un suspiro pesado desviando la mirada hacia su guardia, la cual se encontraba mirando fijamente el puente con el semblante serio. La princesa volvió a suspirar posando su mirada en el puente nuevamente, sabiendo lo que Shun pensaba, ya que ella pensaba en que no estaba lista para separarse. De repente, la guardia comenzó a caminar nuevamente, haciendo que la princesa
la siguiese. Shun ya comenzaba a retomar su papel de guardia, a mentalizarse que debía mantener la distancia de su protegida.
Aún no alcanzaban la mitad del puente cuando lograron visualizar la entrada de Suruga. La princesa se detuvo en seco, quedándose unos cuantos pasos más atrás de Shun. Creía que estaba lista para dejar todo atrás, dejar a Shun atrás, pero ahora, a tan solo unos pasos del pueblo, no estaba tan segura de aquello. Se apresuró a alcanzar a Shun, la tomó de la mano deteniéndola. La guardia se giró para mirarla, tenía el semblante tan serio como el día en que la designaron para que fuera su escolta personal.
—¿Qué sucede, princesa? —inquirió.
—¿Estás lista para esto?
—Estoy listo para terminar con esto. —la princesa la miró en silencio percatándose de que ya había asumido su papel y que debían separarse—. Debemos continuar princesa —se dispuso a seguir caminando, pero la nombrada la detuvo nuevamente. Al girarse, fue sorprendida por un beso de su protegida. Su primer pensamiento fue alejarla, pero lo apartó cuando sintió las lágrimas de Chari llegar hasta sus labios.
—No me será fácil volver a lo que éramos antes. —dijo cuando se separaron, Shun se limitó a secarle las lágrimas—. O-odio que tengamos que separarnos y que tengas que actuar así, como si no me conocieras en absoluto.
—No llore, princesa. Este es su deber, fue una orden de su padre, debe acatarlo. Debemos hacerlo. —Chari soltó un suspiro, para luego asentir; reamente no quería hacerlo, no quería casarse con Kokugawa, pero su guardia parecía realmente dispuesta a soltarla—. Vamos, princesa, queda muy poco para cumplir la misión —le dio un corto último beso, para luego apartarse de ella. Retomaron el camino, volviendo a sus papeles, volvieron a alejarse como en un inicio.
Como antes, tuvieron que seguir indicaciones para llegar a la morada del Shogun. Ambas se miraron cuando se encontraban frente a las murallas del lugar. Al mismo tiempo, inspiraron para luego soltar el aire de manera sonora. Se dirigieron hacia la entrada principal, donde se encontraban dos guardias vigilando.
—Soy Sakine Shun. —se identificó la guardia ante sus pares—. Ella es la princesa, Koizumi Chari, la prometida de Kokugawa Yoichi —los guardias las miraron unos instantes; la princesa no se veía como tal dado al tiempo que pasaron en el bosque y que su ropa ya no era la que tenía en el palacio.
De repente, Chari sacó de la pequeña bolsa que tenía en la mano el pergamino que había recibido su padre, lo desplegó y se lo mostró. Los guardias, reconociendo el sello de los Kokugawa, rápidamente se apartaron dejándolas pasar. Al instante, llegó una de las concubinas y se acercó a ellas para guiarlas hasta la sala donde se encontraban padre e hijo.
—¿Por qué han tardado tanto? —preguntó Kaiji cuando se sentaron frente a ellos—. Mírate, muchacha, si no trajeras contigo el pergamino que le envié a tu padre, pensaría que no eres más que una campesina. —desvió la mirada hacia Shun, que se encontraba más atrás arrodillada y con la frente tocando el suelo—. Levántate de allí y dime que ha pasado, muchacho —Shun, acatando la orden, levantó la frente del suelo.
—Cuando salimos de Dewa, nos atacaron unos soldados del ejército chino. Mientras mis compañeros luchaban contra ellos, saqué a la princesa del lugar de la batalla para protegerla —Kaiji examinó a la guardia unos instantes, para luego mirar a su hijo.
—Trajo a la princesa sana y salva para cumplir la misión. —comentó Yoichi tomando una bolsa de monedas, luego se levantó, se acercó a ella y tiró la bolsa delante suyo—. Esta es tu recompensa, puedes irte.
—Señor Kokugawa, por favor permita que mi guardia se quede conmigo. —interfirió la princesa—. Mi padre lo ha designado para que sea mi guardia personal, deje que se quede. —Shun desvió la mirada hacia Chari—. Por favor, señor, me siento cómoda con él, hemos pasado juntos todo este tiempo. Me ha cuidado durante nuestra travesía —Kokugawa padre pensó unos instantes, para finalmente acceder a la petición de su futura nuera.
—Está bien, —dijo—, pero tendrá que permanecer fuera de tu habitación para cuidar de ti. —la princesa y su guardia asintieron al mismo tiempo aceptando la condición de Kaiji—. Debes estar agotada, niña. Será mejor que vayas a descansar. —hizo una seña con la mano llamando a una de las concubinas, la cual se acercó rápidamente a él—. Llévalos hasta el cuarto que usará la princesa. Llévale ropa limpia y un yukata para que pueda descansar a gusto —la mujer asintió. Chari y Shun se levantaron, hicieron una reverencia tanto para Yoichi como para su padre y siguieron a la concubina hasta la habitación que debía utilizar la princesa.
Una vez que Chari estuvo instalada en su nuevo cuarto y con el yukata puesto, abrió un poco la puerta y se sentó junto a esta, como hacía cuando estaba en el palacio.
—Shun —susurró esperando que su guardia se encontrase sentada junto a la puerta.
—Cierra la puerta, —le susurró Shun—, hay gente por aquí —la princesa soltó un suspiro acatando la pequeña orden de su guardia.
Luego de unos minutos, Shun abrió un poco la puerta nuevamente y llamó a su protegida, la cual ya se encontraba acostada, pero se levantó prácticamente de un salto al escuchar a Shun y se sentó junto a la abertura.
—Gracias por pedir que me quede —la princesa sonrió.
—No querría alejarme de ti. —contestó acercándose más a la puerta—. Shun, necesito besarte. —bajó aún más la voz al decir esto—. ¿Hay alguien alrededor?
La guardia miró hacia ambos lados del pasillo, aguzó el oído intentando escuchar pasos, pero parecía que no había nadie. Se giró hacia la puerta, la abrió un poco más topándose con la sonrisa de su protegida. Volvió a mirar hacia los lados, para luego tomarla de las mejillas y besarla. El beso no duró mucho, dado que sería peligroso para ambas si las veían. En cuanto se separaron, Shun se sentó nuevamente junto a la puerta, mientras que Chari la dejaba como al principio.
—Será mejor que descanses, mi princesa —Chari no pudo evitar sonreír al escuchar esto último. Se levantó, para luego volver a acostarse. Parecía que Shun realmente no quería comportarse como lo había hecho en el puente. Realmente no querían separarse luego de todo lo que habían pasado todo este tiempo.
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Comments
☆Nanu☆
me da pena que hayan llegado ya, pero me alegra que puedan permanecer juntas
2022-07-29
2
Lili Chacon Ribon
están jugando con fuego las dos ,si las cachan de seguro les cortaran la cabeza
2022-01-01
4