IV

Chari no podía dejar de observar a su alrededor, a las tiendas y las personas, las cuales se detenían y se apartaban para dejar pasar al palanquín. La princesa no podía apartar la mirada de aquellas personas. Su atención estaba completamente centrada en su vestimenta sencilla, de colores pocos llamativos.

Pronto, comenzaron a salir del pueblo, dejando atrás el centro de la atención de la princesa, pero aquello no era del todo malo, puesto que ahora su atención se centraba en el campo de cultivos en los que casi no se encontraba gente, dado que estaba haciéndose de noche. Soltó un suspiro pesado; en poco tiempo, cuando se oscurezca completamente, tendrán que detenerse para acampar.

—Sakine. —se asomó por la ventanilla—. ¿Por qué hemos salido tan tarde? Siempre que debía salir, mi padre lo hacía temprano por la mañana.

—Ha sido una orden de su padre, princesa. —respondió el guardia sin mirarla—. Estamos en plena guerra, avanzando de noche evitaríamos al imperio chino —ella simplemente asintió.

El tiempo pasó, ya estaba completamente oscuro, salvo por el farolillo que llevaba a modo de linterna uno de los guardias que iba delante para alumbrar el camino. Chari se había aburrido hacía un rato largo ya, por lo que ahora intentaba no quedarse dormida. Tenía claro que ya era bastante tarde, pero no quería quedarse dormida, aun cuando sus párpados pesaban. Por su parte, los guardias que, salvo Shun, se encontraban concentrados en no recibir una emboscada. Shun se dedicaba a mirar a la princesa cada que podía; realmente le parecía linda cuando la veía cabecear cansada.

Habían pasado un par de horas ya, Chari se había quedado dormida hacía una hora, el mismo tiempo que llevaban en el bosque. Los guardias decidieron detenerse unos instantes para que los portadores descansasen. Dos de estos se sentaron a descansar, mientras que otros dos se alejaron para orinar. En cuanto a los guardias, los cuatro se sentaron alrededor del palanquín; uno a cada lado. Shun se asomó por la ventana confirmando que la princesa seguía dormida, para luego sentarse como sus compañeros.

—¿No te cansas de ser su niñero, Sakine? —inquirió Masuda, Shun se volvió rápidamente hacia él.

—Déjalo, Masuda, ¿no ves que quiere anotar puntos con el Emperador? —se burló Aihara desde el otro lado del palanquín. Shun no hizo más que poner los ojos en blanco y soltar un suspiro.

—Tal vez no quiera anotarlos con el Emperador, sino con la mismísima princesa —ésta vez habló Kashima desde la izquierda de Shun, quien abrió la boca para contestar, pero en ese preciso instante escucharon un grito. Los cuatro se levantaron de un salto y desenfundaron sus respectivas katanas. De entre los árboles, detrás de Shun, salió corriendo uno de los portadores, completamente alterado.

—Soldados… —dijo agitado con los ojos desorbitados—. Soldados chinos… —apenas terminó de hablar cuando comenzaron a escuchar ruidos de entre los árboles; los soldados se acercaban.

—Debemos proteger a la princesa —vociferó Masuda, quién estaba a cargo de la tarea, los otros dos se colocaron a su lado. En cuestión de segundos se encontraron con al menos cinco o seis hombres pertenecientes, efectivamente, al ejército chino. Seguramente, debían pertenecer a un pelotón más grande que los mataría si se los topaban y no podrían proteger a la hija del Emperador. Pensando en esto, Shun enfundó su katana, abrió rápidamente la portezuela y tomó del brazo a Chari, la sacó bruscamente haciendo que despertara súbitamente.

—¿Qué suce…? —no terminó de hablar, ya que el guardia la cargó en su hombro y echó a correr adentrándose en el bosque. Chari miró hacia las espaldas de quien la cargaba notando a los demás guardias y a los soldados. Uno de estos se percató del intento de huida de ambos y comenzó a perseguirlos—. ¡Nos está persiguiendo! —repentinamente Chari se encontraba más despierta que nunca al sentir el peligro. Shun comenzó a correr por entre los árboles, cambiando direcciones erráticamente intentando despistar a su perseguidor.

—No debo dejar que se acerque más, debo protegerla —repetía Shun en su cabeza una y otra vez. Divisó algo que parecía ser una cueva, se giró un instante, su perseguidor se encontraba bastante lejos podría perderlo metiéndose allí.

Bajó un pequeño desnivel de un salto sin darse cuenta prácticamente y zigzagueó por entre los árboles, logrando que su perseguidor los perdiera de vista cada vez más. Intentó acelerar el paso cuando logró divisar la oscura entrada de la cueva. Se metió rápidamente y corrió unos cuantos metros más adentrándose lo más que podía para ocultarse en la oscuridad.

Notó la silueta de algunas rocas suficientemente grandes para ocultarlos a ambos, por lo que bajó a la princesa e hizo que se sentara contra ésta, se puso en cuclillas frente a ella y le hizo una seña para que guardara silencio, acto seguido, la acorraló contra la roca para intentar ocultarse mejor. Shun aguzó el oído, escuchó los pasos del soldado adentrándose a la cueva y se preparó para desenfundar su arma, pero no tuvo que hacerlo, ya que, después de dar unos cuantos pasos dentro de la cueva, el soldado dio media vuelta y salió. El guardia no se movió ni un centímetro durante unos minutos, quería estar completamente seguro de que su perseguidor se había ido.

Habían pasado cinco o diez minutos desde que el soldado se había marchado con sus compañeros, cuando Shun decidió apartarse. Miró a la princesa y volvió a hacerle una seña para que guardara silencio y se quedase allí, él se levantó y observó unos instantes la entrada de la cueva, por la que apenas pasaba la tenue luz de luna. Caminó hacia la entrada intentando hacer el menor ruido posible. Una vez allí, miró los alrededores, aguzó nuevamente el oído, pero solo escuchó el movimiento de las hojas de los árboles mecidas por el viento. Volvió con la princesa y le extendió la mano para ayudarla a levantarse.

—¿Se ha ido? —preguntó aceptando la ayuda y poniéndose de pie.

—Sí, pero tendremos que seguir viaje ahora, para intentar perderlos. ¿Se encuentra bien para seguir? —Chari asintió; con la persecución se le había esfumado todo el sueño que tenía, por lo que ya no le importaba mantenerse despierta.

Shun echó a andar hacia la salida, ésta vez seguido por la princesa. Salieron de la cueva y miró hacia el lugar de donde había escapado; evidentemente no podía volver a allí, ya que podrían toparse nuevamente con los soldados. Pensó unos instantes en el trayecto que debía seguir para continuar con el camino.

—Bien… —dijo llamando la atención de la princesa—. Sigamos camino —comenzó a caminar intentando llegar nuevamente al camino que estaban utilizando antes del ataque.

—¿Estaremos seguros en el bosque? —inquirió tomándose del brazo de Shun para caminar.

—Tal vez, no puedo asegurarle que no haya más soldados en el camino. —la miró—. De todas maneras no debe preocuparse, la protegeré —dicho esto, volvió la mirada al camino, Chari no pudo evitar sonreír.

Luego de caminar unas horas, pudieron encontrar el camino que debían tomar para llegar al próximo pueblo que tenían de paso para llegar a su destino, pero Shun decidió que sería más seguro continuar camino a través del bosque. Aunque Chari hacía un rato que se quejaba, dado que sus zapatos le dificultaban caminar en aquel terreno.

—Mierda. —se quejó repentinamente la princesa, haciendo que su guardia se girara hacia ella y la mirara con asombro, Chari le devolvió la mirada—. ¿Qué?

—Creí que una princesa no diría algo así.

—No va conmigo ser muy educada. —se sostuvo de un árbol—. Será mejor que me quite esto si vamos a seguir aquí. —se quitó los zouri—. Ahora no me resbalaré —sonrió.

—Se ensuciará, princesa —ella solo se encogió de hombros sin darle importancia y siguió caminando, Shun la miró unos instantes, para luego seguirla.

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Estaban apareciendo los primeros rayos de sol cuando Chari comenzó a sentirse cansada de nuevo. Habían pasado toda la noche caminando y aún no llegaban a ningún pueblo. Shun decidió que sería bueno parar a descansar, así que se detuvieron y se sentaron contra un árbol. En pocos minutos la princesa se quedó profundamente dormida, mientras Shun vigilaba los alrededores, aunque, cada tanto, se giraba para verla dormir.

—Es muy bonita. —pensó arrepintiéndose al instante—. No, no debo pensar así, ella es mi superior y parte de mi misión. —desvió la mirada—. Sin contar que pronto se casará con el hijo de un Shogun —soltó un pequeño suspiro. De repente, como si fuese una señal de que debía dejar de pensar aquello, la princesa calló sobre su hombro aún dormida, esto sobresaltó a Shun, haciendo que se vuelva nuevamente a ella. Primero pensó en apartarla, de hecho, lo intentó, pero ella se acomodó de nuevo contra él, por lo que decidió que lo mejor sería que lo utilizara como almohada.

Pasaron unas cuantas horas hasta que la princesa despertó. Para ese entonces, Shun comenzaba a sentir hambre. Buscó a sus alrededores algún árbol de frutas o algún animal que pudiese cazar. Chari se apartó de su guardia y, luego de restregarse los ojos, lo miró.

—¿Sucede algo? —Shun negó con la cabeza.

—Solo busco algo que nos pueda alimentar. —se levantó—. Aguarde aquí, princesa —dijo para luego alejarse un poco de ella.

Dio una pequeña vuelta hasta que encontró un árbol de moras, tomó unas cuantas y se las metió en la boca; sabían bastante bien, así que decidió volver con la princesa e informarle lo que había encontrado.

Luego de saciar temporalmente el hambre, retomaron camino. Shun recordó, mientras caminaba, que antes de salir había tomado otro mapa. Buscó en la parte trasera de su uwa-obi, allí, enrollado, se encontraba el mapa, lo sacó rápidamente y lo desenrolló. Lo miró unos instantes; no debían de estar muy lejos del primer pueblo que debían cruzar.

Para su suerte, para cuando el sol comenzaba a caer, dieron con la entrada de Otsu. Chari, que había estado todo el camino solo con las tabi, se calzó los zouri cuando se adentraron en el pueblo.

—Busquemos un ryokan, Sakine, necesito tomar un baño y descansar en un futón en lo posible.

—No tenemos dinero princesa —ella sonrió.

—Habla por ti. —sonrió y de su obi sacó una pequeña bolsa llena de yenes—. No eres el único que trae cosas útiles en el obi —volvió a guardar la bolsita—. Traigo dos, así que no te preocupes.

En cuanto encontraron un ryokan, pidieron una habitación con un par de futones individuales. Una vez en este, Chari decidió ir directamente al baño público, mientras Shun se quedaba en la habitación quitándose la armadura, quedándose solo con el kimono. Él también quería tomar un baño, pero lo haría solo cuando la princesa regresara al cuarto. Se sentó en el suelo y tomó el mapa, lo ojeó marcando una ruta principal; a buen paso, le llevaría como mínimo dos semanas en llegar a Suruga, tal vez un poco más. Ahora que no tenían el palanquín ni las provisiones

deberían pasar la noche en el bosque e intentar cazar algún que otro animal para que el dinero les alcanzara para el resto del viaje. Soltó un pequeño suspiro de cansancio y enrolló nuevamente el mapa. Les esperaría un largo día de caminata atravesando el pueblo para seguir camino a su destino.

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Comments

Yuki-lee

Yuki-lee

Un capítulo corto que agrega un acotensimito con un poco de suspenso y emoción asi mismo como el desarrollo y atracción de nuestro niñero favorito 10/10

2024-09-20

1

San Aguirre

San Aguirre

Lo mismo pensé 😝😝😝

2024-05-27

1

☆Nanu☆

☆Nanu☆

Fantástico!!! Chari despistada y Shun creo que está más que embelesado 😉😊

2022-07-22

3

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