Shun decidió asentir ante la petición de su protegida, la cual le sonrió agradecida de que cumpliera su deseo. Se miraron nuevamente en silencio, pero no se perdieron nuevamente, simplemente se sonrieron.
Luego de comer, salieron a caminar por los alrededores, por petición de Chari. Se alejaron un poco de la cueva, pero no tanto como para terminar perdiéndose. La princesa observaba su alrededor, a las aves que cantaban desde los árboles y a los pocos animales que se cruzaban. Un par de veces, dado que el terreno se encontraba muy blando, Shun tuvo que tomarla en brazos para travesarlos y evitar que la princesa se hundiese en el barro y termine ensuciando sus ropas más de lo que estaban ya.
—Te ves contenta —comentó la guardia cuando se detuvieron para que Chari juntase algunas bayas.
—Lo estoy. —sonrió sin voltear a verla, continuando con lo que hacía—. Nunca me ha gustado mucho la idea de quedarme encerrada en un lugar.
La guardia se recostó contra un árbol y se dedicó a observarla mientras ella se ocupaba de juntar todas las bayas que podía. Shun pensó unos instantes si estaba haciendo lo correcto al tardar más en completar la misión solo por consentir a la princesa. Soltó un pequeño suspiro sintiendo un leve dolor de cabeza; darle tantas vueltas al mismo pensamiento le provocaba un poco de dolor. Desvió la mirada de su protegida para centrarla en cualquier cosa que no sea ella por un segundo, o al menos intentarlo.
—Shun. —la llamó Chari de repente, parada frente a ella y con un puñado de bayas medio aplastadas, que chorreaban su jugo por sus dedos, dejándolos pegajosos—. ¿Quieres? —preguntó cuando su guardia la miró, la princesa tomó un par de bayas y las acercó a la boca de Shun. La cual, abrió la boca instintivamente, aceptando los frutos que su protegida le ofrecía—. Saben bien, ¿verdad? —se llevó unas cuantas a la boca manchándose la comisura de los labios con estas, la contraria esbozó una pequeña sonrisa cuando se percató de eso.
—Eres como una niña —comentó limpiándole las comisuras con su pulgar, Chari frunció levemente el ceño logrando verse más infantil.
—No soy una niña —protestó inflando sus mejillas, la sonrisa de Shun se amplió, posó su mano en su mentón y se acercó a su rostro; cada vez se sentía más confiada en acercarse a la princesa.
—Eres muy bonita… —dijo casi en un susurro a escasos milímetros de sus labios, la princesa cerró los ojos instintivamente ante la cercanía, provocando que Shun sonriera.
Terminó de acortar la escasa distancia que las separaban, uniendo sus labios en un beso. Chari correspondió instantáneamente, pero el beso no duró más de unos cuantos segundos. Al separarse, cruzaron miradas, Shun le dedicó una pequeña sonrisa.
—Tus besos saben dulce.
—Cállate… —sonrió vergonzosamente, desviando la mirada. Shun le dio un corto beso, para luego separarse de ella completamente.
—Deberíamos volver, no sabemos cuándo comience a llover de nuevo —la princesa asintió.
Ambas comenzaron a caminar de regreso a la cueva. Mientras caminaban, Chari comía una a una las bayas que había recogido antes.
No iban por la mitad del camino, cuando comenzó a lloviznar. Shun soltó un pequeño suspiro y miró a su protegida, a ella no parecía importarle demasiado la llovizna, seguía disfrutando de la caminata.
Para su suerte, la lluvia se intensificó unos cuantos minutos después de haber llegado a la cueva. Ambas se encontraban sentadas en la entrada de la cueva, comiendo las bayas mientras miraban la lluvia caer. Cada tanto, Shun desviaba su mirada hacia Chari, que se encontraba completamente concentrada en la lluvia; debía centrarse en algo más que solo su protegida, si se apegaba más a ella, realmente le dolería cuando tuviera que verla junto a alguien más. Bajó la mirada soltando un suspiro prácticamente imperceptible. De repente, sintió que la princesa colocaba su cabeza en su hombro mientras soltaba un suspiro de tranquilidad.
Se pasaron prácticamente toda la tarde allí sentadas, hablando de vez en cuando de alguna banalidad. Cuando la noche calló, Chari se sentó junto a la fogata que Shun había encendido hacía unos minutos. Al poco tiempo, se quedó dormida junto a esta. La guardia, por su parte, permaneció en la entrada de la cueva.
Comenzó a pensar que se sentiría quedarse con Chari al final, que harían cuando, finalmente, decidieran permanecer juntas. Después pensó en como la sacaría del templo cuando estuviera a punto de casarse. Luego de unos instantes, dejó de fantasear, puesto que sabía que era incapaz de hacer alguna de esas cosas; era incapaz de poner sus deseos por encima de sus obligaciones. Ya había transgredido bastante hasta aquel momento cuando besó a su protegida repetidas veces. Soltó un suspiro pesado y hecho una mirada por encima de su hombro, la dueña de sus pensamientos ya se encontraba acostada en el suelo dormida. Se levantó y se acercó a ella, tomó su abrigo, para luego arroparla con él. Sintió el impulso de besarle la frente como ya había hecho, pero lo reprimió.
—Está mal que quiera besarla —se regañó como lo había hecho antes. La miró unos instantes, suspiró nuevamente y volvió a su lugar en la entrada de la cueva.
Miró la lluvia caer, sintiéndose realmente afligida por lo que debía hacer en cuanto a la princesa; Chari le gustaba, ya no se iba a negar lo evidente, cada cosa que le había mostrado de su personalidad le había gustado. Incluso cuando se mostró molesta con su presencia en el momento que la designaron como su guardia personal. No quería renunciar a quien había conseguido abrirse paso en ella de esa manera, pero no le quedaba otra opción, después de todo, era la princesa y, por órdenes de su padre, debía casarse con un noble a su nivel, no con alguien que ha tenido que mentir solo por algo de dinero. Cerró los ojos unos instantes intentando apartar un poco los pensamientos que tenía. Inhaló profundamente e infló las mejillas, luego exhaló con algo de fuerza.
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Comenzaba a amanecer ya, la lluvia había cesado hacía unas horas; parecía que por fin el clima mejoraría. Shun se levantó del lugar donde había pasado toda la noche, se acercó a la princesa y se puso en cuclillas junto a ella, la miró unos instantes creyendo que estaba dormida. Cuando se levantó, unos instantes después, la princesa la tomó de la muñeca.
—No te vayas, Shun. —dijo con voz adormilada—. Acuéstate conmigo —le pidió, la guardia la miró unos instantes; ¿qué debía hacer? Había pasado la noche pensando en que sería mejor alejarse de ella y, de repente, le pide aquello.
—Está bien —musitó, para luego acostarse junto a ella.
Chari la abrazó al instante, colocando su cabeza en su pecho. Shun, al principio no quiso abrazarla, pero terminó haciéndolo, dejando de lado todo lo que había estado pensando.
—No has dormido, ¿verdad? —bajó la mirada hacia ella—. ¿Ha pasado algo? —la princesa aún sonaba adormilada.
—Solo me preocupaba algo. No tiene importancia —Chari la escudriñó con la mirada, pero no le dijo absolutamente nada, simplemente se acercó a su rostro y le dio un corto beso en los labios. Al instante, Shun quedó completamente atolondrada. Por su parte, Chari simplemente esbozó una pequeña sonrisa.
—Puedes hablarme si lo necesitas, Shun —llevó su mano hacia la mejilla de la guardia y la acarició suavemente, la nombrada simplemente asintió completamente atontada.
Luego de unos minutos acostadas, se levantaron, Chari miró con cierto desgano el cielo que comenzaba a despejarse, mientras se colocaba su abrigo y esperaba a que Shun terminase de colocarse la armadura. Una vez listas, salieron de la cueva y volvieron al camino. La guardia miró su mapa mientras atravesaban el bosque. Tardarían dos semanas en llegar al próximo pueblo si no se detenían demasiado, pero, para cumplir con la princesa, seguramente acamparían varios días en donde las encontrara la noche, más el tiempo que se quedarían en el pueblo antes de llegar a Suruga.
—Shun, mira —escuchó decir a su protegida, haciendo que apartase la vista del mapa.
—Mierda. —susurró al ver el río de barro que se había formado luego de tantos días de lluvia. Guardó el mapa en su uwa-obi y miró a la princesa—. Tendré que cargarte —dijo y, sin esperar a que Chari dijese algo, la tomó en brazos.
—No tienes que hacerlo, no me importa ensuciarme —Shun hizo caso omiso a lo que su protegida decía y dio un paso hacia el río de barro que se había formado, hundiéndose al instante.
—Te hundirías y perderías tus zouri.
La guardia comenzó a avanzar con sumo cuidado, pues, un paso en falso podría significar que ambas cayeran al barro. De repente, la princesa cruzó sus brazos alrededor de su cuello, distrayéndola completamente de lo que estaba haciendo. Le dirigió la mirada, encontrándose con el rostro de la princesa a unos pocos centímetros del suyo.
—¿Qué sucede, Shun? —se volvió hacia su guardia, notando también su cercanía haciendo que sus mejillas se sonrojaran levemente—. Deberías avanzar, o te hundirás más —dijo devolviendo a la realidad a su guardia, la cual comenzó a dar zancadas por el barro, evitando no resbalar y caer.
Cuando llegó al otro lado, donde el suelo estaba un poco más seco, bajó a la princesa, que no la había soltado, manteniéndola así, cerca de su rostro. Shun se le quedó mirando unos instantes pensando en besarla, pero decidió simplemente apartarse de ella.
—Debemos seguir. —la guardia apartó la mirada de Chari—. Vamos —comenzó a caminar, incitando a que la princesa la siguiese.
—¿Acaso se ha enfadado? —se preguntó Chari caminando a su lado—. No ha dormido y ha estado bastante seria desde que salimos de la cueva, o quizá desde antes —la miró de reojo, para luego soltar un pequeño suspiro. Por su parte, Shun se encontraba en una pequeña lucha interna entre su deber y sus sentimientos. No sabía que era correcto en aquel momento; no sabía que camino debía tomar.
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Comments
UwU
wey está chida la serie 😃 boy a seguir leyendo
2021-06-24
4