―La madre de Segura no ha querido decirle a su hija la situación en que está ―informa el detective Perrote―. Dice que es más que suficiente con que se haya dado cuenta de esa manera que es una Uno.
―¿¡No lo sabía!? ―exclama Walter.
―Es extraño, pero no fuera de lo que podemos encontrarnos ―comenta Sonia, encogiéndose de hombros―. Entre los poderes que suelen aparecer en la adolescencia, y que algunos solo se accionan ante ciertas situaciones que no son tan fáciles de ser vividas; se puede dar algo como esto.
―Pero con un poder así, en un mundo lleno de magia… ―insiste Walter.
―Sí, es raro ―secunda Lidia, y su voz se vuelve amenazante en cierta medida―. ¿Sientes que pudieron intentar esconderla? No sería la primera vez que una familia con pocos de los nuestros en su genealogía, no quiera aceptar a un niño o niña Uno entre ellos.
Diego se lo piensa por unos segundos.
―No estaban listas para aceptar que es una Uno, pero no creo que lo ocultaran activamente… Además, no me fue difícil convencerlas de que la niña debía entrar al registro y al colegio de especiales. ―Diego profiere una carcajada por lo bajo―. La madre hasta me convenció de que le encontraba espacio a la amiga de su hija, la Dieciséis, para que las dos fueran juntas al colegio. En serio que esa mujer sabe pelear contra un “no” por respuesta.
―¿Y por qué lo dices con esa sonrisa, en vez de sentir fastidio por tener que vértelas con la burocracia de la educación Uno? Y más, conseguir un espacio para una Dieciséis cuando es tan difícil para ellos llegar allí ―pregunta Sonia. Algo en la sonrisa que Diego le envía le da la respuesta a la veterana del equipo―. ¡No, no! Le pudiste decir que la culparías de negligencia si su hija no iba al colegio, en vez de llegar a un acuerdo…
―Te deberé una ―la interrumpió Diego, haciendo lo posible para parecer la más tierna y amable de las personas.
Sonia frunce el ceño, pero no por tanto tiempo.
―Me debes dos. Para mañana tendré dos campos en nuestra alma mater para ellas dos… ¡Pero eso sí! No habrá poder humano que le evite tener que hacer el examen.
―¿Con el poder que la chica tiene? ¡Todas las escuelas se la pelearían! ―dice Walter.
―Posiblemente. Y por eso, si no entra como burocráticamente debe hacerse, perderían la posibilidad de tenerla ―le rebate Sonia.
―Con tal que entre ―dice Lidia―. Que las protecciones que tienen estos colegios nos ayudará mucho… Así que, ¿alguna otra información importante al respecto, Diego, Nando?
Los dos se lo piensan, pero niegan.
―Apenas estamos al inicio. ¿Alguna orden que nos quieras dar al respecto? ―el tono de Nando hace obvio que la pregunta es retórica.
―Claro. ―el de Lidia, es acerado. Como la de una muy segura general lista para entrar a la batalla―. Corrales y Sonia, apenas salgamos de esta reunión, quiero que vayan a la casa de la chica Segura y pongan protecciones de todo tipo. A la casa, el auto de la familia y a la de los allegados más cercanos también. Háganle saber a la madre que su hija no va a ir a estudiar, por su protección, hasta que pueda entrar al colegio especial. Sonia, eso último también te lo encargo. Nando, concéntrate en las pistas que la investigación alquímica y tecnológica nos den. Pídele consejo a Sonia si llegas a un callejón sin salida y mantén informado a Diego, por supuesto. También quiero que sigas a la chica Segura cuando salga de su casa. Habla con la madre, que nos haga un itinerario de su hija desde el momento en que sale del hospital a cuando entra a estudiar al colegio especial. Si es posible, también aseguren los otros sitios que la chica va a visitar. Pero que sean los menos posibles.
Sonia escribe las nuevas directrices en su fiel libreta, mientras Corrales se hace a la idea de que va a tener que sentarse a vigilar solo en su auto, y por horas, de nuevo. Debió predecir que iba a hacer mucho de eso cuando se apuntó a ser un Defensa…
―Te doy el número de la madre ―dice Diego, y saca su teléfono celular para buscarlo.
Todos se extrañan de eso. Tanto, que Lidia se quita su «uniforme de líder» y no puede no sacar ese lado maternal y pícaro dentro de ella:
―Primero, te convence de encontrarle un espacio extra a una Dieciséis en un colegio de especiales y, ahora, vemos que tienes su teléfono guardado en tu celular. ¿Quién es esa madre de la víctima y por qué parece que puede hacer contigo lo que quiera?
Diego solo desvía la mirada un poco y se encoge de hombros con una leve sonrisa en su rostro. Sonia se ríe enternecida por lo bajo, Corrales levanta las cejas muy sorprendido y Walter gira los ojos, hastiado. Lidia apenas se contiene de acercarse donde Perrote y abrazarlo fuerte por el tanto cariño que siente por él. ¡En serio que lo «mamá amazona» se le sale demasiado fácil con los chicos de su equipo! Pero nada que la amazona guerrera no pueda acallar cuando le hace recordar su deber:
―Ojalá que las cosas salgan bien, sea lo que sea que haya entre ustedes. ¡Pero eso sí! Después de haber atrapado al tipo que quiere hacerle daño a su hija. ―Diego la mira con cierta fiereza y asiente―. Tú y yo terminaremos el informe de Uno-verso y, después de eso, te quiero en modo rastreo de ese asesino. Busca en la base de datos de los Uno con esa habilidad, investiga su modus operandi, la forma en que pudo haber llegado a la primera víctima y el por qué y cómo es que se interesó en Segura. Has todo lo que puedas, te quiero totalmente concentrado en este caso. ¿Entendido?
―Por supuesto ―responde Diego, totalmente serio, como si no hubiera otra posibilidad.
Lidia le sonríe apenas y luego se gira hacia Corrales:
―Ayúdalo en todo lo que puedas, pero solo después de las directrices que te he puesto. Y Diego, ni se te ocurra ir sin apoyo cuando lo encuentres, ¿entendido? ―el detective asiente. Lidia cierra el expediente y coge otro, mucho más ancho―. Walter, ¿qué tenemos sobre el caso de vandalismo en el asentamiento equino?
Y el equipo sigue su reunión del lunes en la mañana, sentados alrededor de la mesa central de una de las oficinas de interrogación… No es como que sea muy fácil conseguir un lugar seguro y cerrado para hacer esas reuniones. Al menos, siempre que terminan la reunión, toman café y aperitivos mientras pasan un buen momento hablando de todo y nada entre ellos.
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