La abuela fue sola a visitarme esa mañana. Bueno, ella y varios familiares más, pero fue la tita quien siempre estuvo conmigo esas dos horas. Era lunes, y mi madre volvía a su trabajo en la Fundación, aunque había prometido que iba a salir temprano para verme en la visita de la tarde… Y traer con ella una bomba que debí haber visto venir.
Pero volviendo a la visita de la mañana. Desde que la vi entrar, me di cuenta que la abuela tenía en su mano el rosario. También, que durante las visitas de los familiares, ella se mantenía muy silenciosa y me miraba de una manera que no entendía. Me di cuenta de ello porque tenía que ser yo a la que se le ocurrieran nuevos temas de conversación. Eso hizo esas horas más incómodas de lo normal.
Desde que desperté en el hospital y la vi por primera vez, me di cuenta de que la tita se comportaba extraño. Estaba como enojada y se callaba cosas. Ella antes no hubiera hecho. Normalmente, la abuela es una de las personas más amables y hablantinas que conozco. Es de esas mujeres que siempre tiene una anécdota que recontar y un suceso de cuanto conocido tenga, qué comunicar.
Ahora sé que estaba así por toda la situación que me había dejado con una pierna quebrada en el hospital, y de la que yo nada sabía. Pero, en ese entonces y sin información, solo se me ocurrió pensar que para ella debía ser muy difícil lidiar con que su única nieta era una Uno.
La abuela es una gran devota católica. Y en esa iglesia no son del todo bien vistos los Uno. De haber crecido con la abuela, claro que sabía mucho de esa religión y, hasta cierto punto, la creo.
Sé que la iglesia católica tiene una magia muy desarrollada pero que solo es enseñada a los Dieciséis; mientras que tiene una política de tolerancia con los Uno. Eso significa que para la iglesia está bien que seas un Uno, solo que no debes practicar tu poder. Y eso ya es un adelanto. Todos saben que la iglesia católica fue una de las mayores exterminadores de seres Uno. Esto porque cree que solo Dios tiene el derecho de influir sobrenaturalmente en el mundo. Por eso, los seres o personas que pueden hacerlo directamente, se deben abstener de usar su poder como respeto a Dios.
Extrañamente, la iglesia católica está muy a favor de la magia que se hace a través de objetos, lenguajes, pociones, etc. Tienen la idea de que son formas dadas por Dios para que las personas puedan influir en el mundo, pero eso sí, haciendo uso de reglas preestablecidas por Él.
Es por todo lo anterior que, creyéndome uno de esos tantos pensamientos peregrinos que tuve en esos días, me convencí de que la abuela estaba enojada conmigo porque yo era una Uno. Y, peor aún, una que estaba usando su poder y, por lo tanto, irrespetando a Dios.
Eso claro que me hizo sentir indignada conmigo por lo que resulté ser, y con la tita porque era injusta conmigo. «¡No es como si yo pudiera “desactivar” esa condenada habilidad!» pensaba. Y estaba segura de callármelo, pero se me salió decir algo al respecto cuando la abuela me abrazó fuerte, fuerte y estaba a punto de salir.
―Lo siento ―y me asusté al explotar en llanto apenas terminé de decirlo.
Tita me miró, muy confundida y, cuando me vio esconder el rostro en mis manos por vergüenza de llorar, oí en su voz la preocupación.
―¿Pero qué pasa mi amor? ¿Perdón de qué?
Sentí una extraña combinación de dificultad física para hablar y una necesidad emocional de hacerlo.
―Por todo esto. Por ser… Por tener lo que tengo ―apenas pude decir.
Me tiré a la cama y me escondí debajo de la sábana. No sé a cuenta de qué me dio ese ataque de llanto, pero creo que fue solo que… Todas las emociones que sentí en esos días, después de ser atropellada y de saber que era una Uno diferente aún entre los Uno; explotaron en ese momento y, simplemente, solo podía llorarlas.
La abuela se sentó en la cama y me acarició la espalda. Que recuerde no dijo algo, o yo estaba tan centrada en llorar que no la oí. Lo que sé es que, cuando por fin pude calmarme y salir de debajo de las cobijas, la abuela me miró firmemente al rostro, me dio un pañuelo que sacó de su bolso y me dijo:
―¿Ya te sientes mejor?
―Sí.
―Bien. ―ella tomó mi mano entre las suyas―. Porque quiero que me oigas muy bien, Elena Virginia, no tienes que pedir perdón por nada. Nada es tu culpa.
―Pero ―no sé porqué tuve que contradecir―. Soy… Diferente. Y no puedo desactivar ese poder y, ¡es todo tan raro, tita!
―Pero todo va a estar bien, vas a ver que sí.
Y ella se veía tan segura, que le creí. Aún así, tuve que corroborar:
―¿Aunque la iglesia diga que los Uno son malos?
La tita frunció el ceño.
―La iglesia no dice que son malos, solo que se deben abstener de usar sus poderes por respeto a Dios ―«pero yo no puedo» pensé y no lo dije. Pero pareció que ella lo leyó en mi expresión. Y se encogió de hombros―. Y aquí entre nos mija, yo ahora creo que, si es Dios quien creó el mundo y, por lo tanto, el que permitió que aparecieran esos poderes, pues las personas están en su derecho de usarlos. Eso sí, usarlos para la obra de Dios. Para ayudar al prójimo. ―gracias a esas palabras me sentí tan aliviada que me recosté en ella, y la tita me rodeó con sus brazos. El calor que emanaba de su persona me reconfortó mucho―. Vas a ver mi amor, si Dios te ha dado un don tan… sobresaliente, para algo será. Y no te preocupes, que Él te enviará guía para que sepas cómo usarlo.
Y de hecho fue así. Conseguí guía, y el primer paso de esa guía iba a venir en forma de seis libros.
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