Sabes que las cosas no están bien cuando despiertas en un hospital y tu cama está rodeada de doctores. O, en ese caso, de dos doctores, algunos enfermeros y otros estudiantes de las anteriores profesiones. Mientras regresaba a la conciencia pude oír como ellos y ellas conversaban sobre algún tema con entusiasmo. Pero, apenas se dieron cuenta de que yo estaba abriendo los ojos, se callaron al instante. Fue algo escalofriante realmente.
Despertar en el hospital, sintiéndose mal y rodeada de gente no es la mejor de las situaciones para sentirse relajada. Y que tantas batas blancas no me dejaran ver siquiera mi alrededor, no ayudaba. Mentalmente, como la niña que era, estaba pensando que «¿dónde está mi mami, mi tita?»,
Luego, una voz de anciano me hizo mirar hacia la derecha.
―Buenas tardes, señorita Segura ―me dijo el doctor. Yo estaba muy concentrada en mirar su sorprendentemente arrugado y pálido rostro, lleno de manchitas por la edad. Aun así, sus ojos parecían muy despiertos―. ¿Cómo se siente?
Miré hacia las demás personas nerviosamente, y solo pude asentir sin convicción. Mi boca estaba muy seca, la sentía rara, como inflamada… Las arrugas del bajo doctor se hicieron aún más pronunciadas cuando me sonrió un instante y luego miró hacia las demás personas reunidas. Y de repente, todas las batas se fueron, dejándome ver alrededor. Me sorprendí del lugar. Era extrañamente colorido, para ser un hospital. Pero eso no me dio tanta impresión como que el doctor tan bajito y delgado por debajo de su túnica blanca, tuviera el poder de hacer irse a todos los presentes solo con una mirada. Imagino que él quiso reconfortarme con el gesto, pero solo logró que me pusiera más nerviosa.
―Han pasado tres horas desde su accidente, entiendo que no se sienta muy bien. Imagino que tiene sed, permítame subir un poco su cama para que esté sentada. Sí, así está bien.
―Sí, gracias ―le dije yo, aún nerviosa. Quería preguntarle por mi familia, o por mi salud, pero estaba en uno de esos momentos en que simplemente me sentía temerosa de hablar por alguna razón.
―Muy bien. Tome, tome. Esta botella de agua ha estado esperando por usted ―la cogió de la mesa de noche, me la dio y yo tomé casi la mitad del líquido. Él sonrió, y hubo algo en su silencio que me hizo sentir que estaba pensando en cómo abordar un tema, pero se decidió por iniciar con otro―: Permítame presentarme señorita Segura. Soy Telésforo Asclepión y seré su doctor de ahora en adelante. No se preocupe, está usted en muy buenas manos…
Eso sonaba como a un acompañamiento para una enfermedad terminal. Y, en ese momento, recordé el miedo aterrador y paralizante que sentí cuando fui atropellada. Asustada, moví mis piernas. Y sí, seguía teniendo las dos; aunque una de ellas estaba enyesada y me mandó una punzada de dolor por todo el cuerpo como queja ante el repentino movimiento.
―¿Le pasa algo a mi pierna? ―pregunté. Y, como seguía asustada, me mandé a respirar lento y tomar del agua cada tanto.
―¡Oh, está bien! Recuperándose a la velocidad esperada. ―hizo un movimiento con la mano, como para quitarle importancia―. Un par de huesos quebrados que, con el tiempo y la ayuda del yeso, volverán a la normalidad.
Como yo no sentía dolor alguno cuando tenía la pierna quieta, me sentí muy aliviada por las buenas noticias. Así que, más tranquila, le di las gracias desde el fondo de mi alma. Pero, después de eso solo hubo otro silencio incómodo. Cuando se me terminó el agua, ya tuve la valentía para preguntar:
―¿Mi madre y la abuela están aquí? ¿Nela, mi amiga, ella vino conmigo, o eso creo…?
―¿Nela es la chica que estuvo con usted cuando pasó el accidente? Según sé, acaba de ser recogida por la abuela de ella. Aunque pasó a verla cuando usted estaba inconsciente y le dejó un regalo.
Él alargó su mano y cogió un oso de peluche que estaba en la mesita a la par de la cama. Me lo dio. Abrazarlo me hizo sentir más tranquila. Vi que tenía una tarjeta y la abrí. El mensaje de Nela me dejó casi tan estupefacta como lo que me dijera el doctor después:
«¡No puedo con la envidia que me das!»
―Y su madre y abuela están afuera, hablando con personeros del Ministerio de Asuntos Sobrenaturales sobre su registro como 1,61%…
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