2. ¿¡Que yo soy qué…!?
Dejé de ver la tarjeta con el extraño mensaje de Nela («¿Qué clase de amiga estaría envidiosa por mi atropello?») y miré al doctor. Estaba segura de que no había escuchado bien:
―Perdón, ¿qué dijo?
―Sobre su registro como 1,61%. ―el hombre movió un sillón para sentarse a mi lado. Si no hubiera estado atontada, me habría hecho mucha gracia que, en esa nueva posición, apenas sus ojos y frente estaban por encima de mi cama―. Me disculpo si le parece impertinente, pero necesito decirle que su caso es el más extraño que he visto en mucho tiempo.
―¿Mi caso? Perdón, no entiendo qué… ―de repente, me dio un ataque de risa―. Perdón, perdón, es que ¡es tan tonto! ¡Yo, una Uno! Pero es que es imposible, si soy la persona más humana que hay… ―Al recordar razones por las cuales creía eso, me dio otro ataque de risa. ¡Me parecía todo tan hilarante!―. Es que, es que ni siquiera he sentido nunca eso de que “me están mirando”, ¡oh! Tampoco los, ¿cómo los llaman? ¡Ah! Deja vu, y algunas veces siquiera he podido ver los cuentos que enseñaban los ilusionistas en la escuela, es más…
―¿Alguna vez ha tenido una experiencia mágica? ―esa pregunta, y que el hombre estuviera escribiendo en una libreta lo que acababa de decir, me pusieron seria.
―¡Por supuesto! He visto algunas personas haciendo cosas mágicas, ya sabes, como los malabaristas y piroquinéticos que están en la calle… He visto como la crema para la piel de mi madre le quita las celulitis, estrías y manchas al instante. Mmmm, he visto esas malditas cucarachas Uno que reviven y reviven por más que son aplastadas. Desaparecer y aparecer a un par de gatos Uno que viven en el callejón por mi casa; o limpiar las peores manchas en las paredes con hojas de menta Uno. Ya sabes, las cosas comunes de siempre.
Pero el anciano doctor solo me miraba y asentía, como si todo lo que dijera corroborara su teoría en vez de aplastarla… Pensé que esa tonta idea era tan resistente en su cabeza, como una cucaracha Uno. Pero no lo dije, solo giré los ojos y miré hacia otro lado.
―Puede que me esté apresurando al hacer esta conclusión, pero parece que usted puede percibir la magia cuando es exterior a su persona, pero no la experimenta en usted misma.
Yo fruncí el ceño.
―Pero, pero si le acabo de decir que…
Él me hizo callar con un movimiento amable de su mano.
―Lo que me acaba de decir es que ha visto la magia en su madre, en animales y en plantas… Como también me ha dicho que experiencias sobrenaturales que cualquier ser, sea mágico o no, puede sentir; usted nunca lo ha sentido. Los deja vu, la sensación de que lo están mirando a uno, y las ilusiones que no vio de niña; entre muchas otras que estoy seguro que no ha vivido, son situaciones sobrenaturales que debieron pasarle y que no fue así. ―Me sonrió, triunfante y muy poco interesado en la cara de total confusión que yo debía tener en ese momento―. Como el que no se pudiera sanar su pierna por uno de nuestros mejores paramédicos. Ya hicimos todas las comprobaciones, y la única explicación es que…
Yo no quería oír de nuevo que era una Uno, por lo que me exalté y le ataqué con lo primero que se me ocurrió:
―¡Espere! ¿Cuáles comprobaciones me hicieron? ¿Con qué permiso de qué?
Pero él seguía hablando de lo más tranquilo.
―Es política sanitaria. Cuando pasa algo que impide el tratamiento de un paciente, buscamos la razón detrás para detenerla. Pero en su caso, no se pudo hacer nada.
―¡Pero si usted me dijo que mi pierna está bien, y me siento bien! ¡Claro que fui atendida!
Otro movimiento de su mano, esta vez más enérgico, me hizo silenciar y escucharle.
―Gracias por bajar la voz. Como le iba a explicar, en su caso no se puso hacer nada cuyo proceso tuviera que ver con el manejo del bosón de Sorensen en su persona…
―¿Eh?
―Con magia ―explicó él―. Toda la atención que le pudimos dar fue estrictamente científica. Ni siquiera algunos artilugios alquímicos funcionaron en usted. Fue muy sorpresivo, lo confieso.
Me pregunté qué tanto pudieron haberme hecho en solo tres horas, pero algo me dijo que no me hubiera gustado, o entendido, la respuesta; así que simplemente pregunté:
―¿Pero eso no me haría como… Lo opuesto a una Uno?
Él negó, y me sonrió como si yo fuera una de sus mejores alumnas por hacer esa pregunta.
―No. Después de no encontrar razones mágicas para su condición, si alguien la había maldecido o si tenía una protección defectuosa, por ejemplo; nos preguntamos si usted era alérgica a la magia. Pero lo desechamos al instante. Si fuera así, tendría otros síntomas. Eso, junto al hecho de que su velocidad de sanación es muy alta aún en comparación con la mayoría de 1,61%; nos hace saber que usted es una de nosotros y que, el no poder ser influenciada por la magia, es su habilidad sobrenatural. Aún así, es la primera vez que veo o sé de una habilidad de protección tan fuerte, por eso queremos hacerle más pruebas para saber cómo sirve y la…
O algo como eso era lo que me estaba diciendo el doctor. En ese entonces, la mitad de lo que me dijo era una palabrería sin sentido para mí y, la otra mitad, puras mentiras. Aún así, me había quedado quieta y en silencio, no era capaz de otra cosa en ese momento.
Sé que, en medio de su apasionado discurso, entraron mi abuela y mi madre. La primera tenía ese paso enérgico y acelerado que me hace pensar que estoy en problemas. Solo camina de esa manera cuando está enojada… Mi madre tenía en su rostro una expresión de pura preocupación.
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