* Informe oral y nuevas directrices 2

Es común que las Salas Uno de los hospitales se atrasen con papeleos de fuera de su institución. Parecen creer que su deber no va más allá que las paredes del hospital, por más que Sonia esté detrás de ellos.

―Posiblemente ―corrobora él―. Pero solo es una formalidad. El doctor está muy inclinado a creer lo que Rodríguez afirma, y yo sé que fue controlado. Así que, desde ese momento, él se convirtió en la primera víctima para nuestra investigación.

―Secundo esa decisión. Imagino que sigue estando en la sala Uno del hospital, ¿no? ―pide saber Lidia―. Por lo menos, toda la semana de observación que es protocolo en este tipo de casos.

―Sí ―le responde Diego―. Dependiendo del informe que hagan los doctores, y la decisión de la fiscalía, ya veremos qué medidas tomamos con él después. Esperemos que para el fin de semana, pueda estar en casa con su familia. Por ahora, le siguen haciendo pruebas mentales y emocionales, a la vez que le tratan alguna secuela que tuviera de la hipnosis. Pero los doctores dicen que solo terminará teniendo problemas al recordar lo que vivía en las horas que fue influenciado, nada grave.

―Eso es bueno ―comenta Lidia―. Apenas terminemos con él, abogaré porque lo hagan olvidar lo más posible al respecto. Recordar cómo atropellas a una niña es algo que puede ser muy traumático.

―Creo que lo harán ―secunda Fernando―. El tipo estaba muy mal por lo que había pasado. No sé cómo estaría si la chica hubiera muerto… Oye, Diego, diles lo de…

―Ajá ―el aludido entiende a dónde va su compañero―. Mientras estaba… sintiendo sus emociones, Rodríguez hablaba para sí mismo de tanto en tanto. Estaba en shock, y creo que no se daba cuenta que me había sentado junto a él… En fin, que él dijo que la voz en su cabeza le decía una y otra vez que terminara con el vacío, que matarla sería quitar el vacío. Al principio no lo entendí, pero luego, cuando supimos de su habilidad…

Pero es interrumpido:

―Diego, no nos adelantemos con eso y terminemos con este tema: ¿Algo más en cuanto a Ramírez? ―pide Lidia.

―No, solo vi a la esposa en el hospital, antes de ir a hablar con la familia de la segunda víctima. La señora de Rodríguez insiste que él jamás haría algo así, y que no tiene idea de quién pudo manipularlo para hacerlo. Ni ella ni su familia tienen mucho contacto con nuestro mundo. Aún así, claro que vamos a investigar más a fondo su entorno, como el de la segunda víctima. Lidia, ¿ya puedo hablar sobre ella? ―la ruega, con cierto tono infantil.

―Claro que sí, es el tema que sigue ―la líder se gira hacia Fernando―. Corrales nos hablará sobre la chica.

El equipo se sonríe por la pequeña pulla entre Lidia y Diego, antes de que Fernando vuelva a tomar la palabra:

―Entonces, permítanme narrar los hechos sobre la segunda víctima. Elena Segura no tiene heridas de gravedad, o muerta, gracias a su amiga. Varios testigos dicen que la compañera de la chica, Marianela Santos de doce años y una Dieciséis, la sacó del camino del auto; aunque no pudo evitar que Segura tuviera heridas en una pierna. Poco después, una ambulancia llegó y la trató. Es ahí cuando los paramédicos, y luego se confirma en el hospital, se dan cuenta de que Segura tiene un poder insólito: es inmune a todo tipo de magia.

Eso sí que hace exclamar a las dos personas que no estaban al tanto de ese hecho.

―¿En serio? ―la voz de Sonia se impone―. Eso sería, sería… ¡En contra de todo lo que conocemos de la magia!

―Las posibilidades prácticas que puede tener alguien con un poder así… ―parece que Walter quiere poder imaginarlo, pero simplemente no lo logra.

Sonia no tiene ese problema:

―Si su sangre, lágrimas, saliva o sudor mantiene esas propiedades, podríamos estar ante una persona que se convierta en un contra-maldiciones andante.

―Ya fue probado el sábado ―informa Diego―. El mismo Asclepión me llamó para decirme que la chica había parado una maldición mortal, solo con sostener el objeto maldito en sus manos.

―¿¡En serio!? ―hasta Lidia no está al tanto de eso último.

La conversación sobre el caso de la maldición se continúa. Solo se sabe que un tipo de cuarenta y tantos llegó al hospital muriéndose, y que el amuleto culpable de eso fue a dar a manos de la chica Segura. Ella les dio tiempo al equipo de la Sala Uno para hacer la ceremonia de limpieza. Eso es todo. El mayor problema para ellos es que, los personeros del hospital, habían dado el parte hasta después de que terminara su turno. Por eso, ese caso fue a dar al equipo de la tarde. Y los grupos de intermediación inicial de la PAS tienden a ser muy territoriales en cuanto a sus investigaciones. Al menos se compensa con que son muy unidos a la hora de entrar en acción, si algún equipo pide apoyo.

―Aunque puede que nada tenga que ver con nuestro caso, la verdad es que esa maldición dejó inconsciente a la segunda y principal víctima. Así que, llamaré a Clau para pedirle que me ponga al tanto de cómo va su investigación. Entre líderes nos entenderemos ―decide Lidia.

Los demás se miran entre sí. Con eso es suficiente para hacer sus apuestas sobre cómo irá esa conversación. Fuera como fuera, lo obvio es que no creen que será tan fácil como Lidia les quería hacer creer.

―Si ya dejaron de verse con incredulidad entre ustedes ―dice la líder, mientras termina de escribir algo en el expediente―, podemos volver al caso. Entonces, creemos que es ese poder de Segura lo que motiva al tipo a intentar matarla.

No fue una pregunta, pero tanto Diego como Fernando respondieron que sí. Lidia los mira, como pidiendo más de ellos.

 

 

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