•~ Alexander
Desperté con un terrible dolor de cabeza, había sobrepasado mi límite durante este viaje y todo por culpa de aquella mujer.
Tomé un baño y preparé las cosas para el viaje de regreso, esperando que mi asistente hiciera lo mismo.
Había algo que me molestaba pero no lograba entender que era, lo último que recordaba de anoche era mi charla con Melina, me frote la frente al recordarla, sería un dolor de cabeza de ahora en adelante.
Salí de la habitación y por suerte mi asistente hacía lo mismo, sinceramente creí que se quedaría dormida; aunque podría aprovechar esa situación para irme y descansar un poco de su presencia.
— Buen día señorita Vázquez — Saludé cortésmente.
Ella escondió su mirada de la mía arrugando un poco la cara, aquel gesto me causó cierta gracia, parecía culpable de alguna cosa y podía imaginar vagamente de que se trataba, quizá había sido alguno de esos sueños "amorosos" que a menudo solían tener las personas con alguien que les parecía atractivo. Para ser sincero a mí me pasó un par de veces cuando la conocí.
Ahora que lo pensaba con detenimiento parecía que anoche había tenido otro sueño de ese tipo y con ella precisamente, me sentí molesto conmigo, ella era demasiado joven y trabajaba para mí; quizá si las circunstancias fueran otras no perdería la oportunidad de distraerme un poco.
— Buen día — Respondió casi en un susurro, apresurando su camino hacia la recepción.
No pude evitar sonreír por su actitud.
Durante el viaje de regreso ninguno de los dos pronunció una sola palabra, apreciaba el silencio pero no uno tan incómodo como este y más si ella parecía estar molesta conmigo ¿Y como lo sé? Porque en cada oportunidad que tuve para conversar un poco sus respuestas fueron secas y breves, realmente no quería hablar conmigo.
Quizá era por el hecho de que debíamos ir a la oficina a poner el orden los papeles pero eso era algo que le había mencionado desde el inicio y pareció estar de acuerdo, realmente no lo entendía.
Llegamos a a oficina y cada quien se fué por su lado, la vi a lo lejos sentarse en su escritorio y empezar a ordenar algunos papeles, aunque en realidad parecía estar desconcentrada, no estaba prestando atención a lo que hacía.
Seguí mi camino a la oficina y me senté en la silla.
¿Algún novio con el que haya terminado? No, no creo... Ella no mencionó ningún tipo de relación sentimental; o al menos, no que yo recuerde.
Quizá se peleó con su amiga; sí, eso era una explicación más lógica.
Y bueno al final que me importaba si estaba molesta o no, no tenía nada que ver conmigo.
— Tierra llamando a Alex ¿Hay alguien?
Cristopher me miró con diversión mientras agitaba sus manos de arriba hacia abajo para llamar mi atención.
— ¡Hermanito! ¡Al fin reaccionas! Creí que te habíamos perdido — rió y murmuró algo que no entendí pero tampoco le di importancia.
— Solo estaba pensando — respondí.
— ¿En alguna mujer bonita? — Cuestionó.
— No realmente, la asistente está molesta y no encuentro una razón para ello.
— ¿Y eso te preocupa? — Me miró con asombro, parece que malinterpretó la situación. — Tal vez te portaste mal durante el viaje ¿No te advertí que no la trataras mal?.
— No la traté mal — Me defendí — Casi podría decir que avanzamos un poco en la relación.
Noté el cambio drástico en la cara de Cristopher y supe de inmediato las miles de escenas que estaban cruzando por su mente. Suspiré y antes de que él pudiera decir algo agregué:
— No lo mal entiendas, hablamos un poco sobre trabajo y el porque merecía el puesto de asistente, eso es todo.
— ¿ Entonces por qué te preocupa su repentino enojo? No lo entiendo — Se encogió de hombros y se sentó en la silla frente al escritorio.
— Es sencillo — Respondí pensando en alguna explicación razonable — Ella es una parte importante para la empresa, se encarga de capturar datos sumamente valiosos y si está desconcentrada no hace bien su trabajo.
— Bien, entonces con base a mi experiencia con las mujeres podría decir que está molesta porque no pasó nada entre ustedes; quiero decir ¿Ella es una chica no?
— Obviamente — Lo interrumpí.
— ¡No me interrumpas! Y parece ser que ella no es la única con mal genio, a lo que me refiero es que es joven y tú no estás mal parecido, una chica como ella puede fantasear con cosas así.
— No es posible, en el contrato hay una cláusula justamente para este tipo de situaciones. — Expliqué.
— ¡¿Espera qué?! ¿En verdad escribiste un contrato con una cláusula específica para esto? — Movió la cabeza incapaz de creer en mis palabras.— Con razón asustas a las personas.
— Agradezco tu preocupación por mis relaciones personales y las cláusulas de mi contrato pero ese no es el tema principal.
— ¡Es verdad! Te decía que quizá la jovencita esperaba algún tipo de acercamiento más íntimo; un abrazo, quizás un beso. — Acompañaba sus palabras con la acción haciéndolo ver más divertido, no puedo negar que me causó gracia.
De repente y sin razón alguna la imagen vívida de un beso entre nosotros se hizo presente, recordé que era el sueño que había repetido la noche anterior ¿Pero porqué se sentía tan real?.. Y entonces como un rayo atravesando mi memoria lo recordé.
Acto seguido y cegado por la impresión de mis actos me levanté de golpe de la silla y me dejé caer nuevamente, repitiendo la acción un par de veces más.
Mi hermano qué no entendía nada de lo que estaba sucediendo se limitó a mirarme como si fuera un loco.
— ¡La besé Cristopher! ¡La besé! — Dije cuando por fin salí del trance.
Cristopher quien no sabía que decir se limitó a reírse a carcajadas mientras me revolvía en mi propia miseria.
— ¡Pero claro! Está molesta porque besas fatal hermanito — Continuó riéndose.
— Cristopher esto es muy serio, besé a mi asistente ¿Eso no es acoso laboral? ¡Podria demandarme!
— ¡Genial! Si sales en las noticias te harás famoso y de paso la empresa también — Guiño un ojo con diversión.
Mientras él seguía burlándose yo no sabía si salir y aclarar la situación o seguir en mi oficina caminando de un lado a otro, camine hacia la puerta y volví a mi asiento un par de veces.
— ¿Podrías calmarte Alexander? ¡Pareces un adolescente viviendo su primer amor!
— Creo que voy a despedirla ahora mismo, no puedo arriesgarme a repetir otra escena de esas, si no me demanda seguramente se pondrá encimosa y no estoy para aguantar berrinches.
Dispuesto a despedirla camine nuevamente hacia la puerta y antes que pudiera abrirla él se interpuso.
— ¿Pero que estás pensando?
Ella no tiene la culpa, además fuiste tú quien decidió besarla. — Odiaba admitirlo pero tenía razón; aunque tampoco había sido culpa mía del todo, más bien se lo debía al alcohol.
— Mira — Continuó hablando tratando de hacerme entrar en razón — Puede estar enojada por muchas razones, quizá era su primer beso y se lo "robaste" — Enfatizó haciendo comillas con sus dedos — Quizá es una obsesiva con la limpieza y le llenaste la cara de baba. — Se encogió de hombros. — Puede haber mil razones, no le des más vueltas al asunto, si ella quiere hablar de eso o reclamarte créeme que lo hará, no la presiones ni la amenaces.
Y sí, tenía razón, me estaba comportando como un completo demente, en este momento el parecía el hermano mayor y yo un adolescente con las hormonas revueltas.
— De acuerdo — Dije rindiéndome por sus palabras.
— Así me gusta hermanito; ahora dime qué es lo que tiene tan inquieto además de la belleza salvaje de tu asistente.
Me sorprendió que se diera cuenta de que había algo más; aunque bueno, éramos hermanos, medité brevemente sobre si debía contarle de Melina, Cristopher era la persona que más odiaba su presencia desde el incidente.
Por desgracia antes que pudiera contarle algo la puerta se abrió de repente.
— Buenas tardes señores ¿Interrumpo algo? — La voz de Melina perforó mis oídos.
El ambiente cambió drásticamente sintiendose frío y tenso.
—¿Qué hace esta mujer aquí? — Preguntó Cristopher con hostilidad, rara vez lo veía de esa forma y eso dificultaría las cosas con Melina.
— Vino a ayudarme con algunas cosas — Respondí tranquilamente.
Él no respondió, nos miró y salió de la oficina.
— Parece que a tu hermano no le agrado ¿verdad? — Preguntó mientras caminaba a mi alrededor.
— No y sinceramente a mi tampoco.
Ella rió coquetamente y se sentó en mi silla cruzando la pierna, su cabellera rubia le caía perfectamente sobre los hombros, era hermosa, realmente hermosa pero sin duda alguna un peligro para mí.
Estar con ella era una bomba de tiempo que podía explotar en cualquier momento.
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Comments
Elena González
hay no autora venía bien la novela pero ese personaje no m gusta
2025-02-06
0
Griss Romero
Me parece muy sospechosa la presencia de Melina en su oficina, que hace ahí y porque la dejan pasar, si es una persona no grata para esa familia.
2024-09-02
0
Eret Lopez
PORQUE ES TAN BUSCONA Melina
2024-03-08
1