La alarma sonó exactamente a las seis y media de la mañana, estaba tan cansada por el día anterior que no recordé que era el día de la entrevista, así que solo apagué el despertador con la intención de dormir un poco más.
No fué hasta media hora después que algún santo me ilumino y me dí cuenta de qué había cometido un error, me levanté a toda prisa, tomé una ducha rápida y cuando fué el momento de arreglarme olvidé todo lo que la empleada del salón de belleza me había dicho sobre como debía arreglarme el cabello, así que solo improvisé.
Lena me prestó un vestido en color violeta claro, sin mangas y con un pequeño escote que resaltaba bastante en mí, debo admitir que me sentí un poco incómoda pues no estaba acostumbraba a usar ese tipo de vestimenta.
Ocho en punto estaba en la puerta de mi apartamento, el taxi era muy caro y la compañía no quedaba lejos de donde vivía, así que opté por caminar.
El frío de la mañana me calaba los huesos y me arrepentí enormemente de no haber tomado un taxi por esta única ocasión, finalmente llegué a la compañía casi con las piernas y manos congeladas, temblaba levemente y por lo mismo me costaba trabajo caminar.
No estaba tan impresionada como la primera vez que fuí allí a pedir trabajo, la entrada era de cristal, grandes vidrios dejaban al descubierto lo que había dentro de la compañía, aunque estaban un poco opacos para proteger la privacidad de sus empleados, la puerta era de cristal también y desde ahí se podía apreciar el interior con claridad, me incomodé al pensar que todo el que pasara por ahí podía ver hacia adentro y si me tocaba estar cerca de la puerta me verían también.
Caminé temblorosa hacia el interior de la empresa, por dentro los escritorios de madera ordenados en una fila me daban la bienvenida, no supe hacia donde debía dirigirme para la entrevista, así qué me acerqué a una secretaria para pedirle la información que requería.
Al verme hizo una mueca y e hizo que me sintiera insignificante comparada con ella.
— Buen día disculpe vengo por una entrevista de trabajo.
Me tembló la voz mínimamente pero no sabía si era por el frío o por los nervios que tenía.
— ¿Una entrevista? — La secretaria alzó una ceja.
— Sí, me pidieron que viniera para una entrevista de trabajo.
Noté que la secretaria que se encontraba junto a ella nos miraba de vez en cuando para enterarse del chisme completo, y justo cuando parecía que estaban a punto de mandarme a la calle habló.
— Lo lamento señorita Vázquez, no todas estaban enteradas de su llegada — La miré y ella me dedicó una sonrisa de esas que Tranquilizan
«Al menos no todos son hostiles aqui»
Caminé un par de pasos hasta quedar frente a ella.
— Oh no se preocupe ¿Me podría indicar dónde debo ir por favor? — Ella asintió salió de su puesto y estiro la mano invitándome a seguirla.
— Claro, sígame por favor.
Estaba súper nerviosa, cada paso que daba me acercaba más al infierno o al paraíso, aún no lo sabía.
Nos detuvimos frente a una puerta de madera, la cual tenía una placa donde se podía leer :
" Presidente Alexander Ikannov "
Sentí como el estómago se me revolvía, era cómo cuando vas a subir a la montaña rusa por primera vez luego de haber visto destino final. La secretaria tocó un par de veces antes de escuchar una voz procedente del interior.
— Adelante.
La secretaria entró primero para anunciar mi llegada supongo, esperé al pie de la puerta a que me dieran una señal que me indicara que podía pasar.
Escuché la voz de la mujer que había entrado hablando con él presidente.
— Buen día señor, la señorita Vázquez llegó para su entrevista.
— Qué pase por favor, gracias, puede retirarse.
La mujer salió de la oficina contoneando las caderas. Obviamente quería llamar la atención de quien estaba dentro de la oficina, aguanté la risa al ver lo gracioso que era su andar.
— Señorita el presidente la espera adentro, buena suerte.
Agradecí y le sonreí para disimular un poco.
Por un breve instante sentí como si estuviera pegada al suelo, no podía dar paso, quizá había sido mala idea involucrar a Lena en esto, no era capaz ni de entrar a la oficina para la entrevista mucho menos sería capaz de manejar un puesto en este lugar.
Una figura masculina salió de la oficina, era intimidante, más alto que yo, quizá por unos 30 o 40 centímetros, tez clara, ojos negros y vestido con un traje que le quedaba bastante bien.
En cuanto a la edad no pude descifrarla con exactitud, los rasgos de su rostro y la voz que logré apreciar hace unos momentos me dieron la impresion de que tenía unos 30 o 35 años.
— ¿Es usted la señorita Clarisa Vázquez?
El hombre se dirigió a mi con voz ronca y bastante varonil, al escucharlo se me erizo el vello de todo, absolutamente todo el cuerpo.
Fui incapaz de hablar, en vez de eso solo asentí varias veces.
— Bien, entonces entremos a la oficina.
Seguí al hombre hasta el interior de la oficina. Esta era grande, se encontraba muy bien ordenada y percibí un olor a menta proveniente de todos los rincones.
Él tomó asiento en la silla detrás de su escritorio y yo hice lo mismo en la que se encontraba frente a él.
— Muy bien señorita Vázquez, en primer lugar ¿Se da cuenta la hora que es? — El hombre habló con más severidad — Es increíble que llegue tarde a una entrevista, debe ser como todas mis secretarias que solo se enfocan en verse atractivas, vienen aquí a trabajar ¿Entiende? No voy a tolerar otra falta más.
Sentí ganas de llorar pero me contuve, lo que me dijo no había sido tan severo pero aun así logró herirme, un día antes me rechazaron justamente por estar en fachas y ahora resulta que estoy en exceso arreglada.
— ¿No puede responder una simple pregunta? — Continuó hablando el hombre frente al no obtener respuesta de mi parte — ¿O también se le arruina el maquillaje con hablar?
« ¿Como se supone que voy a responder si no deja de regañarme ?» Guardé ese pensamiento para mí y me limite a pedir una disculpa.
— Lo lamento — respondí con la voz quebrada, se cristalizó mi vista pero no iba a darle el placer de verme llorar. —Entendí perfectamente señor, no volverá a ocurrir.
— Perfecto, serás mi asistente personal, te encargarás de mis reuniones, compromisos, hablaras con los clientes, agendaras citas cuando sea necesario, me acompañaras a algunos viajes — Hizo una breve pausa mientras sorbia de una taza de café — En fin, lo que hace una asistente ¿De acuerdo?
— Si señor.
Aun no podía recomponerme del todo, las palabras del presidente aun sonaban en mi cabeza, apreté los puños con toda la fuerza posible y los relajé cuando sentí el dolor de mis uñas traspasando la piel
— Bien señorita Vázquez, entonces déjeme presentarme, yo soy Alexander Ikannov y seré su jefe — Estiró la mano para estrecharla con la mía en una especie de sello del contrato.
Devolví él gesto, con la mano sudorosa y roja por la presión que había ejercido en esta pero a él pareció no importarle y la estrecho con fuerza.
— Bienvenida entonces señorita Vázquez — Finalizó.
Y en ese momento mientras estrechábamos nuestras manos sentí como si le hubiera vendido mi alma al mismísimo diablo.
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Comments
Griss Romero
Que nervios, ser la primera vez y llegar tarde, antes no la despidió 😔
2024-09-02
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Lisbeth Valbuena
dios y eso fue solo la entrevista 🤣🤣🤣
2023-10-29
2
Elvira Casiano
Acabo de empezar y párese ser que esta buena la trama
2021-09-27
0