Dieciséis

- Clarisa -

Caminé de un lado a otro en la habitación tratando de descubrir que tan cierto o no era lo que Melina decía, ella aún estaba sentada en la silla lamentándose de su existencia.

 

 

— ¿Qué has pensado? — Preguntó y me detuve en seco.

 

 

— Sinceramente no me has convencido — Respondí.

 

 

Volví a sentarme frente a ella y la observé en silencio algunos segundos, si esto no salía como lo planeaba podía perder mi trabajo y estaría en la ruina nuevamente.

 

 

— Escucha, sé lo que estás pensando, es algo arriesgado pero si todo sale bien puedo convencer a Alexander para que suba tu sueldo — Dijo con tanta seguridad que estaba a punto de decir que sí.

 

 

Parece segura de lo que dice, deberíamos darle una oportunidad, la vocesita se hizo presente y quizá tenía razón. Al final me rendí ante la vocesita y Melina, no podía ser tan negativa y menos en los asuntos del corazón, cualquiera notaría que el jefe aún la quiere.

 

 

— De acuerdo — Saqué el aire de los pulmones de golpe. — Yo me encargo de preparar todo, tú solo debes asistir ¿Está bien?

 

 

 

 

Ella asintió, sacó un papel de su bolsa y anotó con uno de los lapiceros del hotel su número.

 

 

— Toma — Extendió el papelito y lo tomé entre mis manos aún temblorosas por los nervios. — Aquí está mi número, cualquier cosa me envías un mensaje.

 

 

De cierta forma me sentía como si estuviera realizando un crimen, había un sentimiento manifestándose en mi pecho, uno que era incapaz de describir pero que estaba segura que no era algo bueno.

 

 

— Me retiro entonces — Continuó hablando sin esperar mi respuesta. — Nos vemos Clarisa.

 

 

Salió de mi habitación y cerró la puerta.

 

 

— Entonces si sabía mi nombre — Susurré y me tiré en la cama abatida por tantos acontecimientos.

Ahora debía pensar en una forma par que mi jefe aceptara salir conmigo, tras meditarlo un momento se me ocurrió una idea bastante interesante.

 

 

Salí de mi habitación y me dirigí a la de mi jefe, a estás alturas el almuerzo era lo de menos pero aún me pesaba no poder haberlo pedido siquiera, ya tendría tiempo para eso después de mi labor de cupido.

Toqué la puerta un par de veces, no muy fuerte, no muy suave, lo suficiente para qué quién estuviera dentro escuchara y saliera.

 

 

El abrió de inmediato y me miró con cara de ¿Qué está haciendo aquí?, O peor aún ¿Qué está haciendo con la misma facha que hace rato?

 

 

— Señor — Mi voz salió casi en un susurro — Me gustaría invitarlo a cenar.

 

 

Su expresión cambió, aunque no se si para bien o para mal. Se veía sorprendido pero confundido.

 

 

— Señorita Vázquez - Dijo serio y se quedó en silencio un par de segundos — Le recuerdo que nuestra relación es sólo laboral, así que le pido que no se haga ideas innecesarias.

 

 

¡Ouch! Eso dolió, fué como un balonazo en el estómago, o un pinchazo en el pecho, noté que mi semblante cambió y sonreí rápidamente para ocultarlo.

 

 

— No me malentienda señor, se supone que hoy es nuestra última noche aquí, sólo quería pasar un rato agradable antes de partir, además mi almuerzo no llegó y tengo mucha hambre. — Expliqué y puse una cara triste creyendo que así podría convencerlo.

 

 

Miró su reloj y arrugó el entrecejo al ver la hora.

 

 

— De acuerdo, nos vemos en hora y media en el restaurante.

 

 

— Sí ¡Perfecto! — No pude ocultar ni felicidad y volví corriendo a mi habitación, debía tomar una ducha, y mientras seleccionaba la ropa que utilizaría en la cena recordé que no era yo quién se vería con él esta noche.

La felicidad se esfumó tan rápido como llegó, busqué el móvil y envié un texto a Melina para indicarle que debía estar ahí en treinta minutos.

 

 

 

 

«¿Porqué no te arreglas también?» Preguntó la vocesita en mi cabeza.

 

 

— Porque no es a mí a quien verá esta noche — Respondí cómo si estuviera hablando con otra persona.

 

 

«Pero eres tú quién lo invitó» replicó.

 

 

— Sí pero no es tan sencillo, además porqué estoy pensando en esto Dios mío.

 

 

«¿Será porqué quieres ir?»

 

 

— Sí quiero ir, estoy muriendo de hambre — Cualquiera que viera está escena pensaría que hablo con fantasmas o que de plano estoy loca.

 

 

«Entonces ve, si no vas y lo dejas solo con esa mujer mañana te reclamará y estará enojado contigo»

 

 

— ¡No sé que hacer! — Me tumbé en la cama e hice una especie de pataleta, estaba en una crisis y mis pensamientos sólo me confundían más.

 

 

«Dales treinta minutos para que hablen de sus cosas, considero que es suficiente, después apareces y te disculpas por llegar tarde, dices que salía agua fría o que te sentiste mal, no se, cualquier cosa»

 

 

¡Es verdad! Mi subconsciente tenía razón por primera vez en toda mi vida, no era necesario faltar a la cena, podía llegar un poco tarde cuando ellos ya hubieran hablado de sus asuntos y listo.

Me incorporé de golpe y corrí hacia la bañera, no sé cuánto eché de burbujas y de aceites esenciales pero de verdad fue un baño relajante.

Ahora llegó el turno de la ropa, desgraciadamente no tenía vestidos elegantes o ropa casual que fuera acorde con una cena importante. Había un vestido azul con tirantes y un pequeño lazo blanco en la cintura que a mí parecer era lo más cercano a algo elegante, dejé mi cabello suelto como casi siempre, el cuál cayó en ondas perfectas sobre mis hombros.

Espere ansiosamente a que  transcurrieran los treinta minutos planeados desde que recibí el mensaje de Melina.

Una vez pasado el tiempo tomé mi bolso y salí de la habitación rumbo al restaurante. Cuándo llegué me quedé parada en la entrada, no sabía si debía entrar o no, no quería importunar.

 

 

¿Y si aún no terminaban su charla? Caminé de un lado a otro afuera del restaurante tratando de hacer un poco más de tiempo y finalmente entré.

 

 

Los observé sentados en una mesa, Melina se veía triste y parecía tratar de explicar algo, Alexander por su parte miraba a hacia otro lado y por segundos observaba su reloj.

Me acerque a ellos temerosa porqué Melina fuera a relevar el plan que teníamos o porque simplemente mi jefe lo descubriera, realmente no importaba mucho cuál de las dos opciones fuera, ambas traían consecuencias graves para mí.

 

 

— Buenas noches — Saludé.

 

 

Melina me miró, estaba molesta por mi repentina aparición, quizá debí decirle que iba a llegar más tarde pero después de todo esta era mi cena, yo fuí quién invito a mi jefe no ella.

 

 

— Señorita Vázquez creí que no vendría — Volteó a verme, y aunque no se notara enojado yo podía escuchar la molestia en su voz.

 

 

— Lo lamento señor, la sesión espiritual del medio día me dejó agotada y me quedé dormida sin darme cuenta — Lo sé, una explicación vergonzosa y estúpida pero quizá lo más creíble.

 

 

Miró su reloj y posó sus ojos negros en mí nuevamente.

 

 

— Tome asiento señorita Vázquez, la señora Rowen ya se va.

 

 

La tensión del momento se podía sentir, casi palpar diría yo.

Mire a Melina quién estaba apretando los puños con fuerza sobre la mesa, se paró de golpe y antes que pudiera irse mi jefe la detuvo.

 

 

— Estoy de acuerdo — Dijo y le indicó con la mano que ahora sí podía retirarse.

Melina quiso sonreír pero sólo salió una mueca, tenía curiosidad de que habían hablado pero no podía preguntar, no era asunto mío.

 

 

Mi jefe llamó al mesero, pidió una botella de vino y un plato de nombre raro, supuse que se trataba de carne con algún tipo de salsa.

 

 

— Debe tener hambre señorita Vázquez, he pedido para usted, espero le guste. — No me miró, colocó la servilleta sobre sus piernas e imité la acción.

 

 

— Gracias.

 

 

El mesero llegó unos minutos después con la orden, sirvió el vino y se reti

Durante la cena no hablamos de mucho, en realidad de nada, no me miró a la cara ni una vez. Tenía una sensación extraña, me sentía un poco mal, debo admitir qué esperaba más. En parte se qué fue mi culpa por permitir que Melina lo viera antes pero ese era uno de mis tantos defectos... No podía decir que no y menos a alguien con un aspecto tan decadente.

Cuando terminamos de cenar nos retiramos a nuestras habitaciones, habíamos bebido un poco mas de la cuenta pero para mi sorpresa esta vez no me embriague tanto como la anterior. Una vez llegamos a las habitaciones nos detuvimos frente a mi puerta.

— Buenas noches Señor. Gracias por la cena.

Me di la vuelta y busqué la tarjeta en mi bolso, cuando estuve a punto de entrar alguien me tomé del brazo y me giró bruscamente.

Mi jefe estaba reteniéndome contra la pared  y mi corazón empezó a latir más rápido de lo normal.

— ¿Se encuentra bien? — Cuestioné preocupada por su actitud.

Él me miró por unos instantes y lo que menos esperaba ocurrió, sin decir nada se acercó a mi rostro y me besó. Miles de emociones invadieron mi pecho, me sentía confundida pero al mismo tiempo algo dentro de mi se alegro tanto que sentí como si el corazón fuera a salirse de su sitio.

A diferencia del beso incomodo con Iván hace algunos años, este fue cálido, lleno de seguridad y confianza, sus labios se movían con un ritmo perfecto  y yo que no entendía nada lo devolví.

 

 

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Comments

Lis Lis

Lis Lis

Esta prota es boba, gafa o estúpida, ya veo que se avecina problemas grandes por si soberana burrada al prestarse al juego de la arpia.. Hay no autora póngale las pilas a la prota plisssss

2024-06-17

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Lisbeth Valbuena

Lisbeth Valbuena

oh por dios clarisa no debiste prestarte a que tu jefe se viera con Melina, en cualquier momento eso se descubrira es mejor que se lo digas , que paso con el jefe, que beso a clarisa, 🤷

2023-10-29

1

Love_read😍📖💙

Love_read😍📖💙

Digo y no sospecha que si su jefe se entera que recibió tal visita y ocultó que ella estaba en su habitación, que tenga contacto sin siquiera conocerse... No será tomada como posible complice para volver a estafarlo? Digo ella escuchó a viva voz a su jefe decírselo frente a frente y ella tenía una actitud cínica y altanero, y tal parecia que la eetaba aparte de que la menospreciaba, que supiera en cuál habitación estaba y su nombre... son muchos detalles y eso no la hace desconfiar? En conclusión es una tonta

2022-10-02

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