SIETE

Narrador omnisciente

Clarisa llevaba cerca de hora y media pensando si debía usar el vestido que le había mandado Alexander o no, era bastante revelador, definitivamente no era algo que ella usaría.

El vestido era azul marino. Adornado con pedrería brillante en el área del escote, lo cual hacia que esa zona resaltara más. Sin mangas y largo hasta los tobillos. Además, no solo se sentiría incómoda llevándolo si no qué también no tenía ni idea de cómo peinarse o que accesorios usar.

Maldijo a Alexander desde lo más profundo de su ser, y no, no porque el vestido no le gustara; si no porque él habia sido quien lo escogió y por eso estaba obligada a usarlo aunque su conciencia le pidiera a gritos que no lo hiciera.

Lo tomó de mala gana y se lo probó por encima.

— Justo de mi talla — Bufó.

Se desvistió y quedó solo en ropa interior. Se colocó el vestido y se miró en el espejo, como supuso el vestido resaltaba en exceso, era como una enorme luz que decía "Mírame aquí estoy".

Ahora además de el vestuario extravagante tenía otro problema ¿Cómo iba a arreglarse? No tenía nada más que un cepillo y un par de ligas, no podía hacer mucho con eso. Luego de darle varias vueltas al asunto decidió dejarse el cabello suelto, aunque realmente fué una decisión basada en esconder el escote.

Sin maquillaje, con el cabello suelto y un vestido que parecía de modelo es como pensaba enfrentar a Alexander y a la cena esa noche. Por fortuna el vestido traía un juego de zapatillas del mismo tono, así que no tuvo que preocuparse por el calzado.

Ocho en punto Alexander estaba tocando la puerta de la habitación, Clarisa estaba sentada en la orilla de la cama esperando aquél momento fatídico,estaba tan sumida pensando en todos los escenarios desastrosos qué pegó un brinco en cuanto escucho los golpes.

Se levantó despacio y caminó con cautela hacia la puerta, colocó la mano sobre la perilla, respiro hondo y abrió.

— Buenas noches señorita Vázquez ¿Está lista? — Cuestionó Alexander con el mismo tono frío y monótono de siempre.

— Si señor Ikannov — Intentó demostrar seguridad aunque los nervios estuvieran comiéndose su interior.

— Muy bien, adelante entonces — No era la respuesta que ella esperaba, sin embargo le alegro que no cuestionara su poco arreglo.

Caminaron en silencio por el largo pasillo, se podían escuchar los ruidos provenientes de los huéspedes que habitaban aquellas habitaciones. Niños gritando y las madres tratando de controlarlos, risas que posiblemente provenían de una pareja qué recién empezaba su velada. Clarisa sentía que en cada paso la inseguridad se apoderaba de ella, el único consuelo que tenía era la "promesa"de su jefe; no tenía que hablar sobre algo en específico, solo estar ahí de oyente y anotar lo que fuera necesario.

De estar en los pasillos de las habitaciones, ahora se encontraban frente a la entrada del restaurante-bar.

Alexander se detuvo en seco y se arregló el traje que vestía, también aprovechó para darle una mirada a la joven que estaba a su lado, pudo sentir el nerviosismo de la muchacha y pidió para sus adentros que no cometiera alguna estupidez que pudiera arruinarle el negocio.

Finalmente se encontraron frente al grupo de inversionistas, saludaron y cada uno se sentó en su respectivo sitio alrededor de la mesa.

— Buenas noche Alexander — Saludó uno de ellos.

— ¿Qué tal los negocios Señor Ikannov? — Cuestionó otro.

Y a ellos se sumaron dos más con preguntas, siempre se referían a Alexander, parecía que ninguno había notado la presencia de la tímida joven sentada junto a él.

— Muy bien señores — Empezó a hablar Alexander luego de responder todas las preguntas — Estamos aquí para sellar la alianza entre nuestras empresas — Explicó.

Y mientras Alexander exponía todos los puntos de la negociación el camarero servía vino a cada uno. Quizá fueron los nervios qué aún sentía o quizá sólo fue un pequeño momento de locura pero Clarisa aprovechó para beber su copa de un solo trago y además pidió que le sirvieran más.

Con eso bastó para que las mejillas se encendieran en un tono rojizo y de la nada empezó a reírse, no era una risa escandalosa, si no una casi inaudible pero perceptible.

Alexander volteó a verla y su mirada demostraba que estaba furioso, claro que la pobre chica no se percató de eso, en su lugar empezó a tararear una melodía y pidió que le sirvieran un poco más de vino.

El resto de presentes la observaban con gracia, no fué hasta ese momento que los inversionistas se percataron de su presencia «Es una chica hermosa» pensaron algunos, el resto sólo imaginó lo divertido e interesante qué sería pasar un momento íntimo con ella.

Alexander los conocía, sabía que eran hombres de negocios pero también de mente sucia, conocía sus puntos débiles y las cosas terribles que podían llegar a hacer con las mujeres.

— Vete a la habitación ahora mismo — No gritó pero el tono que usó fue suficiente para saber lo molesto que estaba.

Clarisa lo miró y le sonrió como si estuviera tratando de decirle con la mirada "Obligame" en otras circunstancias ni siquiera se habría atrevido pero ahora estaba bajo las influencias del alcohol.

— ¿Esta mujer es su asistente? — Preguntó uno de los hombres que los acompañaban, miraba a Clarisa de una forma especial y un tanto indecente.

— Si, les pido disculpas en su nombre — Alexander trató de explicar la situación — Es su primera cena formal y está nerviosa.

— Puedo llevarla a la habitación si gusta — Ofreció otro de los hombres.

— No es necesario gracias, será mejor que dejemos esta cena para otra ocasión — Se levantó del asiento y tomó a la chica.

Intentó levantarla y acomodarla para que fuera más sencillo caminar con ella, no entendía como era posible que con solo dos copas de vino se encontrara en ese estado.

Tanto los inversionistas como el resto de comensales observaban la escena divertidos. Mientras tanto Alexander maldecia a Clarisa desde su adentros.

Caminaron con dificultad por el restaurante, el reducido espacio hacia que la misión fuera aún más complicada.

— Clarisa por favor camina — Suplicó.

Ella solo se rió y negó con la cabeza como si de una travesura se tratara.

— No quiero, estoy cansada — Respondió con un puchero.

En ese instante Alexander Ikannov se arrepintió con todas sus fuerzas de haberla contratado pero ya arreglaría ese error, estaba decidido a despedirla el día siguiente.

Cruzaron recepción y llegaron al área de los pasillos,faltaba poco para llegar a su habitación.

El joven empresario creyó que sería buena idea dejar a Clarisa en su habitación, así se evitaría malos entendidos al día siguiente. Tomó el bolso de la joven y busco la tarjeta que abriría la puerta.

Una vez dentro le echó un vistazo a todo el cuarto. Sinceramente esperaba encontrarlo desordenado, con ropa tirada por aquí y por allá.

Así era como el veía a Clarisa. La veía como una joven desordenada, interesada y como todas aquellas que solo juegan con el corazón. El creía que Clarisa no era más que otra cara bonita codiciosa y egoísta.

Los efectos del alcohol, el traslado y el nerviosismo de horas antes cobraron factura haciendo que la pobre mujer se vomitara encima. Alexander hizo una mueca de desagrado y molestia al ver un vestido tan costoso arruinado por el vómito.

Por un instante pensó en dejarla así, sucia y desdichada pero le ganó la conciencia. Preparó la tina con agua tibia que también serviría para devolverle un poco de sobriedad a su asistente.

Cómo pudo levantó a la chica de la cama y la llevo hacía el cuarto de baño. Ahora se venía una tarea bastante complicada e incómoda. Tenía que desvestirla.

Habia estado con algunas mujeres anteriormente, así que el cuerpo desnudo de la que tenía frente a él no le causaría gran impacto. El verdadero problema era que si ella malentendia la situación podría aprovecharse de eso y demandarlo para obtener todo el dinero posible.

Mientras él seguía debatiendo si desvestirla o no, Clarisa ya estaba con medio cuerpo dentro de la bañera.

— ¿Qué está haciendo? — Preguntó consternado.

— ¿Estás ciego? — Se defendió — Tomaré un baño.

— Bien, veo que está mejor. Me voy — Dijo en tono seco y se preparó para salir del baño.

Y antes de que siquiera pudiera dar un paso, Clarisa se colgó de su cuello provocando que cayera sobre ella en la bañera.

Alexander se incorporó de golpe, más asustado que molestó. Creyó que la chica había golpeado su cabeza contra la tina y de ser así debía llamar a emergencias, por suerte solo había sido un susto. Clarisa emergió del agua tosiendo y con el cabello escurriendo a mares.

— ¿Está bien? — Cuestionó preocupado.

Ella solo asintió rápidamente y él la ayudó a salir de la tina para llevarla de vuelta al dormitorio.

— Señorita Vázquez — Dijo en tono suave — No me malinterprete pero debe quitarse el vestido y cambiarse de ropa — Explicó.

Ella nuevamente se quedó en silencio, aún no estaba al cien por ciento. En realidad, ella creía que lo que veía no era a su jefe si no una especie de alucinación proveniente del alcohol.

No lo pensó dos veces y se quitó el vestido, era incómodo, pesaba por la humedad y además aún olía a vómito.

« Qué fastidiosa es esta alucinación, ni siquiera me deja dar un baño en paz, es igual de molesta que mi jefe» Pensó.

Se desplazó de un lado a otro tan solo con las bragas buscando su pijama, al final se dió por vencida de no encontrarla y se tiró en la cama abatida por el cansancio.

Alexánder seguía pasmado en su sitio, no era esa la reacción que esperaba, realmente nada de lo que pasó esa noche era lo que el esperaba. Salió de la habitación de su asistente con la mente desordenada y el corazón confundido.

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Comments

Dilia Contreras

Dilia Contreras

Clarisa es un animalito salvaje, pobre chica y tanto que Necesita el trabajo, pero lo que no entiendo porque hace tantas locuras sabiendo la clase de jefe que tiene.

2024-12-09

0

Griss Romero

Griss Romero

Que tragedia para los dos, ella no se da cuenta que será despedida al día siguiente y el está totalmente desconcertado por el comportamiento de ella

2024-09-02

0

Mildred Josefina Maiz Zapata

Mildred Josefina Maiz Zapata

es en serio porque todas las novelas ponen a las mujeres más abajo del subsuelo
hay que tener dos dedos de fre te para saber que si vas a una reunión de negocios no debes de embarracharte y mucho menos delante de tu jefe
bueno es que ella no tiene cerebro creo yo

2024-03-10

3

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