Me va a matar.

Alejandro:

Luego de que mi amigo Maximiliano se marchó, me quedé trabajando un poco más; debía dejar todo en orden en la compañía para poder ausentarme varios días e investigar sobre la muerte de todos en la academia. No puedo dejar pasar esto, y hoy creo que puedo dejar todo listo; desde mañana inicio mi investigación.

No puedo confiar en nadie, ni siquiera en los mismos cupidos. Alguien nos traicionó y dio nuestra ubicación, ¿o si no cómo nos encontraron, cuando nadie fuera sabe de nuestra existencia? Por eso debo trabajar solo. Sé que va a ser complicado, pero estoy bien entrenado, y voy a lograr encontrar al responsable.

Mientras trabajo, recibo una llamada. Es un número desconocido. Pienso en no contestar, pero algo me dice que debo hacerlo.

—Sí, dígame.

—Alejandro Vlack, tenemos secuestrada a su novia. Si quieres volver a verla, debes darnos la urna; si te niegas a entregarla, me temo que tendremos que rebanarle el cuello a la chica.

¿Qué es esto? Tratan de conseguir la rosa, es obvio... pero ¿novia, de dónde? Seguro piensan que voy a caer en eso. Ni pienso hacerlo; aunque podría rastrear esta llamada y descubrir quiénes están detrás de todo. Sin embargo, dudo que ellos en persona me estén llamando; es seguro que son solo peones en este juego macabro.

—¿Esto es una broma? No tengo novia; no me vuelvan a llamar.

Les cuelgo, pero llamo a Sebastián, uno de mis mejores hackers.

—Hola, señor Vlack, dígame en qué puedo ayudarlo.

—Necesito que encuentres desde dónde me llamaron; ya te paso el número. Necesito la ubicación.

—Listo, señor, en media hora le marco para darle los resultados.

—Bien, adiós.

Vuelvo mi atención al computador y, veinte minutos después, veo la revista que Maximiliano dejó. Observo la foto de Miranda, y una alerta en mi cabeza se activa. Espera... según los medios de comunicación, Miranda es mi novia. ¿Y si en realidad la tienen a ella? Paso saliva por mi garganta. ¿Cómo pude ser tan descuidado? Si la tienen, debe estar muy asustada... bueno, si aún no la han asesinado.

"Mierda, ¿cómo lo pude olvidar?"

Debo calmarme y primero averiguar si en realidad la tienen. Busco mi celular, pero recuerdo que no tengo el número de esa loca, ¿y ahora cómo hago...? No me queda más remedio que pedirle a Maximiliano que averigüe; después de todo, fue él quien resolvió el problema de los medios de comunicación. Le llamo y me contesta casi de inmediato.

—Averigua si Miranda se encuentra bien, en su casa o universidad.

No le dejo ni que me conteste antes de colgar.

—Espera, ¿para qué necesitas eso? ¿Pasó algo?... ¿O al fin decidiste darte una oportunidad en el amor y vas a buscarla para pedirle que salga contigo?

—Cállate, bruto. Creo que la secuestraron.

—¿Qué?

—No tenemos tiempo para explicaciones; haz lo que te pedí y asegúrate de que esté bien.

—Claro, ya me pongo en eso.

Le cuelgo y me levanto de mi asiento. Ya no puedo concentrarme; me está matando la angustia. Siento una opresión en el pecho. "Debe ser porque no quiero que, por mi culpa, le pase algo. ¿Por qué me siento de este modo? Siento que no puedo respirar." Y si le pasa algo... y si Miranda ya no vuelve. Me regaño por mis pensamientos.

Miranda es muy arrogante y me cae mal, por supuesto que me cae mal, y esta preocupación la tendría por cualquiera. Doy vueltas buscando en mi cabeza algo que pueda hacer. Mi celular suena, y lo tomo de inmediato, ni siquiera miro el número que aparece.

—¿Sí?

—Señor Vlack, soy Sebastián. No le tengo buenas noticias: no logré encontrar la ubicación del número que me dio. Lo siento por no poder ayudarlo, pero es como si el número ni siquiera existiera.

—Tranquilo, y gracias de igual forma.

—Para lo que necesite, estaré dispuesto a ayudarlo.

—Ok, adiós.

Mierda, era obvio. Si esto es sobre la urna, seguro una bruja está detrás de esto; de seguro ocultó su rastro para que no la encuentre. ¿Y ahora qué hago? Miranda podría estar en peligro. Mi teléfono vuelve a sonar, es Maximiliano. "Qué rápido fue."

—Alejandro, Miranda no está en ningún lado. Creo que tienes razón, posiblemente la secuestraron.

—¿Hablaste con su familia?, ¿amigos? ¿Estás completamente seguro de que no está?

—Sí, su familia está preocupada; la llaman y no contesta. Han llamado a la policía, pero ya sabes cómo son: después de veinticuatro horas es que se da como desaparecida. Su padre, el señor Chard, está buscándola por cielo y tierra. ¿Qué vas a hacer? No sabes dónde está. Iré para allá y me cuentas cómo supiste.

—Mierda, me llamaron. Al parecer, tienen a Miranda porque creen que es mi novia, pero les colgué.

—¿Qué? ¿Tú les colgaste? ¡Por lo menos hubieras preguntado, no? Joder, pobre chica, debe estar aterrada. Por lo poco que vi en las fotos, se ve bastante frágil. Esperemos que no le pase nada. Dime, ¿qué era lo que querían, o no te dijeron?

No le puedo decir sobre la urna; él no sabe sobre cupido, y no me siento en la capacidad de contarle. No puedo confiar en nadie. Sé que Maximiliano ha sido un buen amigo, pero no puedo estar tan seguro de que no me traicione.

—Dinero, ¿qué más podrían querer? Te dejo, voy a ver qué logro averiguar y si puedo ayudarla a salir de este problema. Adiós.

Le cuelgo antes de que pueda decir algo más. Voy a la mesa, tomo las llaves de mi auto y me dirijo al garaje de la empresa. Debo buscar a Miranda así sea por debajo de las piedras, y si es necesario, movilizar toda Metrópolis. Cuando llego a la puerta del coche, levanto la mirada y la veo.

Miranda viene hacia mí; se ve furiosa, hasta parece que quiere asesinarme. Me siento aliviado de verla; mi preocupación desaparece, mi respiración vuelve a la normalidad. Joder, no me había dado cuenta de que estaba conteniendo la respiración. Salgo directo hacia ella, quiero abrazarla y saber que esto no es un sueño, sino que es real. Antes de llegar a abrazarla, la veo quitarse uno de sus zapatos... y me lo lanza.

—¡Idiota! ¡Por poco y muero! Y todo por tu culpa.

¿Pero qué le pasa? ¿Acaso fui yo quien la secuestró?

—¿Cómo se te ocurre colgar? Joder, te mataré.

Así que era eso. Vaya, sí que se enojó. Pero yo ni sabía que era a ella a quien habían secuestrado. Tampoco es para tanto, ¿o sí?

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Comments

Francisca Miranda Garcia

Francisca Miranda Garcia

pues como le hizo, claro es Afrodita

2024-11-21

1

YOLANDA ARTOLA

YOLANDA ARTOLA

Que bestia más grande el tipo, es como para castrarlo ya que es tan desenfadado con la vida ajena a ver si le gusta.

2024-11-21

3

Sonia de la Torre

Sonia de la Torre

Salió ella solita 😅 A ver la que lío 🫣 No me gusta la tal Linda 🤨

2024-03-01

2

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