Secuestro

Miranda:

Después de hablar con Alejandro, fui a ver a Linda. A pesar de que le dije a Alejandro que investigara él mismo, la curiosidad por saber quién está detrás de todo esto no me deja dormir. ¿Qué ganan con inventar todas esas cosas? Hablamos un rato y ella solo me dijo que no me preocupara.

Al día siguiente, sin embargo, aparecieron nuevas portadas, donde aparecemos ambos en el parque y luego entrando a su casa. ¿En qué momento nos tomaron esas fotos? De verdad, la gente es cosa seria. Poco después, las noticias anunciaron la muerte del padre de Alejandro, una verdadera tragedia. Sé que me llevo fatal con él, pero fui al entierro y lo vi de lejos con su madre; se mostraba sereno, pero podía notar su tristeza en la expresión de sus ojos. No me acerqué, pues no quería que se esparcieran más rumores, menos en un momento tan duro para Alejandro.

Por eso, me alejé cuando la ceremonia terminó. Sin embargo, últimamente mi vida está patas arriba, y ya que Alejandro está pasando por este momento tan difícil, creo que yo podría encargarme de investigar quién nos está señalando y creando rumores. En la universidad, todos me miran y murmuran. Incluso algunos se han acercado para confirmar si realmente estoy saliendo con el CEO más importante de la ciudad. No puedo más, y si tengo el dinero para investigar, ¿por qué no hacerlo?

Linda tiene un “amigo” investigador. Quizás él pueda ayudarme, así que me dirigí a su apartamento. Al llegar, el portero me dio el pase de inmediato; ya me conoce. Cuando voy a tomar el ascensor, tropiezo con alguien: es alto, de buen físico, con cabello blanco y muy guapo. Sin embargo, no tan guapo como Alejandro. Me regaño mentalmente. ¿Qué acabo de pensar? Por dios, ese hígado encebollado no puede parecerme guapo.

El hombre se disculpa, pero se queda mirándome un instante, lo cual me parece extraño. Luego, simplemente da media vuelta y se marcha. Algo en él me resulta familiar, pero no sé qué es; siento que lo he visto en algún lugar. Sin darle más vueltas al asunto, subo al ascensor y marco el cuarto piso. Una vez llego, llamo a la puerta, y Linda me abre; se nota que ha estado ocupada.

—¡Miranda! Qué gusto verte.

—¿Qué te pasa? ¿Por qué pareces nerviosa? ¿Acaso estás con alguien?

—No estoy con nadie y no estoy nerviosa, solo me sorprende tu visita tan inesperada... Pero pasa, por favor.

La sigo, aunque no me convence del todo. Cuando Linda se comporta así, suele ser porque algo está tramando. Entro y noto todo ordenado y tranquilo. Ella me ofrece algo de tomar, y acepto.

—Necesito que me ayudes con algo —le digo.

—¿Ah sí? Pues dime, ¿para qué soy buena?

—Bueno, en realidad necesito al investigador con el que saliste o sales... tu “amigo”.

—¿Miguel?

—No, el del aeropuerto.

—¡Ah! Lukas. ¿Qué necesitas de él?

—Que me ayude a investigar quién está detrás de todo esto de las fotos y titulares.

—¿Todavía siguen con eso?

—Sí, y es muy fastidioso. En la uni todos hablan de eso; es tedioso.

—¿Y Alejandro qué dice?

—No hemos hablado, y no quiero que se involucre más. El pobre está pasando por un momento muy duro. La pérdida de su padre no debe ser fácil.

—Claro. Bueno, no te preocupes, yo hablo con Lukas y le cuento cada paso.

—¿Por qué mejor no me pasas su número?

Linda me mira por un momento, sonríe y me dice:

—Es mejor si hablo yo con él; es mi amigo, y ya lo conozco. Estoy segura de que si le pido yo el favor lo pondrá como prioridad.

—Pero...

—¡Ay, qué tarde es! —me interrumpe—. Tengo una cita. No es que te esté echando, pero necesito salir volando para allá.

Prácticamente me saca a empujones del departamento. ¿Pero qué le pasa? Nunca había actuado tan extraña. Bueno, al menos ya encontré investigador. Me dirijo hacia la salida, pero, antes de llegar al garaje donde dejé mi auto, siento cómo alguien me cubre la cabeza con una capucha. Todo se vuelve oscuro; pataleo y golpeo como puedo.

Siento que me suben a un coche y arrancan. Me siento desorientada. No me hablan, no me dicen nada; solo escucho el motor mientras me llevan quién sabe hacia dónde.

—Si lo que quieren es dinero, se los daré —digo con voz temblorosa.

—Cállate.

Es lo único que me dicen. La voz es gruesa, la de un hombre, pero no logro distinguir mucho más. Solo espero que no me hagan nada malo; no quiero morir. Apenas he vivido diez años en este cuerpo. Tras un rato de camino, siento que el auto se detiene. Me sacan como a un costal, trato de pelear, pero como no veo nada, no logro hacer mucho.

Me sientan en una silla y atan mis manos a la espalda. Me dejan sola durante media hora; no hay ruidos, parece que estamos en una bodega. Finalmente, escucho pasos que se acercan. Me quitan la capucha, y veo a seis encapuchados. Distingo el cuerpo de una mujer; es más pequeña y su figura no miente. Ella se acerca un poco.

—Dinos, si llamamos a Alejandro, ¿crees que vendrá por ti?

¿Alejandro? ¿Qué tiene que ver él con esto? ¿Acaso esto es por él?

—¿Qué te comió la lengua el ratón?

De repente, escucho la voz de un hombre.

—Llamemos; seguro que Alejandro nos da lo que pedimos con tal de salvar a su noviecita.

"¿Novia?" ¡Así que creen que soy la novia de Alejandro! Sabía que esto me traería problemas tarde o temprano. Pero esto es fácil de resolver; solo debo decirles que se equivocaron.

—Perdón...

Ambos voltean a verme. No puedo ver sus rostros, pero sé que están expectantes de lo que diré.

—Creo que cometieron un pequeño error: no soy la novia de Alejandro. No se preocupen; no vi sus rostros, pero ya que aclaramos el malentendido, me pueden dejar ir. Juro que ni mencionaré que me secuestraron.

Ambos se miran entre sí. Creo que finalmente han entendido su error. Sonrío, respiro aliviada. Cuando al fin voy a celebrar, ambos sueltan una carcajada.

—¿Nos crees idiotas? Te hemos visto en las revistas; eres su noviecita de turno.

Es el hombre quien se acerca a mí. La mujer se da la vuelta, y antes de que diga algo más, regresa con un teléfono. Me tapan la boca y veo que marcan un número.

—¿Dígame? —contesta alguien.

—Alejandro Vlack, tenemos secuestrada a tu novia. Si quieres volver a verla, debes darnos la urna. Si te niegas a entregarla, me temo que tendremos que rebanarle el cuello a la chica.

Mis ojos se abren como platos. ¿Me quieren rebanar el cuello? Bueno, de seguro Alejandro negociará con ellos. Puede que nos llevemos mal, pero no creo que me deje morir.

—¿Esto es una broma? No tengo novia; no vuelvan a llamar.

Y cuelga. ¿Acaso está loco? ¡Estos desgraciados me van a asesinar! Ahora sí llegó mi fin; moriré y solo porque me confundieron. En mi mente aparece un nombre, y me gustaría poder ahorcarlo. Si salgo con vida, lo asesinaré. Haré lo que tenga que hacer para sobrevivir.

En mi mente empieza a formarse un plan, y no puedo evitar sonreír.

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Comments

Francisca Miranda Garcia

Francisca Miranda Garcia

esa Afrodita es bien astuta por algo es la hija de Zeus y su amiga linda es la del chisme en la revista

2024-11-21

2

Sonia de la Torre

Sonia de la Torre

Es que es cierto, no tiene novia 🤷‍♀️ Y buscan la rosa 🤔

2024-03-01

2

Edna Miranda

Edna Miranda

que pecado 😂😂😂😂

2024-01-19

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