Sentada en una especie de lugar de honor donde podía ver todo, y ser vista por todos, Sazshen se sentía levemente ansiosa de ver tanta gente.
No me gustan las multitudes…
Una vez más, sin entender cómo, se había visto en medio de algo que la superaba, y que no era su intención que ocurriera.
Hace tres días, había llevado a Seniatta consigo al gremio de comercio para hacerla su representante y la persona encargada de administrar todos sus negocios. La chica, pese a ser un mar de nervios cuando estaba delante ella o de Xerxes, hablaba con bastante soltura y autoridad con cualquier otra persona, y más aún con los comerciantes poco éticos, o los presuntos timadores que parecían estar esperando a Sazshen dentro de los muros del gremio, atraídos por las historias de que la adinerada mujer compraba prácticamente lo que sea.
Después de ver cómo la pequeña mujer defendía su cartera con más fiereza que un dragón a su oro, una vez más se sentía alegre por haberla traído. Durante dos días, simplemente la dejo ser y hacer lo que le plazca, segura de que siempre haría lo mejor, mientras tanto, Sazshen, que aún poniendo la excusa de los días que pasó enterada en trabajo, se pasaba el día descansando, comiendo, olvidando conveniente su supuesta dieta, trabajado en su proyecto secreto, jugando con sus hijas (temporales), y durmiendo, todavía sin mostrar interés en su deseo de buscar un método para volver a su mundo.
Tal era su desinterés por lo que pasaba a su alrededor, que ni se llegó a enterar de que la princesa doberman se había vuelto la regente de la ciudad mientras alguien llegaba a reemplazarla, y cuando fue invitada como persona de honor en la inauguración del nuevo orfanato, tampoco prestó atención cuando le dijeron específicamente que se haría un pequeño festival, y que se esperaba que ella sea la que cortará el listón inaugural.
Mirando a toda la alegría a su alrededor, se sintió un poco cohibida y avergonzada de que sea ella a quien se le agradezca, ya que después de todo, no había hecho nada.
Solo me la he pasado comiendo y jugueteando por ahí ¿Porque la gente me sigue sumando proezas?
Sentada sin saber qué pensar al respecto, sabiendo que si bien había hecho pequeñas contribuciones, seguía lejos de ser la figura casi divina que muchos ya empezaban a tener de ella, solo quedo observando todo, buscando de reojo a sus hijas (temporales).
Había visto a Charlotte junto a su hermana, ambas estaban un poco lejos de toda la multitud, si bien Charlotte ya era conocida por la gran mayoría de los presentes, ambas eran princesas del reino, y su sola presencia podía nerviosos a muchos, que creían que debían cuidar sus modales o serían castigados.
Bea aparecía cada cierto tiempo, se sentaba en su regazo a descansar, hasta que pasaba corriendo una cuadrilla de los niños del orfanato, y ella pegaba un salto para correr detrás de ellos. Ver a la pequeña niña tan alegre y feliz, le daba una sensación cálida que le tenía más valor que cualquier lugar de honor, ovación u alabanza. En general, ver a esos pequeños tan alegres y joviales, disfrutando de la comida y festival a su particular manera, le demostraba que por lo menos había hecho algo bueno.
En el cielo, el sol ya había bajado mucho más del medio día, y a la distancia, pudo reconocer a la abuela Martha junto a su nieta acercándose a ella presumiblemente para el evento principal. Mirando a la pequeña anciana que pese a su avanzada edad, todavía caminaba con la espalda erguida, y con la frente en el alto, se preguntó porque no era ella la que estaba siendo aclamada.
Aquella pequeña y anciana mujer, armada únicamente con buenas intenciones y una voluntad inquebrantable, había mantenido en pie aquel orfanato por más de 4 décadas, aguantando golpe tras golpe de la vida, peleando sin apenas recursos, sacando adelante a tantas pequeñas almas de las que nadie se quería hacer cargo.
Ella sí era una persona increíble, alguien que merecía todas las ovaciones del mundo, y que aún así no serían suficientes.
Levantándose de su silla, acompañó ambas mujeres y a Aarón que había aparecido cargando unas tijeras enormes, hasta la entrada del nuevo orfanato, al verla moverse, sabiendo que iba a dar comienzo el evento principal, todos los invitados estuvieron pendientes de la procesión.
Sujetado por dos hombres, de los que reconoció al dueño del taller de carpintería que dio los toques finales al orfanato, un gran listón de brillante color rojo bloqueaba la entrada del edificio.
Levantando mucho los brazos, Aarón le entregó aquellas enormes tijeras que parecían hechas solo para este evento, y ante las miradas de casi un millar de personas, Sazshen sabía exactamente qué tenía que hacer.
Mirando las tijeras en sus manos, y al listón que esperaba ser cortado, se sentó en cuclillas, y desconcertado a toda la multitud, le ofreció las tijeras a la abuela Martha.
Hablar en público siempre le era difícil, y una multitud tan grande que estaba al pendiente de todos sus movimientos le era peor, sin embargo, por primera vez, las palabras salieron de su boca sin problema.
– esto es suyo, es su recompensa por tantos años de silencioso esfuerzo.
Sin saber que hacer, viendo cómo tal figura a la que jamás había escuchado siquiera hablar, se había arrodillado ante ella para cederle el honor cortar el listón, a la pobre anciana se le venía el mundo encima.
Deseaba pedirle que se levanté, que ella no era digna de tal honor, que ella no había hecho nada que no hubiera hecho cualquiera en su posición, pero observando la expresión tan sincera en el rostro de su benefactora, la anciana miró levemente al viejo edificio que tanto había aguantado.
Mirando a su alrededor, vio muchos rostros conocidos, muchos de los niños y niñas que había cuidado en dentro de aquellas destartaladas paredes, habían venido hoy para celebrar junto a ella.
Soldados, tenderos, carpinteros, floristas, mercaderes, músicos, carniceros, cocineros. Aquellos pequeños que ella había recibido y educado, se habían convertido en hombres y mujeres de bien, que pese a que ahora tenían sus propias familias y obligaciones, siempre habían hecho un esfuerzo para ayudar a mantener aquel viejo orfanato, y ahora qué uno nuevo estaba en pie, todos habían venido corriendo para poner su granito de arena para dar los toques finales, y preparar tan bonita celebración.
Contenido unas lágrimas que le quemaban en los ojos, la anciana mujer tomó aquellas enormes tijeras que debía sujetar con ambas manos, y con ayuda de su nieta, y su asistente, cortaron el listón inaugural, causando así una enorme ovación de todos los presentes
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Comments
lechuza 🦉
gracias por el capitulo 😁
2024-01-08
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lechuza 🦉
pues yo no jaja a mi se me escaparon un par de lagrimas
2024-01-08
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