Capitulo 2

Conduciendo a toda velocidad por las calles de la ciudad, una larga fila de carretas sacudían sus riendas y exigían al máximo a los caballos que tiraban de ellas. Apenas llegaban a un espacio entre dos callejones, una veintena de hombres de aspecto rudo, descargaba la carga de la misma en menos de un minuto, arrojando grandes y pesadas cajas a sus compañeros que bien sabían, que el valor de cada caja era más de lo que ganarían en un año. Apenas la careta estuviera descargada, de un golpetazo al lomo de los caballos, estos una vez más empezarían a correr, y una nueva carreta llena llegaba para ocupar su lugar.

Tan rápida era la operación, y tan bien organizada estaba por verdaderos expertos en sus respectivos campos, que simplemente no había espacio para el error, y durante esa larga noche en la que se descargaron más de 100 carretas, no hubieron tropezones o accidentes ya sea de hombres o animales.

Apenas una de las cajas era descargada, por su color era rápidamente clasificada y enviada por una puerta distinta. Un único error, un único fallo, si bien sólo representaba una pérdida un minuto cuando mucho, ellos no podían perder ese minuto, cada segundo contaba, cada instante era más que vital.

Corriendo con una pesada caja bajo el brazo, un joven descamisado sudaba la gota gorda para seguirle el ritmo a sus compañeros más experimentados. Mirando su caja por centésima vez, siendo está blanca con dos rayas negras, corrió al pasillo de las cajas blancas, y por error casi cruza la puerta de blanco con tres rayas negras, pero se dio cuenta de error antes de que le llamarán la atención, y abriendo la puerta de un portazo, se encontró en una habitación donde había una docena de personas usando extrañas máscaras de cuero, con grandes y afilados cuchillos en sus manos.

Sin tiempo de nada más, sabiendo que casi llegaba tarde, usando una palanca que estaba encima de una mesa, retiró la tapa de la caja, y desparramó su contenido que eran alrededor de unas 50 cebollas, a un barril lleno a rebosar de agua.

Apartándose del camino, porque justo detrás de él venía un compañero para vaciar el contenido de su caja, se felicitó por haber hecho bien su trabajo, y apenas se quedó a mirar cómo a una velocidad increíble, los hombres metían la mano en el barril, para luego cortar las cebollas en julianas con movimientos tan rápidos que apenas eran visibles para el ojo humano.

Colocándose una de esas extrañas máscaras para proteger sus ojos de la resina irritante de las cebollas, tomó una olla llena a rebosar, y una vez más, teniendo especial cuidado para no dejar caer ni una sola rodaja, continuó corriendo, está vez a la puerta clasificada como "cocina Delta-B3", donde el camino, casi choca con una chica que cargaba una canasta de tomates ya lavados, para la cocina Alfa-C1.

Riendo por haber evitado chocar, y posiblemente ser despedidos, pero sin tiempo para intercambiar nombres o disculpas, ambos continuaron corriendo a toda velocidad a direcciones distintas, ya que una vez más, ese pequeño desliz, casi los hacía llegar tarde.

Desde una posición elevada, con los codos apoyados en un barandal, una mujer de un elegante traje de caballero, y una corbata verde esmeralda, observaba tal monumental operación donde era movilizados casi un millar de personas, con el aura y la actitud de una imponente gobernante del submundo.

Levantando una mano, moviendo uno de sus dedos cual batuta, apuntó en una dirección, y de una carroza que se detenían, bajaban una docena de músicos de ropas elegantes, y otra docena de mujeres llegaban a su lado para ofrecerles agua, y magia de hielo, para que no vayan a llegar sudorosos a sus puestos. Apuntando a un lugar diferente, está vez, la que se detenía era otra carroza que transportaba los instrumentos de la banda, que en menos de un minuto fueron descargados y transportados con extremo cuidado.

A cada movimiento, que imitando a la perfección a un maestro de ceremonias, una carroza llegaba, descargando personas, equipo y suministros, y desde la elevada altura dónde se encontraba, a la distancia podía observar el palacio de cristal, lugar donde su hermana le había dado aviso que esa persona, tenía intenciones de ir a comer a su restaurante.

– Que venga…

Declaró solemne mientras miraba a la distancia.

– aquí la estaré esperando.

...****************...

Observando su imagen en un inmenso espejo, Sazshen se dio cuenta que no tenía nada que ponerse… de manera literal.

Cuando regresaron al palacio de cristal, Charlotte mencionó a la dueña del mismo que tenían intenciones de ir a cenar al restaurante de su hermana, y por ende que le hagan una reservación. Con esa noticia, que parecía haber sido esperada durante mucho tiempo, en menos de un minuto, había decenas de personas corriendo a todas direcciones, y Mary Anne, la tercera hermana y dueña del palacio ámbar, llegó a los 10 minutos con un pequeño séquito de costureras después de mencionar que la princesa Valëntia no tenía nada formal que ponerse, y no podía asistir a un lugar tan elegante con una armadura semi rota y manchada de sangre.

Con la mala cara que la caracterizaba, pero entendiendo el valor de la etiqueta, está simplemente se dejó tomar medidas, y luego fue a bañarse mientras se le preparaba un vestido en tiempo récord. Sin embargo, pese a guardar cierto rencor a las hermanas y a sus precios excesivos, después de ver cómo mientras sus costureras tomaban medidas a la princesa, Mary Anne expedia una docena de hermosos y elaborados diseños en abrir y cerrar de ojos, Sazshen estaba un poco emocionada de ser la siguiente, y ver que tipo de ropa le podían elaborar, sin embargo, apenas un diseño fue elegido sin mucho interés por Valëntia, Mary Anne y sus chicas se pusieron manos a la obra, ignorando campantemente a Sazshen, que era la que al final del día estaba pagando por todo.

Suspirando y pensando en su inventario, un centenar de armaduras aparecieron flotando en su mente, todas tenían diseños elaborados y nada prácticos, que si bien no serían una elección tan mala para imponer, había una razón muy curiosa para que ella no pudiera usar ningúna. Todas tenían el requisito de estar al nivel 100, y Sazshen técnicamente estaba al nivel 1.

Aunque ya lo había comprobado con anterioridad, metió su mano en su inventario, y una espada tallada en cristal carmesí salió de la bruma, pero en el momento en que la agitó, ésta se resbaló y cayó al suelo, rechazándola como su propietaria.

Sacando el mismo modelo del bastón que le había dado a Charlotte, bastón que se hacía más complejo y poderoso a medida que subías de nivel, en sus manos, este era únicamente una vara de madera que poca diferencia tenía al palo de una escoba.

Si, simplemente así era, y ya lo había comprobado muchas veces mientras intentaba probar que funciones del juego había conservado, y como habían cambiado las que lograron pasar a este mundo. Sazshen estaba al nivel 1, tal y como lo era cuando era su Avatar en el juego. En el aquel momento, cuando la creó únicamente como un medio súper exagerado para recorrer el mundo que ella había ayudado a crear, no tenía sentido darle el nivel máximo, y cuando la volvió parte de la historia, y un elemento misterioso en el mundo, simplemente le había dado una cantidad absurda de puntos de vida, y una colección de habilidades cada una más destructiva que la anterior, pero había conservado su nivel únicamente porque se le había olvidado aumentarlo.

Bueno, y tampoco es que como si pudiera subir de nivel, Sazshen no tiene un árbol de progresión como el resto de personajes.

Pensando que estaría clavada eternamente al nivel 1, y que nunca podría usar las armas y armaduras que había traído de su juego, que si bien no necesitaba, pero que se veían imponentes ante cualquier observador, dio un largo suspiro, y se puso a revisar el equipo que era independiente al nivel, lugar donde solo encontró prendas deslucidas, ropas de aprendices de una clase, y una colección bastante amplia de capas, que eran un objeto meramente estético dentro del juego.

Pues ya que… si es lo único que tengo que ponerme.

En el recibidor del inmenso piso que habían rentado en el palacio de cristal, Valëntia, Charlotte, y Bea, esperaban que Sazshen saliera de su habitación en la que se había encerrado apenas salir del baño.

Asistidas por el séquito de costureras, que mientras las ayudaban a vestirse, hacían retoques finales a los vestidos que ellas usaban, las 3 chicas vestían despampanantes, y solo esperaban la salida de su benefactora.

A una velocidad de relámpago, Xerxes cruzó el vestíbulo, y haciendo una reverencia, abrió la puerta de la habitación de su señora, y ésta salió.

Con su imponente y sobrenatural altura, sus largos cuernos de un rojo brillante, su cabello como las hebras de oro y sus penetrantes ojos rojos que parecían ver hasta en lo más profundo del alma humana. Sazshen salió de su habitación vistiendo una larga capa negra que barría el suelo.

Sin embargo, pese a que el cambio en su apariencia no era más que simplemente haber cambiado la capa que siempre usaba, el efecto del cambio era imponente, más en las mujeres que habían pasado su vida entre telas y la confección de ropa.

En aquel mundo donde todavía se usaban pigmentos vegetales y minerales para el teñido de la tela, la capa de Sazshen era algo imposible. Aquella capa era de un negro adsoluto, que adsorvia cada voluta de luz y no emitía ningún tipo de reflejó. Anonadadas, el grupo entero contempló la figura de la Emperatriz, que parecía que había arrancado un trozo del firmamento nocturno, y lo había colgado sobre sus hombros sin ningún tipo de respeto a los mortales que jamás podrían aspirar a proezas así.

Con la estoica y levemente aburrida expresión que la caracterizaba, la mujer cruzó el vestíbulo, y salió de la habitación seguida de cerca por sus hijas (temporales) y una metiche a la que no había invitado, e incluso le había comprado un vestido para la ocasión, y a la que no tenía una forma amable de decirle que se vaya.

Apenas el grupo se había subido al inmenso carruaje, a la distancia, la señora del palacio de jade, desde el balcón más alto de su restaurante, volviendo a imitar a un maestro de ceremonias, movió sus dedos cual batutas.

De un movimiento, la fila de carretas que transportaban ingredientes y personal se dispersó, de un movimiento más, los hombres rudos y musculosos entraron corriendo al interior del edificio, y fueron reemplazados por jóvenes elegantemente vestidos, de un movimiento más, magos llegaron a toda velocidad para limpiar la ruta que había entre su restaurante, y el hotel de su hermana, y con un movimiento final, cerrando el crescendo de aquella sinfonía, el silencio absoluto se hizo en las calles, y solo el suave traqueteo, y el sonido de cascos sobre el empedrado, fue lo único que podía ser escuchado.

Un par de minutos fue lo que tardó el viaje en carruaje, y una vez más, aunque la portezuela del mismo podía abrirse sola, con una elegante reverencia, Xerxes había aparecido de la nada, para abrir la puerta.

Una inmensa alfombra roja fue extendida para la llegada de la Emperatriz, y admirando el advenimiento desde la altura del balcón, la dueña del palacio de jade tuvo que hacer uso de toda su fuerza de voluntad para no dar un paso atrás.

Imponente, vistiendo la mismísima noche detrás de ella, la mujer cuya fortuna era inconmensurable descendió del carruaje más lujoso que haya visto nunca, y levantando la vista, sus miradas se encontraron.

Era imposible, ella estaba en lo alto de un balcón, y la mujer estaba al nivel del suelo, y aunque era ella la que tenía que inclinar su cabeza para mirar la entrada, por algún motivo, tenía la impresión de ser ella la que tenía levantar la vista, mientras la mujer la mirada desde arriba.

Saliendo del extraño trance en el que se vio atrapada por escasos segundos, se encontró a sí misma con un cuello muy estirado, y la mirada apuntando al cielo. Negando con la cabeza, frotó sus antebrazos para calmar la piel de gallina que se había quedado, y dando media vuelta, con la voluntad de quién está dispuesto de desafiar a un dios, volvió al interior de su restaurante, preparada para derribar a uno.

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lechuza 🦉

lechuza 🦉

jajaja 😂

2024-01-05

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