Con la pequeña Bea en sus brazos, Sazshen admiro el nuevo edificio del orfanato, al que según los carpinteros y la propia abuela Martha, estaría listo en dos días.
Mirando de reojo el viejo edificio, la diferencia era abismal, casi llegando al punto del absurdo.
Con techos bastante altos (para que ella pudiera entrar, claro está) dos plantas, una gran cocina, dos alas para separar a niños y niñas, más de 50 habitaciones, y espacio más que de sobra para 300 personas, el nuevo edificio dejaba más que en ridículo al viejo, que si bien había resistido como un campeón tormentas, nevadas, e inundaciones, ya estaba en las últimas, y parecía que solo seguía de pie a pura fuerza de voluntad.
Retirando a sus soldados, que al ya no tener nada que hacer se habían quedado en posición de firmes en una esquina del terreno, con este grupo, no solo había retirado a todos los soldados que habían invocado, si no que también había gastado todos los materiales que tenía en su inventario.
Ahora para cualquier cosa que quiera construir, tendré que comprar los materiales.
Se dijo mientras pensaba en cuánto más tendría que invertir antes de empezar a ver sus ganancias.
...****************...
Después de haberse convencido de que lo que le dijo su señora fue real y no producto de su imaginación, Seniatta empezó a recorrer los pasillos del gran hotel, y revisar cuarto por cuarto.
Después de observar que de todas las habitaciones disponibles, solamente ocupan 4, rascándose la cabeza empezó a hacerse preguntas.
¿Por qué renta tanto espacio que no necesita? ¿No es un desperdicio de dinero?
Con su mente llena de números, tomando en cuenta que su señora también había aceptado invertir en negocios casi o directamente nada rentables, al mismo tiempo que pese a que parecía querer generar dinero, lo derrochaba a manos llenas, se preguntó si había alguna otra razón del porque quería administrar tanta tierra.
Llegando al final del pasillo, apunto de abrir la que era la puerta más grande y decorada, justo en el momento en que su mano tocaba la manija, de la nada, el ejecutor apareció, y con su voz fría y metálica dijo.
– esta es la habitación de la Emperatriz.
Cayendo al suelo, aterrada por la indiscreción que estuvo apunto de cometer sin saberlo, rápidamente empezó a disculparse.
– lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento, lo siento.
Ignorando sus súplicas, Xerxes miró un momento a la pequeña asistente de su señora. Durante sus años como ejecutor imperial, al principio fue la propia Seniatta la que servía de intermediaria entre él y la Emperatriz, hasta que un día desapareció, y fue la propia Emperatriz en persona la que le comunicaba sus órdenes.
– ¿Por qué desapareciste?
Preguntó pensando en qué había ocasionado el cambio.
Al observar que el ejecutor no parecía tener intenciones de castigarla, e incluso le hacía una pregunta un poco extraña, acomodando sus lentes, se levantó del piso con un salto.
– ¿Desaparecer de donde?
– tú me hacías llegar las órdenes de la emperatriz, un día dejaste de hacerlo, ¿Porque?
Rascando su cabeza, Seniatta se sentía un poco tonta al responder esa pregunta.
— Verás... es una pregunta curiosa, nada me hubiera gustado más que seguir al servicio de mi señora y seguir obedeciendo sus órdenes, sin embargo, es un tanto difícil trabajar cuando estás muerta sabes. Un grupo de jugadores me mataron.
Con un sonoro "hmmm" Xerxes empezó a darse media vuelta para salir del hotel, tenía un pedido de la princesa Charlotte que ir a recoger, y su Emperatriz también le había dado trabajo, había vuelto únicamente por la petición de su señora de comprobar que Seniatta se haya instalado.
– ¿ya has elegido una habitación?
Preguntó dando media vuelta, y aterrando a Seniatta con su mirada.
– dormir en la oficina está bien para mi…
Declaró incapaz de elegir una habitación después de aquél comentario. Asintiendo, Xerxes estaba por irse, pero reuniendo valor, Seniatta lo detuvo.
– esperá…
Volviendo a dar media vuelta, vio que la pequeña Seniatta temblaba de pies a cabeza.
– la emperatriz me dijo que si necesitaba algo te lo pudiera a ti, y hay cosas que necesito saber, empezando por como luce el dinero y cuál es su valor, todas mis estimaciones las hice basadas en el valor de la tierra por metro cuadrado, pero ese sistema es muy ineficiente y contradictorio. No podré terminar mi trabajo hasta que lo sepa.
Rebuscando en su capa, Xerxes encontró los medallones de oro con los que iba a pagar las compras de hoy, pero sabiendo que ni en broma entregaría aquel "dinero" a cualquier otra persona que no sea el encargado de los establecimientos donde iba comprar, volvió un una vez más a la basura que desde hace días empezaba a hacer bulto. Agitando su capa, dejó caer una montaña de monedas de plata y cobre.
– tengo que esperar un pedido de la princesa y llevarlo ante su presencia antes de que haya caído el sol, también tengo trabajo que me asignó la emperatriz, no podré ayudarte a conseguir tus necesidades, pero me he dado cuenta que este "cambio" también tiene valor en la hora de intercambiarlo por bienes y servicios.
Mirando la inmensa montaña de monedas que era casi de su altura, tartamudeando, Seniatta se atrevió a preguntar.
– esperá… ¿Todo esto es "cambio"? ¿Con que has estado pagando hasta ahora?
– con esto. En ocasiones, me dan una pila de "cambio" en los lugares donde voy a realizar los encargos de la Emperatriz, pero me ocupan demasiado espacio, desde un tiempo para la fecha lo he empezado a rechazar.
Declaró Xerxes enseñando un gran medallón de oro casi del tamaño del rostro de Seniatta, y que era muchas veces más grande que las monedas que estaban tiradas en el piso.
Cayendo de rodillas, Seniatta no era capaz de entender nada. Si su señora quería ganar dinero, ¿Porque prácticamente lo tiraba de manera tan flagrante?
Intentando resolver tan complejo acertijo, mirando que aquel dinero sería útil para un sin fin de cosas, se dijo que no se podía seguir desperdiciando.
– Xerxes, todo el cambio que te den, tráemelo a mí, ¿Está bien?
Aceptando tan rara petición, y siendo incapaz de ver algún inconveniente ya que ni la emperatriz o la princesa le pedían jamás el denominado "cambio", simplemente acepto, y salió del hotel para continuar con su trabajo.
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Comments
lechuza 🦉
jaja pobre de lo que se tiene que encargar
2024-01-06
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