Entre en el ascensor y me quede mirando el botón que estaba iluminado, ahora la flecha indicaba hacia arriba, pero yo tenía las manos ocupadas y no estaba dispuesta a soltar mi carga.
Me quede mirando de un lado al otro y termine por levantar mi pierna a la altura necesaria, presione el botón con el dedo gordo de mi pie y sonreí al darme cuenta de lo que acababa de hacer.
El artefacto se puso en marcha cosa que me hizo reír con triunfo, aunque había sido algo poco usual, por lo menos había funcionado. Baje mi pierna y di media vuelta para quedar de frente a la puerta por la cual había entrado antes.
Si todo salía como antes, las puertas que se acababan de cerrar no se volverían a abrir. El ascensor subió con la gracia de un caracol, con una exquisita lentitud que podría volver loco a cualquiera.
Afortunadamente, yo no era como el restó y definitivamente tenía todo el tiempo del mundo. Allá afuera los engranes parecía que iban a soltarse unos de otros con cada movimiento que hacían.
El elevador se detuvo en dos ocasiones, pero no tardó más de dos minutos en volver a trabajar. Cuando finalmente llego a su destinó, se podría decir que ya había pasado un cuarto de siglo.
La caja seguía abierta así que nuevamente hice uso de mi pierna, la cerré y los botones quedaron una vez más ocultos a la vista. Mientras me acercó a la puerta para tirar de la manija, esta sé abre con tal violencia que apenas logró esquivar el golpe.
El rostro de Maya apareció detrás de la puerta, el peso de todo su cuerpo había sido aplicado para abrir la puerta que evidentemente no podían abrir, ya que la caja de los botones resultaba ser una especie de seguro, mientras se mantuviera abierta nadie podría entrar o salir.
-¡Ey!- exclama al verme -Aquí estás- dice con una sonrisa.
La observó sin decir nada, levanto una de mis cejas al notar el sudor en su frente, es evidente que se esforzó bastante y por largo tiempo, lo que me hace pensar ¿Hace cuánto está aquí?
-¿Quién es ella?- pregunta, apuntando con su dedo a la chica en mis brazos.
Paso a un lado suyo sin decir media palabra, en cuanto salgo del ascensor veo a Olivia parada frente a mi de brazos cruzados.
Un poco más atrás esta Rodrigo apuntando con su arma apenas me ve aparecer, el resto de su pequeño grupo de marionetas están ahí, pero no le pongo mucha atención a ninguno.
Sigo caminando pasando cerca de ellos, Olivia intenta detenerme poniendo sus manos sobre mí.
-¿A dónde creés que vas?- pregunta arrogante y hace señas con la cabeza para que los demás me atrapen.
Ruedo los ojos con fastidio, parece que está mujer está muy acostumbrada a hacer su voluntad, lo que no sabe es que yo también.
-¿Quién es ella? ¿Otro bicho igual que tú?- inquiere con evidente repulsión, hacia nosotros.
Me giró levemente para verla cara a cara, ella se cuadra firmemente, retando me con la mirada, cosa que me hace sonreír.
-Deberias agradecer a este bicho- digo socarrona, apuntando con la cabeza a la chica en mis brazos, -Que no te maté ahora mismo.- digo melosa, mientras sonrió.
Rodrigo y otros dos hombres que no conozco, me apuntan con sus armás, uno de ellos intenta acercarse para atarme las manos, cosas que me hace reír.
-¡Oh, querido ni si quiera deberías intentarlo!- digo levantando mi pierna y golpeando directo en su pecho con no mucha fuerza.
El tipo sale despedido hacia atrás y yo me pongo nuevamente en marcha, pero no logro ni dar dos pasos. Rodrigo se molesta y comienza a gritar que baje a la chica y levanté las manos.
Su actitud comienza a ser molesta, el sigue gritando mientras yo lo ignoro y noto la sonrisa de triunfo de Olivia.
-No tienes a dónde ir, obedece a menos que quieras que Rodrigo maté a la mujer - anuncia a modo de amenaza.
-Olivia ya basta- alega Maya detrás de mí,- ¿Es qué aún no lo entiendes?- pregunta.
-¿Entender que Maya?- grita retadora, - Te recuerdo que la líder del grupo son yo- grita con rabia.
-Trajeron a esta cosa hasta mi casa, en contra de mi voluntad, porque estúpidamente ustedes, pedazo de insectos altruistas, creyeron que era una sobreviviente; sin embargo, resulta que es una de esas malditas cosas- la voz de Olivia resuena por todo el lugar, mientras grita llena de furia.
Rodrigo volvió a dar la orden, así que me limitó a ver a la mujer que tengo entre mis brazos, ciertamente ella no es Rubí Moon, pero en definitiva no permitiré que le hagan dañó.
Bajo a la chica, recargando su desnudo cuerpo contra la pared más cercana, transformó ni mano con rapidez y cortó en dos partes el arma de Rodrigo y el otro tipo.
Todos se quedan atónitos al darse cuenta lo que acabo de hacer, rápidamente sin darles tiempo a reaccionar, tomó a Olivia del cuello con mi otra mano, levantando la del suelo.
Está jadea, patea el aire e intenta zafarse de mí agarré, Rodrigo se lanza contra mí para ayudarla junto con los otros dos hombres, pateó al que llega primero, lanzando lo lejos, al segundo lo empujó con el dorso de mi brazo.
Para Rodrigo dejo la mejor parte, puesto que ese hombre ya me tenía harta, sin titubear atravieso su pecho con mis garras, mientras sonrió.
Definitivamente, estoy muy consciente de lo que estoy haciendo, ahora ya he aprendido a transformar solo partes específicas de mí, a diferencia de antes que necesitaba transformar me completa para luchar, básicamente nunca era consciente de lo que hacía.
Simplemente, seguía mi instinto, pero ahora todo era diferente.
Escuchó a Maya jalar aire mientras se tapa la boca, los otros dos hombres se quedan congelados en su lugar, Olivia ahoga un gritó mientras su rostro se llena de horror mezclado con rabia.
Sonrió para ella, mientras levanto el cuerpo de Rodrigo, su sangré escurre por mis garras hasta llegar a mi muñeca, mi piel y mis huesos comienzan a absorber rápido la sangré.
Rodrigo escupe un puñado se sangre por la boca antes de morir a mis manos, Olivia intenta gritar, pero no la dejo, se que no se detendrá nunca respeto a mí, para ser honesta.
Realmente no me importa mucho lo que pasé a continuación. La miró patalear, ella me mira con rabia, escuchó el sonido de sus huesos al romperse, acto seguido, suelto su cuerpo sin vida.
Me volteó pará ver a los otros dos y los veo salir huyendo, dejando sola a Maya conmigo. Avanzó hasta la chica y la tomo en mis brazos comenzando a caminar hacia la salida.
-Ven- ordenó y escucho los pasos de Maya seguirme.
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