ÉL y YO

Cuando logre captar más allá de mi nariz, note que no me encontraba en ninguna piscina, sino más bien, dentro de un cilindro.

Una máscara de oxígeno me ayudaba a respirar bajo el agua, mis cabellos flotaban a mi alrededor, estaba suspendida bajo el agua y lo único que evitaba que yo flotara por encima de ella, eran los grilletes en mis manos, pies y mi cuello.

Ellos alaban de mí hacia abajo, más allá del contenedor, logré ver muchos escritorios, computadoras, otros cilindros como el mío, pero vacíos, los cristales rotos.

Había por lo menos cuatro más y cada cilindro estaba vacío, una enorme pantalla frente a mí mostraba unas líneas, subían y bajaban.

Al principio no las entendí hasta que caí en la cuenta de que mostraba mi ritmo cardíaco, ese era el sonido que había estado escuchando por tanto tiempo.

Escuché un fuerte clic, como de un cerrojo abriéndose, sentí los pies libres, baje la mirada notando que los grilletes ya no estaban, de hecho caían rápido hasta el fondo.

Me sentí más ligera, luego otro clic y mi cuello fue liberado, al mismo tiempo se escuchó otro sonido parecido al zumbido que hace una bomba de agua al comenzar a drenar, seguí respirando lo más tranquila que pude.

El agua descendió hasta mi pecho y se escuchó por tercera vez un fuerte clic, mis manos se liberaron finalmente y me hundí por completo entrando en pánico, agitaba torpemente los brazos y las piernas, agradecida de tener la máscara puesta y aún funcionando.

De lo contrario me habría ahogado en cuestión de segundos, no había nada de que agarrarme, así que todo lo que hice fue esperar a que el agua descendiera poco a poco mientras me agitaba.

Afortunadamente, el agua no tardó mucho en bajar y el aire no dejo de llegar a mis pulmones, cuando logre tocar el fondo del cilindro con mis pies me sentí algo aliviada, pero tarde poco tiempo parada, ya que mis piernas no me sostuvieron por mucho.

Caí sobre mis rodillas quedando una vez más bajo el agua, pero está tardo poco en bajar de nuevo hasta mi pecho, una vez sin agua el cilindro se escuchó otro sonido y pronto tuve que arrancar la máscara de oxígeno de mi cara, ya que me estaba ahogando cuando el aire dejo de llegar.

Pasados unos segundos de toser como loca hasta que me dolió la garganta por la falta de aire, se escuchó otro infernal clic que me puso los nervios de punta, el cilindro comenzó a elevarse y caí de bruces hasta el suelo frío.

Ni siquiera tuve tiempo a reaccionar para agarrarme de algo, simplemente caí arrancando la intravenosa de mi brazo de la cual por cierto ni cuenta me había dado hasta que sentí ese horrible dolor.

Me quedé ahí por un tiempo, no se cuánto porque al caer golpee mi cabeza perdiendo la consciencia, la máquina seguía marcando mi pulsó, como pude me quite los parches.

Mover las piernas fue complicado pues no sabía hacía cuántos días no las había usado, claro que al final lo logré, me puse de pie y comencé a andar por la habitación lentamente hasta llegar a la puerta.

Busque algo de ropa y encontré unos pantalones negros, una camisa gris, ropa interior y zapatos de mi número. Después de vestirme, camine por todo el lugar, se encontraba en muy mal estado, vidrios rotos aquí y allá, paredes manchadas de sangre, también el piso.

Todo era un desastre, fue horrible darme cuenta de que yo era la única habitante en aquel hospital y más tarde me di cuenta de que era la única en toda la ciudad.

Pude descubrir mi nombre por la pulsera gastada en mi mano, Doluma Mijuvisa, diecinueve años de edad.

No decía nada más sobre mí, de hecho sobre nada.

Con el tiempo, poco a poco he ido recordando mi vida pasada, aterradora en todos los sentidos, pero al final de cuentas fue mi vida.

¿Qué pasó después de que yo morí? No lo sé, solo se que al despertar ya no quedaban personas, en su lugar quedaban esas cosas. Nuevamente, estaba sola, pero está vez más sola que antes.

La gran nación de Alemania se fue al carajo en algún punto después de la guerra contra Ucrania. ¿Cuánto tiempo ha pasado desde entonces?

No lo sé con exactitud, solo se que morí o me quedé dormida, realmente no lo sé, lo que si se es que tenía diecinueve años cuando pasó en el dos mil veintisiete.

Sé que los países del mundo tenían miedo de una guerra, culpaban a Alemania por ese miedo suyo, nunca debieron atacar a Ucrania pues solo generó descontento y muchas muertes de inocentes.

Luego de eso, un par de años después de la guerra y después del COVID, algo nuevo azotó a Alemania con mucha fuerza, las personas morían en todas partes del país, al menos eso decían las noticias.

Yo enfermé, busque ayuda y terminé sola, congelada en una calle que olía a orina y eses de perro...

Después de que el sol salió, abandono la casa con un sentimiento de impotencia y un nudo en la garganta. Estuve llorando mientras dormía, así que siento los ojos cansados e hinchados.

Pedaleo con fuerza la bicicleta canturreando una vieja canción que Rubí Moon me enseñó cuando éramos niñas, en ocasiones pensar en ella me pone contenta haciéndome sentir menos sola.

En otras ocasiones, me siento deshecha solo de pensar en lo que habra pasado con ella. Si algo he aprendido de la vida es que puede ser realmente dura para una niña.

Los días pasan uno tras otro, no hay mucho que hacer más allá de cazar para poder comer y asesinar esas cosas con el propósito de encontrar algún otro ser humano aparte de mí.

Hasta ahora he logrado avances en matar esas cosas, al menos eso creó, pero nada más. En ocasiones pienso que ya no queda más nadie, luego deshecho esa idea pues me aterra pensar en que estoy sola.

Dicen que el ser humano no está diseñado para estar solo, supongo que tienen razón, pues aun cuando aparentemente me encontraba sola en las calles, había más personas a mi alrededor.

Ahora solo quedan esas cosas y en ocasiones me dan algo de miedo no puedo evitarlo. Sigo adelante, siempre hacia adelante, o al menos eso parece...

Detengo la bici frente a una gasolinera, necesito usar el baño. No tengo problema en entrar y salir rápido, voy en busca de agua y encuentro algunas provisiones importantes, el lugar es tranquilo, así que decido hacer una fogata para comer algo.

Estoy a mitad de mi labor cuando mi corazón casi me derrumba a causa de un fuerte golpe en mi pecho, fue un "Bom, Bom" lanzado con todas sus fuerzas.

Afortunadamente, logro detener mi caída con una de mis manos, jadeo con fuerza, inhaló forzadamente por la boca, tratando de jalar todo el aire posible.

Sé que él está cerca, lo que acaba de pasarme es un aviso. La primera vez el latido me dejó aturdida un par de minutos, de hecho me dejó tirada sobre el suelo, revolcando me a causa del dolor que sentí en el pecho.

Ahora se puede decir que ya lo controlo más, pero de igual manera, es una sensación despreciable, sobre todo porque de alguna manera me siento unida a él y eso me vuelve loca.

Sé qué él puede sentirme también, cosa que le disgusta profundamente y es la razón de que quiera matarme.

Porque, eso es lo único que él desea, poder asesinarme.

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